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Entra en vigor el tratado global de los océanos: ¿y ahora qué?

Fuentes: Climática

Este histórico acuerdo ha sido ratificado por más de 80 países, entre los que no están Estados Unidos, Rusia e India.

Tras casi dos décadas de intensas negociaciones y dos años después de su adopción, el Acuerdo sobre la Biodiversidad Marina Más Allá de la Jurisdicción Nacional (conocido comúnmente como tratado global de los océanos) ha entrado finalmente en vigor este fin de semana. Este acuerdo, el primero de su tipo, establece un marco jurídico vinculante para proteger la vida en la «alta mar», ese vasto territorio que representa más de dos tercios del océano y que, hasta ahora, carecía de una gobernanza clara y sostenible.

El fin de la «tierra de nadie» submarina

Durante décadas, la alta mar –las aguas situadas a más de 200 millas náuticas de la costa– ha funcionado bajo un régimen de libertad casi absoluta. Aunque la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (1994) proporcionaba una base, no profundizaba en la gestión específica de la biodiversidad en zonas remotas. Esto permitía que actividades como la pesca intensiva, la minería submarina y el transporte marítimo operaran en un vacío legal que amenazaba ecosistemas vitales.

Con la entrada en vigor de este nuevo tratado, el océano deja de ser un espacio fragmentado. El acuerdo tiene como objetivo transformar el lecho marino internacional en un entorno gestionado de forma sostenible para el beneficio de toda la humanidad. Esto es crucial si consideramos que el océano profundo alberga más del 90% del hábitat habitable de la Tierra.

Pilares del acuerdo: sostenibilidad y equidad

Entre las disposiciones más destacadas del tratado se encuentra la creación de Áreas Marinas Protegidas (AMP), una herramienta fundamental para limitar la actividad humana en zonas críticas y alcanzar la meta global de proteger el 30% de los océanos para 2030. Asimismo, el acuerdo establece un sistema de reparto equitativo de beneficios derivados de los recursos genéticos marinos, asegurando que los descubrimientos científicos, como nuevos fármacos o materiales, no queden solo en manos de las naciones más ricas.

A esto se suma la obligatoriedad de realizar evaluaciones de impacto ambiental rigurosas para cualquier actividad a gran escala en aguas internacionales, garantizando una rendición de cuentas sin precedentes. Por último, el texto integra una perspectiva humana esencial al reconocer formalmente, por primera vez, el papel de los pueblos indígenas, las comunidades locales y la igualdad de género en la gestión soberana de estos recursos globales.

Un compromiso global con ausencias notables

Hasta la fecha, más de 80 países han ratificado el acuerdo. Potencias como China, Alemania, Francia, Japón y Brasil han dado el paso, integrando estas normas en sus legislaciones nacionales. La ratificación de China es especialmente significativa, dado su enorme peso en industrias como la pesca y la construcción naval.

Gran parte de este éxito se debe al impulso de la llamada «Coalición de Gran Ambición», liderada por la Unión Europea y que agrupa a más de 40 naciones. Esta alianza no solo ha sido el motor político del acuerdo, sino que ha garantizado que el tratado incluya mecanismos de financiación y programas de transferencia de tecnología marina. El objetivo es que los países en desarrollo cuenten con el apoyo técnico y científico necesario para aplicar las normas, asegurando que la protección del océano no sea un privilegio de los países con más recursos, sino un esfuerzo global equitativo.

Sin embargo, el camino hacia la universalidad todavía enfrenta retos. Gigantes económicos como Estados Unidos e India han adoptado el tratado pero aún no lo han ratificado formalmente en sus respectivos órganos legislativos. Otros, como Rusia, se mantienen al margen, argumentando que las estructuras actuales son suficientes. A pesar de estas ausencias, el optimismo prevalece entre los diplomáticos, quienes confían en que los beneficios de un océano gestionado coordinadamente atraerán eventualmente a los países rezagados.

El futuro del océano: de la ley a la acción

La entrada en vigor es solo el comienzo. El verdadero éxito del tratado dependerá de su implementación y de la capacidad de la comunidad internacional para vigilar su cumplimiento. Se espera que la primera reunión oficial para supervisar los avances se celebre antes de que finalice el año.

En un momento en que el mundo enfrenta una «triple crisis planetaria» –cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación–, el Tratado de los Océanos –aun con mucho que mejorar– ofrece un rayo de esperanza. Según el texto del acuerdo, la primera reunión para supervisar los avances en ambos frentes tendrá lugar a más tardar un año después de su entrada en vigor.

Fuente: https://climatica.coop/entra-vigor-tratado-global-oceanos/