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Hablamos con Pedro Lovera, el autor de la biografía de Luciano Cruz

“Su carácter temerario y arriesgado contribuyó a mitificar su imagen”

Fuentes: Resumen

Pedro Lovera Parmo es un joven historiador con estudios de maestría en su disciplina por la Universidad de Santiago de Chile (Usach). Miembro de los Grupos de Pensamiento Crítico y Memoria Histórica (GPM), ha estudiado la izquierda rupturista de los años 60 y 70, así como a la derecha económica chilena, en el caso de la Sociedad Nacional de Agricultura, de los 80.

Para hablar de su próximo libro, Luciano Cruz. “Como una ola de fuerza y luz” (Editorial Pehuén, La Estaca y GPM, 2020), una esperada biografía del legendario dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) –a ser presentada el miércoles 9 de octubre–, es que le buscamos, para indagar acerca de la idea original de este trabajo, algunas anécdotas emanadas en el curso de la investigación, y sobre todo adentrarnos en la vida de Luciano Cruz Aguayo.    

Pedro, permíteme partir con tres preguntas en una: ¿cuándo, cómo y por qué te surgió la idea de hacer una biografía de Luciano Cruz?

Es difícil poder señalar una fecha específica, puesto que esta labor sobre la biografía de Luciano Cruz llevaba años en mi tintero de trabajo. Ya entre 2014-2015 realicé mi tesis de pregrado sobre el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en el arco histórico del período 1965-1973, y creo que ahí podría ubicar los primeros indicios para hacer esta biografía.

Con todo, el trabajo tomó un cuerpo más definido cuando, a fines de 2018 y principios de 2019, comencé a entrevistar a excompañeros de Luciano (de liceo, universidad y militancia), así como a algunos familiares suyos (por ejemplo, Álvaro Fuentealba, su sobrino).

¿Cuánto tiempo te llevó la labor investigativa? 

Como te señalé, es dificultoso poder dar una fecha inicial precisa. No obstante, si lo tuviese que hacer diría que está estuvo a fines de 2018, cuando comencé las entrevistas y la revisión de fuentes primarias pertinente para la investigación. Por lo tanto se podría decir que tuvo una duración aproximada de unos dos años.

¿Cómo fue el trabajo historiográfico y si puedes contarnos de un hecho, episodio o anécdota, de algún testimonio que te haya sorprendido a ti mismo acerca de Luciano Cruz?

El trabajo historiográfico combinó tres aspectos trascendentes para una investigación de la naturaleza del libro sobre Luciano. El primero fue la revisión de la bibliografía pertinente. Para ello debí consultar no solo los textos referentes a la historia del MIR (los cuales se han multiplicado los últimos años), sino además los escritos sobre el Chile de los años 60 y 70. El segundo estuvo en realizar entrevistas a las compañeras y los compañeros de Luciano en los distintos momentos y aspectos de su vida. Desde sus compañeros de liceo, hasta los de universidad, pasando por la militancia mirista. Este trabajo era vital puesto que solo entrevistas en profundidad podrían ofrecer aspectos relevantes de la vida íntima y político-social de Luciano que me eran desconocidos. El último paso clave de la revisión historiográfica fue la exploración de las fuentes primarias (diarios y periódicos, principalmente) en los cuales pude percatarme de la real importancia de la figura de Luciano Cruz para la vida en la ciudad de Concepción en primera instancia (cuando aún era un dirigente estudiantil), y nacional después. 

En la vida de Luciano, creo, hay varios episodios con los que uno se podría sorprender. Después de todo, sus tareas, acciones y actividades daban un cierto margen para aquello, pues se dedicó al trabajo político de penetración de las Fuerzas Armadas y de inteligencia.

Si a eso le agregamos las múltiples acciones que emprendió siendo estudiante en la Universidad de Concepción, así como los asaltos bancarios de los años 1969 y 1970, nos encontramos con que, a su corta edad, Luciano tenía una gran cantidad de episodios espectaculares a los cuales podríamos remitirnos. Pero si me tuviese que quedar con una anécdota que captara la esencia determinada de Luciano sería con aquella que, en plena clandestinidad de 1969, estando en una reunión de dirección en una casa ubicada en la comuna de Ñuñoa, con las persianas entreabiertas, los integrantes de la reunión se dan cuenta de que un auto de la Policía, con sus balizas encendidas, se había detenido fuera de la casa. Entonces, rápidamente los nervios se hicieron presentes, puesto que todos estaban siendo buscados por la Policía, en especial Luciano, que a esas alturas era la persona más buscada a nivel nacional. Lo característico del episodio, y que llamó mi atención cuando me contaron la anécdota, es que la Policía al parecer solo pasaba por el lugar y, una vez que se movieron de allí, el resto pudo ver la reacción de los demás. De modo que mientras todos habían quedado algo paralizados por la presencia de los uniformados, Luciano había cogido su arma en espera del peor de los escenarios posibles, pero con una determinación que lo acompañaría hasta el resto de sus días.

