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Cuba y su crisis económica (II)

¿Indagar en una debacle?

Fuentes: Rebelión

En anterior artículo este periodista trató sobre el evidente contrapunto que en Cuba existe entre el gobierno y los economistas, razón por la cual vale la pregunta que titula este ejercicio, segundo de tres o cuatro proyectados y éste particularmente extenso; si lee, sabrá por qué…

Grosso modo, la apuntada “diafonía” se expresa en que el gobierno acentúa las razones externas de la severa crisis económica habiente en Cuba, en tanto los economistas lo hacen con las internas para así, explícita o implícitamente, echar luz sobre reales o presuntas responsabilidades gubernamentales.

No obstante, consenso hay -quizás no gradaciones – sobre el impacto negativo de las causas externas, las cuales es deber de cubano patriota siempre apuntar, y a saber son:

1) las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra la tierra de José Martí, vulgo bloqueo, las cuales en su conjunto reducirían el crecimiento del Producto Interno Bruto en 4-5%, según cálculos de académicos criollos; aquí, se aprecia una discrepancia: según el más reciente informe de Cuba a la Asamblea General de Naciones Unidas, “Se estima que, de no existir el bloqueo, el PIB de Cuba pudo haber crecido un 9% en 2022”.

Se hace cuesta arriba aceptar nada menos que un 9%, cuando países de América Latina de mayor potencial económico que Cuba, y además sin sanciones, no crecieron más allá de 5% y la región en su conjunto menos; excepto Guyana, que hasta líos fronterizos se ha buscado por más que todo suertuda, mientras “su asunto” con Venezuela levanta olas de preocupación y cabildeos en sabe Dios cuántas cancillerías.

No obstante, es proverbial la amplia condena internacional a esa política y lo demás se infiere;

2) la inclusión de la otrora llamada Perla de las Antillas en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo, lo cual obstaculiza en lo principal las transacciones financieras de Cuba, si bien aquí vale un señalamiento: el país, entre 1982 y el presente, sólo ha estado fuera de esa lista entre mayo del 2015 y noviembre del 2021; se torna difícil establecer una relación causa -efecto, cuando aún incluída y como corolario de las sanciones estadounidenses, Cuba ha tenido periodos de un relativo buen desempeño económico. No puede perderse de vista que tras la peor crisis posterior al triunfo revolucionario de 1959 (1991-95), en años posteriores se produjo una apreciable recuperación, como resultado en primer lugar de acertadas políticas económicas que, vistas en distancia, pudieron serlo más; no obstante, evidencia y precedente existen; más cuando se produjeron en una circunstancia que en lo actual apenas se menciona – aunque bien vigente está – y que, a entender de este periodista, es mucho más perjudicial para Cuba que la mencionada inclusión en el “inventario terrorista”: la aprobación en 1996 de la llamada Ley Helms -Burton.

Vale destacar, además, que la arista más dañina de esa legislación – la activación de su título III -, estuvo “engavetada” desde la aprobación de la ley en 1996 hasta marzo del 2019, y sólo se implementó de manera total a partir del 2 de mayo de ese año . Como se aprecia, lo de “criminal bloqueo yankee” contiene ángulos que, en adecuada pesquisa, ponen en solfa a discursos inocentes, oratorias oportunistas y propagandas baratas, aunque no así a una cruda, muy cruda realidad;

3) empeoramiento de la situación económica internacional. Obvio, en país tan dependiente del comercio exterior, lo cual es una regularidad histórica. Pero en vez de ser un motivo de plañidos – justificados o no – debiera serlo de detección y aprovechamiento de oportunidades. Hay en la historia nacional sobrados ejemplos de esa perversa tendencia, según la cual se han perdido favorables coyunturas, y no es algo imputable a un sistema político o económico en particular; ejemplo de lo anterior son las manifestaciones de lo que se ha dado en llamar colonialismo alimentario.

