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Memoria y cultura

Luis Sepúlveda: escribir contra el olvido

Fuentes: Rebelión

El fin justifica lo que escribo (prólogo del libro Un amor fuera del tiempo. Mi vida con Luis Sepúlveda de Carmen Yáñez)

Hoy, 16 de abril, se cumplen 6 años de la partida de Luis Sepúlveda. La fecha nos invita no solo a recordarlo, sino también a volver a una obra que, con el paso del tiempo, ha demostrado una vigencia profunda que acompaña. “La literatura es una forma de memoria”, afirmó Sepúlveda en más de una ocasión. En esa idea se condensa una ética y una poética: escribir no solo como un ejercicio estético, sino como una manera de resguardar lo vivido, de dar sentido a la experiencia y de compartirla con otros.

Autor de libros inolvidables como Un viejo que leía novelas de amor, Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar Patagonia Express, Sepúlveda fue uno de los narradores chilenos más leídos en el mundo. Su obra, que ha sido traducida a numerosos idiomas, logró tender puentes entre diversos lectores. La vida de Sepúlveda estuvo profundamente atravesada por los grandes procesos históricos de su tiempo, por un compromiso político que lo llevó a la militancia, a la cárcel y el exilio, tras el golpe de Estado de 1973. Lejos de quedar reducida a esas experiencias, su literatura las asume y las transforma. A 6 años de su muerte, su legado continúa también en la voz de Carmen Yáñez Hidalgo, poeta y compañera de vida.

En su libro Un amor fuera del tiempo. Mi vida con Luis Sepúlveda, la escritura se vuelve un espacio íntimo donde memoria, amor y pérdida se entrelazan. “Escribo para tener y conservar la memoria, porque sin ella no hay futuro”, señala Yáñez en el prólogo. Desde esa certeza, reconstruye no solo una historia personal, sino también una vida atravesada por la literatura, la política y el exilio. Su testimonio se detiene en lo cotidiano, en los gestos mínimos, en aquello que muchas veces queda fuera de los relatos públicos, pero que sostiene el sentido de una vida compartida. El libro no busca clausurar una historia, sino prolongarla. Es, en sí mismo, un acto de memoria y de resistencia: una forma de seguir nombrando, de seguir escribiendo, de seguir acompañando. Recordar hoy a Luis Sepúlveda es, entonces, volver a sus libros, pero también aceptar la invitación a conocerlo desde la mirada de Carmen Yáñez. Porque si la literatura es, como él dijo, una forma de memoria, entonces leerlo —y seguir escribiéndolo— es también una manera de mantenerlo vivo.

El fin justifica lo que escribo (prólogo del libro Un amor fuera del tiempo. Mi vida con Luis Sepúlveda de Carmen Yáñez)

En el año 2020 llegó la pandemia a España y alcanzó nuestra casa enlutándola para siempre, llevándose a mi Lucho, mi referente en el mundo, mi cómplice, mi amor, mi compañero. 

Escribo para tener y conservar la memoria, porque sin ella no hay futuro. Escribo para no olvidar que el terror del infierno está aquí, convive con nosotros, y es una eterna lucha fratricida entre el bien y el mal. Nuestras únicas armas son esas hojas blancas que esperan ser las emisoras de historias fantásticas que nos llevarán a conocer otras realidades, otros sueños parecidos a los nuestros, o no, y la pluma, para alcanzar la justicia y la equidad. 

Y porque no bastan las historias para contar su latido, la intimidad, sus claros y oscuros donde se mide la dimensión de los hechos, esas pequeñas cosas de las que está construida la vida, la cotidianidad del tiempo y del espacio. 

Uno de mis poetas de referencia, catalán, Joan Margarit, contestó así una vez a esta pregunta que siempre está latente (pregunta reiterativa): 

¿Por qué escribimos? Él, sin empacho, contestó: Porque sigo enamorado de mi mujer. Una buena razón, una de las tantas razones para interpretar el mundo y el amor, aunque a veces nos parezca exigua. 

Clic para leer el capítulo: Mi vida con Lucho 

* Fotografías de Daniel Mordzinski (en el libro Un amor fuera del tiempo. Mi vida con Luis Sepúlveda)