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Una estrategia política para el decrecimiento

Fuentes: 15-15-15 [Imagen: Cláudia Salgueiro]

Estoy de acuerdo con lo que escribió recientemente Jason Hickel acerca de la necesidad de un partido político de masas para poner en práctica una política decrecentista, y exponiendo que en la actualidad el movimiento por el decrecimiento no tiene ni un programa político ni capacidad en ese ámbito. Y también estoy de acuerdo con Anitra Nelson, Vincent Liegey y Terry Leahy cuando afirman que el decrecimiento  que es un movimiento. El decrecimiento es un movimiento tanto como lo pudieron ser en su día (o aún son) el de los derechos civiles, por el matrimonio igualitario o el movimiento Sunrise, con independencia de que estén o no organizados como partidos políticos.

Hickel, Liegey, Nelson y LeahyCuando el año pasado propusimos que todo el decrecentismo uniese sus fuerzas de un modo solidario, el primer punto de nuestra propuesta consistía en separar el reconocimiento del estatus y del mérito, ya que creíamos —y yo aún lo creo— que la camaradería y el mutuo entendimiento deberían basarse en principios igualitarios. Esta propuesta ha recibido una comprensión y un apoyo bastante flojos.

Más recientemente, he defendido una sinergia entre las estrategias de base (bottom-up) y la verticalista (top-down). La bottom-up se encuentra cercana a la postura horizontal anarquista, aunque se fija más en las escalas desde lo local a lo regional e (inter)nacional, que en las jerarquías políticas. Quiere esto decir que la estrategia debería comenzar en el nivel local. Del mismo modo, la estrategia top-down quiere decir que se comieza en la escala más amplia, donde opera mediante las respectivas instituciones de amplio alcance.

En cuanto a esto, me gustaría aportar algo más específico a la idea de la construcción de partidos de masas, a partir del reconocimiento del tremendo esfuerzo que se ha venido haciendo por parte de activistas y practicantes del decrecimiento, que en muchos casos ha sido realizado de manera no remunerada, por personas que al mismo tiempo tienen que ganarse la vida. Estos partidos de masas requieren tanto la implicación de las bases, como el diseño de políticas desde arriba (top-down). Sí, hay que hacerse con el poder, pero no podemos hacerlo sin la participación de las masas. Ya sabemos a estas alturas que el decrecimiento es una idea popular, y que esa etiqueta supone una fortaleza más que una debilidad, como muchos han objetado.

El 28% de apoyo en los EE. UU. a la etiqueta decrecimiento sin que lleve una descripción adjunta, supone algo tan significativo como el concepto de «autobuses gratis» del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Ambos conceptos requieren una elaboración para dotarse de pleno sentido. Decrecimiento no es jerga, al menos no más de lo que pueda ser un lema como «autobuses gratis». Lo único que necesita es explicarse, y después de eso, resulta tan bueno como «autobuses gratis», si no más.

Los futuros partidos afines al decrecimiento deberían tener en cuenta las siguientes cuestiones:

Gobernanza basada en sorteo cualificado (selección aleatoria)

Roger Halam, cofundador de Extinction Rebellion, Just Stop Oil e Insulate Britain declaró recientemente a Novara Media que él es un firme defensor de la selección de cargos por sorteo y que confía en que la gente seleccionada al azar estaría a la altura de las tareas. La democracia por sorteo[1], que básicamente consiste en la formación de gobiernos por medio de diferentes formas de selección por lotería, ha sido tratada por numerosos autores. Por citar apenas algunos: Contra las elecciones de David Van Reybrouck, Legislature by Lot: Transformative Designs for Deliberative Governance editado por John Gastil y Erik Olin Wright, The Trouble With Elections de Terrill Bouricius, y George Monbiot en un artículo para The Guardian.

Cuáles fuesen los criterios de cualificación en este proceso sería algo determinado por el colectivo al completo, y podría ir desde un tiempo mínimo dedicado a la organización hasta no trabajar como directivo en una empresa capitalista. La gente que cumpla con estos criterios se colocaría en listas para el sorteo, de las cuales saldrían los cuerpos gubernativos seleccionados al azar, al tiempo que se observarían ciertos criterios demográficos que se considerasen convenientes.

En el Reino Unido este sistema ha sido empleado por Your Party para seleccionar su conferencia de lanzamiento inaugural. Con total franqueza: la democracia representativa es un fracaso y las elecciones, un circo. Si queremos reformar la democracia, hay que abolir las elecciones. Conseguir poner en práctica el decrecimiento debería pasar por la separación entre los procesos de diseñar las políticas y de elegir a quienes las aplican. Quienes escriban dichas propuestas políticas no deberían ser las mismas personas que voten para convertirlas en ley.

No puedo decirlo con más contundencia: un partido de tipo leninista, dirigido por una camarilla de cuadros decrecentistas y expertos va en contra del propósito mismo de la revolución política. El partido de masas debe ser de la gente, en manos de la gente y para la gente, mediante gobernanza por sorteo.