Sobre éste, para el caso cubano -distinguible entre otras prácticas por la acentuada importación de alimentos factibles de producirse en Cuba -, este periodista recomienda estar atentos a los textos de la joven estudiante china de Antropología Tang Yongyan, quien espera celebrar en La Habana el Año Nuevo Lunar;

4) según lo que se publica y a tenor de lo dicho por el premier Manuel Marrero Cruz, “se colocan” en último lugar los hoy llamados “errores y distorsiones” ¿gubernamentales?; tales “pifias y desviaciones” van de la mano con un par de ¿curiosidades?: ahora es que el gobierno reconocería, y parece que a regañadientes, una cuota de responsabilidad; parece ponerse de moda una matriz de opinión, según la cual, y dado en especial por la política de la nación del Potomac, se está ante una “economía de guerra”: lo curioso es que no se sabe por qué, o no se ha fundamentado, en tanto altos y no tan altos dignatarios criollos están empleando el término a más y mejor, mientras destacados periodistas lo asumen como “si tal cosa”.

Ojo: una matriz de opinión puede tener por objetivo minar cualquier discrepancia o contravención a una narrativa del poder, por lo cual váyase al concepto: economía de guerra es aquella en la cual un país reorganiza su industria durante los tiempos de guerra para asegurar que su capacidad de producción esté configurada de manera óptima para contribuir al esfuerzo bélico.

No es el caso, al momento presente: ni “hay guerra”, ni por ningún lado aparece que Estados Unidos proyecte invadir a la nación del sufrido Liborio , e impera un escenario en el que ambos países, aunque entre dimes y diretes, colaboran en varios temas de seguridad nacional y hasta comercian en bienes y servicios: Estados Unidos, además de un apreciable emisor de turismo o de emigrados cubanos de estrecha relación con su tierra natal, apareció en el 2022 como el noveno país de mayores exportaciones a Cuba; desde años atrás los llamados Jefes Conjuntos estadounidenses sostienen que el Archipiélago caribeño no es una amenaza militar. Sólo en marzo -abril del 2003 hubo una real amenaza de invasión estadounidense, la cual Fidel Castro conjuró de manera harto conocida.

Cuba, además, es una reconocida promotora del principio “América Latina zona de paz”; se sabe que ha mediado eficazmente en un par de conflictos en la región y su prestigio en el tópico es diríase proverbial; si es asunto de propagandas, dígase, con debido respeto: cuidar la credibilidad aconseja rectificar, porque un concepto mal empleado puede ser peor que un concepto errado.

Sin dudas, “mucha tela para cortar” en ésto del criollo “bele bele” entre lo externo y lo interno, y permítase una irónica sonrisa respecto a lo de “bélica economía”.

Entretanto, los economistas

Mientras el gobierno insiste en los factores externos de la severa crisis económica cubana, los economistas acentúan el lado interno, aunque no se abstraen de lo foráneo: destacan que el PIB del 2023 se estima decrecerá en 1-2% y en 2024 crecería en 2%, algo que está por ver; el Dr. Humberto Blanco Rosales, entre otros, señala algo como un expediente de pronósticos fallidos en los desempeños económicos criollos, el cual ya acumula años de registro; la inflación, diríase galopante, lanza el salario real “a los abismos”, al punto de que puede presumirse inferior a ¡1989!; la agencia InterPress Service estimó en 2006 que “el salario medio real actual representa solamente 24 por ciento del salario medio real de 1989, o lo que es lo mismo; el poder adquisitivo del salario medio en 2006 equivale a 45 pesos de 1989”.

El Dr. Omar Everleny Pérez Villanueva, economista, apuntó que “Si tomamos 1989 como año base, el salario real de los cubanos en 2022 fue sólo de 185 pesos”; según cifras oficiales, en ese año el salario medio nominal ascendió a 4219 pesos; o sea, que el real sería 4,38% del nominal.

