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Filosofía del Documental

Chiapas: el estado de la memoria en la memoria del Estado

Fuentes: Rebelión

Memorias del olvido: México es un rompecabezas de espejos interrogantes donde las contradicciones históricas se multiplican en desigualdades. Juego de espejos rotos, partidos en clases históricas. Interrogación también de espíritus que toman por asalto la memoria para hacerse cargo del futuro. País de espejos líquidos, territoriales y sanguíneos, teñidos con escaramuzas de olvido, subterfugios y […]

Memorias del olvido:

México es un rompecabezas de espejos interrogantes donde las contradicciones históricas se multiplican en desigualdades. Juego de espejos rotos, partidos en clases históricas. Interrogación también de espíritus que toman por asalto la memoria para hacerse cargo del futuro. País de espejos líquidos, territoriales y sanguíneos, teñidos con escaramuzas de olvido, subterfugios y exhumaciones. Tensión de imágenes en lucha.

1994 encontró a los mexicanos borrachos (entre otras cosas) de navidad, año nuevo y sobredosis de TLC1[1]. Nos despertó temprano la Historia con sus viejas-nuevas bocinas de revolución llegadas, esta vez, desde Chiapas2[2] espejo, fondo y deseo: indígena, armado y zapatista.

1994 trajo, incluso, una bofetada revolucionaria y amorosa. Que duele y despierta, tal cual.

1994 nos encontró desorganizados, desanimados, sometidos y dóciles.

¿Cómo aguantamos tanto?

«Si las voces que escriben la historia hablan de descompás, es porque la voz de los oprimidos no habla… todavía. No hay calendario histórico, nacional o regional, que recoja todas y cada una de las rebeliones y disconformidades contra el sistema impuesto y mantenido a sangre y fuego en todo el territorio nacional…» (Subcomandante Marcos, agosto de 1992. Ajoblanco)

Hechos concretos:

Carlos Salinas de Gortari, y su comparsa, gerenció, bajados los pantalones, el delirio de esa burguesía que sueña con ser socia del Primer Mundo a cualquier costo… que ellos no pagan. Ganó su sitio en la memoria por regalar materia prima y mano de obra. Imponer el Tratado de Libre Comercio, fue obra cumbre de lebreles obedientes educados en la tradición político-económica de Porfirio Díaz y actualizados en los nuevos-viejos circos financieros internacionales disfrazados de todo, incluso de universidades.

México 2003, en pleno TLC: 120 millones de habitantes, 50 % de la población debajo de la línea de la pobreza. Millones huyendo del hambre mexicana, hacia el hambre en USA. Enfermedades descontroladas, analfabetismo, desempleo, endeudamiento, corrupción política, militar, empresarial, eclesiástica… Hospitales, escuelas, ciudades devastadas. 3[3]

Hacer memoria para recordar el futuro:

Documentar el zapatismo plantea problemas. La historia documental zapatista elaborada con estrategias que actualizan el pasado en futuro concreto, problematiza a historiadores e intelectuales afines y conexos. La idea de memoria en los zapatistas no se arrastra tras las migajas de recuerdos más o menos fieles ni tras la prueba de hechos legible antojadizamente. Lo que se documente sobre la revolución zapatista como fuente confiable para los investigadores históricos ha de ser la derrota efectiva y contundente de toda forma de explotación. Derrota que es victoria de los zapatistas. O sea pues, su poesía.

En las imágenes documentales hay siempre manufactura como estrategia de proximidad y descubrimiento donde el documentalista tiene como misión fundamental «mostrar», «exhibir», «hacer evidente». Esa manufactura pone a prueba nuestra ignorancia e inocencia en la vorágine contemporánea de lo «visible». Pone a prueba al modo hegemónico de producción de imágenes y sus intereses, frecuentemente infiltrado en las herramientas metodológicas del documentalista, para insuflar afluentes doctrinarios no elegidos, consensuados o cuestionados tras la fascinación posible de lo Imaginado.

Para acabar con la tentación de convertir a cada documental en «cultura» o en economía de la moral burguesa, es necesario que el documentalista esté dispuesto a rehacerse históricamente bajo la fuerza histórica concreta de los actores sociales y su tensión con la realidad. No al margen y no encima. Es decir, rehacerse críticamente con un modo de producción de imágenes documentales distinto, en ideas y práctica, a cualquier modo de producción documental alienante.

