Anarquista a lo largo de toda su vida, con el tiempo hizo de la educación su vocación principal. La universidad platense fue su principal ámbito de acción durante décadas. Referente del movimiento libertario, estuvo en el núcleo de ácratas argentinos que desempeñó tareas organizativas, educativas y propagandísticas durante el conflicto bélico español.
Nació el 11 de noviembre de 1904, en La Plata, en el seno de una familia de inmigrantes italianos, hijo de Próspero Lunazzi y María Scotti. Creció en los talleres de imprenta que su familia materna tenía en la ciudad (Talleres Gráficos Olivieri Domínguez). Eran un espacio de reunión de la intelectualidad y la bohemia platense de la época. Ámbito propicio para formarse desde temprano en el aprecio por la tarea intelectual y el inconformismo.
Hizo los estudios primarios en la Escuela Experimental Anexa de la Universidad Nacional de La Plata. Cursaba el secundario en el Colegio Nacional de la misma universidad cuando en 1918 se inició el movimiento de la Reforma Universitaria. Lidera entonces un grupo estudiantil que busca extender el movimiento nacido en Córdoba a la capital bonaerense.
A los veinte años ejerce como maestro rural —en La Pampa, en Remedios de Escalada y en Tigre— según la pedagogía inspirada en la escuela moderna del anarquista catalán Francisco Ferrer Guardia. El que fuera fusilado en 1909 bajo la acusación de haber instigado la revuelta conocida como la “Semana Trágica” de Barcelona.
En la década de 1920, en sus años de estudiante universitario, integró —junto a Enrique Balbuena, Fernando del Intento, Jacobo Maguid, José Grunfeld, Jacobo Prince, Segundo del Río— la Agrupación Anarquista «Ideas», colaborando en la revista del mismo nombre, la que tuvo una extensa vida entre 1909 y 1932.
En esa época colabora también en Pampa Libre, periódico quincenal anarquista de la ciudad de Santa Rosa y en Humanidad, revista mensual, asimismo de orientación libertaria.
Además, milita en el Partido Federado en la Facultad de Humanidades, llegando a ser tiempo después Presidente de la Federación Universitaria de La Plata (FULP). En ese período brilló como un exaltado dirigente, valeroso e incondicional a la hora de la defensa de la libertad en el seno de las universidades.
En la década de 1920 participa de las campañas por la libertad de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti; y de Simón Radowitzky. Por años el movimiento obrero y otras organizaciones cuestionadoras se movieron al compás de esas luchas por la libertad de trabajadores a quienes el sistema escogía como sujetos de venganza y sanciones ejemplificadoras.
Tras el golpe militar de septiembre de 1930, la FULP se embarca en la defensa de la autonomía universitaria. Lunazzi es detenido. Comparte cárcel en Villa Devoto con Marcos Dukelsky, los hermanos José y David Grunfeld, y Jacobo Maguid. Parte de lo más selecto de la dirigencia libertaria de la época.
Una vez liberado, se exilia en Montevideo, donde traba amistad con Luce Fabbri, la célebre anarquista italiana exiliada en la capital uruguaya, hija del dirigente Luigi Fabbri. Ella era una intelectual de primera línea, con fuerte vocación por la labor educativa, tal como Lunazzi.
Ese mismo año se gradúa como Profesor de Filosofía y Letras. Colabora en las revistas anarquistas Nervio y Símbolo , esta última de Rosario.
En 1935 está entre los fundadores, junto a José Grunfeld, Juan Lazarte, Jacobo Maguid y otros, de la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA). Un emprendimiento de reorganización y articulación del anarquismo que actuará como centro de irradiación del pensamiento y la acción libertarios.
La guerra de España.
Luego del golpe militar de julio de 1936 en la península, Gastón Leval envía a la FACA fondos para que viajen cinco argentinos para reforzar tareas en el frente y en la retaguardia. La Federación había analizado el tema y decidió enviar un pequeño contingente de dirigentes y cuadros políticos para colaborar en tareas específicas.
Lunazzi va a incorporarse así a un proceso de traslado a España de un grupo de cuadros ácratas de alto nivel que no van allí para desempeñarse en las trincheras de combate sino en tareas de organización, formación o propaganda para las que se hallaban habilitados por su elevada preparación.
El núcleo inicial lo conformaban Jacobo Maguid, José Grünfeld y su pareja Ana Piacenza y Jacobo Prince.
Lunazzi formaría parte de un segundo grupo. En marzo de 1937 se embarca en el Island Brigade con pasaporte falso a nombre de Ángel Rodríguez. Desembarca en Francia y cruza los Pirineos rumbo a Barcelona con otros compañeros que facilitan su ingreso al territorio de la Segunda República. En la capital catalana lo esperan sus compañeros Grunfeld y Maguid.
Desempeña durante el resto del año distintos cargos asignados por la CNT y la FAI. En primer lugar, en marzo de 1937 se integró en la Sección de Agua, Electricidad, carburantes y gas del Consejo de Economía de Cataluña, donde se desempeñaba Diego Abad de Santillán.
Asumió por entonces la dirección de la revista anarquista Tiempos Nuevos, en Barcelona. Colabora asimismo en el periódico Tierra y Libertad. Y participa activamente como orador y organizador en el movimiento libertario español como afiliado del Sindicato Único de la Enseñanza. En el Pleno Nacional celebrado el 11 de mayo de 1937 fue nombrado miembro de la Comisión Económica del Comité Peninsular de la FAI.
También fue delegado de la Asociación Libertaria Estudiantil de Argentina en España. Cuando el gobierno republicano traslada su sede desde Madrid a Valencia, se instala en esta última ciudad asumiendo como Secretario de propaganda y director de la revista Nosotros.
