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Entrevsita a Mario Amorós, autor del libro "Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda"

«La muerte de Neruda no pueder permanecer envuelta en el misterio»

Fuentes: El Viejo Topo

Mario Amorós (Novelda, 1973), periodista y doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, es uno de los grandes especialistas españoles en la historia reciente de Chile, con amplio reconocimiento internacional. Su último libro, Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda, publicado por Ediciones B-Chile, circula desde mayo y se volverá a […]

Mario Amorós (Novelda, 1973), periodista y doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, es uno de los grandes especialistas españoles en la historia reciente de Chile, con amplio reconocimiento internacional. Su último libro, Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda, publicado por Ediciones B-Chile, circula desde mayo y se volverá a presentar en la Feria del Libro de Santiago de Chile el 8 de noviembre a las 7 de la tarde.

– ¿Por qué un libro ahora sobre la muerte de Pablo Neruda?

– En mayo de 2011, la revista mexicana Proceso publicó un reportaje con el testimonio del último chofer de Neruda, Manuel Araya, quien denunció que el Poeta fue asesinado por agentes de Pinochet a través de una inyección en la Clínica Santa María de Santiago de Chile, donde estaba ingresado. De inmediato, el Partido Comunista presentó una querella criminal para que se investigara aquella impactante denuncia y el juez chileno Mario Carroza la aceptó a trámite e inició las indagaciones.

Muy pronto preparé y publiqué un extenso reportaje en el que presenté algunas revelaciones sorprendentes, principalmente que la viuda de Neruda, Matilde Urrutia, siempre negó (desde fechas tan tempranas como febrero de 1974 hasta sus últimos días) la versión oficial de su fallecimiento: un cáncer de próstata en fase terminal.

En septiembre de 2011, el abogado del Partido Comunista, Eduardo Contreras, me envió un texto que me dejó perplejo y puso fin a mi escepticismo: la entrevista a la enfermera que atendió en Isla Negra al Poeta durante los últimos años de su vida publicada en el diario La Nación el 18 de septiembre de 2005. Esta señora explicó entonces que en 1975 Matilde Urrutia le confesó que sospechaba que Neruda había sido asesinado en aquel hospital … a través de una inyección. Fue entonces cuando decidí viajar a Chile para recoger testimonios, documentación primaria y bibliografía para escribir este libro, que intenta reconstruir el último año y los días postreros de la vida del Poeta. Por cierto, esta enfermera, con casi 80 años, no ha querido volver a hablar con ningún periodista, aunque sí ha declarado ante el juez Carroza. El miedo que propagó el Terror de la dictadura persiste en Chile.

– ¿Con qué nuevos materiales has trabajado en tu investigación?

– El libro se apoya en la prensa de la época, en la correspondencia privada del Poeta y de su última esposa, que pude consultar en el archivo de la Fundación Pablo Neruda, en una amplia bibliografía y en testimonios de personas que vieron o acompañaron al creador del Canto general en la última época de su vida, como el chofer Manuel Araya, el diplomático sueco Ulf Hjertonsson o Gonzalo Martínez Corbalá, embajador de México en Chile en 1973. La prensa, en concreto, ha sido muy importante para reconstruir los últimos días, las horas finales, el velatorio y el inolvidable funeral del vate en aquel Chile convertido en un inmenso campo de concentración por los militares golpistas. Además, también he podido acceder al sumario del juicio abierto en aquel país y he incluido declaraciones de algunas de las enfermeras y médicos que atendieron a Neruda en sus últimos días.

– Neruda falleció el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe de Pinochet y sus amigos fascistas e imperiales… ¿Cómo vivió el Poeta aquella jornada?

– El 11 de septiembre el Poeta estaba en su hermosa casa de Isla Negra, frente al Pacífico, y allí muy temprano conoció las noticias y el desarrollo fulminante del golpe de estado. La dolorosa derrota del proyecto popular, el bombardeo de La Moneda y la muerte de su amigo el Presidente Allende fueron unos golpes demoledores para su salud y le sumieron en una intensa agonía física y emocional que le abocó al umbral de la muerte. La mañana del 19 de septiembre su esposa le trasladó en ambulancia a la Clínica Santa María de Santiago, donde fue ingresado en la habitación 406.

Al día siguiente, recibió la visita del embajador mexicano, quien le comunicó a través de una nota la invitación del presidente Luis Echeverría para trasladarse a su país. Sólo cuando conoció la devastación de La Chascona, su casa santiaguina, el Poeta aceptó partir al exilio. En aquellas horas, Matilde Urrutia explicó a Martínez Corbalá que temía por la seguridad del Poeta, ya que también su casa de Valparaíso, La Sebastiana, había sido brutalmente destruida por la dictadura.

