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[Crónicas sabatinas] ¡Por nuestro apoyo mutuo, por nuestra solidaridad!

(Re)Descubriendo a las clases trabajadoras (I)

Fuentes: Rebelión

Para Juan Genovés (1930-2020), in memoriam et ad honorem. Por sus abrazos (y por mil cosas más).

Para Julio Anguita (1941-2020), un comunista democrático con pensamiento propio que nos enseñó a todos.

Antonio Gramsci (1891-1937), filósofo y dirigente del Partido Comunista Italiano, decía que: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Las crisis de toda índole que la pandemia ha agravado, nos traen al presente las palabras del político sardo y, desde luego, nos obligan a reflexionar. El orden político-económico mundial representado por la civilización industrial en su desarrollo capitalista, nació por la confluencia de dos hechos: la revolución científico-técnica de finales del siglo XVIII y la democracia representativa como desarrollo alicorto de la Revolución Francesa, también de esa fecha. Esa génesis llevaba en sí misma el embrión de una contradicción agravada desde mediados del siglo XX; a saber, la incompatibilidad entre unos derechos predicables para toda la humanidad y la búsqueda de la ganancia personal como motor único del sistema. La agudización de este conflicto tiene dos fechas: 1948, Declaración de Derechos Humanos, y 1972 con la publicación de Los límites al crecimiento. En este sentido y desde la experiencia de las últimas décadas puede afirmarse que el viejo mundo, en su versión del neoliberalismo globalizado, se está muriendo.

Pero hay muertes y muertes. Y desde luego que ningún ingenuo piense que el óbito es sereno cual llamita que se extingue lánguidamente. El conflicto, las tensiones, los horrores incluso, son el cortejo que acompaña al moribundo. Y porque, también con él, se van nuestros hábitos de consumo y de valores con los que la cotidianeidad nos ha impregnado. Solamente la pronta aparición del nuevo mundo (si aparece) podría acortar el sufrimiento.

Pero no nos engañemos, el nuevo orden no vendrá cual Nacimiento de Venus del pintor Sandro Botticelli. Será -es- un parto con dolor, con ansiedades, contradicciones y también sufrimiento. Pensemos históricamente cuánto esfuerzo y cuánta lucha han costado el acceder, siquiera medianamente, a las conquistas democráticas y sociales que una parte de la humanidad todavía posee. Tampoco está asegurada la venida del nuevo mundo; entre otras cosas porque no viene si no se le trae. Y desde luego, a fin de no instalarse en una parusía laica, el mundo que se desea nace en el seno de este viejo, y está concretado en proyectos, plazos, programas y renuncias, aunque sean transitorios. La tarea es ardua, aunque tiene la subjetiva recompensa de dar sentido al existir. Se necesitan muchas parteras y muchos comadrones. Y además, una multitud de los viejos topos que describía Karl Marx.

Volvamos a Gramsci y a las palabras con las que comienza este artículo. Es posible, y hasta probable, que no se vea o no se quiera ver el fin de una época a pesar de los datos y evidencias de cada día. También es posible y probable que el nuevo orden o la nueva sociedad, sean considerados quimeras, delirios y ensoñaciones aunque la Historia nos demuestre cuántos cambios positivos para el ser humano fueron antes considerados locuras y disparates.

Pero lo que es evidente para nuestros ojos y oídos es que, en este claroscuro de España, estamos rodeados de monstruos.

Julio Anguita (2020)

Las referencias a la versión ampliada al final de todo. Unas observaciones iniciales:

1. Recordemos: ERC, Junts per Catalunya y CUP volvieron a votar el pasado miércoles lo mismo que PP y VOX. Recordemos (también) los datos sobre la situación de la sanidad pública en .Cat (y el abierto apoyo a la privada) en estos últimos años (desde 2009 por ejemplo). Lo hemos comentado en anteriores sabatinas. Recordemos (igualmente) la responsabilidad directa (e inicialmente no ocultada) de los gobiernos Mas, Mas-Colell y Boi Ruiz (también de los siguientes gobiernos CDCbis+ERC) en recortes y ataques directos a conquistas ciudadanas (“la salud no es un derecho”, lección inaugural de Mas-Colell), y “gritemos” de nuevo (indignados es palabra alicorta) cuando desde tribunas públicas y privadas (y hablando para los “de casa”) se sostiene la indignante e irresponsable falacia (que saca de todos lo peor de todos) de que en una Cataluña independiente el número de fallecidos hubiera sido mucho menor.

