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Pensiones de miseria y AFP Estatal

Relevantes confesiones de la presidenta

Fuentes: Punto Final

Una reforma que se afinca en la misma lógica que le da origen, no es sino un pase de malabarismo. Más aún si no aborda lo relevante, es decir, su esencia. En educación se trata de modificar aspectos que dejan intacta la lógica imperante hace treinta años. El sistema electoral binominal se apresta a corregir […]

Una reforma que se afinca en la misma lógica que le da origen, no es sino un pase de malabarismo. Más aún si no aborda lo relevante, es decir, su esencia.

En educación se trata de modificar aspectos que dejan intacta la lógica imperante hace treinta años. El sistema electoral binominal se apresta a corregir las alicaídas votaciones de los actuales legisladores, dejando donde mismo las actuales proporciones tramposas. Una reforma tributaria, propuesta para combatir la desigualdad, se va a diluir en acuerdos tomados en los pasillos del Congreso.

Ahora le toca el turno al proyecto de ley que crea una AFP estatal. Cabría preguntarse qué obligación tenía la presidenta para aseverar algo tan brutal: «Sabemos que esta no es una solución al problema de fondo, sin embargo representa un avance relevante». Esta frase, desafortunada como la que más, es aplicable a cualquiera de sus pretendidas mejoras a los sistemas que hacen agua por donde se mire.

La gente que se moviliza lo hace por cuestiones relevantes: mejores pensiones, mejor educación, mejor sistema político, disminución del apartheid . Lo que exige la gente es precisamente cambios en la estructura del poder, en donde una modificación relevante, necesariamente es de fondo.

Voces autorizadas, a las que la presidenta no escucha, han dicho hasta el cansancio que una AFP estatal no resuelve el problema: pensiones de miseria. Y la iniciativa lo que hace es dotar de legitimidad a un sistema que no la tiene, que no la ha tenido nunca. De paso, condena a los pensionados a una pobreza que no es conocida por la presidenta.

Si ni siquiera la CUT está de acuerdo, lo que puede ser visto como una herejía de la Central, acostumbrada como está a decir que sí a todo lo que venga del poder.

Resulta legítimo preguntarse en qué mundo vive la presidenta. Y lo más probable es que la respuesta nos lleve en una dirección: al mundo que le pintan, diseñan y muestran en colores vivos y volúmenes tridimensionales sus asesores, y que ella cree a pie juntillas, al momento de leer sus tarjetitas mnemotécnicas.

¿Las pensiones de miseria que reciben los pensionados aumentarán en una proporción relevante con los cambios que anuncia? ¿Y de cuánto hablamos? Si consideramos que el promedio de ellas es de 185.000 pesos, ¿a qué monto deberían alzarse esa pensiones para llegar a sufrir ese cambio relevante que avisa sin que se le desordene el peinado?

Como sabe cualquiera, una nueva AFP, del Estado o de quien sea, no puede sino, ordenar su cometido ciñéndose estrictamente al modo en que lo hace cualquiera otra.

Creer por un momento que una nueva AFP, ahora del Estado, vendrá a impulsar una nueva manera de encarar el negocio que está en la base de la economía nacional, sin que el resto de los actores no digan ni pío, es no saber en qué país se vive.

Al final, se llega a lo de siempre. Da lo mismo por donde se aborde al cometido del gobierno de la Nueva Mayoría. Por el lado que se le busque sólo encontramos intenciones para modificar aquello que les permita perfeccionar lo ya existente.

De cambios relevantes, es decir, de fondo, ni pensar.

Rápidamente se va confirmando lo que siempre fue la Nueva Mayoría: una versión empeorada de la Concertación, si se mira desde el punto de vista de la angustia del que cree.

Desde el punto de vista del criterio del avance relevante, ¿cómo deberían comportarse las tropas de ocupación en el territorio mapuche? ¿Las balas ahora serían de un calibre menor? Los helicópteros que en vuelos rasantes aterrorizan a niños y ancianos, ¿ahora volarían algo más alto?

La presidenta vive en un país que no es éste, con otras complicaciones y problemas, con otros horizontes e intereses. Y esa levitación, que podría ser considerada como un arte propio de ciertas prácticas místicas, tiene efectos muy concretos en la gente que ha venido siendo víctima de sus políticas anteriores, las que ahora intenta corregir, haciéndolo peor.

 

Publicado en «Punto Final», edición Nº 807, 27 de junio, 2014

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