Parece descabellado: pero en la cotidianidad criolla de crítica”escualidez” de la llamada canasta básica a precios subsidiados, y en que en el dígase mercado libre el precio de una treintena de huevos puede representar el 42% de dicho salario medio, y un kilo de patatas el 11%, ¿es descabellado sospechar pobreza en sectores cuyos ingresos no llegan a la mitad de ese salario?; ¿acaso lo es al menos sospechar que ya hay cubanos pasando hambre, entendida la misma desde los referentes criollos, que no son los de África?

Guste a quien guste, pese a quien pese, en Cuba hay pobreza; como en largos años no se ha visto: categorizarla, medirla, es un señor reto.

Según las economistas y Dras. Silvia Odriozola e Ileana Díaz, “En el caso de Cuba es un tema muy controvertido. En nuestro país no existe un consenso respecto a un concepto de pobreza. Si bien su forma de manifestación en Cuba puede ser similar a la de otros países, sus causas son diversas…Existen diversas formas de conceptualizar la pobreza y también de medirla. Una de las formas de medirla tiene que ver con la línea de pobreza que, por lo general, hace referencia a la insuficiencia de ingresos para cubrir las necesidades básicas…Lo cierto es que la noción de ‘pobreza’ hace referencia a un fenómeno complejo y multidimensional, de necesidades básicas insatisfechas, que puede ser multicausal. En el caso de Cuba se habla de pobreza multidimensional y se analiza por la intensidad de las carencias…”

Indicios, indicios: ciertos emprendedores privados organizaron en varios lugares de Cuba almuerzos de fin de año para los que ya se les nombra como vulnerables o incluso como “personas en situación de calle”, eufemismos criollos para mencionar “elegantemente” ¡hasta a mendigos!; en este caso las imágenes de más adelante proceden del Bar K-5, en la localidad habanera de Guanabo; no obstante, no puede perderse de vista que se reportó haber ofrecido allí un almuerzo decente para 180 personas, en un emprendimiento y en una pequeña localidad que no rebasa la categoría administrativa de submunicipio no más allá de los 20 mil habitantes, a mucho estimar y pregunta en pie: a “ojo de buen cubero”, ¿un “vulnerable” por cada más o menos 111 habitantes?

Bar K-5 y otros emprendimientos protagonizaron un noble gesto, aunque el ejercicio de la filantropía no oculta que la aparición de la realidad que la motiva subleva el espíritu de los buenos cubanos, y hace interrogarse: ¿en cuál medida lo institucional está atento y en capacidad de enfrentar un problema que en la conciencia social criolla pareció bien atendido?

Fuente: Bar K-5. Facebook.
Fuente: Bar K-5. Facebook

Sin embargo, no debe dejar de mencionarse que el Estado continúa siendo protagónico en el apoyo a los desamparados, aunque sus ayudas se hayan reducido en términos reales o relativos; pero el hecho de que “pudientes” sientan la necesidad y ejerzan la filantropía es un aviso.

Otro punto para preocuparse, por cuanto contradice los principios que se supone animan a un proyecto socialista: el economista Dr. Pedro Monreal publicó estadísticas reveladoras de la caída en la participación de la retribución de los trabajadores en el PIB, en virtud de las cuales la misma se habría reducido de más de un 35% en el 2003 a un 24,3% en el 2022; también,en el gráfico de Monreal se observa un brusco crecimiento en el 2021, cuyo origen fue la fracasada unificación monetaria y cambiaria, por la cual se pretendió ordenar la circulación monetaria criolla sobre la base de la soberanía absoluta del peso cubano; es harto conocido que todos los resultados fueron el inverso de las pretensiones; hoy, además de una inflación galopante, circulan varias monedas y florece un mercado cambiario informal en el que el dólar se está cotizando por encima de los 260 pesos y subiendo…

Sin dudas, la reducción de las retribuciones como porciento del PIB es una tendencia de largo plazo, que mucho dice sobre la real hegemonía de los trabajadores cubanos, y a lo cual se suma una presunta y no tan presunta disminución del gasto social en términos reales.

