Dicen que Raúl está en las profundidades de una caverna temblando de terror, porque lo llamaron a juicio en Estados Unidos.
Podría ser que le estuviera sucediendo si fuera como la inmensa mayoría de presidentes en el mundo, que ni han pagado servicio militar, como Trump, por ejemplo. Esos que a los primeros tiros se meten bajo la cama, se meten al búnker o se ponen al final de todas las tropas.
Raúl es un guerrillero. Junto a Fidel y otros se autoformó desde jovencito como guerrillero para llevar la lucha armada clandestina contra uno de los gobiernos más violentos de América Latina, que tenía el apoyo de Washington. Muy pronto instruyó a otros jóvenes como guerrilleros. Y también los formó políticamente, algo esencial en esas luchas. Después de varios años de combates en las montañas, arriesgando la vida cada minuto, se tomaron el poder, aquellos guerrilleros.
Y ahí llegó la verdadera guerra: tuvieron que aprender a crear un estado revolucionario. Y si ya eso era complicado, hacerlo en medio de agresiones militares y terroristas preparadas por Estados Unidos, multiplicaba el reto. Lo hicieron como guerrilleros. Y como tales enfrentaron el intento de invasión por Bahía de Cochinos. Fidel, el Che, Raúl y demás dirigentes no mandaron las tropas, mientras se metían a los refugios, rodeados de guardaespaldas, como quizás hizo el presidente Kennedy, por si de pronto algún tiro llegaba a la Casa Blanca. Y esos que en ese momentos eran soldados principiantes le propinaron a Estados Unidos la primera derrota militar de su historia. Con la experiencia y valentía del ser guerrilleros.
Estados Unidos decidió que debía eliminar a Fidel, el Che y Raúl para acabar con esa molesta revolución. Y todas sus agencias de muerte, apoyadas por sicarios y mercenarios, empezaron una caza implacable que duró años, décadas. Al Che lo capturaron, pero peleando. La orden de asesinarlo, desarmado, tirado por el piso herido, lo dieron criminales de saco y corbata sentados en Washington. Tenían terror de ese guerrillero. Y muerto les siguió quitando el sueño.
El libro Guinness de récords dice que Fidel sufrió casi 700 atentados. Murió con las botas puestas: por guerrillero nunca pudieron con él.
Un día Fidel dijo que más debían cuidar a su hermano Raúl. Supongo que por todos los secretos de la seguridad del Estado y la revolución que tenía Raúl. Mientras que Raúl, con alma de guerrillero en cada poro, cuidaba a su hermano Fidel y a los demás hombres y mujeres que estaban al frente de la revolución. Y al país entero.
Me ha encantado escuchar a Raúl contando historias, pues narra los hechos como si fuera un vecino en el barrio, con o sin uniforme. Me da pena que hasta hoy no he podido escucharlo en vivo y en directo, como se dice. Cuando he pensado qué le podría preguntar, concluyo que nada. Solo decirle que mi cumpleaños es tres días después del suyo.
Entonces, si Trump y sus nefastos seres que lo rodean creen que Raúl está aterrorizado con sus amenazas, sepan que casi nace siendo guerrillero. Como guerrillero ha vivido, ayudado a gobernar, dirigido a las Fuerzas Armadas y de seguridad. Y un guerrillero de esa estirpe no se quita las botas ni para ducharse. Se vacunó contra el miedo con los primeros tiros en las montañas de guerrillero. Hasta último momento de su vida, este guerrero mantendrá el dedo en el gatillo esperando que lleguen los enviados del enemigo que, como todo cobarde, da órdenes de matar desde la lejanía. Y listo no tanto para defender su pecho: para pelear por su pueblo.
Raúl, ¡feliz cumpleaños!
Hernando Calvo Ospina. Periodista y escritor colombiano, radicado en Francia. Autor del libro «Ron Bacardí: la guerra oculta», entre otros. Integrante de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad
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