– ¿La Junta Militar vigiló a Neruda a lo largo de aquellos días?

– Sí, Pinochet siempre estuvo al corriente de la situación del vate. Ante los rumores que recorrían el mundo sobre su supuesta muerte o detención, el 16 de septiembre, en una entrevista con una radio luxemburguesa, el tirano aseguró lo siguiente: » Neruda no ha muerto. Está vivo y puede desplazarse libremente a donde quiere, igual que toda persona que, como él, tiene muchos años y está enferma » . Y, además, no tuvo reparos en añadir cínicamente: » Nosotros no matamos a nadie y, si Neruda muere, será de muerte natural » . Al día siguiente, el embajador español se reunió con Pinochet y le hizo saber que una agresión contra el Premio Nobel de Literatura de 1971 sería muy mal vista en el exterior. En su respuesta, el dictador volvió a evidenciar que conocía muy bien dónde estaba y cómo se encontraba el Poeta.

Entre el 20 y el 21 de septiembre, la Junta Militar concedió a la Embajada de México los pasaportes para que Neruda y su esposa pudieran abandonar el país. No me cabe ninguna duda de que esta decisión pasó por el escritorio de Pinochet, quien ya el 11 de septiembre había ofrecido a Allende un avión para salir del país, un avión – que según comentó chistosamente por radio a un oficial aquella negra mañana- después se caería .

Y la tarde del 22 de septiembre, mientras Neruda se encontraba en su lecho de la Clínica Santa María, los informativos radiofónicos controlados por la Junta anticiparon que era probable que falleciera en las próximas horas.

– En el libro relatas y contrastas todos los testimonios y versiones sobre la causa última de su fallecimiento. ¿Cuál es tu opinión en estos momentos tras tu exhaustiva investigación?

– En los tres capítulos centrales contrasto la denuncia del chofer Manuel Araya y el relato de aquellos días que dejó Matilde Urrutia con todas las fuentes históricas que he podido consultar o descubrir. Creo que la muerte de Pablo Neruda está a día de hoy envuelta en el misterio por las contradicciones en los relatos de los dos testigos principales. Por ejemplo, en una entrevista concedida en 1976 a TVE, la viuda del Poeta aseguró que cuando éste se quedó dormido la noche del 22 de septiembre de 1973, después de que una enfermera le inyectara un calmante y tras sufrir enormemente al conocer el cruel asesinato de Víctor Jara y la magnitud de la persecución contra sus compañeros, ya no despertó jamás y falleció a las diez y media de la noche del día siguiente. » Su muerte fue muy hermosa, porque pasó del sueño a la muerte, él no sufrió » , aseguró entonces Matilde Urrutia. En cambio, en el sumario del juicio hay declaraciones que atestiguan que Neruda sí padeció mucho en el último día de su vida y he encontrado una entrevista de 1975 al médico que lo atendió en aquellas horas en la que declaró que sí estaba consciente o al menos semiinconsciente en aquellos momentos.

En cuanto al relato del chofer Manuel Araya, también he detectado algunas contradicciones importantes utilizando por ejemplo el libro autobiográfico que dejó el entonces embajador francés en Chile, Pierre De Menthon, o algunas de las declaraciones prestadas ante el juez Mario Carroza.

Por último, el certificado de defunción de Neruda (firmado por el doctor Roberto Vargas Zalazar, el urólogo chileno más importante de entonces), reproducido en el interior del libro, expone, sin conceder espacio a la duda, la causa de muerte: un cáncer de próstata con metástasis y caquexia. Pero Matilde Urrutia siempre negó, en infinidad de entrevistas que he consultado, esta tesis y lo hizo de manera muy tajante: » No lo mató el cáncer » , aseguró en febrero de 1974 a la Agencia Efe en Isla Negra. » Los médicos, a los que habíamos visto unos días antes, le dijeron que lo habían atajado y que podría vivir unos años más » . Esta misma opinión la expresó a lo largo de la década siguiente, hasta sus últimas entrevistas, como la publicada por la revista Análisis el 27 de septiembre de1983.

Veinte años después de su muerte, el 23 de septiembre de 1993, Hortensia Bussi ( la viuda del Presidente Allende) manifestó también que, en su opinión, Neruda habría podido vivir varios años más, a pesar de su enfermedad: » Siempre diré y acusaré que la muerte de Pablo Neruda se adelantó por todos los sucesos políticos tras el golpe militar…».