Poner en marcha plataformas populares con firmes políticas limitaristas

Buses gratis, congelar alquileres y sanidad pública gratuita son políticas que pueden hacer ganar unas elecciones. Sin emabrgo, todas las ideas sobre nuevas políticas, sin importar lo buenas o populares que sean, pueden acabar siendo cooptadas por los medios de derechas y por las élites capitalistas. El propio decrecimiento se pinta como una amenaza roja y se asocia con el concepto de austeridad en su tergiversación popularizada por los capitalistas. Un partido de masas debería liderar, de manera alta y clara, mediante la idea de que tener demasiado es una malísima idea, que va en contra de las libertades y del bienestar de la ciudadanía decente y de la resiliencia de la vida en la Tierra. Un partido de masas debe liderar con propuestas políticas anticapitalistas y hacerlo con la etiqueta del decrecimiento. Además, dado que el decrecimiento dispone de un amplio abanico de instrumentos de política, aquellos que golpean en el ethos derechista con más fuerza son los del espacio limitarista[2]límites a la riqueza y racionamiento.

La Renta Básica Universal, los Servicios Básicos Universales, el trabajo garantizado la reducción del tiempo de trabajo siguen siendo las propuestas políticas más populares dentro de la caja de herramientas que ofrece el decrecimiento. No son mutuamente excluyentes sino que se deberían incorporar juntas al programa político de un partido de masas. El trabajo garantizado puede ser el más fácil de promover, aunque fuese remunerado solamente a 15$ la hora como sugiere para el caso estadounidense L. Randall Wray en Understanding Modern Money Theory (2025). En todo caso, el partido de masas debe incluir los topes a la riqueza y fórmulas de racionamiento material.

Presentar candidaturas allí donde los centristas suelan alternarse en el poder con la derecha

En Canadá, el Liberal Party de Mark Carney venció el pasado año no porque la gente los adorase, sino porque los votantes de izquierda y centro-izquierda que normalmente votaban al New Democratic Party (NDP) odiaban a los conservadores. Algo similar sucedió en el Reino Unido. Sin embargo, el NDP no es demasiado afín al decrecimiento, ya que están intentando apartar a un candidato ecosocialista, decrecentista y antisionista de la carrera para liderar el partido.

Tanto en Canadá como en el Reino Unido no existe una alternativa real al status quo centrista que haya ganado unas elecciones. Si un partido de masas con un programa decrecentista presentase candidaturas en circunscripciones de este tipo, tendrían verdaderas opciones de ganar unas elecciones locales o generales. Quizás los británicos Green Party y Your Party estén llamados a cubrir ese hueco. Las y los decrecentistas deberían infiltrarse en ellos y hacerlos moverse hacia un camino decididamente decrecentista.

No necesitamos leer más libros como Sin transición, de Jean-Baptiste Fressoz, acerca de los engaños de la transición energética, o como El calor prolongado de Andreas Malm y Wim Carton sobre los peligros del tecnooptimismo, para convencernos de que abrazar la etiqueta del decrecimiento y la caja de herramientas de instrumentos de política decrecentista son cosas que requieren coraje y una visión muy clara.

Crear una alianza política internacional, como DIEM25 o la Internacional Progresista, o unirse a ellas

Ya tenemos la Red Internacional de Decrecimiento (IDN) pero no funciona como DIEM25 o la Internacional Progresista. No hay que pagar cuotas, no tiene personal empleado ni presenta candidaturas electorales. Habría que contemplar la estrategia de actualizar los objetivos sociocráticos de la IDN hacia un tipo de organización política. Otra opción sería que los miembros de la IDN, y en general las personas decrecentistas, se uniesen a DIEM25, a la Internacional Progresista o a diversos partidos ecosocialistas para infundir el decrecentismo dentro de ellos. En cualquiera de estos casos, la etiqueta del decrecimiento debería ser asumida por quienes lo defienden y tendría que ser descrita y desarrollada cuando la ocasión lo requiriese.

El liderazgo debería estar libre de cualquier posible percepción de elitismo o titulitis

Una estructura de gobierno basada en la selección por sorteo dejaría fuera a los oportunistas y a los trepas. Los partidos socialistas no son inmunes a la corrupción ni al influjo de los intereses especiales. Solamente la democracia por sorteo puede mitigar estos riesgos. El diseño de políticas no puede estar —por principio— en manos de la élite de los ultraexpertos en política. En el modelo de selección por sorteo de Bouricius, las personas expertas pueden seguir aportando significativamente al proceso de diseño de políticas, pero no serían elegidas para posiciones de liderazgo.

Hay que dedicar un esfuerzo importante a popularizar la ética de la suficiencia

Antes de poder convertir en realidad la democracia por sorteo, y una vez que aceptemos el compromiso con la democracia representativa basada en elecciones, las personas que lideren la política tendrían que reconocer la ética de la suficiencia compartida por los seres humanos que no han sido embaucados por el consumismo y la obsesión por marcar su estatus social mediante las posesiones materiales. El modo de vida imperial existe, aunque prefiramos colocar la responsabilidad del lado de quienes diseñan el capitalismo en lugar de hacerlo sobre las opciones de estilo de vida individuales. El modo de vida imperial se refiere a un estilo de vida en el Norte global que depende enormemente de la explotación de los recursos y la mano de obra del Sur global, y que tiene consecuencias en forma de inequidades ecológicas y sociales. Este concepto remarca hasta qué punto las prácticas de consumo cotidianas están entrelazadas con las dinámicas mundiales de poder y con la naturaleza insostenible del capitalismo.

