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Los canjes deuda por naturaleza 2.0, una falsa solución

Fuentes: CADTM [Imagen: Mohamed Hassan (Pixabay)]

Los canjes deuda por naturaleza (o debt for nature swaps) vuelven con fuerza a la escena internacional. Promovidos como una solución innovadora para reducir la deuda de los países del Sur y financiar al mismo tiempo la conservación de la naturaleza, estos mecanismos fueron ampliamente difundidos en los últimos años, particularmente durante las reuniones de la COP28 en Dubái. Desde hace poco tiempo, aunque no son nuevos —el primer acuerdo de ese tipo fue firmado en 1987 en Bolivia— su uso se ha intensificado.

Últimamente Belice, Ecuador, Mozambique, Gabón y las Islas Seychelles procedieron a este tipo de intercambios. Sin embargo, los de canjes deuda por naturaleza despiertan muchas inquietudes con respecto a su eficacia y a sus impactos sobre los derechos humanos.

En qué consisten los canjes “deuda por naturaleza”

Si bien los canjes de deuda se presentan bajo diferentes formas —canjes bilaterales, multilaterales, implicando a terceros, etc.— y tienen por objetivo diferentes ámbitos —educación, salud, alimentación, infraestructuras, etc.— la atención estuvo últimamente focalizada en los canjes de deuda que tienen por objeto la financiación de proyectos de conservación medioambiental, los famosos canjes “deuda por naturaleza” que implican a las grandes ONGs internacionales.

El principio parece simple: convertir una parte de la deuda de un país en inversiones para proteger sus ecosistemas. Concretamente, una ONG recompra una fracción de la deuda de un Estado, a precio reducido, a los acreedores de ese Estado, ya sean privados o bilaterales. A cambio, ese Estado se compromete a depositar el monto del reembolso de dicha deuda, así como los intereses que la acompañan, en un fondo fiduciario especialmente creado a este efecto por la ONG. El dinero así recolectado en ese fondo servirá para financiar un proyecto de conservación, como la creación de una reserva natural marina o forestal. Según sus promotores, esos acuerdos permitirán a los países aligerar sus deudas a la vez que financian acciones medioambientales, respondiendo así a una doble urgencia: la crisis ecológica y la explosión de las deudas públicas en los países del Sur.

Entre las grandes ONG ávidas de los canjes de deuda por naturaleza, tres son particularmente activas: World Wilde Life Fund (WWF), Conservation International (CI) y The Nature Conservancy (TNC). Esta última, con sede en Estados Unidos y considerada a la vanguardia de la expansión de estos acuerdos, innovó los procesos de recompra de deuda. En un principio la causa fue el aumento considerable de los montos de las deudas reestructuradas y por lo tanto, la amplitud de los proyectos pero más tarde se recurrió a la integración en los procesos de un gran número de intermediarios privados (gabinetes jurídicos y financieros, compañías de seguros, etc.), de estructuras diversas (trust, fondos fiduciarios), así como la emisión de obligaciones [1] en los mercados financieros. Con ese tipo de procesos particularmente complejos, TNC firmó recientemente acuerdos de recompra de deuda con las islas Seychelles, Ecuador, Belice, Barbados y Gabón. Otras negociaciones estarían en curso con una veintena de países.

Ahí está la cuestión. Si los canjes deuda por naturaleza han sido criticados desde su lanzamiento, especialmente con ocasión de la Cumbre de la Tierra en 1992, por numerosas organizaciones de pequeños agricultores y agricultoras o de pueblos indígenas, cada vez hay más actores que cuestionan seriamente sus impactos supuestamente positivos, tanto en la preservación del medio ambiente como en la situación de endeudamiento. También se inquietan por sus repercusiones sobre la soberanía territorial de los Estados.

Aunque estos mecanismos se multiplican y son activamente apoyados por las instituciones financieras internacionales y las Naciones Unidas, es esencial examinar sus límites y sacar a la luz sus eventuales efectos perversos.