En la introducción has dicho que se trata de una “biografía histórica”, ¿cómo está estructurado el libro? ¿Cuántos capítulos tiene y qué temporalidad abarcan?

Exacto, el libro es una biografía histórica, en cuanto la vida del biografiado está en permanente diálogo con el contexto histórico en el cual le tocó vivir. Cuenta con 12 capítulos, más una presentación escrita por Marco Álvarez, en las que se abarca el arco histórico que va desde fines de los años 40 en la ciudad de Concepción, hasta 1971, cuando en pleno gobierno de la Unidad Popular fallece Luciano.

Si bien los primeros capítulos son más contextuales, dando a conocer las especificidades que podrían haber caracterizado el vivir en Concepción en las décadas de 1950 y 1960, los restantes están más abocados a Luciano propiamente tal, rastreando su politización en el Liceo de Hombres No. 1 Enrique Molina Garmendia; su paso por las Juventudes Comunistas; su entrada a la Universidad de Concepción a la carrera de Medicina; así como su papel como dirigente estudiantil y posteriormente como dirigente del partido que él mismo ayudó a fundar, el MIR. En cada uno de estos capítulos trato de establecer cuál fue la particularidad de Luciano.

No pocas personas que le conocieron hablan de Luciano Cruz como el líder más “carismático” del MIR, un hombre de ángel, elocuente y de acción, ¿de dónde surgen estas apreciaciones y cómo las valoras tú? 

Creo que dichas valoraciones son transversales. Es decir, esas apreciaciones no solo las tenían aquellos y aquellas que militaron junto a Luciano en el MIR, sino una gran parte de las personas que lo conocieron, quienes destacaron tales características de su persona.

De Luciano se decía que era una persona alegre, simpática y dicharachera. Todos querían tener una conversación con él, saludarlo y entablar amistad. Y es que ya desde sus años en el Liceo Enrique Molina destacaba por su capacidad oratoria que tan conocido lo hizo en Concepción. Ya fuera en una concentración en apoyo a la Revolución cubana o en una marcha estudiantil secundaria, Luciano solía ser orador ya desde su etapa de estudiante secundario.

Aquella característica no solo la mantendría en sus etapas posteriores, sino que incluso la profundizaría, llegando a ser una de sus cualidades principales, en especial en sus años de universitario en las Asambleas de Estudiantes en la Casa del Deporte de la Universidad de Concepción. Luciano demostraba que, a través del uso de la palabra, podía convencer, arengar y envalentonar al resto de sus compañeros y compañeras, por lo que sus discursos contenían elementos de una pedagogía revolucionaria, la cual luego pudo desplegar frente a la clase trabajadora.

Queda preguntarse cómo es que las clases populares reaccionaban tan bien y entusiasmadas ante los discursos de este joven. Y es que se dice que su estilo cercano, amable, pero libre de paternalismo, hacía que quienes lo escuchaban se sintieran interpretados por sus palabras. Fueron quizás estas características las que lo hicieron el militante más reconocido y reconocible del MIR en la ciudad penquista.

Por generaciones, para quienes crecimos en Concepción e incursionamos en la política de izquierda allí, la figura de Luciano Cruz se nos presentó –de a oídas– casi como un Manuel Rodríguez; un día hablando con los estudiantes, otro zafándose de carabineros, otro con los mineros del carbón, otro viajando a Cuba, etcétera… ¿Cómo definirías a Luciano Cruz? ¿Cómo era su carácter, personalidad y desempeño? Y, ¿a qué crees que se deba el mito alrededor de su figura –que ha perdurado en el tiempo–?

Como decía en mi respuesta anterior, creo que de cierta forma la personalidad cercana, amable, pero convincente y coherente, fueron, sin lugar a dudas, aspectos que llevaron a Luciano a ser uno de los dirigentes más conocidos de las izquierdas durante la década de los 70. Pero, no solo aquello, su carácter temerario y arriesgado contribuyó a mitificar su imagen. Por ejemplo, mientras era el hombre más buscado a nivel nacional, cual Manuel Rodríguez, se caracterizó como periodista italiano para poder entrevistar al general Roberto Viaux, quien había liderado un levantamiento militar del Regimiento Tacna y que se encontraba detenido en el Hospital Militar. Acciones como esas, pero también el escapar de una comisaría; el secuestrar a un periodista; el mantenerse prófugo por un año y medio; el infiltrar al cuerpo de élite del Ejército, entre otras, ayudó no poco a la mitificación de la figura de Luciano.

