Chema Álvarez y Ángel Olmedo cuentan cómo fue la guerra, la represión y el franquismo en Extremadura, y las consecuencias a día de hoy. En “Extremadura contra el olvido: Historias de memoria y resistencia” (Jarramplas 2025) reúnen una treintena de historias breves fruto de sus investigaciones, sobre extremeños que lucharon en la guerra, que se echaron al monte, que vivieron en clandestinidad…
Ángel Olmedo es historiador y ha sido director de los Campos de Trabajo “Recuperación de la Memoria Histórica” de la ARMHEX durante 16 años. Chema Álvarez es profesor y memorialista. Ambos llevan años investigando y difundiendo la memoria del pueblo extremeño, desenterrando del olvido historias de luchadores y luchadoras “que llevaban un mundo nuevo en sus corazones”. Dos buenos amigos que ahora han escrito un libro sobre el pasado reciente de Extremadura.
Extremadura contra el olvido, historias de memoria y resistencia reúne casi una treintena de historias breves: ocupaciones de tierras como la de Navalmoral, la huelga de mujeres que paralizó Mérida en 1936, la leyenda de la Mano Negra en Extremadura, y otros hechos casi desconocidos ocurridos en pueblos. También historias de la guerra y la represión, que los autores han recuperado recogiendo testimonios orales de personas que lo vivieron o de sus familiares inmediatos. El libro incluye fotografías y mapas y ha sido publicado por la editorial extremeña Jarramplas, que ha publicado títulos como Otra Extremadura, Extremadura anarquista o Extremadura afán de miseria, este último de Víctor Chamorro.
Extremadura contra el olvido se presenta el próximo jueves 27 en Villanueva de la Serena y en enero se retoman las presentaciones: Hervás, Zafra, Plasencia, Villafranca, Ribera del fresno…
Sostenéis que en Extremadura no hubo
Guerra Civil como tal. Explicadnos esto, ¿cuáles son los hechos y
circunstancias que hacen diferente la Guerra en Extremadura?
Chema:
Más que una guerra, y salvando las distancias, podemos hacer una
comparación entre la ocupación de Extremadura en julio y agosto del 36
con lo que lleva sufriendo Gaza desde octubre de 2023. Una fuerza de
ocupación, formada por los ejércitos mejor pertrechados del momento, con
el armamento más avanzado, arrasa con un territorio donde solo
encuentra como oposición a civiles que ni están armados ni adiestrados
para el combate, mientras el resto de las potencias mundiales participan
de la masacre como meros observadores. En Extremadura no hubo un solo
ejército de ocupación, sino que avanzaron desde el sur alemanes,
italianos y las tropas africanas, al mando de militares que inicialmente
habían jurado lealtad a la República, expertos en combate y técnicas de
dura represión. Solo en Badajoz encontraron cierta oposición, donde
había unidades importantes del ejército republicano que se mantuvieron
leales después de controlar a los rebeldes.
Ángel: Los golpistas que se habían hecho con el control de Sevilla lograron trasladar el ejército de África desde la zona del Marruecos ocupado por España. Este ejército de carácter colonialista era el que contaba con mejor armamento y estaba experimentado en la ocupación de las localidades del norte de África, con unas tácticas sangrientas que son las que aplicarán en la península. Ese ejército de ocupación es el que entró en los primeros días de agosto en la provincia de Badajoz e irá pueblo por pueblo avanzando a sangre y fuego por las localidades para llegar a Mérida y luego a Badajoz el 14 de agosto de 1936. Todo este avance lo recoge muy bien nuestro paisano Francisco Espinosa en su libro La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz. Ya el nombre es contundente, así eran conocidos. Se trataba de avanzar y no dejar atrás a nadie con vida que pudiera ejercer cualquier resistencia.
La provincia de Cáceres ya había quedado desde los primeros momentos bajo control de los golpistas sublevados en la capital y en Plasencia. Solo una zona de la Serena y la Siberia permanecerían bajo control republicano a partir de agosto de 1936. La represión acabó con alcaldes, concejales, dirigentes de organizaciones obreras, con hombres y mujeres que habían participado en las ocupaciones de tierra o habían sido defensores de la República, más de 14.000 víctimas según las investigaciones más recientes. Así que no hubo guerra como tal, sino una masacre. Pura y dura represión.