Sobre el plan medioambiental

La ONG que emite una obligación para permitir la recompra de la deuda debe, lógicamente, reembolsarla. Una gran parte de los fondos «liberados» en los canjes de deuda por naturaleza arrancan de ese reembolso y también de la remuneración de los intermediarios privados que se aprovechan del canje para obtener beneficios. [2] Las sumas que finalmente se destinan a los proyectos de conservación son, muy a menudo, mínimas con respecto a las declaraciones, provocando, de facto, el cuestionamiento de los impactos benéficos de esos proyectos de conservación. El propio banco Barclays alerta sobre los anuncios tramposos que rodean los canjes deuda por naturaleza y sobre los riesgos del greenwashing. [3] En el caso de Gabón, cerca de 67,5 millones de USD fueron efectivamente destinados a los fondos de protección de la naturaleza, en 15 años, en una operación de 500 millones de USD. El resto sirvió para reembolsar la nueva deuda y para pagar a todas las partes implicadas en el acuerdo, como el Banco de América. [4] En el caso de Belice fueron 84 millones de USD por una recompra de deuda de 553 millones de USD, [5] y de 1.600 millones de USD para Ecuador.

Además de las sumas efectivamente invertidas en los proyectos de conservación, se señala con frecuencia la pobreza de su conceptualización y el seguimiento de los objetivos. Los informes de las organizaciones sobre los canjes deuda por naturaleza se concentran en las ventajas financieras y no proveen ninguna información contextual, tales como los obstáculos políticos y prácticos a los que los países tienen que hacer frente en materia de conservación. Como lo señala André Standing, investigador asociado a la CAPE-CFFA, [6] «el simple hecho de designar una zona amplia del océano como lugar protegido se considera como dinero en efectivo y asimilado a una verdadera salvaguarda de la naturaleza». [7] La organización Latindadd, que efectuó una primera evaluación del proyecto Galápagos en Ecuador, un año después de su puesta en marcha, elevó una constatación demoledora y concluyó que, dada la ausencia de un instrumento de seguimiento y la falta total de información, nada permite afirmar que se haya realizado alguna inversión a favor de la conservación. [8]

Finalmente, inquieta la influencia de las empresas, los gabinetes jurídicos y financieros y hasta la de los consejos de administración de los fondos de conservación creados por la ONG que coordina el canje. Durante el canje deuda por naturaleza que firmó Ecuador, La Galapagos Life Fund estaba dirigida mayoritariamente por actores privados, entre los cuales había representantes de la industria pesquera y del turismo. [9] Por lo tanto, no es sorprendente que esos actores alienten proyectos de ecoturismo y acuicultura comercial en el mismo centro de las zonas de conservación, como en el caso en las islas Seychelles. [10] Las relaciones directas entre las ONG y los sectores contaminantes también plantean problemas, como la organización TNC, que mantiene relaciones con la industria de los combustibles fósiles y posee más de 26 millones de euros en inversiones en la Schell, BPAmérica e incluso Chevron. [11]

Sobre las cuestiones de la deuda

Esos proyectos no garantizan para nada unas medidas de protección eficaces, pero tampoco permiten responder al problema del sobreendeudamiento público. Como muy bien lo demostró la ONG alemana Erlassjahr, los canjes, a pesar de ser presentados como una reducción, incluso anulación de deuda, no lo son. Con el dinero prestado, el Estado recompra una parte de su deuda a los acreedores a precio de mercado. Aunque este pueda ser inferior al valor nominal de la deuda, no existe ninguna reducción. [12] Es, por lo tanto, una recompra de deuda por el Estado con remuneración, de paso, a los bancos y a otros intermediarios, no hay ningún canje ni anulación de la deuda. Por otro lado, es interesante subrayar que las reducciones consentidas por los acreedores bilaterales, como en el caso de las islas Seychelles, están prácticamente siempre contabilizadas como ayuda al desarrollo, y, por lo tanto, representan inversiones que no serán realizadas en otros sectores.

El propio FMI, aunque promueva los canjes de deuda por naturaleza, subraya la ineficacia de esos mecanismos sobre la cuestión de la deuda. Es revelador el hecho de que el canje deuda por naturaleza en Belice, que en ese momento era por una suma récord, no haya tenido incidencia sobre la situación de sobreendeudamiento del país según la institución financiera. [13]

Sería mucho más ventajoso para un Estado suspender el pago de la deuda, realizar una auditoría o, mejor, repudiar una parte. Como peor opción, podría recomprar una parte de la deuda y destinar los intereses economizados a proyectos ecológicos y sociales, como lo hizo Ecuador en 2008, antes que lo hagan una multitud de intermediarios que, encima, le dictarán cómo gestionar su territorio y sus recursos. En lugar de eso, los canjes deuda por naturaleza ofrecen la ilusión de aportar una solución perenne a la crisis de la deuda, aunque no lo sea en absoluto, desviando así la atención sobre la necesidad de acciones más profundas y concretas.

