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Ley de protección al empleo: un salvavidas para la burguesía

Fuentes: https://revistaconfrontaciones.com

En esta entrevista nos acompaña Rodrigo Cortés, trabajador de CIC, empresa dedicada a la fabricación y venta de productos inmobiliarios. Rodrigo, además organiza una olla común en su propia casa junto a su señora, para ayudar a sus vecinos en estos tiempos de crisis. Lleva casi 18 años trabajando en CIC, pero este último tiempo, […]

En esta entrevista nos acompaña Rodrigo Cortés, trabajador de CIC, empresa dedicada a la fabricación y venta de productos inmobiliarios. Rodrigo, además organiza una olla común en su propia casa junto a su señora, para ayudar a sus vecinos en estos tiempos de crisis. Lleva casi 18 años trabajando en CIC, pero este último tiempo, debido a la pandemia, decidió acogerse a la Ley de Protección al Empleo y recibir el seguro de cesantía.

“Yo no estoy yendo hace como dos meses a la empresa porque me acogí al tema de la ley, a pesar de las consecuencias económicas que eso conlleva para cualquier trabajador. Pero por un tema de seguridad personal, ya que en la empresa estaban ocurriendo contagios; tenía cercanos míos que se estaban contagiando. Por un tema de familia y todo, yo decidí tener una baja económica para cuidar mi vida, pero porque tengo la posibilidad de hacerlo. Si me preguntas, tengo varios compañeros que les hubiese encantado tomar la misma decisión que yo, pero ellos pagan arriendo, otros gastos que implican que no puedes vivir con menos de tu sueldo, aparte que muchos otros trabajadores hacen horas extras para poder llegar a fin de mes. Entonces ellos se han visto en la obligación de seguir trabajando, independiente de la cantidad de contagiados que pueda haber en la empresa”.

La ley de “Protección” al empleo

Tal como en el caso de Rodrigo, la ley propuesta por el Gobierno y aprobada tanto por la ‘Oposición’ y como por el Oficialismo, ha dado a los trabajadores la ‘opción’ de recibir el seguro de cesantía en lugar de asistir al trabajo, conservando el contrato laboral y sus beneficios, proyectando que en un futuro cercano finalice la pandemia y se den las condiciones para volver al trabajo.

Sin embargo, esta medida se encuentra lejos de ser una ayuda para los trabajadores. El seguro de cesantía es un fondo financiado por los mismos trabajadores mediante descuentos a sus propios sueldos. Por lo que esta ‘medida de emergencia’ corre directamente del bolsillo de cada trabajador y no de las empresas, quienes se han visto tremendamente beneficiadas con esta ley al no tener que pagar sueldos ni tomar ninguna responsabilidad o iniciativa en la pandemia.

“En la empresa, el gerente general nos ofreció pagar el sueldo por dos meses si empeoraba la situación y no se podía ir a trabajar. Pero después, cuando salió la ley, el gerente se ‘olvidó’ de su promesa y nos mandó a todos con el tema de la ley”, comenta Rodrigo.

Cabe recalcar que el pago del seguro de cesantía es inferior al sueldo recibido. Así el primer pago corresponde a un 70% del sueldo promedio del trabajador. Porcentaje que conforme pasan los meses y aumenta el número de pagos, el pago del seguro va disminuyendo. Es así como en octubre los trabajadores acogidos a la ley deberían recibir su sexto pago del seguro, que corresponde a sólo un 45% de su sueldo, es decir, hay trabajadores que han debido sobrevivir esta pandemia con menos de la mitad de su sueldo en estos meses. No hay que ser un experto para saber el tremendo impacto a la economía de los trabajadores.

