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Presentación en La Habana de la segunda edición del libro 'La batalla de los intelectuales' de Alfonso Sastre

¿Qué intelectuales batallan?

Fuentes: La Jiribilla

Como parte de las actividades promovidas en la XIV Feria Internacional del Libro de La Habana, se presentó la segunda edición del libro La batalla de los intelectuales, del dramaturgo español Alfonso Sastre, con la participación de un panel integrado por Miguel Bonasso, la intelectual Eva Forest, el director de la Editorial Ciencias Sociales y […]

Como parte de las actividades promovidas en la XIV Feria Internacional del Libro de La Habana, se presentó la segunda edición del libro La batalla de los intelectuales, del dramaturgo español Alfonso Sastre, con la participación de un panel integrado por Miguel Bonasso, la intelectual Eva Forest, el director de la Editorial Ciencias Sociales y Científico Técnica Julio César Guanche y un grupo de investigadores e intelectuales que participaron en el debate promovido por el sitio alternativo Rebelión sobre el tema.

Esta «edición enriquecida« refleja la implicación de su autor con el diseño de una defensa/ofensiva ante la avalancha mercantil e irracional despedida de los centros de poder, que han logrado construir una «delantera» (el término vanguardia no me parece apropiado) en la que militan una gama de intelectuales que abarca desde los «compañeros temporales de viaje»[1] o «adictos al tránsito», antiguos militantes de izquierda que se retiran hacia el campo dominante ―actitud que al decir de Bonasso, constituye el retorno a su posición de clase, aun cuando sería discutible la definición de un momento que marque, para ellos, el abandono de esa clase-origen― hasta los convencidos conservadores, devenidos en muchos casos gestores del proyecto ideológico de la derecha, fortalecidos con el derrumbe del bloque socialista de Europa del Este y el fracaso del modelo eurosoviético, centro de un ataque deconstructivista, que en rigor, nos sitúa al mencionado proyecto de la derecha como un «antiprograma».

Durante la presentación, se insistía en el grado de perfeccionamiento logrado en el control del intelectual a través del aparato mediático, en una fácilmente considerable «operación silencio«, peligrosa arma que paradójicamente es aplicada por las democracias occidentales, promotoras a través de un discursivismo hipócrita, de la libertad de expresión. Fruto de esa apuesta hacia el silencio como mecanismo coercitivo ―no conozco una profesión con mayor reclamo de luz comunicativa que la del intelectual― se reduce o suprime la alusión mediática a quienes mantienen «el compromiso con la tarea del intelectual: decir la verdad», entre ellos el autor del libro, Alfonso Sastre, quien al decir de uno de los participantes en el debate «es el dramaturgo vivo más importante en lengua castellana, como también el más olvidado». Son marginados por el establishment, como práctica extendida, aquellos erigidos en antítesis ―en el terreno axiológico― de los que hacen el juego a la guerra imperial, con su asolapada complicidad y antes, se erigieron colaboradores de la represión policial practicada durante la persecución de comunistas en los EE.UU. y los desmanes de las dictaduras latinoamericanas.

El texto penetra una polémica respecto a la utopía, su permanencia o irrealidad, que ha marcado varias de las exposiciones, diálogos o conferencias de la actual Feria. Al respecto, el presentador Miguel Bonasso, asume la diferencia entre el intelectual «bien pensante» (yo diría correcto y útil políticamente a los centros de poder capitalista) caracterizado y desmitificado por Sastre, que la entiende (la utopía) como lo que «no va a suceder nunca« y el intelectual honesto que la percibe como «lo que no hay todavía pero es deseable« (agregaríamos lograble), evidenciando su compromiso social, al concebir e integrarse en un proyecto colectivo.

Al calor del libro, epílogo y relanzamiento del debate de Rebelión, se verifica el desenmascaramiento de los mencionados «intelectuales bien pensantes«, al abordarse sus falsas posiciones ante el tema de la violencia, la paz y su predilección por el cosmopolitismo, esfuerzo de adecuación a la práctica desmovilizadora y desnacionalizadora del capitalismo monopolista transnacionalizado y al sutil ―solo en su revestimiento― dilema que se relanza entre colonia o nación.

Esta batalla, que supera el ámbito de validar el compromiso y obliga a actuar, ubica de un lado las posiciones humanistas y del otro, la prueba evidente de la permanencia de la barbarie después que esta atravesara su Centuria Paradigmática[2]. La obligación del intelectual no radica solo en decir la verdad, debe también solucionar el conflicto interno entre el carácter individual de su creación y la propia difusión de esta, que se enfrenta a la vocación e influencia colectiva que adquiere a partir de la recepción popular de su obra. Apostar por la articulación con el pueblo, significa combatir, pues se tejerá la acción combinada ―contra el intelectual― de los detentadores del poder económico y los múltiples hilos que manejan a través de sus acólitos. Se ejecutará la Operación Silencio. Los otros no combaten, acuden con beneficio al ruedo y cumplen los cánones de bonanza, son agentes de una lucha contra la cultura y el intelecto, son soldados del premio a lo superfluo y al egoísmo, se erigen en un eclecticismo que resume las antinomias de cuánto ha debido avanzar el «Ser Humano» en su camino de «ser» humano.

Sastre nos recuerda con su libro que andamos el lado correcto, que combatimos. Nos recuerda con su vida, que podemos validar sus letras y las nuestras.

Notas

[1] Recordando un término del investigador cubano José Ramón Fabelo Corzo en su estudio sobre las actitudes contemporáneas ante el marxismo.

[2] Continuamos las ideas manifestadas en el artículo «La permanencia de la barbarie» que se publicó en la edición 191 de La Jiribilla digital.