Durante
la guerra hubo un acuerdo de “no intervención” por parte de las
potencias europeas. Sin embargo, solo los países democráticos lo
cumplieron y no apoyaron a la República. Hitler y Mussolini sí
intervinieron en la guerra en favor de los sublevados. En el libro
recogéis una historia sobre esto. ¿Podéis hablarnos sobre la
intervención alemana e italiana en Extremadura?
Ángel: El historiador Ángel Viñas, en su libro ¿Quién quiso la guerra civil?
sostiene con abundante documentación que la guerra fue deseada por los
monárquicos, los fascistas italianos y los militares sublevados. Sin el
apoyo de Hitler y Mussolini, los golpistas no habrían podido alargar una
guerra durante tres años. El apoyo logístico, con el suministro de
material de guerra moderno, combatientes y préstamos, fue fundamental en
los primeros meses para evitar el derrumbe de los golpistas, así como
el empleo de la aviación, un factor que además de la destrucción,
sembraba el terror entre la población.
No olvidemos que lo que se produce el 17 y 18 de julio de 1936 es un golpe de Estado contra el gobierno democrático de la II República. Este golpe fracasó en la mayoría de las ciudades, pero triunfó en otras y en las zonas del norte de África administradas por España. Aquí los golpistas contaron con el apoyo decisivo de Hitler y Mussolini para trasladar ese ejército a la península e iniciar una guerra de conquista. Está más que demostrada la intervención de estas tropas en Extremadura, hay incluso fotos de soldados nazis en el Teatro romano de Mérida. En Campillo de Llerena aún quedan los restos de un antiguo cementerio de combatientes fascistas italianos que murieron en las zonas de combate próximas. En Cáceres se denominó como Avenida de Alemania una de sus calles en la salida en dirección a Mérida en homenaje a estas tropas que estaban en el Castillo de las Arguijuelas, donde se encontraba un puesto de mando alemán con una sección de blindados nazis y controlaban el aeródromo de la ciudad.

En Extremadura contra el olvido recogemos el caso de dos combatientes italianos: un aviador fascista que fue derribado y un combatiente antifascista, muertos ambos en La Serena. Es curioso el diferente tratamiento que recibieron, el primero, tras el triunfo franquista, fue enterrado con honores, luego repatriado a la Italia fascista y nuevamente homenajeado en su país de origen, donde todavía cuenta con su nombre en algunas plazas y en un aeropuerto comercial. El otro, aún sigue como desaparecido en algún lugar de las tierras de Extremadura, esperando que el momento que aparezca un cuerpo con su inseparable pipa de fumar y su bastón.

En mayo de 1936 hubo una huelga de mujeres que se extendió por toda Mérida. ¿Qué significó y qué consecuencias tuvo?
Ángel: Este
es otro de los episodios que recogemos en el libro, un grupo de mujeres
que toman conciencia de sus condiciones de vida, casi de esclavitud, en
una fábrica de tejidos y declaran una huelga en mayo de 1936. Esta huelga se extendería
y llegaría a ser una huelga general de toda la ciudad, “Mérida sin
pan”, como recogía la prensa de la época. Fue un aldabonazo en las
conciencias y contra el patriarcado. Llama la atención cómo estas
mujeres exigían no solo mejoras salariales, también sanitarias y
“morales”, es decir, algo tan básico como ser tratadas y respetadas como
personas. Es curiosa la reacción de las oligarquías locales
escandalizadas por un movimiento huelguístico tan potente. ¡Se
escandalizaban incluso por el hecho de que las criadas y las bordadoras
se hubieran puesto en huelga! ¡era lo nunca visto! ¡las criadas
exigiendo derechos! En Mérida existía un grupo vinculado a la asociación
Mujeres Libres, de carácter anarquista, que junto con la CNT fueron en
gran medida las impulsoras de este movimiento. Muchas fueron luego
asesinadas en Mérida tras la entrada de las tropas rebeldes el 11 de
agosto de 1936.
¿Cuál fue el papel de las mujeres en la Guerra Civil y cómo fue la represión contra ellas?
