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Destruir también lleva al centro comercial

Destruir, producir, producirse

Fuentes: Culturas/La Vanguardia

A veces, los estereotipos se corresponden con la realidad. En los ochenta, si tenías veinte años, eras pobre y vivías en Londres, querías ser estrella del rock, vestir cool y hacer post-punk; si eras de Nueva York, no pretendías nada, salvo trabajar en Wall Street. Y si residías en Berlín, la ciudad de la belleza […]

A veces, los estereotipos se corresponden con la realidad. En los ochenta, si tenías veinte años, eras pobre y vivías en Londres, querías ser estrella del rock, vestir cool y hacer post-punk; si eras de Nueva York, no pretendías nada, salvo trabajar en Wall Street. Y si residías en Berlín, la ciudad de la belleza decadente, aspirabas a ser artista. Como Blixa Bargeld, un parado cuyos deseos coincidían plenamente con esas atribuciones geográficas y que se expresaba con el mismo lenguaje que sus hermanos de las artes plásticas. Einsturzende Neubauten, su banda, recogía un buen puñado de influencias de las vanguardias: daba gran importancia a lo fugaz, empleaba objetos de uso (industrial) cotidiano para situarlos en contextos (sonoros) que no eran los esperados y utilizaba como instrumento estético la fascinación por la violencia. Además, en sus inicios todo era improvisado, salvo la actitud: no sabían tocar, sus temas se construían en escena y ni siquiera tenían instrumentos, por lo que recurrían a objetos inventados y a cubos de basura para generar los ritmos.

El resultado dibujaba un paisaje tan árido como un domingo en un polígono industrial del extrarradio. En álbumes como el espléndido Kollaps o Drawings of patient O.T., sólo encontrábamos trazos tensos, ángulos rectos y una firmeza dictatorial. Y es que la destrucción de la representación que llevaron a cabo las vanguardias tenían en los Neubauten una perfecta traducción sonora – nada de melodía, sólo fuerzas compositivas, apuntes difusos, planos en blanco y negro sometidos a la repetición obsesiva. Por aquel entonces, Bargeld hacía bandera de Walter Benjamin al asegurar que la destrucción no era otra cosa que limpiar el camino para que algo nuevo y propio pudiera hacer acto de presencia.

2. Para entender qué clase de vía pretendían despejar, nada como recurrir a las estampas del pasado. En 1984, Bargeld se unió a Genesis P. Orridge (Throbbing Gristle, Psychic Tv) y a Frank Tovey (Fad Gadget) para una actuación conjunta en el ICA londinense bajo el lema Concierto para maquinaria y voz. Sus heterodoxos instrumentos incluían sierras mecánicas y un mezclador del cemento en el que, como fin de fiesta, introdujeron una botella rota. Los cristales se esparcieron por la sala, la organización quiso dar por acabada la performance y comenzaron los disturbios1. No fue el único show violento en el que estuvo involucrado Bargeld: los Neubauten llegaron a arrojar cócteles molotov al público, aunque sin causar, misteriosamente, daños personales.

En aquel tiempo, Bargeld compaginaba el dogmatismo repetitivo de los Neubauten con las pasiones oscuras, las pulsiones incestuosas y los seres atormentados de Nick Cave. Bargeld se había convertido en el guitarrista de los Bad Seeds, contribuyendo así a fraguar la mejor versión musical de la estética faulkneriana de la culpa. Crímenes, maldiciones bíblicas y paisajes sureños…

Ambas experiencias tenían un núcleo común, ya que trataban de llevar las prácticas artísticas a un punto extremo, construyendo un producto que el receptor debía sentir, ante todo, en su piel. La intensidad era el objetivo; el creador debía llevar a su público algo que de verdad fuera capaz de sacudirle. Lo que aparejaba una consecuencia: todo artista, para ser llamado tal, debía forzar al máximo las reglas estéticas, pero también las de la vida. Llegar al extremo era una regla de oro; fundamentalmente en escena, a veces fuera de ella.

3. Los diversos movimientos vanguardistas en las artes plásticas se apoyaron en una teorización explícita de su actividad sin la cual su obra resultaba mucho menos relevante. No ocurría así con las creaciones de los Neubauten, y menos aún con las de Cave, que vivían en la inmediatez del mundo musical, poco dado a la mirada reflexiva. Pero había otro motivo, más enraizado en el tiempo en que operaban, para que la teoría no hiciese acto de presencia.. Si en el pasado la creación no debía representar la belleza sino aspirar a transformar el mundo social, en la posmodernidad la mayor obra de arte era el creador. O dicho de otro modo, el artista encarnaba en sí todas las posibilidades de construcción del yo. El capitalismo de los ochenta coincidía en esa visión, pero le daba otro rumbo, dirigiéndose hacia la autorrealización a través de excitantes bienes materiales; ciertas tendencias creativas encontraban en ese yo construido por la estética el objetivo más deseable. Y, en ese estrato, nada era tan bello (nada tenía tanta vida) como el juego con lo intenso: el caos, el peligro, la violencia, las drogas, etc.

4 La desnudez escénica, sin otro parapeto que su voz y sus historias, de sus próximas presencias en Sevilla y Barcelona, nos ofrecerá una buena imagen del BB actual, alguien que se define como un artista multidisciplinar que trabaja con flujos, perspectivas y espacios, ya sean musicales, fílmicos o narrativos. Silency is sexy y Perpetuum mobile, sus últimos y más que estimables trabajos con los Neubauten (ha abandonado, aburrido, a Nick Cave) nos avisaban de que había convertido las aristas afiladas y la afirmación violenta del pasado en un material más de trabajo, entre muchos otros que aparecen y desaparecen de canciones que ya pueden ser llamadas con ese nombre. Sus temas emplean ahora los valores de flexibilidad, transdisciplinariedad, incertidumbre y relativismo típicos del imaginario de consumo posmoderno. Y es que su trayectoria es una representación perfecta de cierta evolución social, yendo desde la destrucción de lo dado y la construcción de sí que constituía el núcleo de los primeros Neubauten hasta un yo (y una obra) fruto de múltiples elecciones que se limitan a combinar (y a elegir entre) las ofertas existentes. En otras palabras, Bargeld ha recorrido el itinerario que va desde lo industrial hasta la distinción de sí o, como dicen los sociólogos, desde la fábrica hasta el centro comercial.

1 Un grupo de artistas que interpretaban a los miembros de la banda reprodujo veinte años el concierto en el mismo escenario.