Fuente: Pedro Monreal. El Estado como tal

Zoom a una ¿crisis de modelo?

Recesión como la ya presente en Cuba siempre es multifactorial; por ello, es interesante ilustrar sobre sus manifestaciones, principalmente en lo referido a lo interno y que en una suerte de sumatoria ilustra sobre el deterioro de la economía cubana y, por ende, sobre el agotamiento del modelo.

De acuerdo con fuentes diversas, aunque en lo principal los economistas Ricardo González Águila y Ricardo Torres, lo observable:

1) “la recuperación económica se ha estancado. Como referencia, las cifras significan que el PIB real (a precios constantes de 1997) estaría en niveles similares a los de 2013. Dicho de otra forma, se puede hablar de una ‘década perdida’ en términos de la dinámica del PIB. Si se proyecta el ritmo de la recuperación alcanzado desde 2021, serían necesarios 14 años para recobrar los valores del PIB de 2018, que constituye el máximo antes de la crisis actual”;

2) ”tanto la producción agropecuaria como la manufactura exhiben muy pobres desempeños. El aprovechamiento de la capacidad industrial es de solo el 35 por ciento”;

3) «la producción de productos agropecuarios esenciales muestra una caída de casi el 80% respecto a 2019 en productos tales como arroz, frijoles y carne de cerdo, componentes claves en la dieta diaria de los ciudadanos. En el caso del huevo la reducción es del 50 por ciento. En gran medida, esto refleja la profundidad de la crisis, el colapso del modelo agrícola y la escasez de insumos importados”.

“El huevo, el huevo”: este periodista acumula mínimo no horas, sino “veinte años de vuelo”, en investigar lo que en un momento tituló como “El extraño caso de los huevos, el maíz y el marabú”, más otros ejercicios. Aquí, una cita del ¡2001!:

“Con sólo sembrar de maíz 500 mil de las hectáreas hoy cubiertas de marabú, incluso aceptando sus bajos rendimientos agrícolas actuales, Cuba lograría piensos suficientes para restaurar las producciones de huevos que mi pronóstico indica sólo se obtendrán hacia el 2010. Por supuesto, se contrargumentará con temas como el de la carencia de fertilizantes, para así caer en el círculo vicioso de las importaciones, el embargo yankee y las demás hierbas. Pues bien, el ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente aseveró que sólo se emplea en el mejoramiento de los suelos el 35% del potencial de desechos utilizable, lo cual apunto para dar una pista de dónde están los recursos. A los pesimistas de buena fe, y a los de mala también, pues a diez años de período especial la clave del extraño caso no se encuentra en los huevos perdidos, el maíz insurrecto o el marabú malvado, sino en algo mucho más simple, cuyo nombre es voluntad política…Pregunten a las gallinas; ellas, saben”.

Aquí, el enlace:

https://www.cubanet.org/htdocs/CNews/y01/apr01/12a7.htm

Con el debido respeto, ¿me van a venir a mí con plañidos respecto al “condenado huevo”?;

4) “la fabricación de azúcar de caña reportó la menor zafra en más de un siglo, sin llegar a las 400 mil toneladas (Cuba llegó a producir más de 8 millones a fines de los 80s)”.

Increíble para el cubano: ¿sin azúcar, la otrora “azucarera del mundo”?

Visto en distancia, tal fue el resultado de la virtual destrucción de la agroindustria azucarera en más o menos el 2002, bajo la justificación de que no era rentable, a tenor de los entonces precios del mercado internacional; pero se vio ¿con asombro? que el siguiente decenio se caracterizó por un notable ascenso de esos precios. Como para recordar un refrán criollo: “Dios castiga sin piedras ni palos”.