¿Corrigen, mejoran, alteran sustantivamente la situación los recientes presupuestos aprobados en el Parlament de Cataluña con los votos favorables de ERC y JuntsCat, y con la abstención, asunto no menor, de En Comú Podem? En absoluto, nada de eso. Si tienen alguna duda sobre ello les remito al artículo que Eduardo Luque y Ramón Franquesa van a publicar en El Viejo Topo (¿no deberíamos apoyar a una de las pocas revistas de izquierda que se siguen editando en papel?) del mes de junio. “Presupuestos de la vergüenza” es el título. No se lo pierdan.

(Las dudas, preguntas y afirmaciones se acumulan ante el acuerdo PSOE-Unidas Podemos-Bildu del pasado miércoles sobre la derogación de la contrarreforma labora del PP: 1. Desde una perspectiva de izquierdas, por moderada que esta sea, es justo y razonable la derogación completa de una ley que representó (¡y representa!) una agresión directa a los derechos básicos y al bienestar de las clases trabajadoras españolas. 2. ¿Qué sentido tiene ese pacto con Bildu para conseguir su abstención (¡absolutamente innecesaria!) en una votación parlamentaria sobre la prórroga del Estado de alarma, en absoluta relacionada con derechos laborales? ¿Pintar su marcado nacionalismo con tintes sociales? 3. ¿Quién manda preguntó hace muchos años el brechtiano Eric Fried? Lo hemos: en España, en la corta distancia, el IBEX35. 4. ¿Qué sentido ha tenido mostrar a las claras las distensiones del gobierno? ¿A quién favorecen? ¿Para qué dar argumentos-excusas a la derecha y ultraderecha españolas? ¿Qué sentido tiene darse este tiro (Domènec Benet) o estos dos tiros en el pie? ¿Qué poderes tiene Nadia Calviño para manifestarse en al forma en que lo ha hecho? 5. ¿Ha sido “natural” todo el ruido generado? ¿Quién ha puesto tantos altavoces dirigidos a la opinión pública? ¿Se pretende confundir a la gente y hacer buena una de las peores contrarreforma antiobreras de estos últimos cincuenta años? 6. ¿No tiene sentido conjeturar que tal vez todo haya sido una jugada diseñada o aprovechada sobre la marcha por “fuerzas oscuras”, las tramas de la trama de las que suele hablar Manolo Monereo, para paralizar durante un tiempo (o acaso durante la presente legislatura) cualquier intento de derogación completa de la contrarreforma? 7. ¿Qué es eso de que “los vascos” tenemos palabra y lo firmado…? ¿Qué es eso de los vascos? ¿Otra unidad de destino uniforme, idealizada y sin fisuras en lo universal? ¿Más de lo mismo aprovechando que el Pisuerga pasa por Bilbao?).

2. Datos y comentarios sobre la situación obrera en Cataluña (y en el conjunto de España). De un artículo -que no deberían perderse- de Joan Benach / Ramon Alòs / Pere Jódar “La “nueva” normalidad no puede ser una “nueva” precariedad.” https://ctxt.es/es/20200501/Politica/32258/Joan-Benach–Ramon-Alos-Pere-Jodar-covid-nueva-normalidad-precariedad.htm (los énfasis son míos)

