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Fiesta

Fuentes: El Viejo Topo

No, no vamos a hablar hoy de Hemingway; no vamos a hablar de Pamplona ni de Sanfermines. Vamos a celebrar la fiesta que un veterano guitarrista, uno de los mejores guitarristas de la historia reciente del rock, ha ofrecido en España en esta última semana. Primero fue en Málaga, y el domingo 28 de octubre […]

No, no vamos a hablar hoy de Hemingway; no vamos a hablar de Pamplona ni de Sanfermines. Vamos a celebrar la fiesta que un veterano guitarrista, uno de los mejores guitarristas de la historia reciente del rock, ha ofrecido en España en esta última semana.

Primero fue en Málaga, y el domingo 28 de octubre en Madrid, en La Riviera, ante una sala que admitía más gente. Lamento que se lo perdieran los que se dejaran llevar por la pereza: fue una fiesta en la que merecía la pena participar. Michael Schenker, el legendariamente malhumorado enfant terrible de la guitarra, venía a España en su gira Resurrection Tour, presentando su último proyecto y disco homónimo. Y es una fiesta no solo porque sea un placer especial ver tocar su flyng V al virtuoso rockero, sino porque Michael Schenker ha conseguido reunir a los cuatro cantantes que han participado en sus anteriores etapas, y ha logrado salir de gira con los cuatro. No es una mala propuesta, desde luego. Y si tenemos en cuenta que el músico goza de una forma envidiable, que sigue tocando su instrumento con absoluta maestría, y que entrega a sus seguidores dos horas y media de concierto, les aseguro que la mejor forma de llamarlo es, efectivamente, fiesta.

Schenker no necesita mucha presentación. Comenzó su andadura con 17 años, cuando, en 1972, su hermano mayor, Rudolf, le invitó a formar parte de una banda que se convertiría, poco después, en un arrollador éxito: Scorpions. No duró mucho allí, es verdad, pero el cambió fue muy productivo. Se incorporó a UFO, una estupenda agrupación británica, liderada por Phil Mogg, que estaba abandonando el space rock de sus comienzos. Juntos compusieron algunos temas clásicos del hard rock de los setenta, la década dorada. Pero su dependencia del alcohol y su endemoniado carácter no facilitaban las cosas. Rompió con UFO, volvió a Scorpions, con los que grabó en el 79 Lovedrive y, ya en 1980, formó su primer proyecto en solitario, Michael Schenker Group. A lo largo de estas décadas ha vuelto a grabar un par de discos con UFO, ha formado banda con el cantante irlandés McAuley, y ha contado, en sus diferentes formaciones, con Gary Barden y Graham Bonnet, con el que, fundamentalmente, tuvo broncas. Y ya en el nuevo siglo creó con Doogie White el Temple of Rock. Son, pues, muchos años, mucha carrera y muchos proyectos, que desembocan en este actual Resurrection con el que el alemán intenta aglutinar toda esa tortuosa trayectoria, ofreciendo un estupendo disco, y proponiendo un largo concierto en el que participan todos los cantantes que, en sus proyectos al margen de UFO y Scorpions, le han acompañado.

Olvidado su mal carácter, Schenker sale al escenario, puntual, saludando con amplia sonrisa, lanzando besos, y recuerda sus comienzos en Scorpions para animar al público a tararear Hollidays. A continuación irrumpe la banda, a la que presenta, y suena un clásico, un tema que desde hace décadas Iron Maiden ha escogido para dar la señal de partida de sus conciertos: Doctor, doctor, interpretado por otras voces. Después es Doogie White el que canta, con estupenda voz, su parte del espectáculo. Le sigue un Grahan Bonnet, ataviado con su habitual corbata, sus gafas de sol y su engominado pelo corto peinado hacia atrás, que aparenta tener problemas de sonido y no encaja bien la voz. Luego Gary Barden, animoso, se entrega, cantando algunos de los mejores temas de Schenker, con la voz justa, como siempre. McAuley le reemplaza y muestra estar a pleno rendimiento. Llevamos más de dos horas y Schenker, que ya ha deleitado a la audiencia con sus clásicos instrumentales, se prepara para lucirse. En Rock bottom ejecuta un solo impresionante, maravilloso, que justifica, aunque no haga falta, todo el concierto. Y concluye la velada con el rápido y contundente Lights out, también de UFO. Un broche redondo. Para los que admiramos el trabajo de Schenker en la banda de Mogg fue un regalo especial ver al guitarrista interpretar casi al completo el Strangers in the night, uno de los directos imprescindibles de finales de los setenta, y otra gratificación comprobar la amabilidad de un Schenker siempre sonriente, entregado. Es una lástima que según ha manifestado con rotundidad no quiera compartir la gira de UFO, que proponen para el próximo año, la de los 50. Y es que, desde que se separaron, nunca volvieron a ser los mismos. Schenker, desde luego, no volvió a dar con un cantante de la talla del incombustible Phil Mogg. De cualquier forma, hay que agradecer al alemán la fiesta que organizó para disfrute de todos los aficionados al buen rock.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/fiesta/