La memoria (filmada, fotografiada, escrita) debe ser instrumento de transformación, no archivo muerto. Los recuerdos y testimonios zapatistas no yacen bajo lápidas cronológicas ni son epitafios del ser; no sólo no tienden a borrarse sino que se actualizan y desarrollan asociados a otras funciones múltiples de manera integral, totalizante y dialéctica. Salvo casos patológicos no hay razón para desconfiar de la memoria cuando ésta se impulsa en un programa vivo de vida libre y no alienada.

Los documentales zapatistas al lo largo de su historia, y en ejercicio pleno de muchas contradicciones, deben indagar el idioma testimonial de la memoria viva que insiste en trabajar por y para el futuro libre. Se trata de una producción revolucionaria e histórica (1910-2003) en búsqueda de la verdad por consenso, sin extorsiones o chantajes, nacionalistas, comerciales o teológicos. Fuera y dentro de lo oral y de cualquier reflejo parcial de toda historia que se pretenda relato único generalmente autoritario y demagógico.

¿Qué documentar, cómo, para qué, para quién?

Hay que documentar el nacimiento de la organización, sus programas, limitaciones y desafíos. La organización no es un vocablo gerencial… es una categoría lógica de la praxis transformadora. Es un salto cualitativo.

Si la miseria, la barbarie y la explotación es «nuestra realidad económica, política y cultural» es decir la que nos imponen, si es éste el «patrimonio» que heredamos y heredaremos, si es éste tendal de desolación y muerte el punto desde donde debemos pararnos, porque no hay de otra, para recuperar la vida, sus goces y su desarrollo libre… ¿con qué herramientas trabajaremos?

Ya los zapatistas4[4] (desde 1910 y hasta el presente) han apuntado repuestas a esta pregunta. Trabajar, luchar, con todas las herramientas y armas que seamos capaces de ganar, conquistar y arrebatar. También con las que seamos capaces de inventar o crear. Con las armas de la teoría y las de la agronomía, con las armas de la cultura y las del cultivo. Con las armas de la critica y la autocrítica. Con el arte, con la ciencia, con la filosofía y con la poesía. Con documentales incluso. Con los obreros, los campesinos y los indígenas. No adelante, no arriba de ellos.

Zapata, la revolución zapatista, los zapatismos todos desde 1910, han motivado de manera particular la investigación y la producción documental5[5]. Historiadores, científicos, cineastas, ecologistas, videastas, pintores, fotógrafos, luchadores sociales… incluso policías, militares y espías han generado un repertorio de experiencias documentales subordinadas por los intereses más disímbolos y contradictorios. Dentro y fuera de Chiapas. Una clasificación, no necesariamente exhaustiva, nos dejaría ver cuáles producciones documentales han sido producidas por zapatistas, con zapatistas o sobre zapatistas. Para qué y bajo qué banderas. No es cosa menor.

La revolución zapatista fue y es lucha política de campesinos e indígenas sobre mucho más que asuntos agrarios. No menores. Se trata de una revolución que exige el final las haciendas de todo tipo con un Plan de Ayala que ha evolucionado de manera desigual y combinada tras un proceso largo para modelar programas sociales sin explotación. No sin contradicciones serias. Se trata de una Revolución friccionada históricamente con sus propias potencias en condiciones feudales, con una masa campesina e indígena no proletarizada pero rebelde, una fuerza industrial incipiente trabada en conflictos con los obreros de ese tiempo que enfrentaban las condiciones miserables de su trabajo. No pocos muertos. Desde 1911 hasta hoy los zapatistas son protagonistas de la historia latinoamericana aunque se hayan hecho todos los esfuerzos por omitir su imagen del la historia. Acaso una de las victorias históricas más grandes del zapatismo ha sido su capacidad de afianzarse y apropiarse de una memoria viva, de acción directa, gracias a documentarse a sí mismos con las armas de las tradiciones orales, canciones, fiestas populares, ritos y leyendas hasta películas, videos, Internet, bailes, encuentros, comunicados y posdatas. También con las armas de fuego y con las comunidades autónomas ganadas.