Más que nunca, hoy, se evidencia que la diz que reestructuración y en verdad virtual extinción fue una decisión gubernamental merecedora de palabras no publicables, porque sí había medios y modos de superar las dificultades del azúcar de Cuba, con algo que a entender de este periodista estuvo ausente: voluntad política y el consuno de aquel auténtico tesoro nacional que fueron y ¿aún son? los trabajadores del más aguerrido sector obrero cubano. Ni idea sobre si tal disparate hubiera prosperado con un Jesús Menéndez en histórico liderazgo de los azucareros criollos, y un economista de la talla de Jacinto Torras como su no menos histórico asesor, quienes en su momento fueron capaces de doblegar a nada menos que el gobierno de Estados Unidos.

“Sin azúcar no hay país” es un decir incrustado en la historia nacional; la perra, la maestra vida, demostró y está demostrando lo fatal de una decisión que en la práctica sí calificaría como “economía de guerra”, pero contra Cuba; tanto en lo económico como en lo socio -cultural, porque está por ver el impacto que en la cultura de lo rural-cubano significó, y nadie sabe qué significará, la pérdida de tradiciones que fueron y ojalá aún sean cimientos del ser nacional, tal cual demuestran obras cumbres de la identidad criolla: El Ingenio, Azúcar y población en las Antillas, Contrapunto cubano del azúcar y el tabaco….

5) “las inversiones mantienen su expansión, aunque muy concentradas en la construcción de hoteles, en medio de un turismo internacional que  no sólo no remonta, sino que tiene serios problemas de ocupación lineal y resultados económicos”.

Según el economista Dr. Julio Carranza, la inversión en el turismo y el sector inmobiliario promedia 33% del total, mientras que la destinada a agricultura – 8% en 2014 – no llega en estos momentos al 3; algo parecido ocurre en la salud y la ciencia e innovación tecnológica – ésta con un vergonzoso promedio anual del 0,78% del total invertido entre el 2017 y el 2022-; ambos sectores han sido paradigmas de la justicia social criolla, o ¿aún fortaleza, fuerza productiva? a las que Fidel Castro dio la mayor prioridad.

No se olvide: “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que más estamos sembrando; lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia”, afirmó el líder cubano.

Hoy, aunque no se publican estadísticas sobre los ingresos por la exportación de servicios médicos cubanos, se afirma que ese rubro ocupa el primer lugar en las exportaciones de bienes y servicios, razón para al menos preguntar por qué la salud pública cubana atravesaría su peor momento desde 1959, o uno de los peores, y motivo para una nota suspicaz: Carranza apunta que el presunto origen de los fondos para invertir en hotelería y turismo es básicamente nacional: ¿a costa de lo que recaudan los médicos cubanos en misión en numerosos países?

Por ende, ¿cómo garantizar alimentación y salud pública con semejante marginación de sectores paradigmáticos para el proyecto socialista cubano, y éso sin considerar lo poco destinado a gastos corrientes a precios reales, tal cual puede presumirse? ¿Cómo queda Raúl Castro, quien igualó en su momento frijoles a cañones y por tanto hizo de la alimentación un asunto de seguridad nacional?

¿Cómo pretender que haya comida buena y barata sobre las mesas, médicos y recursos de salud suficientes, si la ciencia e innovación tecnológica son casi anuladas en tanto que “fuerzas de avanzada” de la producción y los servicios?

Cuba: Participación de las inversiones en Hoteles y Restaurantes más Servicios Empresariales, Actividades Inmobiliarias y de Alquiler (HRSEAIA), y de las mismas en Ciencia e Innovación Tecnológica, respecto a las inversiones totales (%)

Fuente: Elaboración del autor sobre la base de datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba.

