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Justicia climática o barbarie

Fuentes: Rebelión

La crisis climática ha dejado de ser una nota al pie en los suplementos de ciencia para convertirse en la línea de fractura política definitiva. Quien siga analizando el calentamiento global como un debate técnico o una cuestión de «conciencia individual» no solo yerra en el diagnóstico, sino que está condenado a perder la iniciativa y el poder. Hoy el clima es el juez que decide quién vive con dignidad y quién queda fuera del mapa.

Demasiados gobiernos —con la Unión Europea a la cabeza— siguen atrapados en una política de escaparate. Planes saturados de palabras biempensantes y horizontes lejanos (2050), pero que no alteran el reparto real del poder. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), los combustibles fósiles todavía representan el 80,9% del suministro global. Esta «negación blanda» solo alimenta el cinismo: se proclama la emergencia pero se protegen los dividendos del oligopolio.

Esta desconexión entre el relato y la realidad no es inocua. Es una negación blanda que alimenta el cinismo social. Cuando los gobiernos proclaman la «emergencia climática» pero no tocan los beneficios de los oligopolios, están enviando un mensaje claro: la transición es un sacrificio que solo deben pagar las mayorías.

Debemos ser contundentes: no hay transición ecológica sin perspectiva de clase. El calor extremo no es democrático; mata más en los barrios con menos renta. La sequía no afecta por igual al pequeño agricultor que al fondo de inversión que especula con derechos de agua.

En España, la transición energética choca contra un sistema diseñado «a propósito» para ser opaco. Como señalan autores como Morales de Lara, el mercado eléctrico opera bajo una información asimétrica que impide a la ciudadanía saber cuánto cuesta realmente producir la energía. Las grandes empresas del sector ejercen un rol de lobby que inmoviliza al Ejecutivo, perpetuando los llamados «beneficios caídos del cielo» de la nuclear y la gran hidráulica

Es aquí donde la propuesta de Carlos Taibo cobra su máxima relevancia: no existe transición ecológica sin conflicto. O se limita el poder de los oligopolios o la crisis se privatiza.

La izquierda radical no puede limitarse a «gestionar» o «acompañar» la transición; debe dirigirla desde la confrontación. Esto exige una confluencia urgente con la corriente anarquista y los movimientos de ecologismo social que Taibo lidera. ¿Por qué? Porque son los únicos que asumen la verdad incómoda: el crecimiento infinito en un planeta finito es un mito suicida.

La acción directa y la desobediencia civil frente a las infraestructuras fósiles y el expolio de recursos no son «excesos», son mecanismos de autodefensa democrática. Si la política institucional se queda de brazos cruzados ante el lobby energético, la calle debe ser el lugar donde se recupere la soberanía.

Frente al miedo al colapso, debemos ofrecer certezas materiales y comunitarias. Una transición bajo control social no es un sacrificio, es una liberación:

– Ahorro y dignidad: Un sistema 100% renovable y eficiente reduciría un 34% la factura de los hogares, eliminando la pobreza energética.

– Empleo de proximidad: La creación de 3 millones de empleos ligados a la rehabilitación y la energía limpia, generando un crecimiento del 2% en el PIB que debe ser redistribuido, no acumulado.

– Autogestión energética: Apostar por la energía solar y las comunidades locales para que el ciudadano deje de ser un rehén del oligopolio y pase a ser productor de su propia vida.

La pregunta no es si habrá políticas climáticas, sino quién las hará y para quién. Sin una transición ecológica justa y radical, lo que viene es una transición autoritaria: control social, muros más altos y exclusión.

La izquierda radical y el anarquismo deben abandonar la comodidad del consenso vacío y confluir en un frente que asuma que la lucha climática no va de salvar el planeta en abstracto. Va de decidir quién tiene derecho al futuro y quién es considerado prescindible. Esa decisión ya se está tomando en los consejos de administración; es hora de que la tomemos nosotros mediante la organización, el apoyo mutuo y la confrontación directa contra los intereses que nos están robando el mañana.

 Bibliografía:

– Taibo, C. (2020): Colapso: Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo.

– Bookchin, M. (2021): La próxima revolución: Escritos sobre ecología social y municipalismo libertario.

– Riechmann, J. (2022): Simbiante: De la dictadura del beneficio a la comunidad de vida.

– Morales de Lara, J. (2012). La trampa tarifaria

– Piketty, Thomas (2021). ¡Viva el socialismo!.

– Agencia Internacional de la Energía (IEA) (2023). World Energy Outlook.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.