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Hubo o no fraude en las elecciones del 3 de noviembre

Fuentes: Rebelión

Nada va a cambiar el hecho de que en Estados Unidos Joe Biden es el nuevo presidente, electo legalmente, lo que no despeja las dudas de si hubo o no fraude electoral en las últimas elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

La respuesta oficial es que a lo mejor hubo irregularidades, pero fueron muy pequeñas y no incidieron en los resultados. Al autor de este escrito no le gusta el Presidente Trump, es más, le disgusta por su estilo de gobernar, por ser prepotente, autoritario, bocón y poco instruido. Sin embargo, piensa que lo más probable es que sí hubo fraude, por lo menos en dos estados. En esos lugares, la votación era pareja y Trump ganaba con cerca de 240.000 y 300.000 votos, pero al día siguiente perdía con 40.000 votos, aproximadamente. Este evento es imposible que pase.

Se explica la razón de esta imposibilidad mediante el siguiente experimento imaginario. Si se lanza cada segundo una moneda al aire, se ve el resultado, y si cae cara, se vuelve a lanzar la moneda porque se busca que caiga sello. Se supone que cara es un voto por Biden y que sello es un voto por Trump, suposición que se semeja a lo que pasó en esos estados, donde, después de contar millones de votos, ambos candidatos estaban, casi, casi, empates. Se pregunta, qué tan probable es que de la noche a la mañana haya cien votos a favor de Biden y ni un voto a favor de Trump o, lo que en el experimento se plantea, que la moneda marque cien veces cara y ni una sola vez sello. Ese resultado es imposible que se dé.

Se explica por qué. Porque si 0,5 es la probabilidad de que la moneda marque cara y se la lanza 100 veces, la probabilidad de que esas 100 veces marque cara es de (0,5)100 o, lo que es lo mismo, (0,1)30. Como el resultado deseado para el experimento tiene una probabilidad tan baja de cumplirse, se debería realizar un mínimo de 1030 veces el experimento para que se cumpla por lo menos una vez ese resultado, o sea, deberían transcurrir 100×1030 = 1032 segundos sin que aparezca ni una sola vez sello y todas la veces cara. Ahora bien, según postula la ciencia moderna, han transcurrido 1017 segundos desde que se produjo el Big Bang, o sea, desde que apareció el universo hasta el día de hoy, por lo que, debería el universo, hoy día, desaparecer y volver a aparecer 1000 billones de veces, para que la moneda marque cara 100 veces. Si esto pasa con sólo 100 monedas, o sea, lo que equivale a 100 votos, es imposible que para ambos candidatos, que tienen casi igual probabilidad de ser votados, haya cien votos a favor del uno y ni uno sólo a favor del contrincante. Por lo tanto, es completamente improbable que se dé el evento 240.000 o 300.000 votos en favor de Biden y ni uno sólo en favor de Trump, tal como pasó en esos dos estados.

Si se sigue jugando con los números, se puede concluir lo siguiente: Como todos los seres humanos estamos compuestos de átomos, que caóticamente se mueven en nosotros, qué pasaría si en algún momento todos los átomos se movieran en una sola dirección, por ejemplo, hacia arriba. Pues que saldríamos volando sin tener alas. Eso pasaría no sólo con nosotros sino con cualquier objeto que, como se sabe desde la antigua Grecia, esté compuesto por átomos. En otras palabras, incluso una manada de burros podrían comenzar a volar si sus átomos se movieran hacia arriba. Este fenómeno nunca pasa por ser completamente improbable, pero si se hacen los cálculos precisos, bien podría darse en 10240.000 o en 10300.000 años.

Regresando al tema, es probable que la victoria de Biden en las pasadas elecciones presidenciales de EEUU se hubiera dado sin fraude, pero la probabilidad de que ese evento se dé es equivalente a la probabilidad que tiene una manada de burros de volar. No se exagera.

Sin embargo, Biden ha triunfado, tampoco se exagera. Lo reconocen todos los líderes políticos del mundo, incluido Guaidó, que no es líder de nadie, la prensa mundial y la mar en coche; por algo será. Sólo el obsecuente de Trump no lo reconoce, mérito o demérito, así es él. Ojalá que su sucesor, Biden, le copie por lo menos el buen ejemplo de no comenzar guerras en ningún lugar, como hicieron sus predecesores. Se piensa que no lo hizo por bueno sino porque, a la postre, la guerra resultó ser un mal negocio, además de ser, según Trump, el peor error de la historia de EEUU y porque se gastó más de siete billones de dólares, sin que se obtuviera rédito alguno, y se produjo millones de muertos, incluyendo las bajas del contrincante, que también son seres humanos. A lo mejor esta era la virtud por la que Trump fue mal visto por el Complejo Militar Industrial, uno de los pilares de la democracia estadounidense. También sostuvo que la gran prensa, otro de los grandes pilares de esta democracia, engañaba desvergonzadamente al pueblo con sus grandes mentiras, que falseaban la realidad, lo que tampoco le perdonaron.

Cuál será el destino de Donald Trump, luego de su tan apabullante derrota. Es difícil, aunque no imposible, que tome la dirección de los republicanos, que podrían convertirse, ahora que portan velas en su propio entierro, en un partido opositor de pacotilla, que dé nacimiento a un sistema mono partidista en EEUU, o, que funde su propio partido. De todo es capaz este loco audaz, y no se exagera en esto de loco, porque a uno le deben faltar algunos tornillos en el coco, para meterse con los ojos cerrados en la cloaca, así llama Trump al mundo político de Washington, en lugar de dedicarse a jugar golf en cancha propia; lo que es equivalente a ingresar en una cueva oscura, repleta de alimañas, sin una pequeña luciérnaga que ilumine.

También es probable que le toque emigrar, tal como sugirió últimamente, porque su cabeza va a tener precio cuando abandone la presidencia. Es posible que hasta lo eliminen físicamente sus enemigos, que son muchos, sólo deberían encontrar la oportunidad de acusar de su muerte a Irán, o a cualquier otro país, de los muchos donde Trump sembró tempestades, no vientos.

En fin, por el bien de todos, ojalá su paso por la cloaca no cause más víctimas mortales y el presidente electo, Biden, cumpla con sus promesas de gobernar para todos, tarea difícil y bastante imposible. Amanecerá y veremos.

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