Chema:
Durante la II República se reconoció formalmente la igualdad entre
hombres y mujeres, el sufragio femenino, la igualdad jurídica, el
divorcio, el acceso a la educación. La conquista de derechos presentaba
un modelo de mujer moderna, se rompieron muchos de los
estereotipos tradicionales: ahora había mujeres con pelo corto, que
fumaban, viajaban solas, vestían pantalones y participaban en tertulias,
clubs y actividades culturales o accedían a cargos de representación
política. Durante la guerra lucharon por defender y ampliar las
conquistas logradas, muchas de ellas participaron como milicianas y en
todas las facetas de la resistencia. En uno de los capítulos narramos el
hecho de que la primera instrucción en España para garantizar el
derecho de la mujer a la interrupción voluntaria del embarazo (entonces
se decía interrupción artificial) se dictó a cargo del ministerio
de Salud de la anarquista Federica Montseny, la primera mujer ministra
en la historia de España, de la mano de médicas como Amparo Poch y
médicos como Félix Martí Ibáñez.
Con la victoria franquista en 1939, el nacional-catolicismo se olvidó de todo esto, se desmantelaron los derechos conquistados y se instauró de nuevo un modelo patriarcal y represivo: muerte, prisión, tortura, violencia sexual y humillación pública contra todas aquellas mujeres. En el libro recogemos varios casos, como el de Soledad Otero Borrego, de Villanueva de la Serena, que fue condenada en consejo de guerra y enviada a la prisión de Saturrarán (País Vasco) acusada de algo tan absurdo como ser “Mujer de ideas muy avanzadas antes del Movimiento Nacional”. A pesar de la represión, muchas mujeres participaron en la resistencia clandestina, conservaron la memoria de los represaliados y se la trasladaron generación tras generación a sus descendientes.

Estáis presentando Extremadura contra el olvido, ¿qué acogida está teniendo en los pueblos y ciudades? ¿cómo responde el público?
Chema:
Está teniendo muy buena acogida, por el formato del libro en capítulos
independientes pero que tienen ese hilo conductor que une historias
desde el siglo XIX hasta la actualidad. Es un trabajo extraordinario el
de la Editorial Jarramplas, publicando temas que otras editoriales no
publican pero que son necesarios. Hemos estado en ciudades como Mérida,
Badajoz, Cáceres, pero también en pueblos pequeños, Piornal, El Torno,
Monesterio… recorriendo toda Extremadura de arriba a abajo. En realidad,
las presentaciones del libro son una excusa para charlar y debatir
sobre una parte de nuestra historia más reciente y que de forma
deliberada se ha intentado dejar de lado. Parece que no interesaba
conocer historias de personas y grupos que lucharon y pelearon con una
sociedad más justa, y por ello fueron reprimidos, pero aún más grave, se
trató de borrar su testimonio para que no se conociera. Nos estamos
encontrando con el deseo de conocer esos episodios, muchas veces
protagonizados por personas sencillas que no han pasado a las páginas de
las grandes historias que nos han contado.

A la gente le llama mucho la atención cuando explicamos que también en Extremadura había maestros y maestras comprometidos con la educación laica e igualitaria, grupos naturistas, republicanos, obreros que ponían en marcha ateneos. Otros que aprendían el esperanto como lengua universal, organizaciones obreras y campesinas que exigían tierra o ponían en cultivo las tierras de forma colectiva, mujeres que luchaban contra el patriarcado, jóvenes que constituían grupos de teatro y se desplazaban a localidades vecinas para llevar la cultura a la clase trabajadora, otros constituían cooperativas, todo un movimiento plural que empujaba el avance en derechos sociales. Muchos de estos casos se dieron en las propias localidades donde presentamos el libro y eran prácticamente desconocidos.
Presentasteis el libro en la Feria del libro de Mérida, con gran éxito de asistencia por cierto, pero el Ayuntamiento de Badajoz negó el permiso para presentarlo en la Feria del libro de Badajoz. ¿A qué creéis que se debió?
Chema: Pues fue un caso muy curioso. Llevamos más de veinte presentaciones en diferentes localidades, con una excelente acogida. En el caso de la Feria del Libro de Badajoz de este año se solicitó formalmente presentarlo, pero fue que rechazada sin ofrecer ningún argumento, y eso que la editorial quiso conocer los criterios de valoración para admitir las obras a presentar. Aún estamos esperando esa información. Hay quien decía que era por la fórmula de negocio de dicha Feria y la apuesta por determinadas grandes editoriales que no tienen muy en cuenta a las editoriales regionales. Lo cierto es que el Ayuntamiento de Badajoz no se ha caracterizado precisamente por ser defensor de la memoria histórica. Más bien todo lo contrario. Mantiene vestigios franquistas y no olvidemos que hace unos años levantó una pared en el cementerio viejo para que no se vieran las marcas de los fusilamientos, que quedaron recogidas en las imágenes de René Brut, en la Matanza de Badajoz en agosto de 1936. Un ejercicio deliberado para borrar los lugares de memoria como testigos de la historia. Fue también escandalosa la retirada de una calle dedicada a Margarita Nelken, la diputada por Badajoz durante la República o el mantenimiento en los folletos turísticos de calles con denominación franquista como Regulares de Tetuán. A pesar de estas trabas, pudimos presentar el libro en un lugar emblemático y ligado a la historia de la ciudad, como es el centro cultural “Hospital Centro Vivo”, de la Diputación de Badajoz.

