El origen del Monasterio de San Miguel de los Reyes -regido en la época por la Orden de los Jerónimos- podría situarse en 1545; emplazado en el barrio de Orriols, en Valencia, acoge desde 2000 la Biblioteca Nicolau Primitiu, cabecera de la red de bibliotecas del País Valenciano.
Pero tuvo otros usos; en 1874, el Estado decidió adecuarlo como presidio nacional de hombres; a partir de 1936, tras la guerra española, fueron encerrados numerosos prisioneros políticos; ya en la década de los 60, la titularidad pasó al Ayuntamiento y la Diputación de Valencia; el cierre de la prisión tuvo lugar en 1966.
“Una oportunidad perdida”; es el modo en que la asociación Per l’Horta calificó, en un comunicado del 19 de enero, el Plan Especial de Protección y Reforma Interior (PEPRI) San Miguel de los Reyes, presentado por el Ayuntamiento de Valencia que gobiernan en coalición el PP y Vox.
En un escrito al Consell Valencià de Cultura (CVC), órgano consultivo de las instituciones de la Generalitat Valenciana (GVA), y a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la GVA, la asociación aboga por una restauración “modélica”, y “que deje al margen la obtención de beneficios inmobiliarios”.
El documento de alegaciones al PEPRI, que presentó en mayo Per l’Horta, reivindica la “contextualización hortícola y paisajística” del monumento, así como la “imprescindible restitución de la continuidad de la infraestructura verde a los dos lados del mismo”.
El Gobierno Valenciano declaró Bien de Interés Cultural (BIC) el Monasterio de San Miguel de los Reyes en 2008; el Decreto detalla que es una obra relevante del Renacimiento valenciano, en la que participaron destacados arquitectos, maestros de obra y artistas de la época; añade que el monumento y su entorno están emplazados en la huerta de Valencia, de la que constituyen un hito patrimonial; además de esta relación, en el BIC se resalta la importancia de los terrenos agrícolas de las inmediaciones.
Por estas razones, Per l’Horta afirma que el PEPRI debería reducir al máximo la “presión edificadora”; y concluye: “Una actuación pública -de restauración urbanística- de un entorno patrimonial debería estar al margen de los beneficios inmobiliarios”.
El colectivo resume en tres puntos los impactos negativos del Plan Especial: la descontextualización ambiental y la fragmentación espacial; la introducción de usos inadecuados (campos de fútbol o aparcamientos) y la edificación “abusiva”, además de fuera de lugar, en los terrenos que se han de recuperar. Se trata de “una planificación técnicamente mediocre y con efectos negativos”, critica el movimiento de defensa del territorio.
El escrito de alegaciones al PEPRI introduce propuestas respecto a los usos del suelo; así, el continuo de huerta de la parte oeste, que incluye las parcelas hortícolas sin cultivar y las recuperables, representan -según la asociación- la huella del parcelario agrícola original en el conjunto del área, y el fundamento para diseñar un plan restitutivo y arraigado en el territorio.
La documentación gráfica aportada por Per l’Horta permite observar la traza de estructura agrícolas -parcelario, caminos, acequias y zonas de cultivo abandonadas o dedicadas a otros usos-, en continuidad con la huerta protegida del Racó de l’Anell, así como los puntos críticos -en las franjas norte y sur- “por donde haría falta la conexión verde con la de L’Horta de Sant Llorenç, también protegida”.
Asimismo la cartografía sobre los efectos del PEPRI apunta la ruptura “arbitraria” y el “mosaico fragmentador” que impediría la “necesaria fluencia funcional y paisajística” del entorno de huerta en el que surgió el Monasterio de San Miguel de los Reyes.
En enero de 2025, la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Valencia dio inicio a la exposición pública del PEPRI, que contó con el voto favorable del PP y Vox, mientras que la coalición Compromís y el PSPV-PSOE rechazaron el Plan.
Además de una nueva zona deportiva para la construcción de un campo de fútbol, el Plan establece la construcción de nuevas viviendas: 475 viviendas de renta libre y 100 de protección pública; para ello, el concejal de Urbanismo, Juan Giner, resaltó la importancia de “la colaboración público-privada”; el ámbito de actuación del plan afecta a una superficie total de 136.136 metros cuadrados.
En el apartado planeamiento en tramitación de la página Web del Ayuntamiento, figura el PEPRI San Miguel de los Reyes; el diagnóstico para la participación pública -septiembre de 2023- señala que gran parte del ámbito, de suelo no urbanizable, está incluido como zona de huerta de especial protección en el Plan de Acción Territorial de la Huerta de Valencia, aprobado en 2018.
Asimismo, el terreno que rodea al monasterio es vulnerable frente a las inundaciones; de hecho, una parte considerable del ámbito del Plan Especial está afectado -parcialmente- por el Plan de Acción Territorial sobre Prevención del Riesgo de Inundación en la Comunitat Valenciana (PATRICOVA).
Emplazado en el norte de la ciudad, la zona del PEPRI se halla en un lugar estratégico; limita con el municipio de Tavernes Blanques (9.800 habitantes), también con la Ronda Norte de circunvalación a la capital y “da paso a la extensión de la huerta protegida”.
Sobre la importancia de la zona de huerta, el diagnóstico municipal recuerda que en una de las zonas del sector existen parcelas agrícolas en cultivo, con riego abastecido por la acequia de Rascanya; se da la circunstancia que muchas de ellas corresponden a la antigua huerta del monasterio; a ello se añaden caminos rurales, como el de la alquería Campaneta.
También construcciones e infraestructuras asociadas históricamente al monasterio, como la alquería de la Tota, de origen bajomedieval; la alquería de Albors o Sant Llorenç, y la acequia de Rascanya; en los tres casos se trata de Bienes de Relevancia Local (BRL).
Además, por su condición de antiguo presidio, el Monasterio de San Miguel de los Reyes ha tenido vínculos con la recuperación de la memoria democrática; por ejemplo, en noviembre de 2016, la Generalitat (PSPV-PSOE y Compromís) organizó un acto de homenaje a los presos del penal durante la guerra y la dictadura franquista; en el acto de reparación participó un anarquista catalán, Joan Busquets, quien estuvo encerrado en San Miguel de los Reyes.
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