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Mientras tanto, nosotros

La Galicia Partisana

Fuentes: Rebelión

A Sebas, a Amaro, a Carlos Portomeñe. En los estudios culturales hay que huir de la ilusión de la armonía y de la autosuficiencia por un motivo muy sencillo: porque cualquier cultura – entiéndase lo que se quiera entender por cultura – está sometida a cambios, a irremediables puntos históricos de continuidad y discontinuidad, de […]

A Sebas, a Amaro, a Carlos Portomeñe.

En los estudios culturales hay que huir de la ilusión de la armonía y de la autosuficiencia por un motivo muy sencillo: porque cualquier cultura – entiéndase lo que se quiera entender por cultura – está sometida a cambios, a irremediables puntos históricos de continuidad y discontinuidad, de tradición reinterpretada y vanguardia proyectada.

No existe ninguna cultura que exista por sí misma, sin contacto o relación con elementos no autóctonos. Si esto sucede con la cultura, por supuesto, sucede también con la política – entendiendo lo que se quiera entender por política -. Es temerario trazar límites y compartimentos estancos plenamente definidos entre ambas, entre cultura y política, tanto como necesario es hacer todo lo posible para que las urgencias políticas no se conviertan en chivo expiatorio para marcar horizontes creativos, y viceversa, que los horizontes creativos, estéticos, no se conviertan en chivo expiatorio para marcar horizontes partidarios. Téngase en cuenta este matiz: una cosa es un horizonte político, un cambio de modos de pensar y hacer política en un contexto de crisis cultural y civilizatoria irreversible, otra cosa es un horizonte partidario.

Recordemos la riquísima diversidad de concepciones filosóficas, científicas y estéticas foráneas que inspiraron a la Xeneración Nós, tanto en su actividad intelectual como en su proyección política: siempre situados en esa tensión permanente entre la búsqueda de lo autóctono y la reivindicación político-cultural de la universalidad intrínseca en los hallazgos de esa búsqueda, creo, humildemente, que a la Xeneración Nós hay que entenderla como un admirable espíritu de resistencia a la asimilación cultural y como una crítica radicalmente conservadora al capitalismo de principios del siglo 20 y a la uniformización social intrínseca en el mismo.

Pero ojo, por supuesto, hay luces y sombras en la Xeración Nós. Ni se me ocurre considerar que una política y una cultura de la emancipación para este siglo 21 pueda fundamentarse en los resultados de su actividad intelectual, lo cual es absurdo. Lo que sucede es que soy un comunista un poco raro, puesto que considero que la Xeneración Nós tiene interés cultural en sí mismo. Es parte del patrimonio cultural inmaterial de Galicia y, por lo tanto, investigar, reactualizar, repensar y divulgar un texto cultural tan rico como el suyo, a mi modo de ver, me parece una obligación que nuestros poderes falsamente atributados como públicos deberían estimular.

¿Alguien mueve ficha en esta dirección en Galicia?: No. Sucede con el conservacionismo cultural, en el Reino de Galicia, lo mismo que sucede con el activismo político: que no se fundamenta, que no se organiza, que no se orienta. Y así, sin orden ni horizonte, no hay manera. Desde luego, no seré yo, a título individual, el que pierda energías recordando a las gentes di sinistra que las herramientas de análisis más precisas para la humanización de la civilizatio neoliberal están en los movimientos eco-pacifista y feminista, no sólo en tanto que movimientos contra-culturales, sino también en tanto que filosofías culturales y epistemologías que profundizan con mucha precisión en las causas, efectos y posibles soluciones para desengancharnos de la civilizatio neoliberal. Tampoco seré yo, a título individual, el que pierda energías recordando que, a pesar de no considerar a la Xeración Nós tan importante como la generación Mientras tanto para repensar el comunismo como movimiento social emancipatorio – pues no era el leitmotiv de la Xeración Nós, ni poner los cimientos de ese demonio llamado comunismo, ni buscar una ruptura plena de civilizatio -, esto no es óbice para que no considere que los poderes públicos gallegos deban invertir más en la investigación, reactualización y divulgación de nuestra particular biblioteca de Alejandría que es la Xeración Nós, con sus luces y sus sombras.

Porque, sin ánimo de resultar socarrón, el que aquí escribe no quiere tener como menú cultural siempre y todos los días a Gramsci, a Marx, a Paco Buey, a Sacristán y a toda la entrañable comunidad de gamberros con los que hemos crecido intelectualmente buena parte del rojerío impenitente del Reino de Galicia i més enllá. Me gusta comer de todo, sobre todo si me explican muy bien, sin venderme la moto, las luces, sombras, orígenes y destinos de los materiales culturales que leo, escucho y veo – sean orales, escritos o audiovisuales -. En definitiva: lo que me apetece comer.