Vosotros decís que la memoria histórica realmente la inventó el franquismo. ¿Podéis explicar esto?
Ángel: Claro.
Esto lo decimos un poco en plan sarcástico. Es muy habitual que cuando
hablamos de fosas, atención a las familias, recuperar la memoria,
enseguida nos sueltan ciertos revisionistas, defensores del franquismo,
aquello de: “y lo de Paracuellos, ¿qué? ¿por qué no buscáis a los de los
dos bandos?» Entonces explicamos que, efectivamente, hubo
represión republicana, es sobradamente conocida, ya se encargó el
franquismo de difundir y exagerar aquellos sucesos. Ese caso fue uno de
ellos, la diferencia es que los cuerpos se exhumaron y se llevaron a un
lugar dignificado por el franquismo. No se puede decir que todas las
víctimas del conflicto fueran tratadas de la misma forma. Tampoco los
defensores de la República puede ser considerados como un bando, como trató de presentar el franquismo, equiparando a los demócratas y antifascistas con los golpistas.
Franco en los años cuarenta puso en marcha lo que se conoció como la Causa General. Dio órdenes para ir pueblo por pueblo reescribiendo la historia de la guerra y la represión para acusar a los republicanos de ser los culpables, los rebeldes y por tanto castigar a los supuestos responsables. Es curioso cómo en la documentación que hemos encontrado se dan instrucciones muy claras para que en todos los pueblos se buscaran a esas víctimas y que se encargaran de ello con los recursos de los ayuntamientos. Se indicaba cómo se tenían que hacer las exhumaciones, los traslados a los cementerios, que no costara dinero a los familiares y que se llevaran a cabo homenajes y reconocimientos públicos: nombres de calles, placas en las iglesias, reparto de cargos públicos para estas familias, ayudas sociales para viudas, huérfanos o excombatientes franquistas… Eso sí: era solo para una parte de las víctimas, solo se atendía a las familias víctimas de las hordas marxistas, como definía el franquismo a los defensores republicanos. Las demás víctimas, las de la represión franquista, quedaron silenciadas, olvidadas en las cunetas y fosas comunes a la espera del fin de la dictadura. Cualquier tipo de alusión a ellas era duramente reprimida. Por eso, ahora estamos buscando a aquellas víctimas “que no fueron buscadas”, como decía nuestro amigo Cayetano Ibarra (ilustrador de la portada del libro) cuando alguien preguntaba, con cierta intencionalidad, que si estábamos buscando a todas las víctimas.
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Estuvisteis invitados como representantes de las
asociaciones de memoria histórica por la Asamblea de Extremadura en la
sesión plenaria en la que se debatía el proyecto de Ley de “concordia”,
que finalmente han aprobado el PP y Vox en Extremadura para eliminar la
Ley de Memoria Histórica y Democrática. ¿Qué sucedió?
Ángel: Fue
un hecho muy desagradable. Estábamos presentes varias personas en
representación de diferentes colectivos memorialistas en la tribuna de
invitados de la Asamblea de Extremadura y un diputado de Vox, al iniciar
su intervención, nos insultó dando la bienvenida a los “rojos
apesebrados de la tribuna”. Un hecho inaudito, no tanto por el insulto,
algo habitual en estos personajes para descalificar a quien no piensa
como ellos, acostumbrados a la violencia verbal o física. Sin embargo,
lo que más nos dolió fue que estando en lo que se considera el templo de
la democracia y los representantes del pueblo, se insultara de esa
forma a personas que no podían responder en ese momento y lo peor es que
el resto de los componentes de la cámara tampoco parece que se
extrañaran mucho por esos insultos y formas de actuar que recordaban a
tiempos pasados.
