Recomiendo:
0

El modelo de Rufián y la unidad alternativa

Fuentes: Rebelión

Algo ha comenzado a cambiar ante la evidencia pública de que el declive y la división de las izquierdas alternativas, con su trayectoria de rivalidad, particularmente entre la coalición Sumar y Podemos, perjudicaba la credibilidad de ambos y la del conjunto progresista para representar y conducir los asuntos públicos. Lo que hasta ayer era desprecio, prevención o silencio, hoy empieza a ser para los grupos políticos de izquierda una necesidad imperiosa de definición y propuesta. También para la dirección socialista que comprueba que solos no pueden alcanzar la representatividad parlamentaria suficiente para gobernar.

Hasta hace poco primaba la competencia, cuando no la abierta confrontación, entre los tres actores alternativos principales: la coalición Sumar, en proceso de renovación impulsado por sus cuatro grupos principales (Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comuns), Podemos y las izquierdas nacionalistas (ERC, EH-Bildu, BNG). Su primacía era su autodesarrollo, con posiciones diferenciadas; lo secundario era la cooperación en torno iniciativas compartidas… siempre en función del propio refuerzo político. No obstante, se ha producido un cambio de clima público y actitud social sobre la deseabilidad de la unidad, ante la percepción de los grandes desafíos que tienen las izquierdas y la gobernabilidad progresista.

Aquí voy a analizar la iniciativa de Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, que ha lanzado su idea de que algo unitario deben hacer las izquierdas al Partido Socialista, estableciendo puentes de diálogo con ellas, con la primacía en las listas electorales en cada provincia de la formación más representativa, dando por supuesto que la hegemonía en su territorio la debe tener la respectiva fuerza nacionalista.

Como se sabe, en el primer acto, en Madrid, participó Emilio Delgado, portavoz adjunto de Más Madrid, que aprovechó para avanzar su programa transversal de centroizquierda, dando por supuesta la primacía de su grupo político en esa Comunidad y sin ocultar su preferencia por la colaboración con otras fuerzas territoriales (Compromís, Chunta Aragonesista, Més Mallorca…).

En el segundo acto, en Barcelona, estuvo acompañado por Irene Montero, eurodiputada y candidata de Podemos, que insistió en construir una izquierda fuerte, sin mencionar a los grupos de la coalición Sumar, en torno a Podemos y en tándem con el propio Rufián en un liderazgo conjunto. Sin embargo, éste se desentiende de tener un papel representativo fuera de Catalunya y solo se empeña en colaborar con esa unidad en el resto de España, con el reclamo a su partido, ERC, y las fuerzas nacionalistas para que tengan un papel más dirigente en ese proceso.

Y el tercer acto previsto, en Valencia, junto con Mónica Oltra, candidata de Compromís a la alcaldía de su capital, que se ha abierto a una alianza bajo su prevalencia con el resto de grupos de izquierda, en particular con IU y Podemos, con las reticencias de su jefe de filas Joan Baldoví.

Por tanto, se está modificando el clima sociopolítico en la izquierda social y el electorado progresista; se están generando nuevas expectativas mediáticas sobre la conveniencia de una convergencia electoral de las izquierdas alternativas que sea capaz de activar a la ciudadanía, aumentar su influencia política y convertirla en mayor representación parlamentaria para condicionar una gobernabilidad progresista.

No obstante, las direcciones de las tres formaciones nacionalistas implicadas, que se consideran más estables y hegemónicas en sus territorios, han dado un portazo a la posibilidad de compartir candidaturas con los demás grupos políticos, o a tener una actividad articuladora de una alianza formal en el resto de España, más allá de la colaboración habitual.

Dos observaciones se pueden hacer. La primera que, en Catalunya, en las últimas elecciones generales la coalición Sumar-En Comú Podem, obtuvo más votos que ERC, por lo que la primacía representativa estaría en disputa. Así, aunque Irene Montero y Podemos (y Podem, que representaba el 15% de los escaños pactados) acepten el liderazgo de ERC en Catalunya, en reciprocidad con el aval al suyo en (el resto de) España, la propuesta tiene poco recorrido, ya que desconsidera la existencia de los Comuns y la coalición Sumar, es un marco inaceptable para ellos, es rechazada por ERC y solo sirve, fundamentalmente, para dar un espaldarazo puntual al liderazgo morado.

Otro plano es el de la configuración de un frente de izquierdas en Catalunya entre todas las fuerzas soberanistas de izquierda, especialmente, para las elecciones catalanas de 2028, con la expectativa abierta de lograr la mayoría relativa para alcanzar la Generalitat y cuyo encabezamiento y orientación tampoco están exentos de controversias.

La segunda observación tiene que ver con el diagnóstico sobre los equilibrios representativos entre los dos bloques, las izquierdas nacionalistas y las izquierdas federales/confederales, así como el diseño y la prioridad de la reforma territorial. Por parte de Rufián, ante la situación de la actual debilidad de las segundas, da por supuesto la prevalencia política de las primeras, también para promover su articulación en el conjunto del Estado.

Es cierto que, según la media de los estudios demoscópicos y yendo por separado, ambos bloques estarían empatados en escaños, en torno a unos 15, aunque en el caso del 23J la coalición Sumar, con Podemos, consiguieron 31 escaños, o sea el doble que las izquierdas nacionalistas. Pero, si comparamos el nivel de voto, más directamente representativo de cada cual, la diferencia es de tres millones (unos dos millones y medio contando su declive posterior) a un millón. Y, además, con su asimetría representativa entre la (nueva) coalición Sumar, con cerca de millón y medio, y Podemos, en torno al millón.

En ese sentido, es excesivo pensar que la hegemonía global de este campo alternativo deba corresponder a las izquierdas nacionalistas, cuestión a la que ellas mismas, de forma razonable, no aspiran, aunque tengan el interés por una gobernabilidad progresista. Al igual que es demasiado pretencioso expresar que el liderazgo del tándem Rufián/Montero, aprovechando la ausencia de un liderazgo fuerte en la (nueva) coalición Sumar, puede arrastrar y representar al conjunto de ese electorado alternativo y prevalecer en España, sin reconocer ese tercer bloque y el peso político que representa.

En definitiva, se ha iniciado un proceso positivo de conversación pública en torno a la deseabilidad de una mayor colaboración en las izquierdas alternativas, permitiendo superar algunos desencuentros anteriores, pero todavía falta mucho recorrido por hacer y bastantes dudas y distancias por superar.

Antonio Antón. Sociólogo, politólogo y escritor

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.