Según cifras de la Fundación Instituto de Estudios Laborales (FIEL), en el mes de junio realizaron una encuesta que arrojó que un 70% de los encuestados cree que la Ley de Protección al Empleo ha protegido poco o nada a las y los trabajadores y el 78% está preocupado o muy preocupado de quedar sin trabajo.1

Cifras se hacen aún más preocupantes viendo que el número de trabajadores acogidos a la ley ha ido en aumento, para julio de este año el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), arrojó que una de cada tres empresas (37,3%) registró trabajadores suspendidos por efecto de la Ley de Protección al Empleo. Siendo en julio los sectores con mayor porcentaje de empresas con suspensiones de contrato los de alojamiento y servicio de comidas (86,4%), industria manufacturera (58,1%) y actividades artísticas y recreativas (54,9%).2

El seguro de cesantía es una herramienta originalmente pensada para ayudar a los trabajadores si quedan cesantes, jamás fue pensado para sostener un cese de actividades indefinidos en una pandemia. Este “as bajo la manga” de la burguesía no es infinito, y queda la duda que ocurrirá una vez que el fondo individual y solidario que mantienen los pago del seguro se agoten.

Volviendo a los trabajadores de CIC, quienes se acogieron a La Ley de Protección al Empleo tampoco han estado libres de problemas, según Rodrigo:

“Nosotros, que nos acogimos al seguro, en algún momento debíamos recibir el pago, pero no llegó cuando se suponía. Me empiezan a llamar mis compañeros y me dicen: ¿oye sabes qué pasa con los pagos? Y yo les digo: llamen al sindicato, el sindicato debe saber, pero el sindicato no sabía nada, entonces tuve que empezar a hacer la gestión yo, llamar a recursos humanos para que alguien me diera una respuesta. Cuando llamé a la gente del sindicato me dijeron que no sabían, los llamé después de conversar con recursos humanos precisamente para saber qué me iban a contestar, entonces me dicen ‘no, no, nosotros no sabemos nada’, y yo le dije ‘es que pasa esto, esto y esto otro’, y ahí recién me dieron a entender que algo les habían dicho, porque ellos no le habían dicho nada a los trabajadores, por último ‘oye muchachos, sabes que la empresa cometió un error, así que no les van a pagar’, pero no, nada”.

La otra cara de la moneda, los trabajadores que continúan con sus labores en pandemia

Como menciona Rodrigo, existen hoy trabajadores que se han visto en la necesidad de seguir trabajando pese a la pandemia. Aun cuando las empresas han aceptado tener trabajadores en este contexto, no se han hecho responsables de tomar medidas de higiene y seguridad para resguardar la vida y salud de sus trabajadores.

“La empresa nos pasaba mascarillas y nos decía ‘mira, esta mascarilla es la que sirve’, nos decían que estaban certificadas, pero tomas un encendedor y soplas con la mascarilla y la este se apagaba, podías ver a la luz a través de la mascarilla y te encandilabas, entonces te das cuenta que esta no es de buena calidad. Más encima la gente de recursos humanos en algún momento decía que los trabajadores se estaban haciendo los ‘vivarachos’ con las mascarillas, que estaban pidiendo muy seguido, entonces empezaron a poner restricciones para entregarlas, pero si tú no la usabas tenías una carta de amonestación y el sindicato no decía nada de eso, o sea, cómo lo vas a amonestar si tampoco le estás dando los implementos. Además, en la empresa trabajan más de mil personas, te decían ‘mira, vamos a entrar a horarios distintos para que la gente no se aglomere’, pero ¿no se aglomere dónde?, por ejemplo las duchas, por más que sacaras turno, el contacto lo tienes directo, hay gente que literalmente tú te vistes poto con poto. En el casino también de repente tenías gente comiendo al lado y al frente tuyo, entonces ahí es donde yo dije ya, sabes que definitivamente mejor de aquí nos retiramos, porque claramente ni la empresa, ni el sindicato estaban preocupados de velar por la salud de los trabajadores”.

El sindicato antiobrero

El sindicato aparece como un tema recurrente en las problemáticas de los trabajadores de CIC, pero no porque entregue respuestas, ni sea un espacio de organización para estos.

Rodrigo menciona la total ausencia y falta de iniciativa del sindicato en las problemáticas anteriormente planteadas.