¿Qué opináis de la llamada Ley de concordia en Extremadura? ¿Qué implica esta ley?
Ángel:
Es una Ley que nace muerta y fruto de la necesidad del Gobierno de la
presidenta Guardiola de aceptar las propuestas de Vox a cambio de su
apoyo parlamentario. Es una copia de otras leyes similares en otras
comunidades autónomas que tratan de traer al presente el revisionismo
franquista. La propia ONU ha señalado que las leyes de “concordia”
podrían «invisibilizar las graves violaciones de derechos humanos”
cometidos durante la dictadura. Esta ley aprobada en Extremadura es
buena prueba de ello, no condena el golpe de Estado, ni la dictadura, y
equipara a las víctimas con sus verdugos. La ley amplía el marco
temporal desde 1931 hasta la actualidad, lo cual es una barbaridad,
equiparar a un régimen democrático como el de la II República con un
régimen fascista como el de Franco, “el carnicero del Ferrol”. Puestos
así, podrían haber ido incluso más atrás e incluir a la dictadura de
Primo de Rivera (1923) para reconocer, por ejemplo, los asesinatos de
los pistoleros contra los sindicalistas, auspiciados por la patronal y
respaldados por el gobierno de entonces o la aplicación de la famosa Ley de fugas, que acabó con la vida de centenares de obreros…
Esta ley de “concordia” impone trabas a las exhumaciones, como tener que pasar por una especie de tribunal que se reúne cada tres meses. Ya no se perseguirá la apología del franquismo, elimina la perspectiva de género y la represión específica sobre la mujer y otros colectivos como el LGTBI. La enseñanza de la memoria histórica sale de las aulas y desaparece toda referencia al estudio, conocimiento y reparación a las víctimas. Por otro lado, han metido con calzador en esta ley a las víctimas del terrorismo (cuando ya existen leyes específicas para ello). Por el contrario, la ley excluye y margina a las asociaciones y colectivos memorialistas y quedan coaccionadas para acatar sus puntos. Esto contrasta con el papel fundamental del movimiento social construido durante años en torno a las asociaciones memorialistas y las cientos de familiares que hay en el movimiento. Por otro lado, no deja de ser curioso que hayan elegido una palabra muy utilizada para justificar el golpe de Estado de 1936. En los alegatos de entonces se justificaba la necesidad de restaurar la “concordia entre los españoles” y ya sabemos en qué consistió: cunetas y fosas comunes llenas de víctimas y una larga dictadura que nació y murió matando.
¿Qué secuelas del franquismo se vislumbran en cómo se ha configurado la Extremadura de hoy?
Chema: Extremadura
fue escenario de una represión especialmente dura en la guerra y luego
en la dictadura. Se estima en más de 14.000 personas las que fueron
víctimas del franquismo, incluyendo ejecuciones, desapariciones
forzadas, cárcel y exilio. El último extremeño muerto fue Francisco Granado, natural de Valencia del Ventoso, que murió asesinado por garrote vil por su militancia antifranquista en 1963, si no contamos con Juan Paredes, Txiki, que era de Zalamea de la Serena,
residente en Zarauz y fusilado en septiembre de 1975, apenas un par de
meses antes de morir Franco, tras un consejo de guerra en el que se le
acusó de terrorista. Este trauma colectivo ha dejado huellas en la
cultura política y en la memoria histórica de la región. A ello hay que
sumar el silencio institucional durante décadas sobre las víctimas del
franquismo.
Otros elementos, como el impacto en la configuración territorial y económica también han sido importantes para acabar con los avances que prefiguraban los movimientos sociales. La famosa Reforma Agraria propugnada por la República quedó arrinconada, y como remedio para paliar las penosas condiciones de vida del campesinado se intentó poner en marcha una política de colonización agraria, al estilo del modelo de la Italia fascista, con la creación que pequeños propietarios que tenían que pagar deudas durante décadas. Proyectos como el conocido Plan Badajoz y los regadíos de la presa de Montijo han intentado ocultar que fueron construidos en parte por los presos republicanos, utilizados como mano de obra esclava. La marginación de zonas rurales y la falta de inversión en infraestructuras durante décadas contribuyeron al subdesarrollo estructural de la región, cuyos efectos aún se perciben, avocando a la emigración a una buena parte de la población extremeña ayer y hoy.
