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El «buendesarrollo» en la universidad franquista y qué hacer hoy

Fuentes: Arainfo

La universidad franquista nació subdesarrollada en el contexto de la autarquía y murió maldesarrollada en su adaptación al capitalismo. Durante toda la dictadura se produjeron impulsos democráticos y transformadores por el movimiento universitario de los que aprender para impulsar el buendesarrollo.

Placa conmemorativa de la fundación del SDEUB

En un artículo anterior explicamos que la universidad franquista nació subdesarrollada en el contexto de la autarquía y murió maldesarrollada en su adaptación al capitalismo. Pero el totalitarismo no lo pudo todo, y durante toda la dictadura se produjeron impulsos democráticos, críticos y transformadores por parte de movimientos universitarios de los que podemos aprender para impulsar el buendesarrollo de la universidad actual.

Pese a sufrir un estrangulamiento económico, ideológico y policial por parte del régimen, la oposición a la dictadura en las universidades fue creciendo hasta convertirse en el polo antifranquista con mayor influencia intelectual en la fase de maldesarrollo.

Buendesarrollo vs. subdesarrollo

Al finalizar la guerra, algunos afiliados de la Federación Universitaria Escolar (FUE) intentaron dar continuidad a la organización desde el exilio en México y París, y desde la clandestinidad en España. De corte republicano, fue el primer movimiento universitario antifascista, pero la represión de 1947 abortó el intento.

Partidos ilegales como el PCE y el PSOE, y sindicatos clandestinos como CCOO, UGT y CNT o participaron en la resistencia. Por ejemplo, el Partido Comunista envió un mensaje en 1954 a los “intelectuales patriotas” en el que condenaba enérgicamente el “odio” del fascismo contra los valores y conocimientos humanistas, liberales, ilustrados, democráticos, progresistas y socialistas. Además, señalaba que se extendía el paro en las profesiones y carreras técnicas e intelectuales como consecuencia de “la colonización sistemática de la vida económica y cultural del país”.

Los estudiantes fueron distanciándose del régimen al tiempo que se producían divisiones entre los grupos dominantes. Tras las primeras tensiones en 1954 y 1955, el rector de la Universidad (Complutense) de Madrid, Pedro Laín Entralgo, comenzó a estudiar las actitudes de la juventud española. Elaboró un informe para Franco que sostenía que el alumnado, proveniente de clases acomodadas, tenía una insatisfacción generalizada con la universidad franquista y serias dudas sobre la moralidad del régimen. Laín anticipó que las opiniones de los estudiantes expresaban el sentimiento de la sociedad española del futuro y se afanó en solicitar que se hicieran reformas liberales en las universidades para evitar que floreciese el marxismo en un contexto de sojuzgamiento ideológico. Poco después, un estudio de José Luis Pinillos concluyó que una amplia mayoría de los estudiantes consideraba incompetentes y profundamente inmorales a las autoridades políticas y militares. Los hijos del franquismo conformaban la oposición democrática en las universidades.

En 1956 las tensiones universitarias estallaron abiertamente en Madrid y Barcelona, produciéndose choques violentos entre progresistas y falangistas que provocaron una crisis política del régimen. El franquismo reaccionó poniendo fin a los primeros intentos aperturistas y modernizadores. Pedro Laín fue cesado, junto al ministro de educación, Joaquín Ruiz-Giménez. Sin embargo, se consiguió romper la capacidad del SEU de imponer el orden y el franquismo perdió definitivamente la universidad. En Barcelona, el activismo estudiantil desembocó en la primera Asamblea Libre de Estudiantes en 1957, en la que se reivindicaron toda una serie de libertades, que fueron atendidas con represión violenta y detenciones.

Un año después, Julio Cerón Ayuso fundó el Frente de Liberación Popular (FLP) en el que militaron intelectuales como Jesús Ibáñez, Manuel Vázquez Montalbán, Vicenç Navarro, Jaime Pastor o Manuel Castells, y futuros políticos como Pasqual Maragall, Narcís Serra, Miquel Roca i Junyent o Nicolás Sartorius. El Felipe quería construir socialismo democrático y estaba influido por una variedad de corrientes como la Nueva Izquierda, las luchas revolucionarias y anticolonialistas, el antidogmatismo o el cristianismo de base. En Catalunya, el Servicio Universitario del Trabajo (SUT) se convirtió en una de las canteras del Felipe y del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC).

Buendesarrollo vs. maldesarrollo

A partir de mediados de los años 60, el movimiento universitario se extendió hasta cumplir un papel central en la decadencia del régimen. Un número elevado de estudiantes y profesores se organizaron con dos objetivos interrelacionados: democratizar la universidad, dotándola de una mayor autonomía, de libertad de cátedra y de órganos estudiantiles con competencias relevantes, en interrelación con la democratización de la sociedad. El vínculo entre democracia universitaria y democracia sociopolítica se materializó en relaciones con movimientos obreros, feministas, a favor de la amnistía o por las libertades civiles.

Una de las fortalezas principales del movimiento universitario fue que consiguió formar un frente unitario compuesto de una amalgama de personas y grupos diferentes, logrando sobreponerse a las divergencias. El objetivo inmediato era acabar con el SEU y crear sindicatos libres. Primero con la Federación Universitaria Democrática Española (FUDE) y después con el Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios (SDEU), que se desarrolló con fuerza en las universidades de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla.

Los orígenes del mayo del 68 español pueden encontrarse en sendas protestas en Madrid y Barcelona en 1965 y 1966. El 17 de febrero de 1965 salió de la Facultad de Filosofía y Letras una manifestación estudiantil masiva hacia el Rectorado, encabezada por Tierno Galván, López Aranguren, García Calvo, Montero Díaz y García de Vercher. Fueron expulsados, pero el resultado de la movilización fue la creación del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Madrid (SDEUM), que se extendió por casi todas las facultades.

