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¿Pensar diferente a la ideología de la Revolución cubana y mantener condición de cubano?

Fuentes: Rebelión

A raíz de las manifestaciones violentas ocurridas en algunos lugares de Cuba el 11 de julio, publiqué, en Facebook, un artículo titulado: “LA LÓGICA SEGUIDA POR WASHINGTON PARA SUSCITAR LA SUBVERSIÓN EN CUBA”.

En él, denunciaba las maniobras que realizó Washington para subvertir el orden constitucional en Cuba y acabar con el proceso cubano, violando principios del Derecho Internacional. Debido al artículo, sucedieron algunos comentarios críticos referidos solo a los calificativos que empleé y nada acerca de las maniobras injerencistas de Washington sobre Cuba, que era el contenido fundamental del artículo-denuncia publicado.

Por ejemplo, un comentario expresaba: “por pensar diferente no somos sietemesinos, ni vendepatrias, ni mercenarios, ni anexionistas…”, términos que utilicé en el artículo para designar a aquellos que son absolutamente desafectos al proceso revolucionario que vivimos en Cuba y están plegados en mente y alma al “gigante de siete leguas” en su afán de eliminar la Revolución Cubana. Esta actitud significa ser considerado dentro esos calificativos dados, o sea, es ser un “cubano” indigno. Nos referimos a esas personas, que por su forma de pensar tan reaccionaria y llena de odio a la Revolución, no se mantienen fieles a las necesidades esenciales de la patria y por tanto, no son cubanos verdaderos, aunque hayan nacidos en Cuba. Ellos mismos se excluyen, o sea, se autoexcluyen. Otro comentario era: “El tener ideas diferentes no nos quita el «derecho inalienable de ser cubanos”. Ambos se interrelacionan.

El análisis de estos comentarios se hará por partes. Los argumentos expuestos están basados en conceptos martianos y fidelistas que me posibilitan explicar el por qué de los calificativos empleados para calificar a los “cubanos” indignos, o sea, los autoexcluidos del proceso revolucionario cubano, los que han causado cierto revuelo en algunas personas. Para ello, tomo como referencias, lo expresado por Fidel en “Palabras a los Intelectuales”, discurso pronunciado por él, en la Biblioteca Nacional José Martí, en La Habana, el 30 de junio de 1961, y que recientemente cumplió sesenta años, y también el discurso “Con todos y para el bien de todos” que pronunció Martí, en la Ciudad de Tampa, el 26 de noviembre de 1891 ante los emigrados cubanos residentes en esa Ciudad.

Análisis del primer comentario: “por pensar diferente no somos sietemesinos, ni vendepatrias, ni mercenarios, ni anexionistas…”

Con respecto a este comentario, hay que preguntarse ¿hasta dónde una persona por pensar diferente no la podemos comparar o calificar con alguno de esos personeros indignos de ser cubano? Son calificativos que expresan un contenido clasista, porque estamos refiriéndonos a la ideología de la Revolución Cubana, de manera tal, que el pensar diferente a esta ideología tiene límites, que están dados porque la Revolución, al ser una fuente de derechos y justicia social, debe defender sus propios derechos bajo un equilibrio que todavía hoy es un desafío: no aplastar las libertades de nadie , y al mismo tiempo, afianzar el derecho de las instituciones de la Revolución que garantizan esas libertades; en otras palabras, ni dogmas para aplastar la libertad, ni fe ingenua que asista a su quebranto de ella y al del proyecto revolucionario.

Tal es la dialéctica a la que la Revolución se enfrenta, aun en el difícil contexto que nos encontramos. Es en ese sentido, que Fidel en su discurso, afirmó: “la Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, incorregiblemente contrarrevolucionarios”, aquí incluyo a los sietemesinos, vendepatrias, mercenarios, anexionistas, traidores, etc.; todos ellos, enemigos recalcitrantes de la Revolución, cuyo objetivo es destruir la fuente de derechos incluida la tanta cacareada libertad que supuestamente reclaman para Cuba. En fin, por lo explicado en el párrafo, el pensar diferente solo es posible, como dijo Fidel: “dentro de la Revolución todo; contra la Revolución nada”. Por tanto, el líder de la Revolución establece un principio general, que no atañe solo a los escritores y artistas, sino para todos los ciudadanos de este país, lo cual constituye un principio fundamental de la Revolución. Defiende con argumentos contundentes ese principio: “Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie ―por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera―, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro”. Y para que no quede duda alguna, añade: “Los contrarrevolucionarios, es decir, los enemigos de la Revolución, no tienen ningún derecho contra la Revolución, porque la Revolución tiene un derecho: el derecho de existir, el derecho a desarrollarse y el derecho a vencer”.