Ángel, durante 16 años tú has sido
director de los campos de trabajo de la Asociación para la Recuperación
de la Memoria Histórica de Extremadura. ARMHEx reclama Verdad, Justicia y
Reparación para las víctimas, ¿en qué consiste esta reclamación?
Ángel: Se
trata, desde la perspectiva de los derechos humanos, de prestar apoyo a
las familias víctimas de la represión franquista, tratar de recuperar
los restos, pero también las historias de estas personas como elemento
de reconocimiento y reparación e incorporar estos testimonios como parte
de nuestra historia más reciente. La primera fosa que se abrió en
Extremadura con metodología científica fue en la mina Valdihuelo, entre
Alburquerque y San Vicente de Alcántara en 2003. Fue una experiencia
pionera entre la ARMHEx, junto con la por entonces Dirección de Juventud
de la Consejería de Cultura y el apoyo del ayuntamiento de
Alburquerque. Durante veinte días un equipo compuesto por profesionales
de la arqueología, historia y la antropología, junto con un grupo de
jóvenes de diferentes países y CC.AA, se propuso dedicar una parte de
sus vacaciones a recuperar los restos y las historias de aquellas
personas que habían sido arrojadas a aquella mina. Entre ellas, había
sido asesinada Serafina, la madre de Rosa Casanova, que vino desde
Valencia vino y nos acompañó aquellos días.
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Esta experiencia fue muy gratificante y en los años siguiente se organizaron otras bajo la denominación de “Campos de Trabajo para la Recuperación de la Memoria Histórica”, en los que han participado más de 200 voluntarios y voluntarias desde 2003 hasta 2019. Muchas de estas personas que han colaborado en esta experiencia han constituido una gran cantera memorialista y luego han continuado trabajando en cuestiones de memoria a través de la arqueología, la historia, la antropología, el periodismo o como profesores. Y es que esta tarea de la memoria histórica no solo atañe a las familias afectadas, es una cuestión de toda la sociedad, una deuda que tenemos para con estas personas, incluidas las que durante aquellos años miraban para otro lado o tuvieron algún tipo de responsabilidad durante la dictadura.
Entre las muchas historias que recoge Extremadura contra el olvido, contáis la del alcalde republicano de Hervás
Ángel: El alcalde de Hervás, Ángel Barrios, fue asesinado por los golpistas en los primeros días tras la sublevación y desaparecido
en la fosa común del cementerio de Plasencia, al igual que muchos
alcaldes del norte de Cáceres. Su viuda marchó con sus hijos, todos de
muy corta edad, a Bilbao, donde vivía una hermana suya y donde encontró
un poco de consuelo. Allí pudieron rehacer sus vidas. En 2022 sus nietos
y bisnietos, en contacto con la ARMHEx y amigos se encargaron de
organizar una a visita de reencuentro con sus raíces, extremeños y
extremeñas de corazón que pudieron visitar la tierra de la que tuvieron
que salir a la fuerza. Fue una historia muy bonita. El acto central se
realizó en el salón de plenos del ayuntamiento, en el que la alcaldesa
de forma simbólica entregó el bastón de mando de la alcaldía a sus
nietos en señal de respeto para con su familia, fue un acto de
reparación simbólica que la familia recibió con gran agradecimiento.
Reivindicáis la importancia de los
testimonios orales y de la Historia social, de las historias con nombre y
apellidos frente a una Historia que se fija únicamente en grandes
nombres, en las fechas y las cifras. ¿Por qué?
Ángel: La historia
y la memoria son dos conceptos complementarios cuando hablamos de la
guerra, dictadura y represión. Son herramientas fundamentales para
conocer y reconstruir nuestro pasado más reciente. Nosotros, de acuerdo
con algunas corrientes historiográficas, utilizamos herramientas de
investigación tradicionales: los archivos, textos, imágenes, objetos…
Pero también ampliamos e incluimos la memoria y el testimonio oral de
las personas que lo vivieron, así como la experiencia de otros
profesionales de la arqueología, antropología y sociología,
especialmente cuando se trata de investigaciones en torno a la apertura
de fosas y familiares de las víctimas.