Señalemos también que la legitimidad y la legalidad de las deudas contraídas por numerosos países del sur merecen ser cuestionadas, especialmente, mediante procesos de auditoría con participación ciudadana. Sin embargo, las recompras, transferencias y reestructuración de esas mismas deudas sin auditorías hacen que el trabajo de análisis y seguimiento sea más complicado, incluso imposible, llegando a la legitimación de deudas que deberían ser pura y simplemente anuladas.

Sobre la soberanía y la gobernanza

Por último, una de las mayores inquietudes provocadas por los mecanismos de los canjes de deuda por naturaleza concierne la cuestión de la soberanía de los Estados afectados y de las poblaciones que viven en los territorios objeto del proyecto de conservación.

Esas inquietudes son, por una parte, alimentadas por la falta total de transparencia y participación de las comunidades locales e indígenas en los procesos de decisión, puesta en marcha y seguimiento de los proyectos de conservación. No se hacen públicos ni los contratos de inversiones y conservación, ni los beneficios realizados por los diferentes actores, y las filiales creadas son, casi siempre, sistemáticamente implantadas en paraísos fiscales. [14] En el caso de la reserva marina de las Galápagos, en Ecuador, las comunidades locales e indígenas, algunas de las cuales dependen de la pesca artesanal, no fueron prácticamente consultadas durante el proceso, sufriendo restricciones arbitrarias a los recursos de los que dependen. Por otro lado, en mayo de 2024 un agrupamiento de comunidades y organizaciones puso una denuncia contra la Galapagos Life Fund por la opacidad y «falta de acceso a la información, a la transparencia y por la gobernanza inadecuada en la gestión de los fondos». [15] Lo mismo pasó en Bolivia, donde las medidas de protección obligaron al pueblo autóctono Tsimane a abandonar sus prácticas tradicionales. En otros ejemplos, los acuerdos van totalmente en contra de los intereses y de los derechos más esenciales de las poblaciones. Ese fue el caso en la India o en la República Centroafricana, en las que la WWF fue acusada de haber recurrido a grupos paramilitares en 2017 y 2019 para acaparar tierras de zonas habitadas declaradas como «protegidas». [16]

Por otra parte, a pesar de que uno de los grandes problemas para los países sobreendeudados reside en la falta de recursos disponibles para financiar los gastos esenciales, como los de los sectores de la salud o la educación, es importante señalar que los fondos «liberados» por la operación no pueden ser invertidos libremente por el Estado y no permiten, por lo tanto, responder a los problemas engendrados por la situación de crisis.

Finalmente y sobre todo, esos acuerdos otorgan un considerable poder a las ONG y a las empresas extranjeras. La TNC negocia acuerdos para la protección de 4 millones de km2 de áreas marítimas, es decir, la superficie de la Unión Europea, obteniendo así un poder sin precedentes sobre los territorios de los correspondientes países, pero también, sobre vastas zonas del planeta. Además del control en términos de espacio, los presupuestos otorgados a las estructuras de gestión de fondos son de varias decenas, incluso, centenas de millones de USD y «superan las de los ministerios y eclipsan a las de las organizaciones existentes de la sociedad civil». [17] Esa capacidad de influencia creó una concurrencia directa, incluso un verdadero desequilibrio, entre las agencias gubernamentales y civiles y los actores extranjeros, con frecuencia, estadounidenses y en relación con los medios financieros, erosionando así de manera flagrante la soberanía de los Estados en cuestión.

Conclusión

Si se pudiera explorar otros modelos de canjes de deuda, estos deberían obligatoriamente: evitar la intervención de intermediarios privados motivados por el beneficio, respetar los derechos de las poblaciones locales garantizando su consentimiento libre y consciente, preservar la soberanía de los Estados y promover políticas verdaderamente eficaces en los ámbitos sociales y ecológicos.

