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Iglesia y memoria democrática ¡qué cruz!

Fuentes: Rebelión

En una entrevista radiofónica hecha a Juan Carlos Elizalde, obispo de Gasteiz, éste se despachó a gusto. Un pelín vengativo se le vio, algo impropio de un pastor de almas de su rango. Se ve que lo venía rumiando desde tiempo atrás. “Esta es la mía”, debió pensar.

El tema a tratar era el de la conversión de la actual iglesia de San Francisco, en el barrio de Zaramaga, en Gasteiz, en avanzado estado de deterioro, en Centro Memorial de las Víctimas del 3 de Marzo de 1978. Como se sabe, en aquella masacre policial resultaron muertos cinco trabajadores, decenas de personas heridas de bala y varios cientos más atendidos en centros sanitarios. La inauguración del Memorial estaba prevista hacerse para este 3 de marzo en el que se cumple el 50 aniversario de aquellos sucesos, pero ha tenido que atrasarse porque no ha habido tiempo de trasladar unos belenes gigantes que se guardaban en la iglesia. ¡Menudo belén debía de ser!

En la entrevista citada, el obispo afirmó que existía “tensión con las asociaciones de víctimas del 3 de marzo (Martxoak 3 y Memoria Gara) y era difícil trabajar con ellas en el Patronato” del Memorial. No contento con ello, añadió a lo anterior que consideraba a estos grupos como “de cáscara amarga”.

El diccionario de la Real Academia Española de la lengua define esta última expresión como “ser travieso y valentón” y también como “ser persona de ideas muy avanzadas”. De todos modos, en el diccionario Gay español MCD, y en algún otro más, se hace referencia a que ésta es una expresión popular y despectiva utilizada desde hace siglos para referirse a los hombres afeminados u homosexuales. Por mi parte, no termino de ver a qué podía referirse el obispo, ni qué puñetas tendrá que ver la meritoria labor realizada por estos colectivos con cáscara alguna. Convendría pues que el prelado aclarara un poco más el sentido de sus, a todas luces, homófobas expresiones.

Luego, no contento con lo anterior, cargó contra la Administración local, foral y autonómica, culpando a estas de los retrasos que está habiendo en la materialización del proyecto. Criticó además su “falta de reconocimiento” ante la generosidad del obispado, pues este había cedido la iglesia (¡el uso, que no la propiedad!) para el proyecto del Memorial, sin que las instituciones se lo hayan agradecido suficientemente. ¡Pobrecito el obispo, tan injustamente tratado!

De sus declaraciones se desprende una manifiesta falta de humildad y exceso de soberbia, primera esta última entre los pecados capitales. A estos efectos, son los propios evangelios (Mateo 6:3) los que ponen en boca de Jesús que “cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas {…] Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”. Pero no, lo que quiere el obispo es que las instituciones reconozcan su supuesta bondad y le hagan la ola. Lo dicho, soberbia a espuertas. Por otro lado, puestos a hablar de propiedades eclesiales, mejor haría el prelado en devolver los 69 inmuebles que la Iglesia ha inmatriculado en Araba entre 1978 y 2015, amparándose para ello en una legislación franquista y en unos gobiernos del pelo (PP de Aznar) que se lo han posibilitado, algo que ha sido calificado justamente como un robo a sotana armada.

Cambio de tercio. Hace un par de años, en Iruñea, el párroco de la Iglesia de San Lorenzo, lugar donde se guarda la imagen de San Fermín, no tuvo mejor ocurrencia que dedicar a la Policía Nacional la segunda misa de su plagiada escalera sanferminera. Era el 200 aniversario de la fundación del cuerpo y se ve que el párroco no tenía otra cosa mejor que hacer, así que ofrendó su misa a la Policía por el “papel fundamental en la seguridad de los Sanfermines” que había tenido ésta en las últimas décadas. Se ensalzaba así, entre otras cosas, el papel de quienes fueron responsables de la indiscriminada agresión de carácter criminal llevada a cabo durante los sanfermines de 1978, que produjeron un muerto, 11 personas heridas de bala y 300 más atendidas en centros hospitalarios.

No quedó ahí la cosa, sino que el párroco aceptó también cubrir al santo con un manto azul-policial bordado en oro en el que aparecían los Ángeles Custodios (patrón de la Policía), el escudo de España y Navarra y la enseña y divisas de ésta. Mientras tanto el arzobispo, a pesar de las numerosas críticas habidas por tan despropositada ocurrencia, miró para otro lado e hizo como que no se había enterado de nada.

La Iglesia suele patinar bastante en todo lo relacionado con la memoria democrática. Son las resacas que le ha dejado el bendecir el golpe de estado fascio-militar del 36, del que se derivaron más de cien mil asesinatos y desapariciones. Resacas de 40 años de dictadura en las que, mientras la represión y violación de derechos humanos campaba a sus anchas por toda su nacional-católica España, se ofrendaron al genocida Franco cientos de millones de misas, se le paseó bajo palio en solemnes procesiones y se le reservaron lugares de honor en todo tipo de ceremonias religiosas. Claro está, a cambio de ello obtuvo abundantes y generosos privilegios (fiscales, económicos, educativos, sociales…) que la transición de los años 70 del pasado siglo mantuvieron en vigor, sin que ningún gobierno posterior, ni del PP ni del PSOE, haya hecho nada durante sus mandatos por enderezar en entuerto.

La Iglesia no está hoy en día para dar lecciones de humildad y generosidad de nada. La mayor propietaria inmobiliaria del mundo y titular a su vez de una inmensa fortuna en obras de arte, joyas…. y fondos de inversión (exenta además en gran medida de aportar óbolo alguno a las arcas públicas), debería adoptar una postura más consecuente al discursear sobre la pobreza, la caridad y la generosidad. Y dejar de ofrendar misas y ensalzar a un cuerpo policial que fue responsable de la indiscriminada agresión de carácter criminal realizada durante los sucesos de sanfermines de 1978, en Iruñea.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.