La memoria es el recuerdo colectivo o individual de hechos pasados, tienen también una carga subjetiva y emocional que está influida por el contexto, la identidad de la persona y el trauma que pudo haber vivido. Aun así, aportan testimonios personales que no siempre están en los archivos y esto permite dar voz a los silenciados: mujeres, víctimas, exiliados, minorías. Por ejemplo, para la localización de fosas son fundamentales, dado que los verdugos no quedaron ningún mapa ni apenas documentación de donde fueron enterradas sus víctimas. La inmensa mayoría de los casos de localización de fosas se han debido a la investigación con testimonios orales. Por otro lado, tampoco podemos fiarnos solamente de lo que cuenta el documento escrito, más cuando hablamos de franquismo y dictadura. Los documentos como consejos de guerra, inscripciones de causa de muerte en registros civiles, etc. se observa que están manipulados y cuentan una historia deformada para justificar el golpe de Estado y la represión, expresiones como “muerte por choque con la fuerza pública” o “a consecuencia de la pasada guerra” no dejan de ser pruebas de personas que sabemos que fueron sacadas de sus casas y asesinadas.
Chema, tú le das mucha importancia a la cultura
obrera y hay elementos clave en ella. Háblanos del papel de sus lugares
de reunión (ateneos y casas del pueblo) y de su principal medio de
formación, los periódicos obreros.
Chema: Entre las familias de
obreros de la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del XX hubo un
tremendo afán de cultura. Sabían que la cultura era la mejor fórmula
para abandonar la pobreza en que les sumían y arrastraban desde tiempos
inmemoriales, viendo pasar gobiernos que solo beneficiaban a las élites y
oligarquías, que parasitaban las rentas públicas a costa de su trabajo.
Se afanaban por salir del analfabetismo en el que estas élites les
tenían sumidos, de ahí que hicieran sus propios periódicos o crearan un
universo lector en torno a aquellos que narraban su día a día y apelaban
a la organización de la clase obrera, ya fuera agrícola o industrial.
Tu anterior libro fue Extremadura anarquista,
un ensayo muy completo que puso sobre la mesa que en Extremadura
también ha habido anarquismo y se ha expresado de muchas formas (grupos
anarquistas, escuelas libres, huelgas, insumisión y la contracultura).
En el libro cuentas muchas historias al respecto a lo largo de más de un
siglo, ¿cómo puede ser que esto hubiera pasado tan desapercibido?
Chema:
En buena parte pasó desapercibido porque la historiografía no utiliza
como fuentes la prensa ácrata y socialista de la época, mirando
principalmente en la prensa burguesa. Por otra parte, el anarquismo ha
recibido un trato pésimo por la Historia como disciplina académica,
centrándose en aspectos muy particulares, como es el uso de la
violencia, algo que en ciertos momentos de la historia han practicado
todas las corrientes ideológicas o políticas, y rechazando bucear en lo
que el anarquismo aporta como modelo de vida, que incluye aspectos muy
relacionados con el apoyo mutuo y la búsqueda de la libertad como
fórmula para lograr un mundo mejor para la humanidad.
¿Y qué es eso que llaman Contracultura? ¿y cómo fue la contracultura en Extremadura?
Chema: La contracultura forma parte de la respuesta que las clases empobrecidas dan a lo que Gramsci denominó hegemonía cultural,
contra la cultura dictada y creada por las élites que tratan de
perpetuar su estado y se transmite a través de la política, la escuela,
la música, etc. La contracultura es un espacio donde esas clases se
reconocen, comparten ideas e inclusos artefactos, tales como formas de
vestir, de pensar, etc. En ese espacio es donde han fructificado ideas
que tratan de llevar a un mundo donde quepamos todos y todas, un mundo
sostenible medioambientalmente hablando, lejos de formas de vida
impuestas por la cultura hegemónica, que es la del consumismo
capitalista y la del individualismo feroz.
Lleváis años exigiendo que se eliminen los nombres y otros vestigios de exaltación franquista aún existentes en Extremadura…
Ángel: Como
decíamos antes, cuando el franquismo puso en marcha todo ese proceso
para reinterpretar la historia de forma favorable para su causa, se
dieron cuenta que al igual que en los regímenes propiamente fascistas,
era muy importante utilizar los espacios públicos como elementos de
difusión de su ideología. En aquellos años no había ni televisión ni
redes sociales, por lo que las plazas, las calles, las iglesias, los
monumentos conmemorativos o de exaltación eran una herramienta muy
eficaz de presión social para recordar quienes eran los vencedores. Por
eso las placas y lápidas con simbología fascista, a pesar de que hoy día
aleguen que con un simple lavado de cara ya son “democráticas”,
pensamos que no es un argumento válido. Si vemos por ejemplo las “cruces
de los caídos” por “Dios y por España” (quizás la más conocida la del
antiguo Valle de los Caídos) siguen siendo elementos de
exaltación franquista. Las que hay en nuestros pueblos basta con revisar
las actas de pleno de los ayuntamientos franquistas para leer cómo se
erigieron como elementos conmemorativos del triunfo y de exaltación de
“los caídos”. Esos lugares eran los habituales para celebrar actos de carácter fascista.