Con este enfoque, el decrecimiento se puede presentar como una ética de liberación de la opresión de la búsqueda de estatus material y como expansión de la capacidad de actuación social (más libertad personal en un contexto social). La reducción del tiempo de trabajo, por ejemplo, es una estupenda herramienta de relaciones públicas para el decrecimiento pero debe estar enmarcada en un contexto de economía desmaterializada y desmercantilizada. Lo mismo podría decirse de la Renta Básica Universal, de los Servicios Básicos Universales o del trabajo garantizado.

Se deben complementar la narrativa y la presentación de políticas con memes hábiles e ideas en forma de píldoras

Un partido de masas no debería temer la adopción de ideas simples que puedan captar la imaginación de la gente. Algo de este estilo: y ¿si todos los productos que importamos del Sur global llevasen códigos QR que nos llevasen a un web donde pudiésemos conocer las condiciones laborales con las que se han producido, los nombres de las productoras, sus salarios, sus condiciones de vida, su estado de salud, de cuánto tiempo libre disponen para disfrutar con sus familias? Y ¿si el mismo código QR te mostrase la riqueza en manos de los propietarios de esas empresas, sus nombres y sus condiciones de vida? ¿Aún comprarías esas cosas? ¿Aún querrías mantener este sistema económico? Encaminar la imaginación de quienes apoyan al partido de masas hacia la empatía y hacia una ética igualitaria a nivel internacional podría ser la clave hacia ese desacomplamiento tan necesario del Sur global con respecto al Norte, tal como los podemos entender en su sentido geográfico.

Diseñar políticas que apunten a la estuctura causal fundamental: el capitalismo

En el enfoque integrativo de las estrategias bottom-up (horizontal) + top-down (vertical), la horizontal es la parte experiencial y la vertical, la estructural. El partido de masas debe ofrecer la experiencia de un nuevo tipo de política y de sociedad, mediante la participación en las luchas locales, escuchando a sus miembros y a la ciudadanía en general, y dejándose influir mediante el crowdsourcing político. Yo he propuesto una herramienta con este propósito: una nube de crowsourcing para el diseño de políticas [crowd-sourced policy cloud].

Los partidos de masas deberían ser amables y acogedores, no excluyentes ni dogmáticos. Al mismo tiempo, deben enfocarse en rediseñar la estructura de la economía atacando y desmantelando las jerarquías capitalistas, desligando el poder de la propiedad, y deteniendo la desposesión de propiedades privadas y comunales por parte del capital. Incluso si se consiguen poner en marcha la Renta Básica Universal, los Servicios Básicos Universales, el trabajo garantizado y la reducción de trabajo, podrían quedar confinados dentro de las fronteras de un país. La descolonización y la desvinculación deben ser también centrales en esta estrategia.

Por dónde comenzarían estos partidos de masas

Para concluir, cabe preguntarse: ¿por dónde comenzarían estos partidos? ¿En qué país? ¿En Rumanía, mi país de origen, donde el partido de extrema derecha lidera las encuestas con casi el 40%, y donde no hay partidos de izquierda, ni siquiera de centro-izquierda? ¿En Alemania? ¿Francia? ¿Italia? ¿En India o China? Una vez que echamos la pesada ancla de la realidad, nos damos de bruces con unas aparentes imposibilidades que son aterradoras. La respuesta es que sí a todo, pero con varias advertencias. En algunos países existen partidos que pueden inclinarse más hacia el decrecimiento. Otros requieren la invención de nuevos partidos desde cero, como Rumanía o Canadá. En todos los casos, la estrategia política hacia un partido de masas debe emerger de la propia masa de personas a la que se supone que debe servir.

Notas:

[1] N. del T.: El término original que utiliza el autor es sortition. En castellano no existe un término fijo para denominar a este sistema electivo ni al sistema de gobierno que hace uso de él, y se pueden encontrar una gran variedad de términos, muchos de ellos no recogidos en los diccionarios: insaculación (más referido al método práctico de realizar el sorteo), demarquíademocracia estocásticaestococracialotocracia… Hemos optado por los descriptivos selección de cargos por sorteo o democracia por sorteo.

[2] N. del T.: Limitarian en el original.

Vlad Bunea, Investigador en la Universidad de York y del Degrowth Research Circle. Ensayista y videoensayista. Editor de la Sufficiency and Wellbeing Magazine. Miembro fundador del Degrowth Collective y de la Red Internacional de Decrecimiento, y miembro adjunto del Post Growth Institute.

 (Publicado originalmente en inglés en el Substack del autor. Traducido por Manuel Casal Lodeiro.) English

Fuente: https://www.15-15-15.org/webzine/2026/01/09/una-estrategia-politica-para-el-decrecimiento/