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«Paro nacional», marcha uribista, Obama en Cuba y el proceso de paz

Fuentes: Rebelión

«La crisis consiste en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no acaba de nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados». Antonio Gramsci Al día siguiente del 24 de enero de 2016, el ministro de trabajo «Lucho» Garzón convocó a los dirigentes de las centrales obreras colombianas -sus […]

«La crisis consiste en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no acaba de nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados». Antonio Gramsci

Al día siguiente del 24 de enero de 2016, el ministro de trabajo «Lucho» Garzón convocó a los dirigentes de las centrales obreras colombianas -sus antiguos compañeros de burocracia sindical- para proponerles la organización de un «paro nacional». Su balance de las jornadas del E24 era contundente: no fue una protesta exitosa pero es un síntoma de que existe una inconformidad creciente. Había que impedir que «fuerzas oscuras» canalicen las protestas para oponerse al gobierno y a la paz. Los interlocutores institucionalizados debían actuar.

Así se cocinó y programó el llamado «paro nacional». Bien informado de lo que sucedía, Uribe se marginó de esa protesta. Programó la suya para el 2 de abril al calor del rechazo mediático organizado por los medios de comunicación del intento de las FARC de hacer un ejercicio de «proselitismo armado» en el marco de sus jornadas de «pedagogía de la paz» ocurrido en el corregimiento de El Conejo (Guajira). Lanzó la convocatoria para liderar con nitidez lo que considera un «deber patriótico».

Uribe intenta movilizar a sus fanáticos seguidores juntando diversas situaciones que considera explotables: el escepticismo frente al «proceso de paz», la inconformidad social con la situación económica, la indignidad frente a tantos hechos de corrupción, la derrota de Colombia en la CIJ en la Haya frente a las demandas nicaragüenses, y ahora, la presencia del presidente Obama en Cuba y el respaldo del imperio a los diálogos de La Habana ratificado con la entrevista del Secretario de Estado John Kerry con los negociadores insurgentes.

Sin embargo, Uribe no la tiene fácil. A pesar de las diferencias entre el gobierno y las FARC sobre las áreas de concentración de la guerrilla para avanzar en el proceso de reinserción y el tema de la dejación de armas que impidieron la firma definitiva de los acuerdos el pasado 23 de marzo, lo sucedido en Cuba le puso un sello de legitimidad al «proceso de paz» que es, a la vez, un latigazo mediático de gran impacto para quienes se oponen. La visita de Obama a la isla antillana es un formidable mensaje de reconciliación de gran impacto en Colombia.

Igual, Uribe no tiene punto de apoyo en los demás temas. Su gobierno está comprometido con los antecedentes de la crisis económica que se ha incubado y está en desarrollo. Fue él quien profundizó el proceso de reprimarización de la economía. Fue el creador de la locomotora minera que degrada y lastima nuestra naturaleza y sociedad. En sus gobiernos se extendió la dependencia fiscal del Estado de los ingresos petroleros y de la inversión extranjera, y se ahondó la desindustrialización del país. También, afectó derechos de los trabajadores, intentó vender ISAGEN, está untado de la corrupción de Saludcoop y Reficar, y comprometido con el fracaso diplomático de Colombia en La Haya.

Las conclusiones están a la vista. Existe una gran inconformidad social, la gente resiste en las regiones, la juventud citadina empieza a despertar, pero no hay quien canalice esa situación con autonomía y genuino interés general. El movimiento popular está -a la vez- controlado «desde arriba» y, atrapado y paralizado por la polarización entre «santistas» y «uribistas». Mientras dirigentes como Feliciano Valencia y Huber Ballesteros siguen en la cárcel o perseguidos como Francia Márquez, líder de la lucha contra la gran minería en el Cauca, y asesinan líderes populares y defensores de DD.HH., los burócratas sindicales y la dirigencia de la izquierda tradicional se conforma con muy poco. 40 o 50 mil protestantes en Bogotá frente a 8 millones de habitantes no es una cifra que obligue al gobierno a cambiar sus políticas neoliberales. El «tal paro nacional» fue puro «paro». Gestos para apaciguar a las bases y quedar posicionados para «participar en la gestión del post-conflicto». Nada más.

La terminación del conflicto armado va en Colombia. Puede tener demoras pero no tiene reversa. Uribe pierde terreno político, el fracaso de la marcha programada lo ratificará pero, el peligro es que las Bacrim recuperen su perfil paramilitar como ya se observa a simple vista. La «paz perrata» se va configurando y la gente empieza a aterrizar. Nuevas formas de lucha civilista deben surgir para que las innumerables pero dispersas luchas locales y regionales confluyan hacia verdaderos movimientos sociales contundentes y transformadores. Las numerosas siglas existentes en la organización popular deben dar paso a efectivos procesos de articulación para replantear la estrategia y construir un fuerte movimiento ciudadano que pase por encima de los intereses grupistas y electoreros de poca monta.

En Colombia lo viejo no acaba de morir y lo nuevo se niega a nacer. Mientras tanto, lo mórbido y corrupto se legitima. Trabajemos para cambiar esa lacerante realidad.

Nota: La visita de Obama a Cuba ratifica el rediseño estratégico de los EE.UU. La decadencia imperial y la pérdida de hegemonía global los obligó a priorizar lo económico. Se impuso la política del «paternalismo liberal» que acepta y promueve el «capitalismo asiático». Es una combinación de «libre mercado» y gobiernos autoritarios que ya no incomodan su supuesto «espíritu democrático». El apoyo al «proceso de paz» en Colombia es parte de ese viraje.

Blog del autor: http://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com.co/2016/03/paro-nacional-marcha-uribista-obama-en.html#.VvPfB-J97IV

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.