Muchos afirman que por las noches, en la sierra y la montaña, a todo galope y seguido por su ejército, cabalga Emiliano Zapata. Pasa como rayo entre el estruendo de caballos fulgurantes e ilumina la noche. Dicen que después se produce un silencio monumental, que ni siquiera los grillos cantan, que se tiende un manto de reverencia donde se recuestan las esperanzas a parir un día nuevo. Cuentan que es una paz certera, que llena los corazones con murmullos de rebelión y augurios buenos, que los niños se duermen tranquilos y los ancianos sacan a pasear sus mejores recuerdos mientras se fuman un cigarrito de promesas revolucionarias. Dicen que sobre el horizonte el general Zapata se detiene siempre, echa una mirada de ésas que sólo él tiene, revisa el universo, respira profundo y acicatea con fuerza su caballo para seguir el galope.

Dicen que la luna ilumina y hace brillar los adornos plateados de su traje, que parecen estrellitas sobre el firmamento de la esperanza, que se quedan ahí durante muchas noches hasta que el general vuelve a pasar. Dicen que Zapata siempre se va por el mismo camino, que se pierde entre las milpas más altas donde está el maíz más grande. Que la noche se pinta con el olor de yerba mojada y sopla una brisa fresca como beso de futuro. Lo dicen y no son pocos. ¿Será verdad?

Especialmente el zapatismo que levantó su vieja-nueva voz el primero de enero de 1994 ha producido con su práctica imaginarios movilizadores que entre correos electrónicos, videos, audios y marchas, amasa una riqueza de imaginarios extraordinaria. La producción documental nacida al calor de los primeros balazos en 1994 con sus incontables entrevistas, fotos, sonidos etc. Sirvió fundamentalmente para fortalecer la lucha zapatista. La circulación mundial de documentos y documentales zapatistas, que en muy poco tiempo informó sobre la vigencia de la rebeldía, sirvió como arma revolucionaria y de resistencia aunque no faltaran los arribismos más diversos incluso los que sólo querían fotos con Marcos. Unos quisieron usar al zapatismo para cubrirse de gloria revolucionaria y mesianismo indigenista neo ecológico. Otros quisieron documentar las acciones zapatistas para construirse nombre a la sombra de la construcción comunitaria de los soldados zapatistas. Algunos, rápidos, pidieron y consiguieron becas para estudiar lo indígena y lo exótico. No faltaron los espías del gobierno, de la iglesia, del ejército nacional o importado.

¿Hacia dónde hay que apuntar cámaras, micrófonos… lápices?

Contamos con el futuro inmediatamente.

No hay territorios neutrales, no hay zonas eclécticas. Queda claro con la documentación del alzamiento zapatista que lo primero que hay que ganar es claridad en el terreno de la lucha. El documentalista no es asexuado. En las condiciones extremas donde se lucha contra la miseria, en Chiapas o en cualquier lugar… se sirve a la emancipación contra el capitalismo o se sirve al capitalismo a pesar de los inventos ideológicos que se pergeñen para argumentar «objetividad», «imparcialidad», «serenidad». Hay 70 mil soldados en espera de órdenes para asesinar a indígenas que luchan por su vida6[6]. ¿Quiénes son los neutrales?

Hay mucha pose, snobismo y pedantería en muchos de quienes pasan por Chiapas haciendo obra documental. Nacionales o extranjeros. Algunos venden su obra, ganan festivales, editan, exponen y se olvidan. Y es lógico porque no es su lucha. Su lucha es otra aunque sea amargo aceptarlo a sabiendas del manoseo y uso que suele hacerse de personas y circunstancias. Están llenos de esto los canales de televisión mercantil, los diarios, las radios, algunos museos y no pocas academias. Nadie puede ignorarlo.

No se es «bueno», «santo» ni «progre» por documentar la vida indígena para exhibirla en festivales, muestras o congresos. «praxis sin teoría, es decir, por debajo del estado más avanzado del conocimiento, ha de fracasar necesariamente […]». El documentalista no es ajeno. Sin teoría revolucionaria del documental y de la Imagen no puede haber movimiento revolucionario del documental y de la Imagen en general.

Mienten los que juran tenerlo claro. Está a la espera de ser documentado lo otro, lo excluido, lo invisible e ignorado, con su pensar y hacer como sobre toda idea de comunicación… Eso que ocurre en Chiapas, México, es a su modo poesía fulgurante, insurgente y revolucionaria que recupera terreno, su terreno. Recupera presente y futuro. Recupera personas, moviliza esperanzas y potencia espíritus rebeldes… revolucionarios. Estremece y cuestiona a olvidadizos, indiferentes o ignorantes en el mismísimo teatro de la crueldad neoliberal. Se mire desde donde se mire, recupera al corazón – ¿Qué imagen del corazón rebelde documentamos con su caudal revolucionario?