Si lo tuviese que describir, diría que era un tipo de una gran simpatía y sentido del humor, siempre presto para una buena conversación (de variados temas, le gustaba la ciencia ficción, las películas, así como temas relacionados con la política). Sorprendía a la gente retomando conversaciones de días, semanas e incluso meses atrás, con una naturalidad que parecía nunca se hubiesen interrumpido. Todas estas características le proporcionaban a Luciano los atributos para ser no solo un buen dirigente político, sino que además querido y respetado. Huelga decir que este mismo carácter bohemio, dicharachero y conversador en más de una ocasión hizo que faltara a algún compromiso partidario, siendo sus fortalezas igualmente parte de sus debilidades como dirigente político.

En los últimos tres lustros ha abundado la literatura histórica, de análisis, testimonial, del mirismo, ¿qué hace distinto a tu libro? ¿Cuál es su aporte a esa copiosa bibliografía? ¿Por qué lo recomendarías a las lectoras y los lectores?

Así es, las investigaciones académicas, testimoniales, de biografía y autobiografías alrededor del partido de las tres letras se han multiplicado en los últimos años. Creo que la demanda de conocimiento de las nuevas generaciones con respecto a este referente de la izquierda de los años 60 y 70 explica esta proliferación de la literatura concerniente al MIR.

Mi investigación no es un hecho aislado a esta situación y se inscribe en un esfuerzo colectivo por tratar de comprender los derroteros del partido de la bandera rojinegra. Empero, el trabajo tiene ciertas particularidades. En primer lugar, creo que no todos los trabajos respecto al MIR nos han ayudado a comprender a las personas de “carne y hueso” que se abalanzaron a la construcción de un partido para hacer la revolución socialista en Chile. En este sentido, esta investigación puede ayudar a esta comprensión más cabal y profunda de una generación que lo dejó todo por su compromiso político-social.

Otra cuestión que para mí resultaba clave era el de llevar a cabo un trabajo que combinara la rigurosidad académica con el análisis político acerca de esta “mítica” figura de la izquierda chilena, de la cual tanto se hablaba, pero de la que no siempre se sabía a ciencia cierta detalles. Por tanto este trabajo pretende aportar en tal dirección, al crear conocimiento alrededor de una de las figuras más emblemáticas de la izquierda revolucionaria, a la cual, hasta el momento, no se le había dedicado ningún trabajo que rescatara su vida y posterior legado.

Mi recomendación para las lectoras y los lectores iría en ese sentido, es decir, en poder encontrarse con una investigación que no solo navega en las turbulentas aguas de la década de los 60 y 70, sino que también rescata, pondera y analiza el papel que le tocó jugar al dirigente más carismático de dicha generación.

Finalmente, el próximo año se cumplen 50 años de la muerte de Luciano Cruz, ¿cuánto de su trayectoria está vigente y resulta útil para el Chile de hoy? O como suele preguntarse: ¿cuál es su legado, por lo que debiera conocerse? 

Creo que el legado de Luciano para las luchas populares del siglo XXI es vital. Luciano en los años 60 fue dirigente estudiantil, llegando a lograr la presidencia de la Federación de Estudiantes de Concepción (FEC), pero asimismo fue capaz de superar los estrechos márgenes de la política universitaria, para dar un salto cualitativo e involucrarse en un movimiento de carácter nacional y popular. Creo que esos pasos deben ser un ejemplo inspirador para todo y toda joven revolucionario de este siglo.

No contentándose con las estructuras políticas de las izquierdas existentes en los 60, se aventuró en la construcción de una nueva herramienta política que pudiese llevar adelante la lucha por el socialismo en Chile. Esto constituye, sin lugar a dudas, un enorme ejemplo y legado para las nuevas generaciones, tan desencantadas de los partidos políticos existentes en la actualidad.

En síntesis, creo que Luciano debería conocerse por ese enorme compromiso que demostró por la lucha de los pobres del campo y la ciudad. Como señalara Miguel Enríquez en el funeral de su compañero de dirección: “Su vida será un ejemplo para los miles de jóvenes del pueblo que no quieren vivir de rodillas en la miseria”.

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