En primer lugar, por el cuerpo de la Xeración Nós pasó casi de todo: El europeísmo, el orientalismo, el humanismo liberal, el romanticismo, el culturalismo, el misticismo, el simbolismo, su complejísima y escéptica relación con las vanguardias, la investigación etnográfica, el ensayo político y geográfico, el modernismo, la crítica a la modernidad y a la burguesía parasitaria del capitalismo industrial, el medievalismo, el humorismo, el realismo, la pasión por la literatura de viajes… y un largo etcétera de prácticas científicas, críticas y concepciones filosófico-estéticas que, como era de esperar, tuvieron que chisporrotear como átomos al calor de los conflictos políticos de su tiempo.

Hay, qué duda cabe, concepciones profundamente reaccionarias y de un esencialismo que causa sonrojo intelectual. Hay, por supuesto, una evidente concepción androcéntrica del mundo que trata de disimularse de mística femenina en referencia a la matria y al terruño patrio. Y hay, también, tanto concepciones perfumadas de nacional-catolicismo con denominación de origen gallega como joyas perfumadas de filo-fascismo de temporada. Piénsese en Vicente Risco cuando éste dejó de ser alguien para Castelao, por ejemplo.

En fin, cosa buena sería meter la nariz en toda la basurilla mental que puede contener una traditio porque, como dice mi querida amiga y poeta Rosa Enríquez, citando a Valente: – Taboada, la mierda es la única verdad -. Y Rosa, con Valente, tiene razón, claro que la tiene, lo que sucede es que quizás sería buena cosa tratar de hacer un poco más de pedagogía para separar la mierda de las pepitas de oro, que las hay.

Cuando uno mete la nariz en los álbumes de la Xeración Nós se da de bruces con conceptos políticos contemporáneos – poco fundamentados y desarrollados, eso sí – como anti-imperialismo, pacifismo, autodeterminación de los pueblos, internacionalismo… e tutti quanti. Si a éstos les añadimos todos los luminosos leitmotivs críticos que Castelao representó en su obra gráfica creo que tenemos razones y motivos de sobra para tomarnos en serio, tanto la necesidad de trabajar más la gramática cultural de la Xeración Nós, como la necesidad de trabajar más – para mayor provocación y heterodoxia intercultural del que aquí escribe – la gramática y el espíritu crítico de la generación Mientras tanto en la izquierda social de Galicia, ya que la institucional sigue conformándose con poner una vela a los dioses de la patronal y otra a las musas del sindicato, como siempre, en pos de los cantos de sirena del injusto término medio.

Decía George Steiner – que de revolucionario tiene más bien poco – en Gramáticas de la creación, que crear un ser es decirlo. Si las cosas fuesen tan fáciles en lo que se refiere a la lucha social bastaría con decir revolución para tenerla delante de casa, pero me temo que eso no va a suceder y tampoco era el interés y la intención de Steiner. Mi admirado Edward Said, por su parte – a quien considero el intelectual más cercano, humano, completo y valiente que nunca he conocido -, en El mundo, el texto y el crítico, recalcaba que el humanismo, como interdisciplinar crítica literaria, cultural y política, tiene también, en cierto modo, un instante de creación incluso desde la aplicación del rigor metodológico. Si estamos de acuerdo tanto con Steiner como con Said desde un plano crítico-cultural, que no político, creo que no sería pretencioso afirmar que la Xeración Nós creó un ser de la nada: puso los cimientos de una mirada y un enfoque vivo y renovado sobre Galicia. Una mirada interdisciplinar y, en cierta medida, autóctona, pero no cerrada en sí misma, que se buscó a sí misma fuera antes de volver al cómodo hogar materno del país de origen para redescubrirlo de nuevo. Su potente energía creadora es nuestra particular biblioteca de Alejandría: un espejo que nos devuelve las luces y sombras de su tiempo. Un patrimonio cultural inmaterial de inmenso valor que no tuvo otro impulso que el compromiso individual compartido y libremente escogido por sujetos con sensibilidades políticas, no sólo diferentes en algunos casos, sino incluso… irreconciliables.

A pesar de todo, clausurar el diálogo inter e intra generacional, tanto desde la traditio cultural del comunismo revolucionario como desde la traditio cultural sembrada por la Xeneración Nós, es el peor de los daños que podemos hacernos a nosotros mismos como gallegos, como comunistas y, en último término, como seres humanos.

Mientras tanto, nosotros, la Galicia Partisana, caminamos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.