– Afirmas que Neruda fue una víctima de la dictadura de Pinochet, del sufrimiento que le causó el bombardeo del Palacio de la Moneda y la represión que padecieron sus compañeros y amigos. ¿Esa es la tesis de tu libro?

– Así es. La izquierda siempre expresó que la muerte de Neruda no podía disociarse de la tragedia que golpeó a su pueblo desde el 11 de septiembre de 1973. Sin embargo, en Sombras sobre Isla Negra reconstruyo con detalle aquellos últimos días de su vida y describo la agonía física y moral que le llevó al umbral de la muerte. Próximamente, el juez Mario Carroza deberá decidir si atiende la solicitud de exhumación de los restos del Poeta, que desde diciembre de 1992 descansan en Isla Negra, presentada por el Partido Comunista en diciembre. Carroza está intentando recopilar todos los antecedentes posibles sobre el estado de su enfermedad en 1973 para tomar su decisión. Sería la primera ocasión que se realiza una autopsia a los restos del Poeta, ya que jamás se habían investigado los motivos de su muerte.

Desde mi punto de vista, las contradicciones en el relato de la única persona que ha denunciado públicamente el asesinato de Neruda, su último chofer, son demasiado importantes como para defender claramente la tesis del asesinato. Al menos hasta el momento. Pero es imprescindible llevar la investigación hasta donde sea posible porque Chile y la humanidad no pueden permitir que la muerte del Poeta permanezca eternamente envuelta en el misterio, atrapada en las sombras del terror de la dictadura de Pinochet, que hoy planean sobre Isla Negra. Hay indicios para no descartar la posibilidad de que Neruda fuera asesinado. Horas antes de su muerte los militares allanaban un amplio perímetro del centro de Santiago y arrojaban varias obras suyas a las hogueras de libros donde ardían las ideas revolucionarias. Eran días en los que la prensa chilena llevaba con grandes caracteres a sus primeras páginas sentencias como la siguiente: «No habrá piedad con los extremistas».

– Hay un argumento que parece contravenir la conjetura del asesinato: Neruda y su exilio a México. Todo estaba preparado, incluso el avión. Desde allí, más allá de algunas declaraciones, poco mal podía hacer a la Junta militar. ¿Para qué arriesgarse entonces, para qué asesinarlo teniendo en cuenta que podía desprestigiar aún más a la Junta?

– Creo justo lo contrario. La voz de Pablo Neruda en el exilio pudo haber causado un enorme daño a la dictadura militar. Tengamos en cuenta que es uno de los poetas más universales del siglo XX, leído, admirado y querido por millones de personas … y que la Junta de Pinochet en los años siguientes atentó en el exterior contra tres personalidades tan relevantes como el general Carlos Prats (antecesor de Pinochet en la jefatura del ejército), Bernardo Leighton (dirigente de la Democracia Cristiana, ex vicepresidente de la República y partidario de la unidad entre la izquierda y la DC para luchar contra la tiranía) y Orlando Letelier (dirigente socialista, ministro de Relaciones Exteriores con Allende y una persona con notable influencia en el Partido Demócrata estadounidense).

Prats y su esposa (en Buenos Aires) y Letelier y su secretaria (en Washington) fueron asesinados con un coche bomba, mientras que Leighton y su mujer fueron ametrallados por fascistas italianos al servicio de la DINA, pero lograron sobrevivir. En los tres casos, como relaté extensamente en Después de la lluvia. Chile, la memoria herida (disponible en rebelion.org) y cito brevemente ahora, la Junta Militar condenó aquellos crímenes a través de sendos comunicados, del mismo modo que declaró tres días de luto nacional por la muerte del Poeta y lamentó su muerte con una retórica insufrible. Además, en 1976 la dictadura de Pinochet intentó asesinar en México al destacado dirigente comunista Volodia Teitelboim.