Antes de la pandemia, casi dos tercios de los trabajadores precarios de Barcelona tenían una contratación inestable y un sueldo menor a los mil euros, tres de cada cuatro ganaba un salario que no permitía cubrir imprevistos, y su elevada vulnerabilidad ante la amenaza de despido, les hacía sentir miedo a ser represaliados y a no ser indemnizados si reclamaban mejores condiciones laborales. La precarización afecta la vida de modos muy diversos. Introduce condicionalidad, vulnerabilidad y pobreza en la vida cotidiana y el hogar (no llegar a final de mes, no poder hacer frente a los pagos de la vivienda o de los servicios indispensables, no poder planificar la vida cotidiana, no poder formar una familia). La precarización se relaciona también con la pobreza energética, con no disponer de conexión a internet, con tener más dificultades para pagar el alquiler, padecer un desahucio o tener cortes de suministros básicos. No es sólo que exista un 14% de trabajadores pobres, aun y estando ocupados, o que justo antes de la pandemia superáramos los tres millones de desempleados, es también la pobreza que afecta a una cuarta parte de la población y que cuestiona la subsistencia, una de las funciones claves de la reproducción. Por si ello fuera poco, la precarización es desigual, ya que ésta es mucho más común entre mujeres, jóvenes, inmigrantes, trabajadores que realizan un trabajo manual y que tienen un menor nivel educativo, es decir, en una parte muy importante de la sociedad que constituye la clase trabajadora.

Muchos de esos trabajadores precarizados (es decir, salvajemente explotados), con salarios que apenas llegan para lo más básico, son los que estos días han trabajado y siguen trabajando duro, muy duro, con riesgos para su salud y en beneficio de todos. Les hemos llamados héroes y heroínas, les hemos aplaudido, les hemos elogiado. Pero sólo con aplausos o reconocimientos no se come ni se llega a fin de mes y mucho menos se puede llevar una vida digna.

3. De un artículo reciente de Beatriz Silva, diputada del PSC. Ciertamente no descubre ningún Mediterráneo; su crítica es sabida o intuida por todos. Pero conviene insistir, como hace Silva, una y otra vez:

El 92% de entrevistas a entidades vinculadas con el debate político que hizo TV3 entre mayo y diciembre se concentró en aquellas que son partidarias de la independencia. Lo constata el último informe de pluralismo político del CAC que revela también que nuestra televisión pública dedicó sólo el 1,5% del tiempo a la emergencia social. Cuestiones que la crisis de la Covid-19 ha revelado esenciales para nuestras vidas, como los recortes en sanidad o la situación precaria de las residencias, no obtuvieron siquiera el 0,1% del tiempo en los meses previos al estallido de la crisis sanitaria que les permitiera formar parte del cuadro estadístico.

Estas cifras no son una sorpresa. Los sucesivos informes del CAC ponen de manifiesto cómo nuestros medios públicos de comunicación dedican la mayor parte del tiempo a informar sobre una agenda política que no sólo está lejos de representar las preocupaciones del conjunto de la ciudadanía. También invisibiliza algunas muy importantes.

En síntesis: TV3 puede ser cualquier cosa pero está lejos, muy lejos de ser, la televisión de todos los catalanes. El control nacional-secesionista -del que una parte de los ciudadanos catalanes no es consciente; para ellos lo que muestra, narra y defiende TV3 son “cosas naturales”- sobre su televisión (así la consideran, aunque debería ser todos) es total y totalitario.

Vayamos a nuestro tema: el (re)descubrimiento de las clases trabajadoras.

El Sindicato de Manteros de Barcelona fabrica material sanitario

En “El redescubrimiento de la clase trabajadora como consecuencia de la pandemia” https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2020/05/14/el-redescubrimiento-de-la-clase-trabajadora-como-consecuencia-de-la-pandemia/), el profesor Vicenç Navarro ha destacado un punto que es justo recoger.