Entre marzo y noviembre de 1937 dictó conferencias y mítines en toda la Península. Cruza nuevamente los Pirineos en noviembre de 1937, ahora rumbo a Francia, para emprender un riesgoso viaje por la Italia fascista y la Alemania de Hitler. Lo hace junto su amigo David Kraiselburd, abogado y corresponsal del diario El Día de La Plata. Algunos compañeros en España los acusan de deserción.
Al parecer habían viajado sin dar un debido aviso. Esa salida intempestiva pudo tener que ver con la decepción con la causa antifascista luego de que se reprimió y anuló a un baluarte libertario como eran las comunas de Aragón. Y ya no le quedó a la CNT-FAI un espacio de construcción revolucionaria con juego propio.
Las esperanzas abiertas en las jornadas de julio de 1936 en Barcelona aparecían perdidas. La esquiva posibilidad de ganar la guerra contra el fascismo podía no constituir estímulo suficiente para proseguir la lucha en la península.
Años después Lunazzi escribiría acerca de su experiencia hispana. Por desgracia el libro testimonial que elaboró ha quedado inédito hasta el momento. Se titula Mi corazón estuvo en España. Un joven libertario argentino en las jornadas de 1937. Horas vividas y experiencias. Barcelona, Valencia, Madrid.
Los presos de Bragado. La universidad.
De regreso a la Argentina en enero de 1938, Lunazzi participa en la campaña por la libertad de los Presos de Bragado —Pascual Vuotto, Santiago Mainini y Reclus de Diago.
Cabe la recordación de que se trataba de anarquistas presos y condenados por la colocación de una bomba que causó dos muertes en la casa de un dirigente conservador llamado José Blanch. Ocurrió en 1931, durante la dictadura de José Félix Uriburu.
Los prisioneros fueron torturados hasta que firmaron declaraciones inculpatorias. La policía tuvo un papel protagónico y el poder judicial convalidó con una condena a prisión perpetua por homicidio a los tres. Y a otros dos militantes como cómplices.
Se hizo caso omiso de las incoherencias de todo tipo en la acusación y de la constatación de torturas por parte de un médico de la policía. Los de Bragado estuvieron encarcelados durante 11 años, hasta que se abrevió la condena y salieron en libertad.
El movimiento de solidaridad fue de tanta relevancia, local e internacional, que se llegó a compararlo con el desatado años antes en torno a las condenas de Sacco y Vanzetti en Estados Unidos. La diferencia fue el éxito final de la campaña, a diferencia del trágico resultado en el país del norte.
El dirigente anarquista fue el principal vocero de las exigencias de libertad en el ámbito platense. Mientras el abogado Carlos Sánchez Viamonte, de la misma ciudad, encabezaba la defensa jurídica.
Al tiempo Lunazzi inicia una prolongada carrera docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. A lo largo de esa trayectoria fue secretario del Departamento de Ciencias de la Educación, dirigió el Seminario de Ciencias de la Educación y dictó las cátedras de Pedagogía Diferenciada y de Historia de la Educación. Todo en la Facultad de Humanidades de la universidad platense.
Sigue integrado al reformismo universitario y a las luchas por la defensa de la autonomía de las universidades y del laicismo. Los que serían obturados, primero por la dictadura iniciada en junio de 1943 y luego por el gobierno de Juan Domingo Perón como presidente.
Expulsado de la universidad platense por su oposición al gobierno peronista iniciado en 1946, retorna a la docencia universitaria después del golpe que derroca a Perón.
En esos años apoyó a la Unión Socialista Libertaria (USL) de La Plata, representante del «Socialismo Libertario» o «Constructivismo».
Ésta era una corriente ácrata que descartaba cualquier planteo insurreccionalista y predicaba la acción constructiva. Proponía a ésta sobre la base de la autogestión, la educación y la creación de alternativas comunitarias sin intervención del Estado.
Su perspectiva podría caracterizarse como reformista en lo social. Claro que sin centrarse en cambios producidos desde la legislación y la acción estatal, como en el reformismo de raigambre socialdemócrata.
Entre 1962 y 1964 dirige la Escuela Superior de Bellas Artes, promoviendo las “Jornadas del Nuevo Mundo del Niño” y el “Primer Festival de Cine Infantil”.
Es nuevamente cesanteado de su cargo en la UNLP tras el golpe militar de 1976. Luego del final de la dictadura, en 1984, es reincorporado y designado “profesor extraordinario consulto”.
A su ya avanzada edad se doctoró en Ciencias de la Educación en 1987, con la tesis titulada Finalidades, objetivo e ideal educativo 1946-1986. En 1994 la Ciudad de La Plata lo nombró «Ciudadano ilustre».
El Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana celebrado en la Universidad de Campinas, Brasil, le rindió un homenaje junto a Paulo Freire y otros destacados pedagogos.
También desarrolló una fecunda labor como escritor, que estuvo sobre todo ligada a su pensamiento en materia educativa.
Publicó varios libros de esa temática. Como Reconstrucción educacional, de 1939; Deserción escolar y analfabetismo. Sus aspectos y cómputos, especialmente en la Provincia de Buenos Aires, 1940; Federalismo y educación, 1972; Futurología del taller y de la escuela, 1979; Federalismo y educación en una Argentina plural, 1993.
También escribió un trabajo acerca de quien fuera su mentor y maestro en las cuestiones pedagógicas, Alfredo D. Calcagno. Pasión educadora, calor cívico, 1965.
Murió en La Plata, en abril de 1995. Quedó como ejemplo de conjunción de la militancia perseverante y la labor académica consecuente. Tres años después de su muerte apareció un trabajo biográfico que recoge las grandes líneas de su itinerario, con particular atención a su desempeño en la universidad platense: José María Lunazzi. Semblanza de un socialista libertario, de Carlos José Rocca.
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