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Cuba no se rinde

La Revolución se reforma para resistir la asfixia imperial

Fuentes: Rebelión

La historia de la Revolución cubana es, ante todo, la historia de una resistencia épica y creativa. Desde los albores mismos de la Revolución Cubana, la respuesta de Washington ante la determinación soberana de la isla fue la imposición de un cerco despiadado; de este modo, el bloqueo económico, financiero y comercial no es un fenómeno reciente, sino una agresión histórica que cumple ya 64 años de aplicación ininterrumpida. Esta política de asfixia sistemática, iniciada formalmente a principios de la década de 1960, se ha consolidado como el asedio más prolongado de la historia moderna con el objetivo confeso de doblegar, por la vía de la privación material, la dignidad del proyecto social cubano.

Pocas naciones en el mundo moderno han tenido que forjar su soberanía bajo un acoso tan implacable, prolongado y multidimensional como el impuesto por los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos. Por eso, el histórico paquete de 176 transformaciones económicas y sociales aprobado recientemente por la Asamblea Nacional no puede interpretarse, bajo ningún concepto, como una claudicación ante Washington. Al contrario: representa un nuevo ejercicio de audacia táctica para salvar el socialismo y garantizar la supervivencia material de la isla frente a una política de guerra económica total.

Para entender el verdadero alcance de este giro audaz, es imprescindible poner en primer plano la naturaleza del aislamiento que sufre el pueblo cubano, un entramado legal diseñado explícitamente para estrangular, desestabilizar y destruir el proyecto socialista.

El andamiaje del asedio: Bloqueo, Ley Helms-Burton y guerra petrolera

Lo que la narrativa hegemónica occidental insiste en llamar un simple «embargo comercial» es, en términos jurídicos y prácticos, un bloqueo genocida con alcances extraterritoriales. Su objetivo, codificado en leyes imperiales desde hace décadas, es provocar el colapso sistémico a través del hambre y la desesperación de la población.

  • La Ley Helms-Burton y la persecución global: Aprobada en 1996, esta ley convirtió el bloqueo en un mandato inflexible del Congreso de EE. UU. Su herramienta más agresiva, el Título III, castiga la libertad económica de terceros países. Al permitir demandas multimillonarias contra empresas europeas, canadienses o latinoamericanas que inviertan en infraestructuras legítimamente nacionalizadas por la Revolución en los años 60, Washington infunde un «terror financiero internacional» que busca congelar las inversiones extranjeras directas en la isla.
  • La infamia de la lista de patrocinadores del terrorismo: La cínica y unilateral inclusión de Cuba en la lista estadounidense de Estados Patrocinadores del Terrorismo actúa como un candado financiero global. Los bancos de todo el mundo, intimidados por las multas del Departamento del Tesoro norteamericano, se niegan a procesar transacciones cubanas. Cuba no puede acceder a créditos internacionales de desarrollo, y comprar alimentos, fertilizantes o insumos médicos se convierte en un calvario logístico donde se debe pagar en efectivo, a través de intermediarios y con costos inflados.
  • La asfixia energética: El desabastecimiento de electricidad y combustible que la isla ha enfrentado con dignidad no es el resultado de la ineficiencia, sino de una prohibición expresa y criminal del imperio para impedir que Cuba adquiera petróleo y derivados. Washington persigue, sanciona y congela los activos de las navieras, los buques tanqueros y las compañías aseguradoras internacionales que transportan crudo a los puertos cubanos. Cortar el suministro eléctrico a los hogares y las industrias es una estrategia militar de manual de guerra híbrida.

Las 176 reformas: Flexibilidad táctica para salvar la Revolución

Frente a este escenario de cerco total, la dirección del Estado cubano, respaldada por la experiencia histórica del Comandante de la Revolución y las bases populares, ha respondido con la agilidad que siempre ha caracterizado al proceso revolucionario. El paquete de 176 medidas introduce transformaciones profundas en la banca (permitiendo la participación del capital privado bajo supervisión del Banco Central), flexibiliza el empleo eliminando los límites de contratación de las MiPyMEs, descentraliza la fijación de precios según referencias del mercado y abre el estratégico sector de la importación y comercialización de combustibles al capital mixto.

Estas decisiones no son una concesión ideológica a la Casa Blanca; son mecanismos de resistencia creativa. Así como en su momento Lenin implementó la Nueva Política Económica (NEP) en la joven Unión Soviética, o como China y Vietnam adaptaron sus sistemas al mercado para fortalecer sus Estados socialistas, Cuba está asimilando dinámicas económicas contemporáneas para centralizar lo verdaderamente estratégico y descongestionar la cotidianidad de su población.

«El objetivo central de las nuevas medidas económicas es preservar la Revolución y sostener el socialismo», ha afirmado enfáticamente el presidente Miguel Díaz-Canel ante el Consejo de Ministros, dejando claro que el timón político de la isla sigue firmemente en manos del Partido Comunista y de las conquistas sociales de 1959.

La prioridad social: El ser humano en el centro del modelo

A diferencia de las reformas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional en el resto de América Latina, que desmantelan el Estado y abandonan a los trabajadores, la actualización del modelo cubano sitúa la protección del ser humano como eje innegociable.

Junto a las reformas de mercado, el gobierno cubano ha estructurado de inmediato políticas sociales de choque: incrementos sustanciales al salario mínimo, revisión anual de las escalas salariales para batallar contra la inflación inducida, eliminación de límites para las pensiones del sector no estatal y el fortalecimiento de la asistencia digitalizada y territorial a las familias en situación de vulnerabilidad. Se reorganiza la economía para generar riqueza, pero la distribución de esa riqueza sigue respondiendo a la máxima martiana y fidelista de la justicia social.

Conclusión: Cambiar para seguir siendo libres

Calificar las reformas actuales como una «rendición» denota una profunda incomprensión de la dialéctica revolucionaria cubana. Una capitulación frente a Estados Unidos implicaría desmontar el sistema de partido único, entregar la soberanía nacional, privatizar la salud y la educación universales, y someterse a la tutela geopolítica de Washington. Nada de eso está sobre la mesa.

Cuba está cambiando su arquitectura financiera y productiva precisamente para no tener que rendirse nunca. Al legalizar y ordenar nuevos actores económicos, abrir canales cambiarios transparentes y buscar activamente alianzas con potencias aliadas y emancipadas como China y Rusia, la Revolución se dota de las herramientas necesarias para romper los nudos del bloqueo. Cambiar todo lo que deba ser cambiado para que el núcleo de la revolución, la dignidad y el socialismo cubano permanezca intactos: esa es la verdadera victoria de la resistencia en este 2026.

Blog del autor: https://open.substack.com/pub/josjustocalderndongo/p/cuba-no-se-rinde-la-revolucion-se?r=8my1ds&utm_campaign=post&utm_medium=web&showWelcomeOnShare=true