Una interpretación de la estructura social de España muy generalizada en los establishments político-mediáticos del país, señala el profesor de la UPF, es que la mayoría de la población en los países desarrollados (incluyendo España) pertenece a la clase media, a la que sitúan entre los «ricos», por arriba, y los «pobres», por abajo, reduciéndose así la tipología social a tres grupos sociales: la clase alta, la clase media y la clase baja. Según esa clasificación, la clase trabajadora habría desaparecido, “asumiéndose que se ha ido transformando en clase media como consecuencia de la movilidad social existente en nuestras sociedades”, una movilidad que “permite el ascenso hacia arriba de los miembros de tal clase trabajadora, pasando a ser miembros de la clase media”.

Esta categorización social se inició en EEUU, recuerda Navarro, sobre todo a partir de los años ochenta con Reagan. Fue a partir de entonces, señala, que el neoliberalismo, nacido en el mundo anglosajón, se extendió ampliamente también en la Europa occidental, siendo adaptado incluso por las formaciones de izquierdas gobernantes (la llamada Tercera Vía; recordemos Blair y el comentario de Thatcher: “Mi mejor herencia”). El discurso de clase, remarca el doctor Navarro, desapareció del lenguaje político, incluso en la mayoría de las izquierdas gobernantes, que dejaron de hablar de y a la clase trabajadora, sustituyéndola por referencias a una clase media poco definida y heterogénea. Sin embargo, la pandemia en los países desarrollados ha mostrado claramente “que existe una clase trabajadora, distinta de la clase media, que es esencial para el mantenimiento y supervivencia de todas las demás, así como para la sostenibilidad de la economía del país”. Forma parte de esta clase social, nos recuerda el profesor de la UPF, el sector de la población que trabaja en los servicios esenciales y que no se ha podido permitir el lujo de estar confinado en casa, viéndose obligado a continuar trabajando, exponiéndose al contagio, a la enfermedad y a la muerte.

Tiene razón el doctor Navarro. Veamos ahora algunos aspectos de la situación, de la vida, de estas clases trabajadoras expuestas al contagio y la enfermedad (Thalif Deen, “Miles de millones de personas carecen de casa donde quedarse o agua con que lavarse” http://www.ipsnoticias.net/2020/05/miles-millones-personas-carecen-casa-donde-quedarse-agua-lavarse/)

1. De Agencias de las Naciones Unidas y la organización internacional WaterAid: 3.000 millones de personas carecen de agua para poder lavarse las manos. Más de 1.800 millones no tienen un hogar donde poder quedarse.

2. En más de 50 compromisos financieros recientes realizados por agencias donantes con países del Sur desarrollo, solo en 6 de ellos hay alguna mención al tema de la higiene (según WaterAid, una organización internacional no gubernamental, enfocada en agua, saneamiento e higiene).

3. En Estados Unidos, 500.000 personas están actualmente sin hogar, 40% de las cuales no cuentan con un refugio donde poder dormir y guarecerse. “En Nueva York, una ciudad con medidas de confinamiento y cierre de actividades para contener la covid-19, las personas sin hogar se han apoderado de los vagones de metro vacíos mientras las estaciones del tren subterráneo se han transformado en refugios improvisados para los sin techo, pese a que las autoridades de la ciudad los devuelven cada día a las calles.”

4. Pedro Conceição, director de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD por sus siglas en inglés): “más de 40 % de la población mundial no tiene protección social y más de 6.500 millones de personas en todo el mundo, el 85 % del total, aún no tienen acceso a Internet de banda ancha confiable, lo que limita su capacidad para trabajar y continuar su educación.”

5. Según el informe sobre la situación y las perspectivas económicas mundiales de la ONU, publicado el miércoles 13 de mayo: la pandemia probablemente hará que aproximadamente 34,3 millones de personas caigan por debajo de la línea de pobreza extrema en 2020 (con el 56 % de aumento en los países de África). Otros 130 millones pueden unirse a las filas de personas que viven en la pobreza extrema para 2030.