“Yo lo único que sé es que el sindicato te llamaba si es que estabas contagiado, pero para hacer nada, por último yo pensaba que se gestionara el fondo sindical que tenemos, ‘llevémosle algo para ayudar a los cabros, vamos a verlos’. No, una pura llamada telefónica. Todo lo que ha dicho y hecho la empresa para ellos está bien”.

Pero los problemas no sólo remiten a la ausencia del sindicato en la pandemia, sino que este incluso ha operado en contra de los intereses de los trabajadores. Como ejemplo, Rodrigo nos comenta de una huelga que comenzaron a inicios de octubre del año pasado, específicamente por las malas condiciones laborales propias del trabajo que realizan.

“Si la gente supiera cómo se fabrica un colchón, no es como muchos de los productos que se hacen ahora, que los tiran en una máquina y al otro lado aparece el colchón. Hay mucho trabajo bruto dentro de eso. Hay un área donde la gente trabaja haciendo la estructura del colchón. En eso, por decirte, hay 10 trabajadores en un puesto específico y ya tengo 8 compañeros que han debido operarse de la espalda, porque es un trabajo que demanda gran esfuerzo físico. Mucha gente llega a los 2 meses y se va porque ya están con dolores de espalda, las articulaciones son un tema. La mayoría de las camas se hacen con pistolas neumáticas, eso te repercute en los ligamentos, es mucha la gente que tiene problemas con ligamentos, sobre todo con túnel carpiano. Lo otro es que muchas veces eso no te lo toman como laboral, entonces terminan el servicio de salud pública y no los atienden. O sea, no es que no los atiendan, pero los mandan a lista de espera, la famosa lista de espera que hace que tengamos compañeros esperando hasta 2 años una operación, que si la pagas sale 600 lucas, pero muchas veces el trabajador no tiene como desembolsar ese monto. Aparte que los bonos que se nos dan de repente son marginales. Hacer turno de noche significa hacer apenas dos lucas por noche”.

Los trabajadores de CIC estuvieron en huelga por 40 días con el fin de mejorar sus condiciones laborales. Durante ese tiempo, Rodrigo menciona que el sindicato no se hizo presente en ninguna de las actividades levantadas por los trabajadores, tampoco tomó una postura en ninguna de las demandas. Para el término de la huelga, no se obtuvo ni por lejos algo cercano a lo que los trabajadores demandaban.

“Esos 40 días los perdimos porque no ganamos absolutamente nada, el sindicato no se hizo parte de esta, y prácticamente una vez firmado el proyecto, nos obligaron a quedarnos con la nada”, sentencia Rodrigo.

Ante esta situación, uno se pregunta cómo es posible que puedan existir sindicatos que operen de esta forma, en la medida que finalmente estos son elegidos por los mismos trabajadores de base. Ante esto, Rodrigo trata de llegar una respuesta.

“Yo creo que como clase de repente cometemos muchos errores. Cuando estuvo la huelga yo terminé estando con la gente porque los dirigentes no estaban, tú no los veías nunca con la gente, no los veías nunca organizando, ni la olla común, ni nada. Entonces ahí yo me tuve que poner y decía ‘pero por qué entonces de repente uno no tiene las mismas votaciones que tiene otro’ (Rodrigo anteriormente se había postulado para ser parte de la mesa directiva del sindicato, pero no obtuvo los votos necesarios para ganar). Yo creo que es porque el trabajador independiente quiere un cambio, pero muchas veces igual quiere el mal menor, incluso cuando lo votan ‘votamos por el chascón que tiene ideas buenas, pero que se ve muy revolucionario, o votamos por el viejito gordito, que sabemos que tiene buenas ideas, pero que no las va a pelear mucho tampoco’. Entonces creo que se van por el mal menor y eligen a esa gente que más que representar a los trabajadores es una extensión de recursos humanos, entonces consiguen lo que la empresa te quiere dar no más, no lo que realmente tú mereces como trabajador.”