En Chiapas, en Irak, en Argentina… La contradicción entre trabajo y capital sigue siendo central y fundamental. El conflicto entre trabajo y capital no es solamente un choque de intereses, sino que también involucra una contraposición de valores, principios y morales. El grado de claridad que pueda y deba ofrecer esto al trabajo de los documentalistas puede traducirse en acción organizada empeñada en ser eficaz y eficiente.

La realidad como relato documental puede ser una gran ficción en imágenes camaleónicas. Eso conlleva la necesidad de fincar soportes metodológicos recurrentemente ignorados por los vicios empiristas y criticistas. No hay tiempo que perder.

Todo documental es limitado. El documental no es la revolución. No puede hacer un conocimiento y acción completos. Aun siendo consciente de la riqueza y variedad de vida social, el documentalista no debe olvidar que ésta se estructura de una particular manera y que su trabajo puede ser una contribución en la transformación de la sociedad y sólo eso. Necesitamos saber nítidamente de qué lado estamos.

«Vale. Salud y si sigue la memoria, no olvide usted tener a la mano una piedra de esas que tanto teme el Goliat neoliberal y que, como todas las piedras, no mueren… Desde (las, piedras de las) montañas del Sureste Mexicano.» (Subcomandante Insurgente Marcos. México Indio, febrero de 1998.)

Notas 1[1] NAFTA, como gusta a los yanquis y a los pro-yanquis. 2[2] «Chiapas es el Estado más pobre de México. De un total de 3.210.000 habitantes, 2.900.000 (es decir, el 90,2% de la población) vive en la pobreza según datos oficiales. De estos 2,9 millones de pobres, 2.400.000 son

indígenas.http://www.elmilitante.org/elmilt139/mexi_139.htm 3[3] «México fue la experiencia neoliberal más radical, al promover una apertura económica completa, con la adhesión al TLC, aunque confrontando su PIB, de cerca de US$310 mil millones de dólares, con un PIB de US$5.2 trillones. (…) Ahora es la expresión del fracaso del proyecto neoliberal y vive una crisis dramática en todas sus dimensiones.» Aloizio Mercadante, economista brasileño.

http://www.lunes.com/puyana/crisismexicana/salinato6.htm 4[4] Que deberán desarrollar su propia lucha con un programa que incluya la nacionalización de la tierra y la banca sin indemnización, que llame a organizar una lucha no sólo de indígenas en Chiapas sino la de todos los trabajadores, jóvenes, niños, hombres, mujeres ancianos… 5[5] Son ejemplo los archivos de: Agustín Victor Casasola (Ciudad de México, 1874 / 1938), creador y principal promotor del «Archivo Casasola» –uno de los más amplios y mejor documentados archivos fotoperiodísticos, no solo del Cono Sur, sino de toda la historia de la fotografía. http://www.omnicon.es/panorama.html, http://www.cpd.unam.mx/agnmex/285.html 6[6] México: 11 millones de indígenas 56 etnias Chiapas: Mas de 70.000 efectivos militares: La Jornada 7/4/98 111 municipios: El Nacional 8/4/98 10.500.000 indígenas: Chiapas produce el 50% de la energía eléctrica del país: Cambio 16 16/4/98 15.000 niños muertos al año por enfermedades curables: Cambio 16 16/4/98 75% de analfabetismo. Cambio 16 16/4/98 86 pozos petroleros, c/u extrae diariamente 92.000 barriles de petróleo y 516.700 millones de pies cúbicos de gas Chiapas produce el 35% de la producción cafetalera: Subcomandante Marcos, agosto de 1992. Chiapas posee 75.634,4 kilómetros cuadrados. Unas 7,5 millones de hectáreas, respecto de la República Mexicana, octavo lugar de extensión y tiene 111 municipios De cada 100 niños, 72 no terminan el primer grado. 1.500.000 personas no disponen servicio médico alguno. El 54% de la población está desnutrida. . Subcomandante Marcos agosto de 1992. Ajoblanco.