Veamos ahora algunos testimonios del sector más desfavorecido en España de estas clases trabajadoras (Luis de Vega, “Anatomía de una cola del hambre: “Soy mendigo a mucha honra” https://elpais.com/espana/madrid/2020-05-18/anatomia-de-una-cola-del-hambre-soy-mendigo-a-mucha-honra.html.

De David, 27 años:

David cerró en marzo su periplo europeo de trotamundos después de contagiarse de la covid-19 en Londres. “Dormía muy cerquita del Big Ben”.

A los 16 años entró de aprendiz en la fábrica de Seat de Martorell (Barcelona) y se fue a los 23. “El único motivo por el que iba era el dinero ¿Para qué quiero yo esos billetitos de colores?”.

Ahora duerme en los alrededores de la estación madrileña de Chamartín y desde hace dos semanas se ha dado de alta como ryder (repartidor) de Glovo y Uber Eats.

Mientras conversa con el reportero, el joven está pendiente de los encargos a través de una tablet. De escritorio en su improvisada oficina callejera hace la mochila cuadrada de vivos colores en la que lleva la comida. La silla es la mochila de sus pertenencias.

Este mediodía no ha podido abrir la bolsa que ha recogido en las Hijas de la Caridad porque le han salido tres envíos.

Está contento, reconoce este joven que prefieren que no se publique su verdadero nombre. De lunes a domingo calcula que ha hecho unos 80 euros [¡80 euros!] incluyendo las propinas. Tiene que pagar el uso de la bicicleta municipal de alquiler por minutos de Bicimad, que es su medio de transporte.

De Isabel, 48 años:

“¿Tenéis más mermelada?”. Isabel, de 48 años, es bien conocida por los que trabajan en las Hijas de la Caridad. “Venga, Isabel, que llevas más que los demás”. Es de las que ya necesitaba ayuda antes del aterrizaje del coronavirus. La pandemia ha truncado el sueño de ver despegar laboralmente a sus dos hijos mayores. Cuenta desilusionada cómo su hija, de 19, entró a trabajar de camarera de piso en un hotel. Y su hijo de 18 en un restaurante. Reconoce que con esas expectativas esfumadas, el estado de alarma está suponiendo un pesado lastre emocional. Su piso del barrio de Ventilla, en el que vive también su hijo de 16 años, arde estos días en discusiones subidas de tono. Sor Josefa [Hijas de la Caridad] la anima mientras ella se va tirando de su carro rojo con lo necesario para que coman los cuatro hasta el jueves.

De Francisco, 28 años:

Francisco espera una oportunidad para regresar a Tenerife. Su guerrera oscura de botones dorados reluce entre los que esperan la cola. “Esta comida es muy buena”, afirma mientras se sienta en la acera de Martínez Campos a hincarle el diente al bocata de tortilla. Durante un año y tres meses ha sido vendedor de entradas del Palacio Real. Ahora, en paro, deberá dejar la habitación donde vive alquilado por 300 euros mensuales en una vieja corrala de la calle Oviedo. “Ahí he sido inmensamente feliz”, reconoce con pena.

Lo van a acoger unos evangélicos en uno de sus pisos para desintoxicar a drogadictos. “Yo soy más bien católico y mi única droga es el tabaco, pero a ver si por lo menos me quitan”.

De Serigne Mamadou

(Eleuterio Gabón “Trabajamos doce horas por 25 euros” https://www.elsaltodiario.com/temporeros/serigne-mamadou-trabajamos-doce-horas-por-25-euros?fbclid=IwAR0yzAQW-t0Hi2YAlvepibxFWpQrq6bRj8cXNMHO2dSt64lbeN-JYJAWspE

Mamadou trabaja como temporero y ha recorrido durante años multitud de campos de diferentes provincias españolas. Es uno de los portavoces de la campaña #RegularizaciónYa. En el campo se sigue faenando durante la pandemia. Él asegura que ahora están trabajando el doble. Falta gente en el campo y les llaman más.

