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¿Qué está en juego en el plebiscito actualmente?

Fuentes: Rebelión

Por más que pareciera que muchas cosas se detuvieron con la pandemia, la lucha de clases en el país continúa. El nudo de la lucha política del período, la crisis de dominación burguesa, sigue su curso en procura de una resolución.

Con la claridad de que la resolución está pendiente, y alertadas por el estallido de octubre de que otras fracciones de clase quieren participar de esa resolución, las distintas fracciones burguesas han ido avanzando, no sin contradicciones, en el logro de ciertos objetivos en pos de recuperar su hegemonía política. El plebiscito y el proceso constituyente se inscriben en la dinámica anterior en la medida que son producto de la necesidad de las expresiones burguesas de construir un escenario de disputa para resolver las contradicciones presentes y reconfigurar el escenario de la dominación política de la burguesía en Chile para los años venideros.

Sin embargo, y pese al carácter burgués que el plebiscito presenta, este no debe ser entendido como una “trampa” por parte del bloque en el poder, como se presenta desde ciertos sectores de la izquierda. Es que, en gran parte, el plebiscito existe por la irrupción de la clase obrera y otras fracciones populares en el marco de la crisis de la burguesía. Irrupción que no llegó a desarrollar los grados de dirección necesarios en la confrontación para poder pensar que el carácter de la disputa es otro, más allá que el burgués que hoy presenta en virtud de quienes poseen la iniciativa en este evento. 

Fue a partir de la definición de este marco de lucha política, que las diferentes fracciones y fuerzas sociales del periodo fueron delineando sus estrategias para la confrontación plebiscitaria.  Así, es que por una parte, desde el inicio, cierto grupo de la derecha y de los sectores vinculados al pinochetismo se aglutinaron en torno a la opción del rechazo. Esto no con el objetivo de ganar en el plebiscito, sino más bien de reagruparse y de tener la posibilidad de acumular cierta fuerza moral, la que les permitiera avanzar en mejor posición en las siguientes confrontaciones. Mientras que en la vereda de enfrente, la oposición se dispuso claramente en campaña por el cambio de constitución, aprovechando de recuperar, cada uno por su lado, la iniciativa política de la disputa. El democratismo, el oportunismo y la venta de espejitos de colores son la política que ha caracterizado al conjunto del campo del apruebo. Es que con tal de ganar la adhesión de las clases populares, se ha llevado a vender ilusiones de grandes cambios para la vida de la población y a jugar con las expectativas en torno a las posibilidades que abre y lo que significa el cambio de constitución.

Sin embargo, todo este cuadro cambió drásticamente con la pandemia. La situación que comenzó a vivir el país hizo que los sectores más comprometidos por el apruebo tuvieran que abandonar esporádicamente la lucha por el plebiscito, para situarse en la colaboración con la gestión estatal para hacer frente a la pandemia y sus efectos económicos y sociales. Gracias a esta nueva situación, el gobierno pudo retomar algo de su iniciativa perdida, lo que permitió modificar el calendario electoral trasladando hasta octubre la cita plebiscitaria que debía realizarse en abril. 

En este contexto fue que sectores de la derecha comprendieron que el plebiscito no les era favorable, no por el hecho de que seguramente perdiera el rechazo, sino porque este generaba un clima que podía favorecer la emergencia de una fuerza social que recogiera la rebelión social y permitiera la irrupción de la clase trabajadora en el mismo. Desde ahí, asumieron que dada la imposibilidad de que este no se realice, la alternativa que quedaba era la de despolitizar el plebiscito y transformarlo en un evento lo más intrascendente posible. Decisión que fue expresada con brillante claridad y pragmatismo por el retornado Longueira, quien logró consolidar el movimiento que otros ya habían iniciado. 

Así, con las últimas jugadas, la derecha en general ha resultado ser el sector que ha mostrado más claridad estratégica en la coyuntura, logrando imponer su dinámica al conjunto de las fuerzas sociales.

La penosa contraparte de todo esto tiene dos caras. Por un lado, las fracciones socialdemócratas, progresistas y reformistas, las cuales retoman sus campañas a semanas del plebiscito,  han perdido tiempo y capacidad de convocatoria frente a una “ciudadanía” más preocupada de la situación económica y la sobrevivencia material que del proceso constituyente que se viene encima. Mientras que la izquierda radical, por otro lado, más teñida de deseos e ilusiones que de otra cosa, se mantiene en un principismo tranquilizador sin dar ninguna posición clara en torno al plebiscito, resguardandose en una crítica a la institucionalidad burguesa, a la espera de una vacuna que les permita volver a la calle con relativa normalidad, o de un nuevo estallido que vuelva a evocar a las masas y a ellos mismos a la acción.