Quede claro: la política inversionista criolla es objeto de severas críticas entre los economistas cubanos; para sostener un crecimiento estable del PIB de 5% anual, base de un desarrollo sostenible, según varios estudios, se precisaría una inversión de 25% de ese PIB -lo cual hoy está muy lejos de alcanzarse, se promedia alrededor de un 10 -; si además la estructura de esas inversiones deviene una suerte de “barril sin fondo”, mientras una crisis alimentaria y de salud azota a Cuba, ¿cómo defender al proyecto socialista cubano si en nada menos que la Asamblea Nacional del Poder Popular este espinoso asunto no parece llamarse a rendición de cuentas – o ¿la prensa reporta? – , mientras esa prensa diz que revolucionaria “se dejaría arrebatar” por sus rivales semejantes noticias? ¿O es que hay “algo oscuro” en el asunto?

6) “el comercio exterior de bienes, y las importaciones totales sostuvieron nuevas caídas de dos dígitos en el primer semestre, lo que sugiere que se ampliará el déficit externo”.

Cuba va mínimo por sesenta años en el intento de pasar de un patrón importador a uno exportador, lo cual ahora, ante la falta de recursos para importar, se torna dramático; aquí, cual fantasma, se presenta el principal bien de exportación que Cuba tuvo: el azúcar;

7)”espada de Damocles” sobre la economía cubana: la crisis de la deuda externa, con serios problemas para honrar los compromisos, no obstante las renegociaciones, y en lo cual es justo consignar el rol de la pandemia de Covid-19 como causa de impagos;

8) “el turismo internacional mantiene una lenta recuperación que se estima que alcance solo el 55 por ciento de los niveles de 2019 a fines de 2023”).

Aún así, ¿más inversiones? ¿Por qué no se insiste en menos inversiones y más efectividad de lo ya operando?;

9) “se pronostica un déficit de 11%-13% en 2023, alto y fuera de una senda de sostenibilidad de las cuentas fiscales”.

Peor aún: para 2024 ese déficit sería de 18% del PIB, sólo superado a nivel mundial por Ucrania, apuntó el economista Dr. Pedro Monreal.

cuba, economia
Fuente: Pedro Monreal. El Estado como tal.

Por cierto, llama la atención que ese déficit sólo ahora es cuando parecería reconocido en su real gravedad por el gobierno y la prensa, a juzgar por búsquedas en Internet; un año atrás, la “noticia cubana” predominante sobre el particular fue la reducción del déficit previsto, diríase en un tono triunfalista, que para nada alertó sobre el “vendaval presupuestario” a las puertas, tal cual sí avisaron economistas cubanos de diferentes colores políticos, oportunidad para recordar que la Economía es una ciencia, y por tanto tiene preceptos trascendentes a las ideologías, por muy partidista que se sea.

10) “se mantiene la monetización como fuente de financiamiento del déficit fiscal, así como sus negativas consecuencias”.

Más allá de tal o cual para al menos reducir esa monetización, y como una de las acciones ¿en curso?, tuvo lugar en el 2023 la llamada bancarización de las operaciones financieras ; según parece, persiguió, entre otras metas, la de poner coto a un “cierto desorden” del mercado informal y a una ascendente y preocupante demanda de efectivo, la cual incluso provocó retrasos en el pago de salarios en varias provincias del país, y puso en guardia al movimiento obrero; así, la que en verdad debió denominarse “digitalización de las operaciones bancarias”, habría sido uno de varios caminos para reducir esa monetización; pero de inicio, según un excelente reportaje de Lilian Knigth Álvarez para Bohemia, sólo el 40% de los municipios disponían de cajeros automáticos ( o sea, unos 67 de 168, pero otras fuentes enumeran 100) y no hay noticias de una mejora, más que “muchos de los existentes presentan problemas de conexión o roturas y los que están fuera de los bancos, no logran ser abastecidos permanentemente…”

Hay más “botones de muestra”, como el que el proceso se inició en medio de una ola de cortes de electricidad a nivel nacional, al nivel de hasta 1000 megawatts en su momento récord, más de la cuarta parte de la demanda nacional. Aunque en menor medida, los llamados apagones permanecen y siguen siendo un serio obstáculo para que la población tenga un acceso confiable a sus finanzas; más de unos cuantos han pasado por la experiencia diríase “kafkiana” de hacer cola (fila) durante 2-3 horas y al llegar su turno, ¡”apagón”!; o ya no Kafka, sino el humor negro: tras las 2-3 horas, ¡se acabó el efectivo!