En dicho discurso, Fidel precisaba esa idea: “Nadie puede poner en duda la consigna enarbolada por nuestro pueblo que ha dicho “¡Patria o Muerte!”, es decir, la Revolución o la muerte, la existencia de la Revolución o nada, de una Revolución que ha dicho “¡Venceremos!”». O sea, nuestro pueblo se ha planteado un objetivo muy alto y muy serio, y en ese sentido, Fidel hace un argumento insoslayable, monolítico, inviolable, al decir: “y por respetables que sean los razonamientos personales de un enemigo de la Revolución, mucho más respetables son los derechos y las razones de una revolución tanto más, cuanto que una revolución es un proceso histórico, cuanto que una revolución no es ni puede ser obra del capricho o de la voluntad de ningún hombre, cuanto que una revolución solo puede ser obra de la necesidad y de la voluntad de un pueblo. Y frente a los derechos de todo un pueblo, los derechos de los enemigos de ese pueblo no cuentan”.

El pensar diferente, no puede ir contra los intereses de la nación, no puede lindar con lo que piensan y expresan esos personajillos que se mencionaron en dicho artículo, porque sus pensamientos y acciones son contrarios totalmente a los ideales y valores patrióticos y morales que propugna la Revolución Cubana, son contrarios a los derechos de la mayoría del pueblo cubano; al pensar y actuar de esa manera y plegarse a los Estados Unidos, es decir, al gigante de las siete leguas, son partícipes de las doctrinas del mal, de la reacción y del odio que aquellos profesan contra la Revolución. Es más, se podría pensar diferente, incluso filosóficamente; tener dudas o albergar alguna preocupación sobre la Revolución, lo que no significa no ser revolucionario; se podría, incluso, hasta cuestionar y criticar, con argumentos o no, pero con honestidad, determinadas políticas y/o medidas de la Revolución, erróneas o no, pues no es posible crear sin derecho al error, pero siempre dentro de la Revolución, nunca contra ella, porque sería traicionar el ideal de justicia, equidad y dignidad de una Revolución que es “de los humildes, por los humildes y para los humildes”.

Es en Martí y Fidel, donde podemos encontrar el verdadero argumento metodológico e ideológico, para explicar el contenido de los conceptos empleados para designar a aquellos cubanos que se han convertido en reaccionarios y contrarrevolucionarios, incrregibles. Tomo en consideración lo que expresa Fidel en “Palabras a los Intelectuales”: “[…]La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean escritores o artistas , marchen junto a ella; la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario; la Revolución debe tratar de ganar para sus ideas a la mayor parte del pueblo; la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo, a contar no solo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos, que aunque no sean revolucionarios ―es decir, que no tengan una actitud revolucionaria ante la vida―, estén con ella”. Fidel está planteando de que hay que garantizar condiciones de trabajo a los escritores no revolucionarios, recalca en que deben poder trabajar y crear en y con la Revolución, es decir, que tengan oportunidad y libertad para expresarse dentro de la Revolución. Este pensamiento inclusivo de Fidel, comprende también a los contrarrevolucionarios, puesto que ser contrarrevolucionario podía ser coyuntural y podía ser atraído a la Revolución. Solo se excluyen a los incorregibles citados anteriormente. Esto constituye un principio inalienable, INVIOLABLE, de la Revolución Cubana, que tiene sus antecedentes en el discurso de Martí, “Con todos y para el bien de todos”.

Lo anteriormente expuesto nos explica que el pensar diferente, solo debe hacerse dentro de la Revolución y nunca contra ella. Contra la Revolución, significaría pertenecer a cualquiera de las categorías anteriormente señaladas. Tal es el límite. El violarlo, significa entonces, pertenecer a algunas de las categorías mencionadas.

