Una mujer ha necesitado más de 40 años para denunciar los abusos sexuales que sufrió de Suárez cuando ella tenía 17 años y el recién expresidente 50. Ya no se le puede juzgar pero sí retirar su nombre del aeropuerto de Barajas.
El pasado 9 de diciembre una mujer presentaba una denuncia formal contra Adolfo Suárez, expresidente del gobierno de España entre 1976 y 1981, por abusos sexuales cometidos entre 1983 y 1985, cuando ella era una menor de17 años y Suárez ya había cumplido los 50. La víctima, entrevistada en los medios con el nombre ficticio de Ariadna, ha necesitado años de terapia debido alas secuelas psicológicas padecidas, que se han visto agravadas por el reconocimiento público, mediático e institucional que la figura de Suárez está recibiendo actualmente con motivo de los 50 años transcurridos desde la desaparición física del dictador y el inicio del proceso de transición a la «democracia». Ariadna es consciente de que la denuncia no tendrá recorrido penal debido al fallecimiento del agresor en 2014 y la prescripción legal del delito, pero espera que su caso sirva, al menos, para «remover conciencias» y conseguir la retirada de honores, especialmente la dedicatoria a Suárez del aeropuerto de Barajas.
Ariadna tiene toda la razón. E incluso ya antes de hacerse públicos estos hechos existían motivos políticos y legales suficientes para no haberle dedicado calles y plazas a lo largo y ancho del país a uno de los principales prebostes del tardofranquismo. Suárez es el mejor ejemplo de quienes una noche se acostaron franquistas y por la mañana se levantaron demócratas. Cuando en 1968 fue nombrado gobernador civil de Segovia, su primer acto público fue la inauguración del complejo urbanístico Los Ángeles de San Rafael junto a Jesús Gil, propietario de la urbanización. Durante la ceremonia se celebró un casposo concurso de Miss Madrid, en cuyo jurado participaban Luis María Ansón y el cantante Raphael, entre otros. Exactamente un año después, 58 personas fallecían al derrumbarse el techo de uno de los edificios donde se celebraba un banquete. La obra carecía de todos los permisos e informes preceptivos y, por no tener, ni siquiera tenía arquitecto y aparejador. Pese a lo cual el anteproyecto de la urbanización había sido aprobado por la Comisión Provincial de Urbanismo, presidida por el gobernador Suárez.
Jesús Gil fue sentenciado a cinco años de prisión pero solo cumplió unos meses de condena porque recibió el indulto del generalísimo. De manera que siguió construyendo el emporio que le llevaría a ocupar la presidencia del Club Atlético de Madrid y la alcaldía de Marbella. A inicios de los años 90 presentó en la cadena Telecinco el lamentable programa «Las noches de tal y tal», donde lo mismo disertaba de política que de fútbol metido en un jacuzzi y rodeado de chicas en bikini.
A su vez, Suárez fue condecorado por Franco con la Gran Cruz del Mérito Civil por su comportamiento durante la hecatombe en Los Ángeles de San Rafael. A partir de ahí, su meteórica carrera le llevó a ocupar los cargos de director general de RTVE (1969-1973), vicesecretario general del Movimiento (1975) y ministro-secretario general del Movimiento (1975-1976), antes de ser nombrado presidente del Gobierno por el monarca, con quien despachaba habitualmente desde 1969.
En 1981,el rey Juan Carlos I pagó a Suárez doscientos millones de pesetas del dinero recibido de Arabia Saudita para agradecer su dimisión y garantizar su silencio sobre secretos compartidos
«Adolfo era de misa y comunión diaria y, como opusdeísta ferviente, frecuentaba los locales residenciales del Opus Dei», cuenta Gregorio Morán en su libro «Adolfo Suárez. Historia de una ambición». De hecho, llenó RTVE de miembros dela «Obra» durante su período al frente del ente, donde aplicó con profusión la censura conforme al fundamentalismo franquista y opusiano: «Deben excluirse las efusiones eróticas» y «consecuentemente, no se permitirán los besos apasionados en los labios […] Tampoco se permitirán demostraciones amorosas en la cama, ni aquellas en que los cuerpos se hallen en posición horizontal», dictaban las normas de la censura para las películas.
La mayoría de aquellos a quien la historia oficial cataloga de «padres» de la democracia (nunca habla de madres) eran también padres de familia, católicos, apostólicos y romanos. Y además de fachas y corruptos, unos cerdos agresores que siempre consideraron a las mujeres un producto de consumo. El actual rey emérito, sin ir más lejos, mintió durante años con ayuda de los medios sobre su supuesto matrimonio ejemplar y modélico, mientras se servía de los servicios de información del Estado para vigilar sus picaderos y garantizar que los escándalos de sus abusos (que sus acólitos denominan «ligues») no saliesen a la luz pública. En 1981,pagó a Suárez doscientos millones de pesetas del dinero recibido de Arabia Saudita para agradecer su dimisión y garantizar su silencio. Porque entre ellos ha funcionado siempre la omertá del puticlub, que garantiza el silencio sobre lo que pasa entre sus muros.
—Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?
—Y luego, ¿por qué me lo preguntas?
Fuente: https://mundoobrero.es/2026/02/24/adolfo-suarez-padre-de-la-democracia/
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