Resultados concretos hasta lo que se conoce, al 24 de noviembre del 2023, y en lo cual vale lo de “elemental Watson” a los efectos de la credibilidad que demanda cualquier entidad o sistema bancario: el intento de reducir el “efectivo en la calle” provocó que “Sigue creciendo el efectivo que se queda fuera del banco, lo que representa un fenómeno dañino para la economía, porque incide en el crecimiento de los precios y la inflación, según expusieron autoridades del sector bancario desde el programa Mesa Redonda, reseñado por el sitio Cubadebate” y citado por OnCuba.

Hay más motivos que atentan contra la credibilidad bancaria que la tal bancarización requiere, pero basta con una pregunta: ¿así se aspira a reducir la monetización de un déficit fiscal que en el 2024 pudiera ser el segundo mayor del orbe?

11) aunque aún alta, la inflación se desacelera en el segundo semestre de 2023; para el 2024 se pronostica una inflación anual de 26-29 por ciento.

Habrá que esperar: si bien se espera una cierta reducción en 2024 respecto al año anterior, nuevas medidas gubernamentales en proceso de implementación no garantizan ese pronóstico; las mismas serán objeto de un posterior análisis pero en principio, varias serían inflacionarias.

Es harto conocido que la inflación es un punto álgido en el contrapunto entre gobierno y economistas; en ese debate resultan interesantes los aportes de Yoandris Sierra Lara, quien identifica doce causas de inflación en Cuba, de las cuales alrededor de la mitad serían plenamente imputables al gobierno, sin perjuicio de otras.

12) no se espera una mejoría de la situación económica en lo inmediato, salvo una modificación positiva brusca del entorno externo, lo que resulta improbable;

13) a corto plazo, una aceleración de la recuperación económica depende medidas de estructurales y de estabilización que no se están acometiendo.

Mucho se ha mencionado desde un año atrás un Programa de Estabilización Macroeconómica, sin noticias de su implementación; tras las últimas sesiones del parlamento parece retomarse y por voz del premier Manuel Marrero se anunció un conjunto de medidas .

Por lo pronto, varios economistas llaman la atención sobre el presunto carácter inflacionario de esas providencias y vaya este ejemplo: a partir de enero del 2024 rige un notable aumento salarial a los trabajadores de la educación y la salud, según escalas; el mismo paliaría su difícil situación – muchos son profesionales de experiencia – al tiempo que intentaría detener una inquietante reducción del personal en ambos sectores, sea por jubilación, inconformidad con las muy difíciles condiciones laborales, y emigración hacia otras ramas de la economía u otro país.

Este periodista conoce a dos jóvenes médicas que renunciaron al ejercicio para laborar en pequeñas empresas privadas ( mipymes); ambas devengan en un día lo que en un mes ganaban como galenas, en tanto un sobrino segundo, también médico, emigró a España. Son datos desde las vivencias que avalan inquietantes números…

Sin embargo, por ahora, pregunta sin respuesta es cuál será el respaldo de oferta para esos incrementos, porque indudable es que con “malabares financieros” no se disminuirá la inflación ni la ya mencionada caída del salario real, ni crecerá el PIB en lo posible, habida cuenta de las vicisitudes económicas criollas.

El premier Marrero insiste en el ya mencionado concepto de “economía de guerra” y se refiere a los llamados”errores y distorsiones”, pero ni en lo primero se explica por qué ese concepto, ni en lo segundo se relacionan esos fallos y desviaciones con el merecido detalle; buena parte de lo que sería ese programa se presenta más como declaración de intenciones que como medidas concretas, que sin dudas las hay.

