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Las FARC reinsertadas entre «los nuevos trabajadores» y la burguesía media emergente de origen indo-afro-mestizo

Fuentes: Rebelión

Definitivamente las FARC han dado el paso decisivo hacia la terminación del conflicto armado. Su proceso de reinserción a la sociedad civil no va a ser fácil. Se encontrarán -sobre todo en las ciudades- con una nueva realidad. En lo inmediato, seguramente seguirán atados a la problemática agraria, campesina y rural. Fue la que les […]

Definitivamente las FARC han dado el paso decisivo hacia la terminación del conflicto armado. Su proceso de reinserción a la sociedad civil no va a ser fácil. Se encontrarán -sobre todo en las ciudades- con una nueva realidad.

En lo inmediato, seguramente seguirán atados a la problemática agraria, campesina y rural. Fue la que les dio vida. Allí tienen sus bases organizadas y con ellas tratarán de concretar algunos de los puntos negociados en La Habana.

Sin embargo, la dinámica de la lucha política, si efectivamente quieren convertir su potencia simbólica en fuerza transformadora (en parte «derrotada», en parte «expectante», pero latentemente real), deberá llevarlos en forma inmediata a enfrentar la realidad de las ciudades.

En esos grandes centros urbanos, que aglutinan a la mayoría de la población colombiana (75%), ya no encontrarán la situación que se vivía en el siglo pasado (XX). Allí las fuerzas sociales que pueden apoyar las transformaciones por las que luchaban las FARC con las armas en la mano, ya no son las mismas.

Los trabajadores han cambiado. El proletariado industrial ha sido reducido a un mínimo y ya no es la principal fuerza revolucionaria. Son ahora muy pocos. Por un lado, debido al proceso de desindustrialización del país. Por otro, por el impacto de los avances tecnológicos aplicados durante la fase de post-fordismo. Además, están más o menos cómodos, son los trabajadores mejor pagados, con algo de estabilidad laboral y condiciones de «trabajo decente» y formalizado.

La inmensa mayoría de los trabajadores pertenecen al sector de los servicios y el comercio. Algunos de ellos están al servicio del Estado y son también, relativamente privilegiados. El resto de trabajadores, sobreviven en medio de la más absoluta precariedad laboral, con contratos temporales, de prestación de servicios, contratados por medio de cooperativas de trabajo asociado, o tienen pequeños emprendimientos que están subordinados al gran capital que de infinidad de formas se le apropian de sus esfuerzos y ganancias.

A su lado sobreviven millones de personas en la más terrible informalidad. Es el desempleo disfrazado de «informal», de «subempleo» y de «economía popular». Multiplicidad de actividades se presentan como formas de empleo en las estadísticas oficiales para inflar las cifras que artificialmente nos indican que el índice de desempleo está por debajo del 10%. Pero en la práctica, son sólo formas de sobrevivencia que desnudan la pobreza y miseria en que viven millones de personas, entre las cuales sobresalen los desplazados de la violencia.

Sin embargo, al lado de esta realidad, en medio de ella, han aparecido dos clases sociales que están por ser estudiadas con mayor detenimiento pero que se observan a simple vista. Una, la «Nueva Clase Trabajadora» o «profesionales precariados». La otra, la «Burguesía Media Emergente de origen indo-afro-mestizo» [1].

Estas dos clases sociales son las que se muestran más dinámicas en todo sentido. Los profesionales precariados, la mayoría asalariados, son el sector más preparado intelectualmente de los trabajadores. Muchos de ellos tienen también emprendimientos y se pueden confundir con la «burguesía emergente» pero la diferencia es que su principal «activo» es el trabajo intelectual (cognitivo). No cuentan con capital y la gran mayoría de ellos combinan muchas formas de trabajo asalariado para sobrevivir como «empresarios». Muchos, los más jóvenes y viejos, sufren el desempleo. Quieren incursionar en la política, lo intentaron con la «ola verde» pero, todavía no construyen su propio programa y estrategia.

La burguesía emergente de origen indo-afro-mestizo no es homogénea. Ha surgido en varias oleadas, canalizando recursos de economías legales e ilegales, y de diversas bonanzas (coquera, marimbera, cafetera, minera, etc.). Muchos también son desplazados por la violencia. Recursos monetarios provenientes del narcotráfico y de la minería ilegal, como los que canalizaban las «pirámides parafinancieras» (DMG y DRFE), son parte de la base económica de sus negocios. Incursiona en todo tipo de actividades. Se ha imbricado incluso en el sector financiero pero su nicho principal es el comercio y los servicios.

Esa burguesía emergente compite por la ganancia con la gran burguesía transnacionalizada pero no es revolucionaria ni nacionalista. Se acomoda, se camufla, participa y pelea por burocracia y contratación estatal, se alía con mafias y paramilitares reinsertados que han dinamizado las economías de barrios populares en donde aparecen las famosas «placitas campesinas», cadenas de restaurantes, bares y cantidad de nuevos negocios. Claro, a su lado, la economía criminal, la extorsión, el «gota a gota», el micro-tráfico de drogas ilícitas, la prostitución, hacen su agosto. Políticamente está más cercana al «uribismo» pero su origen, sus intereses y su corta vida, la hacen esencialmente oportunista y acomodaticia.

Estas nuevas realidades sociales son las que encontrarán las FARC. Un amigo dice: «Las FARC después de tanta muerte han sido ganadas para la vida y la alegría. Eso de por si significa -sin calcularlo a primera vista-, una gran revolución por la igualdad. Porque las armas profundizaron la inequidad y contribuyeron al imperio de la injusticia» [2].

Y remata haciendo un particular «análisis DOFA» aplicado a las FARC que sirve para toda la sociedad colombiana: «La debilidad más grande frente al humanismo es la guerra; la fortaleza será la paz; la amenaza será la venganza; y la oportunidad será el amor» [3].

Las FARC tienen una oportunidad de oro al pasar a la vida política legal, civilista y pacífica. Deberán revolucionar también a las fuerzas democráticas y a la izquierda, sacudirlas de una forma suave y elegante para involucrarse conjunta y colectivamente en una revolución ética y tranquila, que rescate y recree -de una forma nueva-, el famoso llamado de Jorge Eliécer Gaitán: «¡Por la restauración moral de la República!».

Notas

[1] Concepto elaborado por el Movimiento Voz Socialista del Perú.

[2] Aporte de Amadeo Cerón Chicangana, diputado por ASI del Cauca.

[3] Ídem.

Blog del autor: http://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com.co/2015/10/las-farc-reinsertadas-entre-los-nuevos.html#.VhO72Pl_Okp

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.