En Barcelona, la respuesta de los universitarios se produjo en la caputxinada de marzo de 1966, el encierro en el convento de los Padres Capuchinos de Sarriá, donde se celebró la Asamblea Constituyente del SDEUB. Su Manifiesto por una Universidad Democrática criticó la censura intelectual, el burocratismo centralista de la política universitaria y el control estatal de los tribunales de oposición. Y propuso una misión democratizadora alternativa. Señalando que las movilizaciones de los estudiantes —especialmente de los madrileños en 1956 y de los catalanes en 1957— constituían el punto de arranque de la renovación de la vida universitaria española, más de 500 universitarios propusieron un proyecto de cambio: “La universidad debe tomar en sus manos la causa de la libertad de la cultura e insertarla en el amplio horizonte de la lucha por la libertad dentro de la sociedad española”, y “llegar a ser el más alto reflejo de un pueblo tan plural como el nuestro”.

El movimiento estudiantil contaba con espacios como los colegios mayores San Juan Evangelista o Isabel de España en Madrid, y tejió vínculos con los movimientos obreros, vecinales, culturales, de cristianos de izquierda y con las editoriales. Las revueltas estudiantiles en América Latina, Europa, EEUU y Australia, la derrota en marcha del imperialismo en Vietnam o el avance internacional del pensamiento socialista, dieron alas a los universitarios españoles, que pusieron en jaque al aparato represivo del franquismo.

Uno de los hitos de aquellas luchas antifranquistas fue el recital de Raimon el 18 de mayo de 1968 en la Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales de la Complutense, organizado por el SDEUM. El simbolismo histórico del concierto no puede desligarse de la integración de las luchas de distintos territorios en un acto en el que los estudiantes de Madrid hicieron suya la lengua catalana. La fuerza de las canciones como Al Vent o Diguem No, que el público coreó al unísono, simbolizaban la negación colectiva a vivir en dictadura y la apuesta de avanzar hacia la libertad, como recordó José Luis Sampedro al movimiento 15M en 2011.

Como destacó Fernández Buey, cofundador del SDEUB, el mayo del 68 en Barcelona coincidió en la lucha universitaria antifranquista de compromiso social con la libertad y la democracia, añadiendo la concepción de una universidad catalana que recuperase plenamente la lengua y la historia catalana. En las nacionalidades históricas, las visiones de buendesarrollo tenían un componente identitario y lingüístico relevante.

Desde finales de los años 60 se multiplicaron los estudios de opinión debido a la preocupación por la sucesión del dictador. El régimen apostaba por un futuro de franquismo sin Franco, al tiempo que su mayor temor era la revolución comunista. Sin embargo, varios estudios, como los dirigidos por Manuel Martín Serrano y Johan Galtung, indicaban que la sociedad española, especialmente la juventud, no estaba por el continuismo sin el dictador ni tampoco por la revolución social. Predominaba una preferencia por la modernización y el consumo, junto a menor religiosidad y mayor libertad sexual. Favorecían las libertades, pero sin una conciencia política desarrollada.

A pesar de esto, el movimiento universitario siguió siendo vanguardia en la lucha social en los años 70, y su unión con el movimiento obrero fue una de las claves del deterioro de la dictadura. El alumnado y el profesorado tuvo que resolver el dilema de qué opción de universidad y de sociedad futuras construir: Democracia capitalista o democracia socialista; reforma o ruptura.

Manuel Sacristán destacó en la promoción de la transformación universitaria y social según principios socialistas. En una conferencia dictada en la Universidad de Sevilla en 1972, Sacristán señaló que “la principal función de la universidad” es “la producción de hegemonía mediante la formación de una élite y la formulación de unos criterios de cultura, comportamiento, distinción, prestigio, etc.”. Sacristán argumentó que la universidad cumplía esta función “hegemonizadora” promoviendo la “interiorización” de la división clasista del trabajo que se daba tanto en la industria como en la universidad. Y escribió que la universidad puede ser transformada para contribuir no a la democracia “formal”, sino a la democracia “material”. Proponía transformar una universidad con una división clasista, jerárquica y fijista en la que primaba el valor de cambio de los conocimientos, por otra sin distinción de clase, horizontal y móvil en la que primase el valor de uso.

A pesar de que el movimiento revolucionario fue masivo, no fue mayoritario. Introdujo ideas y valores de buendesarrollo que aún hoy persisten, pero la hegemonía en la transición a la democracia fue del maldesarrollo capitalista.

Buendesarrollo

Tanto en tiempo de subdesarrollo como de maldesarrollo, diferentes movimientos universitarios trataron de impulsar el buendesarrollo de la universidad y la sociedad. Con la democracia se abrió la oportunidad del buendesarrollo, pero también surgió un nuevo modelo contrautópico, cada vez más presente, basado en el control político y económico de la universidad y orientado a la instrumentalización del saber para reforzar los controles cognitivos, culturales y económicos que sirven al poder político y al capital.

El pasado nos lega el valor del pensamiento y la movilización por la democracia real, no sólo política, sino universitaria, cultural y económica. Construyendo unidad desde la diversidad, en defensa de la autonomía de la universidad, las libertades de pensamiento y expresión, y su sustento en valores éticos. A cada generación corresponde reflexionar y actuar en el contexto de su tiempo, lo que implica tratar de comprender la estructura y funcionamiento del sistema social para acertar las transformaciones que puedan impulsar el buendesarrollo.

Fuente: https://arainfo.org/el-buendesarrollo-en-la-universidad-franquista-y-que-hacer-hoy/

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