Análisis del segundo comentario: “El tener ideas diferentes no nos quita el «derecho inalienable de ser cubanos”.

Si un cubano piensa diferente de la Revolución dentro de ella, no deja de ser cubano. Pero si piensa contra la Revolución de manera incorregible o piensa como un reaccionario también incorregible, es un enemigo de la Revolución, deja de ser cubano, y en el mejor de los casos, deja de ser un cubano digno, porque se parte de que la Revolución representa las ansias, los deseos, los derechos de la mayoría del pueblo cubano, y este criterio es válido, al tener en cuenta los argumentos de Fidel, dados anteriormente. De tal manera, al no mantenerse fieles a las necesidades esenciales de la patria representadas por la Revolución, esas personas, aunque hayan nacidos en Cuba, dejan de ser cubanos, porque ellos mismos se excluyen, o sea, se autoexcluyen del proceso revolucionario que vive el pueblo cubano.

Determinados discursos de Martí contienen fuertes argumentos que avalan los nuestros. Por ejemplo, en su discurso “Con todos y para el bien de todos”, que pronuncia en Tampa, debemos destacar que “Martí no se ilusionaba con una totalidad imposible, sino que contaba con todos los que se mantenían fieles a las necesidades esenciales de la patria. No excluía a nadie, ni era ajeno a la autoexclusión de aquellos que no encaraban la política nacional con principios como los que ya él había defendido en enero de 1880 en el Steck Hall neoyorquino y aún antes. Se autoexcluían los que en Tampa llamó lindoros, olimpos de pisapapel y alzacolas: es decir, aquellos que por equivocación o intereses de bolsa se situaban fuera de los elementos reales de la liberación nacional, y hacían el juego a los autoexcluidos, o se aprestaban a excluirse ellos mismos. También contaban en la deserción antipatriótica los que propagaban el miedo al negro, a los españoles honrados y a las tribulaciones de la guerra. A unos y otros el orador fue oponiendo una enérgica sucesión de «¡Mienten!»”. (Luis Toledo Sande. “Cesto de Llamas”. Biografía de José Martí. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2000, p. 220). Hay que destacar que los grupos de autoexcluidos que se mencionan, no confiaban para nada de que los cubanos serían capaces “para vivir por sí en la tierra creada por su valor” […] El “todos” de Martí, por lo tanto, no es meramente cuantitativo…. Queda en pie que hay un grupo que yerran o “mienten”, que no forman parte del “todos” martiano en cuanto realmente no quieren “el bien de todos”. (Ver: Cintio Vitier: Mensaje sobre el discurso “Con todos y para el bien de todos” en Memorias de la Conferencia Internacional “Con todos y para el bien de todos” La Habana, 25-27 octubre 2005).

Estudio contextualizado de las aportaciones martianas en la actualidad política de Cuba.

Los tiempos actuales que vive Cuba, son muy complejos. Se confrontan peligros externos e internos. En este sentido, ―para actuar en consecuencia― Martí nos alerta: «En Cuba ha habido siempre un grupo importante de hombres cautelosos, bastante soberbios para abominar la dominación española, pero bastante tímidos para no exponer su bienestar personal en combatirla. Esa clase de hombres, ayudados por los que quieren gozar de los beneficios de la libertad sin pagarlos en su sangriento precio, favorecen vehementemente la anexión de Cuba a los Estados Unidos. […]”.

Con marcadas tentaciones de apoyar esta solución, ―que creen poco costosa y fácil―, están, según Martí, todos los tímidos, todos los irresolutos, todos los conservadores ligeros, todos los apegados a la riqueza. ¿Este tipo de personas sietemesinas, anexionistas, vendepatrias, etc., no existen, actualmente, dentro y fuera de Cuba?

