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Carta abierta del sociólogo Felipe Portales

«¡No se puede engañar eternamente a un pueblo!»

Fuentes: Fortin Mapocho

Sin una convocatoria a Asamblea Constituyente, cualquier promesa del liderazgo concertacionista para ganar votos para Frei Ruiz-Tagle en segunda vuelta no valdrá nada. Esto porque simplemente no tiene hoy, ni tendrá a partir de marzo, mayoría parlamentaria en ambas cámaras. Es decir, aunque dicho liderazgo experimentara una súbita reconversión democrática, sus promesas legislativas no tendrán […]

Sin una convocatoria a Asamblea Constituyente, cualquier promesa del liderazgo concertacionista para ganar votos para Frei Ruiz-Tagle en segunda vuelta no valdrá nada. Esto porque simplemente no tiene hoy, ni tendrá a partir de marzo, mayoría parlamentaria en ambas cámaras.

Es decir, aunque dicho liderazgo experimentara una súbita reconversión democrática, sus promesas legislativas no tendrán sentido alguno porque no dispondrá del Poder Legislativo para hacerlas realidad.

O sea, estaríamos en presencia de un nuevo engaño, continuador de los anteriores: El hasta hoy inconfesado regalo a la derecha tradicional de la mayoría parlamentaria, en virtud del acuerdo plebiscitado en 1989; la promesa incumplida hasta hoy de anular el decreto-ley de autoamnistía, pese a que la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos -en fallo de septiembre de 2006- ordenó al Estado chileno llevarla a cabo; el demagógico [porque se sabía que la derecha tradicional lo rechazaría] proyecto de ley de negociación colectiva presentado por Frei Ruiz-Tagle para lograr votos para Lagos en la segunda vuelta presidencial de 1999, y que fue ‘olvidado’ en agosto de 2000 cuando la Concertación obtuvo la mayoría en las dos cámaras por los desafueros de Pinochet y Errázuriz; el ‘olvido’ del conjunto del Programa Presidencial de 1989 luego que la Concertación obtuviera aquella mayoría entre agosto de 2000 y marzo de 2002, y posteriormente varios años con Bachelet; el denodado esfuerzo de Frei Ruiz-Tagle y Lagos por salvar a Pinochet de su condena en Europa, arguyendo que se lo debía juzgar en Chile, para luego presionar pública y privadamente a los tribunales chilenos para que lo dejaran libre por manifiestamente falsas razones de salud mental; la suscripción de Lagos y de todos sus ministros de la Constitución del 80 enmendada, para hacernos creer que ya estábamos logrando una Constitución democrática: la ‘Constitución de 2005’; etc. etc.

¡No se puede engañar eternamente a un pueblo, por muy crédulo que sea! Sólo una Asamblea Constituyente podrá establecer una auténtica democracia en nuestro país!

* Felipe Portales es sociólogo, autor del libro ‘Chile una Democracia Tutelada’.

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