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Reseña de Ecología o catástrofe. La vida de Murray Boockhin, de Janet Biehl. Virus, Barcelona, 2017 (traducción de Paula Martín Ponz), 663 páginas

Una hermosa y emotiva historia (libertaria) de resistencia, lucha, solidaridad y amor

Fuentes: El Viejo Topo

¡Casi 700 páginas, dirán! ¡Menudo ladrillo! De acuerdo… sin estar de acuerdo. Ecología o catástrofe. La vida de Murray Boockhin tal vez sea un ladrillo, pero es un ladrillo deslumbrante, apasionante. Es decir, un no-ladrillo. Esta reseña, por motivos de espacio, no puede hacerle justicia. Lo esencial: no se pierden la experiencia de esta lectura. […]

¡Casi 700 páginas, dirán! ¡Menudo ladrillo! De acuerdo… sin estar de acuerdo. Ecología o catástrofe. La vida de Murray Boockhin tal vez sea un ladrillo, pero es un ladrillo deslumbrante, apasionante. Es decir, un no-ladrillo. Esta reseña, por motivos de espacio, no puede hacerle justicia. Lo esencial: no se pierden la experiencia de esta lectura. Quien la probó, lo sabe.

Conviene una disculpa de entrada. Leí algunos textos de Bookchin en mi juventud que había olvidado (y de paso al autor). No reparé en ellos hasta bien entrada la lectura de este ensayo que se lee como una novela, como una buena novela. Mi memoria debería haber acuñado mucho mejor esta excelente y rica moneda anarquista y resistente hasta el final de sus días.

Del autor cabe recordar que fue cofundador del ISE, del Instituto de Ecología Social y que durante más de 45 años fue voz pionero en este ámbito, una voz que tuvo siempre muy en cuenta la máxima de su admirada Rosa Luxemburg: «Socialismo o barbarie». Para la autora, su compañera de vida y luchas durante décadas, ha sido -acaso sin exageración- el pensador anarquista más importante de la segunda mitad del siglo XX (p. 15), un político genuino y un intelectual independiente, que «vivía fuera del espectro habitual de elecciones vitales». Algunos de sus libros más importantes: Anarquismo en la sociedad de consumo, La ecología de la libertad, Urbanización sin ciudades, La filosofía de la ecología social y Anarquismo social o anarquismo personal.

Añado también que Murray Bookchin fue de los primeros autores que comenzó a escribir sobre la química en los alimentos, de los primeros que planteó por primera vez el concepto de ecología social considerando inseparable la temática ecológica de la social, fue también uno de los impulsores del movimiento antinuclear norteamericano y uno de los activistas que propuso el concepto de municipalismo libertario, génesis de las tesis actuales sobre municipalismo emancipador. Con todo eso, su vida es una historia militante del siglo XX, desde sus orígenes como joven bolchevique en el East Side neoyorquino, pasando por el trotsquismo, y sus últimas décadas como militante e intelectual ecoanarquista (En algunos nudos, a mí me ha recordado la vida política de otro clásico, este nuestro, de Manuel Sacristán).

La estructura del esta biografía ensayística: agradecimientos, prólogo, 13 capítulos (Juventud bolchevique, Organizador sindical, Pensar y repensar, Ecodescentralizador, Ecoanarquista, Veterano de la contracultura, Hombre del momento, Ecologista social, Activista antinuclear, Muncipalista, Político verde, Demócrata asambleario, Historiador(, un epílogo y dos excelentes índices (onomástico y temático). La biblioografía se facilita al pie de página.

Dos reflexiones acompañan la contraportada de este magnífico libro, absolutamente recomendable y excelentemente traducido (¿Somos siempre conscientes de la importancia de este trabajo creativo no siempre reconocido?).

La primera cita es de Theodore Roszak, un autor algo o bastante olvidado por nosotros actualmente: «Sus contribuciones están entre las principales del pensamiento estadounidense, como Thoreau, Lewis Munford y Paul Goodman». No exagera Roszak: entre las principales.

La segunda es de David Harvey: «Creativo, carismático, polémico y algunos añadirían, un poco cascarrabias, Murray Bookchin fue sin duda uno de los pensadores anticapitalistas más importantes del siglo XX. Janet Biehl nos descubre su tumultuosa vida, alumbrando el cruce de corrientes y confusiones que impulsaron el ascenso de los movimientos ecologistas de izquierda durante más de medio siglo. Esta biografía merece ser leída ampliamente por su relevancia contemporánea».