El discurso de este trabajador emigrante senegalés (Gabón) se hizo viral cuando grabó, hace un año y en el momento en el que iba a comenzar su jornada laboral, un vídeo dirigido a Santiago Abascal a raíz de la política migratoria que proponía la formación de extrema derecha en Andalucía:

¡Españoles primero!… ¿Dónde estás tú? El español primero soy yo, porque estoy en el campo dando caña. Usted es el último de los españoles, porque lo único que hace es entrenar a los jóvenes para que sean racistas, a que se maten entre ellos, con los inmigrantes. Es lo que quieres.

Mamadou faena ahora en Huelva (dentro de poco tenía programado desplazarse a Lérida a recoger la fruta). “Con la actual situación de emergencia tenemos problemas para viajar. Tampoco sabemos si el alcalde nos va a dar casa porque normalmente dormimos en la calle”.

¿Cuáles son vuestras condiciones de trabajo y cómo se han visto afectadas por la pandemia? se le ha preguntado. Su respuesta:

Para nosotros, que estamos buscándonos la vida, son siempre las peores condiciones. Si para la mayoría de gente la situación es mala ahora, imagínate para el que no tiene papeles. Cuando no tienes papeles no tienes derecho a nada, ni siquiera a casa: en el campo, como mucho, te dejan durmiendo en los garajes cuando llueve. Si no en la calle, recogemos cartones y dormimos en bancos. Cuando pasa la Policía, en vez de proporcionarte un albergue, te dicen que ahí no se puede dormir. En ocasiones mojan los parques donde dormimos para que nos vayamos. Luego te levantas a las seis de la mañana y de siete a siete estás en el campo. No trabajas ocho horas, trabajas doce… y te dan 25 euros. Si no tienes papeles tienes que aceptar el modo infrahumano en que te tratan. ¿Por qué no dan papeles para que vayamos a trabajar tranquila y honradamente? Porque los migrantes van a ir a trabajar, independientemente de que tengan papeles o no, porque tienen qué comer. Y se aprovechan de eso. Esta es nuestra situación pero los trabajadores locales no dicen nada, y los alcaldes tampoco…, todos hacen la vista gorda, trabajamos en su pueblo, con ellos, pero no nos dan nada, no nos respetan. Hemos hablado con representantes del Gobierno, dicen que es vergonzoso que se nos trate así, que van a hacer más inspecciones de trabajo. Llevamos años así y nunca se ha hecho nada. Les da igual lo que nos pase, si se muere uno no pasa nada: se ha muerto un negro, da igual.

Se ha criticado mucho la propuesta de regularizar la situación de los trabajadores migrantes sólo durante la temporada de trabajo en el campo. ¿Qué opina él?

Esa es la peor falta de respeto que te pueden hacer, nos quieren usar y nos lo dicen a la cara: “Os usamos y cuando nuestro problema esté arreglado nos deshacemos de vosotros”. Quieren que se recoja su fruta y no quieren saber nada más. Además, dicen que primero van a usar a los menores, en vez de protegerlos para que tengan un futuro igual que los menores de España. El Gobierno debería ser honesto y si es un gobierno socialista, ha de dar papeles a todos los trabajadores que duermen en las calles de Murcia, de Almería, de Lleida o de Albacete, cobrando pagas miserables. También a los que dormimos en chabolas en Huelva, con las ratas y las chinches, sin agua potable y cogiendo enfermedades, viviendo de modo infrahumano.

Más en la próxima. ¡Fraternidad, solidaridad, apoyo mutuo, cooperación, lazos de proximidad! Oídos sordos a los liantes y sus afines (que no son solo los del barrio madrileño de Salamanca). ¡Plantemos cara cuando haya que plantar cada!

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Las referencias a la versión ampliada:

1. https://slopezarnal.com/redescubriendo-a-las-clases-trabajadoras-i-1/#more-1165

2. https://slopezarnal.com/redescubriendo-a-las-clases-trabajadoras-i-2/#more-1167

3. https://slopezarnal.com/redescubriendo-a-las-clases-trabajadoras-i-3/#more-1169

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