El modelo de canjes deuda por naturaleza, tales como el promovido por organizaciones como The Nature Conservancy (TNC), no responde a esos criterios. Por el contrario, más bien se parece a una nueva herramienta de dominación neocolonial que a un mecanismo de lucha contra las crisis medioambientales y de endeudamiento. Esos dispositivos despojan a las poblaciones locales y a los gobiernos de su soberanía, permitiendo a actores del Norte —esencialmente privados— que continúen controlando los recursos naturales y los territorios de los países del Sur, al mismo tiempo que se aprovechan de las vulnerabilidades financieras de los mismos.

Presentados como una solución innovadora, los canjes deuda por naturaleza ofrecen la ilusión de una lucha, pero en cambio llevan a la inacción en dos frentes que necesitan acciones urgentes y radicales.

Por una parte, no suplen para nada la falta total de voluntad política y de inversiones para detener el cambio climático y la crisis ecológica en curso.

Por la otra, lejos de actuar sobre el problema del sobreendeudamiento, los canjes deuda por naturaleza preservan un statu quo maquillado. El reembolso de las deudas y los pagos de los intereses a menudo usurarios que las acompañan drenan actualmente la casi totalidad de las capacidades económicas de los países del Sur hacia los mercados financieros y hacia los países del Norte. Para el CADTM, solamente la anulación de las deudas ilegítimas, acompañada de auditorías ciudadanas transparentes, permitirá restaurar la soberanía de los Estados, devolverles los medios para poder adoptar políticas adecuadas en la lucha contra la crisis ecológica y garantizar la justicia climática y social.

Notas:

[1] Llamadas «azules» en el caso de conservación de áreas marinas y «verdes» en el caso de conservación forestal.

[2] Latindadd, (2025). Canjes de Deuda: ¿solución innovadora o espejismo financiero? Disponible en: https://latindadd.org/todos/canjes-de-deuda-solucion-innovadora-o-espejismo-financiero/

[3] Bloomberg, (2023). Barclays ve riesgo real de lavado verde en canje de deuda ASG. Disponible en: https://latindadd.org/todos/canjes-de-deuda-solucion-innovadora-o-espejismo-financiero/

[4] Irwin. Z, (2023). A $500 million deal to restore Gabon’s coast reignites climate finance debate. Disponible en: https://apnews.com/article/gabon-debt-conservation-environment-ocean-blue-bonds-940b9e3ea3a3e2b03cec41e55e9e8f2c.

[5] Climate Action Network (2023). Climate Action Network position on debt swaps. Disponible en: https://climatenetwork.org/wp-content/uploads/2023/06/CAN-position-on-Debt-Swaps_May-2023.pdf p6

[6] Coalición para acuerdos de pesca equitativos.

[7] Standing. A, (2022). The financialization of conservation. Disponible en: https://longreads.tni.org/the-financialization-of-conservation.

[8] Latindadd, 2024. Canje de deuda en las Galápagos: un año sin inversión en naturaleza. Disponible en: https://latindadd.org/informes/canje-de-deuda-en-galapagos-un-ano-sin-inversion-en-naturaleza/.

[9Ibid. Latindadd, 2024.

[10Ibid. Standing, 2022.

[11] Anne Theisen, 2023. Crítica de la estrategia global de intercambio deuda-naturaleza en África. Disponible en: 22145

[12Ibid. Eurodadd, 2023.

[13] FMI. Belize, Country report, 2022. Disponible en: https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2022/05/10/Belize-2022-Article-IV-Consultation-Press-Release-and-Staff-Report-517761.

[14Ibid. Eurodadd, 2023.

[15] Latindadd, (2024) Canje de deuda en las Galápagos revela poca transparencia. Disponible en: https://latindadd.org/arquitectura-financiera/el-mecanismo-de-investigacion-del-bid-acepta-reclamo-contra-canje-de-deuda-en-galapagos-interpuesta-por-comunidades-locales/?utm_medium=email&_hsmi=95219254&utm_content=95219254&utm_source=hs_email.

[16Ibid. Theisen, 2023.

[17] Financiación de la agenda 30 x 30 para los océanos: Hay que rechazar los canjes de deuda por naturaleza. Disponible en: 21263

Los autores agradecen a Éric Toussaint la revisión de este artículo

Pablo Laixhay , CADTM Belgique

Fuente: https://www.cadtm.org/Los-canjes-deuda-por-naturaleza-2-0-una-falsa-solucion