– Otro de los aspectos que apuntan a la tesis del asesinato es la «escena del crimen»: la Clínica Santa María…

– Efectivamente, en los últimos años la justicia chilena ha podido probar que en ese mismo hospital privado de Santiago de Chile, pegado al cauce del río Mapocho, fue asesinado en enero de 1982 el ex presidente Eduardo Frei Montalva. Y esto, por otra parte, es muy llamativo e indicativo de que el fascismo – a veces- no paga a los traidores. Frei fue el verdadero líder de la Democracia Chilena entre 1971 y 1973, quien con su acendrado anticomunismo logró que la DC virara desde la simpatía inicial hacia el fascismo en el combate de masas contra el Gobierno de la Unidad Popular. En octubre de 1973, en una entrevista concedida al diario madrileño Abc aseguró que los militares habían «salvado» a Chile y un mes después, en una extensísima carta al presidente de la Internacional Demócrata Cristiana (localizable en Internet), justificó el golpe de estado y el exterminio del movimiento popular.

Ocho años después, la CNI (sucesora de la DINA) organizó de manera concienzuda su asesinato. Las huellas del crimen permanecieron ocultas durante un cuarto de siglo. La dictadura ordenó su muerte porque se había opuesto públicamente a la Constitución que Pinochet impuso en 1980 y que, aunque reformada, aún permanece vigente en Chile. Por cierto, en la investigación judicial sobre el caso Frei existen pruebas de que el vínculo entre la Clínica Santa María, donde falleció Neruda el 23 de septiembre de 1973 y fue asesinado Frei en 1982, y los aparatos represivos de la dictadura se remontan a la fase más temprana de ésta. Esta es una veta que el juez Carroza debiera profundizar.

– En el libro hablas varias veces del impacto que causó en Neruda la guerra civil española. ¿Estableció algún paralelismo entre lo que estaba sucediendo en Chile en 1973 y lo que pasó en España en 1936?

– Creo que éste es uno de los aspectos más conmovedores: descubrir que la memoria de la España republicana acompañó siempre a Neruda. Recordemos que en 1938 publicó su conmovedor libro España en el corazón.

El 5 de diciembre de 1972 el pueblo chileno rindió un homenaje a su gran Poeta en el Estadio Nacional. En su discurso, para referirse a la situación política de su país, Neruda aludió a la II República Española: » Yo asistí a una guerra civil y fue una lucha tan cruel y dolorosa que marcó para siempre mi vida y mi poesía …» . Y advirtió: » Las heridas de Chile, del cuerpo de Chile, harían desangrarse mi poesía».

El 28 de mayo de 1973, en un discurso al país por televisión, en su última aparición pública, Neruda volvió a recordar con dramatismo la guerra civil y la derrota de la República. Lo hizo en un momento en el que el Partido Comunista de Chile centraba su discurso político en la consigna » No a la guerra civil » , en buscar una salida democrática y «pacífica» al conflicto político que dividía abruptamente el país. Pero la derecha y la DC, sectores importantes de las Fuerzas Armadas y el imperialismo apostaban ya, sin retorno posible, por la vía golpista después del notable avance de la Unidad Popular en las elecciones parlamentarias de marzo de aquel año.

Así lo expresó de manera clarividente Pablo Neruda en la última entrevista que concedió (publicada por su gran amiga Margarita Aguirre en la revista argentina Crisis en agosto de 1973) cuando se refirió al objetivo de aquella Santa Alianza: «Se trata de instaurar un régimen fascista en Chile».

– Uno de los momentos más emotivos de tu imprescindible libro – otro más sobre la historia de Chile- es la descripción del funeral de Neruda …

– Aquel fue «un día inmenso» , como le gustaba decir al Poeta. Entre 500 y 2.500 personas ( según los periodistas extranjeros presentes) tuvieron el coraje de acompañar el féretro del vate a lo largo de los dos kilómetros que separan La Chascona del Cementerio General. Y lo hicieron amenazados por un fuerte dispositivo militar, pero protegidos por la presencia de los embajadores de Francia, Suecia o México. Además, tuvieron el valor de convertir, en una bella metáfora de la vida del vate, aquel funeral en la primera manifestación contra la dictadura en Chile, porque corearon consignas en homenaje al Presidente Allende y a Víctor Jara (con su viuda, Joan, presente) y recitaron los versos imperecederos de España en el corazón o del Canto General . Y sobre todo, cuando entraban en el Cementerio General, tuvieron la valentía de cantar como tributo al Poeta, entre voces que se apagaban y renacían, entre susurros y exclamaciones, entre lágrimas y sollozos, La Internacional .

– ¿Fue Neruda un poeta comunista? ¿Qué significa para ti ser un poeta comunista?