Finalmente, cabe preguntarse ¿Qué está en juego en el plebiscito actualmente? ¿Qué fuerzas participan de la disputa y en qué condiciones lo hacen? Y por sobre todo ¿Qué importancia y significado estratégico tiene la cita plebiscitaria para la clase obrera?

Sin duda, el carácter y nivel de la confrontación a la dominación burguesa que logró el estallido de octubre se fue diluyendo. No solo porque los cuadros de la burguesía son los dueños de la institucionalidad y el negocio político, sino porque la dirección de la política burguesa aprovechó las debilidades de las fracciones en lucha y usó la coyuntura de la pandemia para desactivar lo dramático de la confrontación. En este sentido, mucho tuvo que ver también toda la falta de claridad y audacia de las fracciones de la izquierda radical y anticapitalista para irrumpir con una mirada estratégica en las coyunturas que abre la crisis de la dominación burguesa.

Así, la fuerza social constituida a partir del estallido llega al plebiscito de octubre sin mayor soporte de masas y con poca acumulación política. Producto de lo anteriormente analizado, el carácter de clase obrero y popular que irrumpió en el movimiento de protesta fue tan solo un espasmo. Se volvieron a instalar así los tradicionales cuadros políticos del régimen, a los que se suman nuevos representantes de las clases medias. En cuanto a las líneas que sustentan la confrontación, las demandas sociales y políticas levantadas en octubre al calor de la movilización se diluyeron en torno al democratismo abstracto que hoy caracteriza al apruebo.

Por otro lado, las debilidades que mostró el movimiento de masas -especialmente la clase obrera- en cuanto a organización y conciencia para cuestionar la dominación burguesa, se hicieron más evidentes ante su incapacidad para organizarse y defender colectivamente sus fuentes de trabajo y reclamar soluciones a la crisis desencadenada por la pandemia. De hecho, fueron las clases medias las que lograron obtener del Estado mejores condiciones materiales al instalar la devolución del 10% de las AFP como necesidad política y presionar por paquetes de medidas de apoyo (créditos, subsidios), mientras la población más pauperizada recibía una caja de alimentos. 

Aún en este escenario, en el que claramente se produjo un retroceso en el carácter y perspectiva de la fuerza social surgida en el estallido, entendemos que la confrontación plebiscitaria y el alineamiento en el apruebo es favorable para que el campo popular continúe incidiendo en la crisis burguesa y pueda avanzar en una política de clase. Por más que sectores de la derecha le hayan quitado dinamismo y tensión a la confrontación, este hecho no falsea la realidad: una victoria contundente del apruebo será sin duda una derrota -aunque no dramática- de los sectores más reaccionarios del régimen y del pinochetismo; mientras que, por otro lado, este será un elemento de fuerza moral para el campo popular que reconocerá la capacidad de incidencia de su movimiento.

Por ello, desde el campo de la izquierda revolucionaria se torna imperioso acompañar al campo popular en esta confrontación. Ello requiere revisar la postura anti institucionalista a ultranza sostenida en el período transicional y la visión de la política burguesa como traición. A su vez, una acción decidida de sumarse al apruebo debe sostenerse sobre líneas claras: apoyar la unidad de la clase en la batalla, aclarar el carácter de clase de la confrontación al resto de los grupos políticos, y combatir las ilusiones democratistas y el oportunismo dominante en el apruebo. 

Junto con ello, es tarea de la izquierda revolucionaria prepararse para las confrontaciones y disputas que el nuevo periodo abre. El asalto al cielo que generó el movimiento de masas presiona a que el sector asuma un lugar y acompañe esa lucha no solo en la calle, sino colaborando en la propuesta de líneas programáticas para el período que se abre; en despejar la lectura de las confrontaciones en cada coyuntura; en constituir capacidad de debate, organización y dirección dentro del sector y de cara a las masas, entre otras.

Link de la editorial: https://revistaconfrontaciones.com/2020/09/13/editorial-2-que-esta-en-juego-en-el-plebiscito-actualmente/ «

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