Suscribo, desde la primera a la última letra, el comentario de Harvey. Añado además que el ensayo que comentamos está muy bien escrito, que se lee como una novela; que la pasión amorosa que la autora siente por el autor biografiado no le impide ser crítica en ocasiones; que estamos ante una historia, desde el punto disidente del que nos habló Howard Zinn, de Estados Unidos, y no sólo de USA sino de la izquierda ecologista usamericana y europea más en general (por ejemplo, las páginas dedicadas a la formación de Los Verdes alemanes y sus aceradas críticas la tradición de los «realos» que ha conseguido transformar a Die Grünen en un partido tan del sistema como los dos grandes partidos alemanes), además de informarnos de pasajes poco conocidos y comentados de la teoría y la práctica del anarquismo norteamericano y europeo.

Siguiendo el espíritu de Bookchin y de la propia autora, Janet Biehl, convendría, eso sí, señalar algunas dudas algunas de las tesis y posiciones mantenidas por el autor de La ecología de la libertad, observaciones que en absoluto restan valor a un libro que, insistimos, permite sumergirse en él con agrado, entusiasmo y sin dificultades. Las dudas:

Hay una enorme o cuanto menos mitificación -no hay ni una sola crítica- de la experiencia anarquista en la guerra civil española. Por el contrario, como ocurre en el caso de un pensador tan grande e informado como Noam Chomsky, hay una descalificación sin restos de lo que la autora, siguiendo a Bookchin (que por cierto se presentó a los 15 años para ser miembro de la brigada Lincoln, llama «estalinismo» (es decir, del PSUC, del PCE y de su política frentepopulista). De hecho, algunos pasajes donde describe nuestra guerra civil hubieran podido mejorarse notablemente

La mirada anticomunista de la autora, y también de Bookchin (formado en las filas comunistas en su juventud, en la Escuela de Trabajadores, siendo trabajador del Partido repartiendo el Daily Worker)), les hace ser un pelín injustos en algunas de sus consideraciones. Sus formulaciones no son siempre exactas. Esta, por ejemplo, acompaña a la fotografía de la página 59: «Barricada en Barcelona durante mayo de 1937. Los anarquistas defendían la revolución contra las fuerzas del Gobierno del Frente Popular que obstaculizó y, finalmene, suprimió las colectivizaciones fruto de la revolución». La autora añade: «Este episodio preocuparía de por vida a Bookchin». No es seguro que sea una exageración o una imprecisión literaria. Si hay imprecisión en este caso: «A mediados de 1937, el Komintern de Stalin abandonó la línea política del frente popular y adoptó una nueva, menos revolucionaria todavía, que denominó el «frente democrático». Los partidos comunista, señala, «aceptarían ahora a nuesvos aliados, no solo a los socialistas y socialdemócratas sino a cualquiera».

Hay una singular y positiva vindicación de la figura y obra de Marcuse cuando la autora nos da cuenta de la influencia del autor de Razón y revolución en Bookchin. Habla, con ocasión de ello, de una filosofía dialéctica influyente en la obra del autor. «Bookchin recogió la idea más sofisitcada de la Escuela de Frankfurt de utilizar la razón dialéctica con toda su carga ética para la crítica» (p. 128). Pero no queda claro, más allá de su posible identificación con la perspectiva marxista, qué entendía Bookchin por razón o por filosofía dialéctica.

No cabe extenderse más en este punto.

Por si faltara algo, como he apuntado, la traducción de Paula Martín Ponz es magnífica, tanto pero no más que sus notas de traductora a pie de página, notas-reflexiones en ocasiones, que a mí me han recordado más de una vez las que solía regalarnos otra gran traductor, Manuel Sacristán, alguien que seguro que hubiera estado muy feliz al leer esta biografía. Cabe finalizar con estas palabras de la autora: «Se negó a hundirse en la desesperanza, manteniéndose firme en su creencia en que la lucha por crear una nueva sociedad sacaría a la luz las potencialidades humanas para el comportamiento ético, la visión racional y la cooperación social».

Fuente: El Viejo Topo, octubre de 2017.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.