También habéis realizado rutas guiadas gratuitas sobre los lugares de
memoria: la Mérida de la guerra civil, Montijo o el Badajoz anarquista.
Hace dos semanas hicisteis la última para un grupo de 90 personas. ¿Cuál
es el objetivo y metodología de estas rutas?
Chema:
Nosotros decimos que las “piedras hablan” si sabemos escuchar. Al igual
que los campos de concentración nazis se conservan y se pueden visitar,
son elementos pedagógicos para conocer una serie de hechos de la
historia reciente. En nuestro pueblos y ciudades existen edificios o
lugares de memoria que estuvieron vinculados a la guerra o la represión
(bunkers, trincheras, campos de concentración, prisiones…), por
desgracia, muchos de ellos en ruina o casi ruina y lo más grave, que ni
siquiera sabemos qué eran, para que sirvieron o cuales serían las
condiciones de vida de las personas que allí estuvieron. Una de las
rutas que hacemos es a las “Colonias Penitenciarias de Montijo”, un
eufemismo bajo el que se encontraba un campo de concentración franquista
en el que los presos eran obligados a trabajar en las obras del canal
de la presa de Montijo. No hay ni un solo cartel y nada que identifique
lo que, dentro de ese recinto, sucedía día a día. En estas rutas, además
de la explicación histórica hacemos una recreación o reinterpretación
de aquellas vivencias, nosotros decimos que utilizamos el “método
socioafectivo”: sentir, pensar, actuar. Ponernos en la situación de las
personas que vivieron o sufrieron aquellos hechos y que sirva de impulso
para tomar conciencia y pasar a la acción.

Chema, tú eres profesor en un instituto de Extremadura,
¿qué saben los chavales de la República, la guerra y el franquismo?
¿Cómo son los contenidos del programa y los libros de texto? ¿Abordan lo
que ocurrió en Extremadura en profundidad? ¿Qué piensan los alumnos
sobre estos temas?
Chema: El desconocimiento sobre nuestra
historia más reciente es general entre el alumnado, sea de la etapa que
sea. Hay que tener en cuenta que los alumnos y alumnas se educan de dos
formas: en el centro escolar y fuera del centro escolar. Las redes sociales
e Internet han facilitado un modelo de enseñanza descontrolado,
asocial, que se fundamenta en la mentira y en la tergiversación de los
hechos, con referentes (influencers) y medios de comunicación
interesados en un relato falso, que orienta la intención de voto y la
promueve la opinión de sectores muy determinados de la población. En la
enseñanza formal hemos perdido grandes oportunidades de educar unas
generaciones que sepan defender la democracia, no por culpa del
profesorado, sino por currículos que han priorizado contenidos pensando
en el votante de mañana y no en el alumno o alumna de hoy. Ni tan
siquiera el alumnado universitario conoce qué significa la Constitución
actual, cuál es su contenido o cómo se interpreta, tanto menos el pasado
de la dictadura franquista. En esto han tenido mucha culpa los
gobiernos llamados democráticos, que jamás hicieron una revisión real de
los crímenes cometidos por los franquistas y adeptos a la dictadura, ni
de su discurso. Ahora estamos sufriendo las consecuencias de su
pasividad. La ultraderecha, que es el fascismo de toda la vida pero con
nuevos ropajes, que siempre estuvo ahí, está a punto de devorarles, de
devorarnos a todos.
¿Queréis añadir algo más?
Sí.Este libro trata de dar voz a los olvidados y a las olvidadas. Agradecemos a quienes lo han leído y sobre todo a quienes acuden a las presentaciones, un lugar donde nos reconocemos en el espacio de la memoria, la verdad, la justicia y la reparación.
Más información: el libro Extremadura contra el olvido puede conseguirse escribiendo a la editorial a través de la red social X o pidiéndolo en [email protected]