– En su libro autobiográfico Confieso que he vivido, cuyo manuscrito original sacó de Chile el embajador Martínez Corbalá en aquellos días de septiembre de 1973, Neruda nos dejó dicho que se hizo comunista durante la guerra civil española. En su bella biografía, Neruda , Volodia Teitelboim (uno de sus grandes amigos y camaradas) lo explicó de manera maravillosa. Pero además nos lo recuerdan una buena parte de sus versos y también su compromiso militante de 28 años con el Partido Comunista de Chile, del que fue senador por las provincias del Norte Grande, miembro de su Comité Central y candidato presidencial en 1969 .

En su Discurso de Estocolmo, al recibir el Premio Nobel en diciembre de 1971, Pablo Neruda, hijo de un modesto obrero ferroviario, criado entre la lluvia incesante y los frondosos bosques del sur de Chile, proclamó que llegaba allí «con mi poesía y con mi bandera». Fue un tenaz militante comunista que acompañó a Salvador Allende en sus cuatro campañas como candidato presidencial, que intervino en un sinfín de actos políticos de la izquierda, que participaba en las interminables reuniones del Comité Central siempre que podía, que -ya postrado en su cama- en aquel triste invierno de 1973 seguía de manera obsesiva la coyuntura política nacional, que convocó a los intelectuales de Chile y del mundo a evitar la guerra civil en su patria.

Como tantos y tantos poetas, creadores e intelectuales, Neruda abrazó las ideas del socialismo y hoy sus versos y su memoria son un estímulo para no desistir, porque -como dijo en Estocolmo citando a Rimbaud- «solo con un ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano».

– Una pregunta de filosofía (estúpida) de la historia. ¿Y qué importa lo que pasó? ¿Para qué preocuparnos de lo sucedido hace casi 40 años?

– ¡Claro que importa! El recuerdo de la lucha y del sacrificio, de la tenacidad, de la fraternidad y del valor de tantos camaradas y compañeros en todos los rincones del planeta es tan necesario y valioso como el aire que respiramos. Recordemos que en 1939 Neruda llevó a más de dos mil republicanos desde aquella Francia cobarde y hostil a Chile en el Winnipeg . Recordemos también que en octubre de 1998 la Secretaría de Derechos Humanos de Izquierda Unida contribuyó de manera decisiva a la detención de Pinochet en Londres. Recordemos que el pueblo chileno se movilizó masivamente y por la libertad de Marcos Ana y que le acogió como a un hermano, que en 1939 el Comité Central del PC chileno rompió a llorar cuando conocieron la derrota de la República, que nosotros fuimos solidarios con el exilio chileno, que Rafael Alberti escribió en septiembre de 1973 su poema «Con Pablo Neruda en el corazón»…

En este caso concreto, debemos exigir que haya una investigación profunda para esclarecer si Neruda fue asesinado por la dictadura militar o si su fallecimiento obedeció a causas naturales después de la terrible agonía que sufrió a partir del golpe de estado.

– Mientras en Chile se investigan los crímenes del fascismo, en España perdura la losa de la impunidad y el ignominioso silencio oficial…

– Esta es una de las grandes lecciones que nos dan Chile o, más aún por las ejemplares políticas públicas en este terreno, Argentina, y es mérito de los movimientos de derechos humanos de estos países y en el caso chileno también del Partido Comunista y del conjunto de la izquierda. La reivindicación de la Memoria Democrática y el fin de la impunidad de los crímenes fascistas no socavan, sino que fortalecen la democracia.

Además, la investigación judicial, periodística e historiográfica de tanto en tanto ofrece descubrimientos tan impactantes como lo sucedido en Chile en 2007, cuando conocimos la existencia de la Brigada Lautaro de la DINA, responsable del secuestro, tortura, asesinato y desaparición de las dos direcciones clandestinas del Partido Comunista que cayeron en 1976. En 2007 aquel descubrimiento golpeó a los familiares y compañeros de aquellos camaradas … pero también les llenó de orgullo porque conocieron aún mejor su inmenso valor.

Por ejemplo, Víctor Díaz, un dirigente obrero muy querido por Neruda, fue capaz de decirle a Pinochet cara a cara que intentar destruir el Partido Comunista era lo mismo que tratar de vaciar el mar con un vaso. Tenía razón Víctor Díaz: este año el PC chileno conmemora el centenario de su fundación volviendo a estar en el centro de la política nacional, con una propuesta de gobierno de nuevo tipo que supere el modelo neoliberal impuesto por la dictadura a sangre y fuego y permita avanzar hacia una sociedad más democrática y con mayor justicia social.

– Entrevista publicada en el número de septiembre de 2012 de la revista El Viejo Topo. www.elviejotopo.com