Recomiendo:
0

La doble moral de la casta política de EE.UU.

Fuentes: Rebelión

La casta político-económica que rige el poder en Estados Unidos ha tenido como característica fundamental la manipulación de la información, creando matrices de opinión favorables a su hegemonía e intereses, dentro y fuera del territorio estadounidense. De esta suerte, diversos acontecimientos y actores son presentados según el prisma de sus conveniencias, a tal grado que […]

La casta político-económica que rige el poder en Estados Unidos ha tenido como característica fundamental la manipulación de la información, creando matrices de opinión favorables a su hegemonía e intereses, dentro y fuera del territorio estadounidense. De esta suerte, diversos acontecimientos y actores son presentados según el prisma de sus conveniencias, a tal grado que cualquier objeción podría verse como producto de una conspiración contra la seguridad del país, explotando el terror al enemigo que siempre han creado, dependiendo de las épocas y de los fantasmas utilizados. Así, primero fueron los pueblos originarios, lo que dio pie a la invasión, colonización y genocidio del extenso territorio aparentemente deshabitado, ubicado al oeste de sus primeras fronteras nacionales. Luego fueron los comunistas y, ahora, el terrorismo internacional, cuya ubicuidad le otorga una patente de corso ilimitada al gobierno gringo para actuar impunemente en todo el planeta, violando todas las disposiciones y acuerdos mundiales.

Con ello, esta casta político-económica (independientemente de si pertenece o no a la rama republicana o demócrata) hace uso de expresiones orwellianas que disfrazan la realidad de las cosas y forman parte del sistema doctrinal imperante en el coloso del norte, cuestión que le permitió al presidente Ronald Reagan calificar de combatientes por la libertad a los guerrilleros de la Contra durante su lucha contra el gobierno sandinista de Nicaragua, dado su interés en que dicho gobierno fuera derrocado para, supuestamente, alejarlo de la órbita soviética, pero haciéndose de la vista gorda frente a los desmanes genocidas del Estado sionista de Israel contra el pueblo de Palestina. Lo mismo ocurre cuando a gobiernos como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia (sumados a otros de más reciente constitución), guiados por motivos políticos similares, son acusados de representar un populismo radical hostil a los intereses de Estados Unidos y, por lo tanto, condenados a ser arrasados, como ya lo consiguieran con el del Presidente Salvador Allende en Chile, en 1973.

Sin embargo, el hecho que muchos pueblos del mundo se hallan librando una batalla común contra el capitalismo neoliberal y globalizado, ha obligado a Estados Unidos a retroceder en algunas de sus iniciativas imperialistas y neocoloniales, razón por la cual requiere aumentar la imagen de gobiernos y de gobernantes forajidos, de modo que la opinión pública del país y del resto del mundo justifique cualquier tipo de intervensionismo en las naciones que encuadra en su categoría de extremistas o terroristas, cosa que no aplica en su caso cuando condena sin oportunidades legales a cinco cubanos, cuyo delito fue informar a las autoridades estadounidenses de los atentados terroristas que planificaban los agentes anticastristas desde territorio estadounidense contra Cuba, pero da un tratamiento amable a Luís Posada Carriles, un reconocido terrorista al servicio de la CIA.

Aún con Barack Obama de presidente, Estados Unidos continuará aplicando el recetario que le ha permitido actuar con el visto bueno de sus aliados, tomando en cuenta solo aquello que le beneficie, como sucedió con la cumbre de la OEA que decidió rescindir la decisión de expulsar a Cuba de dicho organismo por no someterse a los designios norteños, condicionando su reingreso a un cambio de política interna e ignorando adrede el derecho a la autodeterminación que le corresponde a éste y a los demás países del mundo. Es necesario que se comience a ver con ojos claros, asumiendo en la práctica una conducta auténticamente antiimperialista -como se dice- que descubra en su verdadera dimensión el juego retórico comúnmente del cual echa mano su clase política, gran parte del mismo de modo conjugado con las elites dominantes nacionales, dando por descontado que ése sea su «destino manifiesto»: el dominio imperialista del mundo, ahora reforzado con la doctrina de guerra preventiva que, originalmente, aplicara el Estado sionista de Israel contra sus vecinos islámicos de Oriente Medio. En esa medida, no tendrá más asideros la doble moral de la casta política-económica-militar de Estados Unidos, ni dentro ni afuera de sus fronteras «naturales».-