Recomiendo:
5

Lo abyecto como necesidad humana

Fuentes: Rebelión

Decía De Beauvoir… “no se nace mujer se llega a serlo”, su pareja Sartre anunciaba antes y de manera general que “el ser humano es lo que se hace”. Evidencias de lo que ya sabíamos, que ambos eran oriundos del existencialismo. Es decir, la máxima de que uno, no es como se concibe o es puesto en el mundo, sino que es tal y como el propio ser se quiere. Mientras, Protágoras, unos 2.450 años antes, presumía que para llevar a cabo la “polis” democrática sería necesario la responsabilidad única del ser humano pues ésta no podría darse ni organizarse en base a leyes naturales y/o divinas.

En el título, implicito lo que no es soportable, lo que no es asumible, lo que no puede ser defendido ni social ni políticamente ni tampoco democráticamente. En línea a la democracia, el propio Protágoras anunciaba que para que una ciudad fuese realmente democrática debería primar como pilar fundamental la posibilidad de hecho y real de que todos/as fuesen iguales. A lo que preguntaría, ¿y lo abyecto, sería potencialmente igual o estaríamos hablando de “lo-al-margen-de-lo-otro”, y por lo tanto no aceptable? Entonces… ¿cómo conjugar el propio existencialismo sartriano, incluso si cabe más descarado el existencialismo beauveriano?

Con ello queda abierto lo que convengo a presentar, el hecho de que a través de un convenio social/consenso social fundado en una historia y unas experiencias, determina e incluso que esas definiciones se puedan sustentar en cuestiones relacionadas con la biología, y en nuestro caso, ser asignados bajo una construcción que a lo largo del tiempo ha generado una determinada estructura social basada en la biología (macho/hembra). De alguna manera ese “aparente” dimorfismo sexual nos acomoda a una inmensa mayoría y digo aparente porque la propia ciencia biológica, nos dice que en el estudio de la vida y cómo no de la vida humana, no es cierta la evidencia que sustente científicamente un sistema sexo/género de masculino, femenino. La biología más bien nos afirma todo lo contrario y nos habla de la verdadera diversidad de la experiencia humana. De hecho, lo que la biología nos revela es que 3 de cada 1000 nacidos el año pasado no muestran niveles hormonales ni cromosomas que encajen como determinantes fiables del sexo. Y es que biológicamente hablando no existe una dicotomía simple entre macho y hembra.

Más no quiero insistir en ello, pues no sería el tema y sí comprender e incorporar la reflexión sobre el crecer y amplitud humana en un mundo de diferentes expectativas de género, tipos de cuerpo, opciones reproductivas, estructuras familiares y orientaciones sexuales. Y eso no es negar ni borrar la historia ni el presente de tantas mujeres. Sino que se trata de ver la propia complejidad ya no de una sociedad inclusiva, sino de una realidad biológica/cultural. El reconocer que lo abyecto no se ha configurado dentro de un sistema sexo/género, no puede o no podría significar que se niegue la existencia de un sistema que actúa desde el patriarcado de manera injusta con una mitad de la población, pero insisto… ¿Cómo incluir lo que el propio sistema excluye por abyecto?

Hegel en la fenomenología del espíritu tiene un capítulo donde habla de la convivencia dicotómica y necesaria del amo/esclavo en donde las identidades de ambos se refuerzan a través de una discusión identitaria, así como competencia de uno sobre el otro. ¿qué parecidos razonables podríamos encontrar? ¿podría verse perjudicado uno o ambos grupos cuando aparece un tercero/s en discordia a redefinir? Y… ¿qué podría suceder si un amo decidiera convertirse en esclavo, es más según Hegel cuando uno es esclavo? Si seguimos sus lecturas observaríamos como realmente el sistema amo/esclavo, nombra al amo, nombra al esclavo, desde ese momento el sujeto no tendría capacidad de designarse, sigo insistiendo… ¿se produce hoy un paralelismo con el sistema sexo/género, bajo los nombres hombre/mujer?

Es evidente, que el tiempo y los pueblos moldean el sistema, al tiempo que son moldeados por el sistema, pero las personas que realmente creemos en la democracia (igualdad de todos/as sin dejarse a nadie fuera, “lo abyecto”), tenemos, tendremos que dirimir si seguimos excluyendo o preferimos arriesgar y hacer del sistema un sistema más igualitario entre todas las personas y asumir lo abyecto, renombrándolo. Lo que nos posibilitaría una sociedad más democrática y libre, pero… ¿quién re-nombraría lo abyecto para dejar de serlo?

Evidentemente la propia sociedad que entendiera que el sistema sexo/género no solo nombra, sino que genera maneras de mirar, maneras de percibir y maneras de vivir, pero, como librarnos de las cadenas si no somos capaces de ver que andamos encadenados a lo que nos oprime, pues, ¿no estaremos viviendo en lo profundo de la Caverna de Platón creyéndonos libres bajo la convicción (apariencia) de quien soy (mujer u hombre) fundamentada en una histografía y genealogía de género? Y además… “la ciencia nos apoya”.

De todos modos, se da aquí una variable, no menor, que no termino de encajar. Nos hemos dado cuenta que se ha producido una mayor estridencia mediática, fomentada desde determinados sectores feminista hacia lo trans-hombre a mujer que mujer a hombre. En decir, el propio sistema sexo-género seguiría implementado el castigo en su origen, la mujer, en este caso “ser mujer-trans”. No es menor la idea y sí tendría mucho que ver con las famosas estructuras estructurantes de Bourdieu y como nos configuramos para percibir, sentir y analizar incluso bajo el propio yugo del que intentamos liberarnos. Y… ¿qué sucede con los hombres trans- al ser nacidas y culturizadas en origen como mujeres, serán potenciales hombres más comprensivos, podría ser el caballo de Troya contra el patriarcado?

Va tocando a su fin y como final al margen de imponderables lagunas e intencionadas interrogantes, tocaría posicionarnos, y si bien ha quedado más que insinuado, toca mojarse. Apuesto por la esencia de dejar hacer, asumiendo en esencia la máxima “beauveriana”: La mujer no nace se hace, grito a la justicia inamovible de cada una de nosotras, como personas que nos definimos en base a un cuerpo y un deseo y nadie debiera venir a nombrarnos.

Hagámoslo. El frivolizar sobre ello (hoy me nombro hombre, mañana mujer y pasado mañana ninguno de los dos) no solo es perverso, sino denostadamente injusto. Lo abyecto no ha sido puesto ahí por sí mismo, una persona no se nombra como lo no existente… ¿Entonces? Reflexionemos y salgamos de ese letargo de un sistema injusto, pero en el que me he acomodado pues me da motivo de vida, a unos para seguir en el poder, definidos, y a otras para liberarse y empoderarse, pero igualmente definidas. El ser humano es más complejo que todo ello. Tomemos el reto de la complejidad de una diversidad a re-pensar a re-definir y sobre todo a re-nombrar y que sin la menor duda nos complementará y nos hará seres más completos y mejor completados. Pues, el ser humano es responsable y democrático, ¿verdad, Protágoras? Y además se sigue haciendo… ¿verdad, Simone? En definitiva, hagamos “Polis”, hagamos “Democracia”. Hagamos humanidad.

José Turpín Saorín, antropólogo y filósofo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.