La central nuclear de Garoña sufrió hoy una nueva parada no programada. Es el segundo incidente de seguridad conocido en lo que va de mes, esta vez debido a un fallo humano en unas operaciones de mantenimiento en el sistema de limpieza del agua del reactor. Según ha explicado el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) […]
La central nuclear de Garoña sufrió hoy una nueva parada no programada. Es el segundo incidente de seguridad conocido en lo que va de mes, esta vez debido a un fallo humano en unas operaciones de mantenimiento en el sistema de limpieza del agua del reactor.
El de hoy es el segundo suceso con repercusión en la seguridad de la central, ya que el pasado 13 de septiembre, el CSN confirmó que se había detectado en Garoña un fallo en las protecciones eléctricas del sistema de baterías.
Greenpeace reitera que, debido al peligroso funcionamiento y al evidente agotamiento de la vida útil de Garoña, es un error esperar hasta 2009 para proceder a su cierre definitivo, como ha decidido hacer el Gobierno. Es necesario cerrar esta central nuclear de forma inmediata.
Los hechos demuestran continuamente que la seguridad de Garoña está seriamente degradada, tanto por problemas técnicos como por los fallos derivados de la deficiente cultura de seguridad del operador (Nuclenor). Su funcionamiento entraña un riesgo inaceptable para la seguridad pública y el medio ambiente. Además, su aportación eléctrica es prescindible (menos de 1,5% del total nacional en 2005) y está más que compensada por la producción del régimen especial (renovables y cogeneración).
En cuanto a la pésima cultura de seguridad de Nuclenor, basta recordar el más grave suceso ocurrido recientemente. En noviembre de 2005 se descubrió que la central había estado operando más de siete meses sin que funcionara la instrumentación post-accidente y sin que nadie en Nuclenor se hubiera dado cuenta de ello.
Este fallo es tan grave que fue calificado dentro de la Escala Internacional de Sucesos Nucleares, como de nivel 1. Según el propio informe del CSN, en caso de que en ese periodo de siete meses se hubiera producido un accidente con liberación radiactiva a la atmósfera de la contención, ese fallo en la instrumentación post-accidente podría haber llevado tomado decisiones equivocadas que habrían puesto en riesgo el propio edificio de contención.