Y, en tal escenario, en el cual desde el gobierno se ha llegado a apuntar que la creciente depreciación del peso se debe a supuestas manipulaciones especulativas enemigas, en tanto desde la Ciencia y la Academia los economistas, con auxilio de reconocidos expertos en sistemas complejos, desautorizan a semejante “teoría de la conspiración“, aparece un tema poco agradable en la reciente historia económica de Cuba: según el premier Marrero, “No se ha avanzado en el cumplimiento del principio de subsidiar a las personas que lo requieran, y no a los productos”.

Tal propósito, muy racional y en contra de injustificados igualitarismos, data del 2011; fue lo más propuesto durante la discusión popular de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, seguido por la unificación monetaria y cambiaria; pero no obstante el clamor popular, la entonces deseada eliminación aún espera por hacerse realidad y, lo peor: se produciría en circunstancias muy desfavorables y distintas al momento de su promoción y aceptación, habida cuenta de la inflación galopante, la violenta caída del salario real, el desabastecimiento de lo elemental y la aparición de una seria desigualdad social que el economista José Luis Rodríguez, toda una leyenda en el gremio, explica de este modo: “con el coeficiente de Gini hay maneras de medir el nivel de desigualdad social a partir de los ingresos con cifras entre 0 y 1, donde a mayor valor es más elevada la desigualdad, y viceversa. En una comparación de índices, Rodríguez alerta que en el año 1989 la sociedad era muy igualitaria, con un 0.22 de este valor. En tanto, hoy se estima que sea más de 0.45. La desigualdad ha aumentado“, y es hasta un peligro en términos de gobernabilidad, porque según Datosmacro.com ,el Coeficiente de Gini que se estima colocaría a Cuba como más desigual que Burkina Faso, Burundi, u otros países para nada ejemplos de justicia social.

¿Cómo clasificar al necesitado de subsidios, cuando alrededor de un millón de jubilados -o más – “sufren” pensiones bien por debajo de una hipotética línea de pobreza?

Estás opiniones de Rodríguez son de un reciente 2022, y lo demás se infiere, cuando ya es público que en el 2023 la economía retrocedió y el fracaso de la llamada Tarea Ordenamiento – la unificación monetaria y cambiaria -, más allá de su mal diseño, puede que además sirva de chivo expiatorio para ocultar males de más arraigo, como son los efectos de la inexplicable política de inversiones criolla y la “discriminación inversora” que sufren paradigmas cubanos como la agricultura, la educación, la salud y la ciencia e innovación tecnológica.

No es gratuito: aunque no mayoritario, existe un estado de opinión tendiente a culpar al mal llamado Ordenamiento de aristas de la situación económica que, aunque en menor grado, ya existía antes de éste.

También cabe imputar a la pandemia de Covid -19, en lo cual el país incurrió en gastos elevados y extraordinarios, muy elevados y muy extraordinarios; Cuba “ganó la batalla” a la pandemia, pero pagó un muy alto precio para lograrlo; no hay datos a la mano, pero “la sangría” sin dudas desempeñó un rol negativo para las prioridades económicas.

Hoy, ahora mismo, la tardía decisión de eliminar subsidios a productos para subsidiar a personas necesitadas -retraso que supera al decenio – más el fracaso diríase estrepitoso de la mal llamada Tarea Ordenamiento -entre otros motivos también a causa del retraso- , traen a la palestra una palabra: credibilidad.

Credibilidad, sí, en una Cuba que en términos de consenso social no parece dispuesta a emular con Marcel Proust en lo de ir “en busca del tiempo perdido” – aunque no parece haber alternativas -, lo cual conduce a una desagradable pregunta: ¿existe conciencia de la pérdida de credibilidad ante el pueblo, significada por las consecuencias de no hacer en el momento oportuno lo que el propio mandato popular ordenó?

En política, se sabe, es un error fatal.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.