Consideremos también ―pues avala las ideas que defendemos― lo expuesto por Ibrahím Hidalgo, de que Martí «aspiraba que bajo tales principios se construiría la república justa, democrática, «con todos, y para el bien de todos». […]Con todos los integrantes de la nación debía alcanzarse la patria independiente. Solo quedarían excluidos quienes se apartaran por soberbia o por apego obediente al amo extranjero. La obra de unidad exigía el esfuerzo máximo, pues habrían de juntarse cubanos y españoles, negros y blancos, hombres y mujeres, obreros y propietarios, civiles y militares, los de la Isla y los de las emigraciones. Se hallaban en juego tanto la independencia del país como la nacionalidad cubana; la libertad política como la cultura autóctona; el peligro de continuar siendo colonia de España, como el de convertirse en una dependencia de los Estados Unidos. Y ante peligros de tal magnitud no cabía la ensoñación de lograr la unanimidad en cada propuesta, sino la unión en los objetivos inaplazables: el logro de la independencia nacional, la soberanía popular y la justicia social. Con todos los que compartieran estos fines se haría el esfuerzo común». (Ibrahím Hidalgo. El concepto de República en José Martí. Revista Santiago, Universidad de Oriente, No. 1 del 2012 (127), p. 90).

Consideremos también, este argumento martiano, expuesto por Hidalgo: «No buscaba el nuevo sacrificio «la perpetuación del alma colonial en nuestra vida, con novedades de uniforme yanqui, sino la esencia y realidad de un país republicano nuestro, sin miedo canijo de unos a la expresión saludable de todas las ideas y el empleo honrado de todas las energías»» (Ibidem). Destaquemos, que Martí dice que las ideas deben ser expresadas saludablemente y sin miedo, y que todas las energías deben ser empleadas honradamente. Este pensamiento martiano se reafirma en el mencionado discurso de Fidel, Palabras a los Intelectuales.

Como se denota, Martí, nos da la brújula para orientarnos qué es necesario hacer para el establecimiento de políticas que coadyuven a tratar, diferenciadamente y con justicia, a aquellos que, aunque piensen diferente, lo hacen dentro de la Revolución, de aquellos que piensan contra la Revolución y ejercen acciones contrarrevolucionarias, con los cuales no debe existir la más mínima consideración ni tolerancia.

Por otra parte, ¿qué significa «derecho inalienable de ser cubanos”? ¿Acaso ser cubano no está indisolublemente ligado con el amor a la patria? Martí conceptualiza, de varias formas, el significado de patria. Ante todo, veamos un fragmento del poema Abdala escrito por Martí, porque la respuesta de Abdala, el joven héroe de Nubia, es ya una caracterización profunda del amor a la patria: El amor, madre, a la patria, / No es el amor ridículo a la tierra, / Ni a la yerba que pisan nuestras plantas; / Es el odio invencible a quien la oprime, / Es el rencor eterno a quien la ataca; / []

Ese amor a la patria que describe Martí, en su poema Abdala, es lo que nos define el ser cubano. No hay otra manera de sentirse cubano. El «derecho inalienable de ser cubanos” se define en el poema Abdala. Se puede tener pensamientos diferentes con respecto a la Revolución, pero cuando uno siente y padece por la patria, de la forma que Martí la describe en su poema, entonces, se es cubano. No se es cubano solo porque se haya nacido en Cuba. Es de destacar que, para Martí, como lo expresa Cintio Vitier: “La patria aquí, es algo que se nos revela a través de la agresión, de la injusticia. Cuando nos la oprimen o nos la atacan ―provocando ese odio primario que será definitivamente vencido a través de la experiencia del presidio―es cuando sentimos esa entidad que no consiste solo en sus elementos físicos, sino en “el mundo de recuerdos” que ellos enmarcan o suscitan. La sangre del alma, la angustia, es la que nos ilumina “la imagen del amor” y “las memorias plácidas” en que la idea de patria se sustenta”. (Cintio Vitier: Vida y Obra del Apóstol José Martí. CENTRO DE ESTUDIOS MARTIANOS, La Habana, Cuba, 2004, p. 27).

Tales son los argumentos que determinan los límites de pensar diferente a la ideología de la Revolución y que no quita el «derecho inalienable de ser cubanos”. Ahora bien, establecido ese principio, es necesario entonces, enfatizar en la franqueza del diálogo con quienes piensan diferente, con quienes disienten de las ideas acomodaticias y no por ello son antagónicos, así como del valor de la polémica y de la crítica. Y todo ello con un discurso renovado, moderno, científicamente apoyado y alejado de lo abiertamente propagandístico, dogmático e intolerante.

Vicente E. Escandell Sosa. Exprofesor Universidad de Oriente.