Los trabajadores frente a la crisis del capitalismo

La situación de los trabajadores de CIC es una situación generalizada para la clase trabajadora en nuestro país. En la medida que el poder lo siga ostentando la burguesía, los costos y consecuencias de cualquier crisis las seguirá pagando la clase obrera. Sin embargo, esta no se encuentra indiferente frente a todo esta situación, dentro del desarrollo de su conciencia, tiene críticas y lecturas sobre la crisis.

“Mira yo no soy mucho de lo que dicen los economistas, pero sí veía venir esta situación. Para mi la crisis del capitalismo venía de hace rato. Aquí normalmente te dicen, ‘no, es que la revuelta generó desempleo, que la pandemia generó desempleo’. No compadre, el desempleo aquí se empezó a generar mucho antes. Iansa cerró otra de sus sucursales, Maersk cerró en San Antonio, había más de 1500 Pymes que ya estaban en proceso de quiebra mucho antes de que llegara el estallido social. Después de la huelga que tuvimos despidieron a casi 100 trabajadores. Por eso esto de la crisis se venía dando de mucho antes, y nosotros sabemos que esto se puede poner peor, porque al final quienes son los que pierden en una crisis son siempre los mismos. A lo mejor a futuro puede haber más empleo, pero ¿de qué calidad? Si el empresario ya sabe que hay mucha gente con necesidad de trabajo. Yo creo que eso va a disminuir la calidad del empleo a un nivel peor que antes. Nosotros ya lo estamos viendo en la empresa, ya no te van a pagar 500 mil pesos si vienes recién entrando”.

Y así como existe una crítica, también lo están las propuestas y objetivos a cumplir.

Mira yo justo al principio te decía algo que va en la misma línea, que en algún momento ‘Chile cambió’, la gente cambió, pero ahora el cambio se tiene que empezar a realizar  a modo de sindicatos, juntas de vecinos, de organizaciones. Con esa misma gente que nos conocimos y nos reconocimos, que conversamos muchas veces de la utopía, ahora llega el momento de hacer la tarea real y comenzar a recuperar las organizaciones, ya de ahí empezar a hacer nuestra propia política y nuestro propio pliego de trabajadores porque hasta ahora no tenemos representación en ninguna de las organizaciones grandes”.

Conclusiones

Buscando una respuesta similar a la de Rodrigo respecto al sindicato, de la misma forma que los dirigentes pueden estar permeados por una conciencia burguesa, también lo pueden ser sus mismos trabajadores de base. La burguesía cuenta a su favor con medios de comunicación, centros de estudios, una hegemonía cultural con el fin de despolitizar a la clase obrera, no podemos esperar que la conciencia de clase surja por generación espontánea en los trabajadores.

Parte de los objetivos de Rodrigo y trabajadores de CIC es la recuperación del sindicato y a nivel general otros espacios de organización para la clase obrera. Sin embargo, siempre se debe tener a la vista objetivos mayores y a largo plazo, en el sentido que la recuperación de estos son un avance, no significan la victoria final ni el socialismo, los sindicatos tienen un límite, tanto burocrático, como legal y gremial para los trabajadores, por lo que deben buscar nuevas formas para superar estos límites y lograr una mayor unidad entre trabajadores.

Ya para cerrar, dejamos planteadas algunas preguntas para el debate:

¿Hasta cuándo resistirán los fondos del seguro de cesantía, qué posiciones debería tomar la clase trabajadora frente a un escenario donde no se hagan más pagos?

¿Cómo podrían materializarse estos mayores niveles de conciencia de la clase trabajadora, en qué tipo de organizaciones?

¿De qué formas se pueden concientizar a los trabajadores para el desarrollo de la conciencia de clase?

Ante la existencia de sindicatos de lógica burguesa,¿Qué medidas, aparte de la recuperación de esos espacios, debería tomar nuestra clase?

Fuente: https://revistaconfrontaciones.com/2020/10/27/ley-de-proteccion-al-empleo-un-salvavidas-para-la-burguesia/