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Dos regalos brechtianos de fin de año de Antoni Domènech que emocionaron a Francisco Fernández Buey

Fuentes: Rebelión

Antoni Domènech, el autor de uno de los libros esenciales de la reciente filosofía política, El eclipse de la fraternidad, el editor general de sin permiso, tiene la excelente costumbre de regalar a sus amigos un detalle de fin de año. Suelen ser traducciones muy trabajadas de textos, poemas o aforismos de alguna de las […]


Antoni Domènech, el autor de uno de los libros esenciales de la reciente filosofía política, El eclipse de la fraternidad, el editor general de sin permiso, tiene la excelente costumbre de regalar a sus amigos un detalle de fin de año. Suelen ser traducciones muy trabajadas de textos, poemas o aforismos de alguna de las tradiciones emancipatorias.

Le pedí permiso en su día para el uso público de dos de esos textos [1], que sé que agradaron y emocionaron a uno de sus grandes amigos, a Paco Fernández Buey. Doy ahora cuenta de ellos. Ambos recogen, en mi opinión, nudos esenciales de nuestra situación. Por una parte, la importancia de la tenacidad, de la resistencia, del sacar fuerzas de flaqueza, del no desfallecer, y, por otra, el internacionalismo, la solidaridad de los pueblos, la lejanía de cualquier posición excluyente que separe o divida a las clases desfavorecidas del género humano que sigue siendo la Internacional.

El primer texto es una magnífica, una maravillosa versión -que en absoluto desmerece otras grandes traducciones castellanas- de la «Loa a la dialéctica» de Bertolt Brecht. Este gran poema brechtiano que desconozco si ha llegado a ser musicado por algún cantautor -tal vez lo hiciera en su día Adolfo Celdrán- fue uno de los textos que más formaron y ayudaron culturalmente a una generación [2] que se mantuvo en pie de lucha y resistencia contra la dictadura fascista del general africanista al igual que contra los intentos posteriores de prolongación de sus vértices básicos. 

Con paso seguro marcha hoy la injusticia.

Los opresores se disponen para otros diez mil años.

El poder asegura: lo que es, persistirá como es.

Voz, ninguna llega, sino las de los dominadores

Y en los mercados, dice bien alto la explotación: Ahora

Llegó por fin mi hora.

Pero entre los oprimidos muchos dicen ahora:

Lo que queremos, no ha de venir jamás.

 

Quien aún siga vivo: ¡que no diga jamás!

Lo seguro, no es seguro.

Lo que es, no persistirá como es.

Cuando los dominadores hayan hablado

Hablarán los dominados.

¿Quién osa decir jamás?

¿De quién depende que persista la opresión? De nosotros.

¿De quién depende su quiebra? De nosotros, también.

Quien haya sido derrotado, ¡que se levante!

Quien esté perdido, ¡que luche!

¿Quién detendrá al consciente de su situación?

Porque los vencidos de hoy son los vencedores de mañana

Y del jamás, saldrá el todavía.

 

¡Que nadie diga jamás! ¡Los dominados ya estamos hablando! ¡Porque los vencidos de hoy son los vencedores de mañana y del jamás saldrá el todavía! Dialéctica de la esperanza. En el mejor de los sentidos de ambas nociones.

El segundo poema, la segunda traducción de Toni Domènech – que ya apareció en un artículo de la revista sin permiso: Wolfgang Harich, «Para conmemorar el 50 aniversario de la muerte de Bertolt Brecht: Brecht y el himno nacional» [3]- tiene su historia, su significativa historia.

Es la letra que el gran poeta alemán compuso para acompañar el «Cuarteto del Kaiser» de Haydn como himno de la República Democrática Alemana, sin conseguir la aprobación de los dirigentes de la nueva república socialista. Fueron también entonces malos tiempos para una excelente y esencial lírica socialista. 

El donaire no ahorra el esfuerzo

Ni la pasión, el entendimiento

Que florezca una buena Alemania

Como cualquier otro buen país

Que los pueblos no palidezcan

Como ante una ladrona

Sino que nos tiendan sus manos

Lo mismo que a otros pueblos

Y no por encima y no por debajo

De otros pueblos queremos estar

Desde el mar hasta los Alpes

Desde el Oder hasta el Rin

Y porque hacemos mejor a este país

Lo amamos y lo protegemos

Y nos parece el más amable

Como a otros pueblos el suyo.

¡Y no por encima y no por debajo de otros pueblos! ¡Nos parece un país amable como a otros pueblos les parece el suyo! Este es también uno de los nudos de la hora, de nuestra hora.

¡Feliz fin de año, compañeras y compañeros! ¡Continuemos dando batallas que en absoluto están perdidas!

PS. Sugerencia de tesis o proyecto de investigación. ¿Qué cosmovisión, qué posición política de los dirigentes de la entonces nueva república socialista puede explicar que la propuesta, que el texto de Brecht fuera desechado?

Notas:

[1] «Loa a la dialéctica» sirvió de cierre a la edición de Manuel Sacristán, Sobre dialéctica, El Viejo Topo, Barcelona, 2009. El segundo fue el epílogo de Salvador López Arnal, Entre tinieblas. György Lukács y Manuel Sacristán, La oveja roja, Madrid, 2011.

[2] En mi caso, por ejemplo, el poema -reproducido en una simple cartulina blanca- estaba ubicado (y desacado) a la entrada del piso que compartí con la compañera Maria Rosa Palà i Porta a mediados de los años setenta.

[3] sin permiso, nº 8, 2010, p. 37.

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.