Recomiendo:
0

El ensayo como cortocircuito

Fuentes: La sombra del ciprés

Las cataratas que enlazan los lagos del Este de África y van reuniendo sus aguas en el curso de lo que habrá de ser el Nilo -Nilo Victoria, Nilo Alberto, Montaña, Blanco, Azul- empujaban miles de cadáveres de tutsis hacia el Norte en los días de las matanzas de Ruanda, como si -sugiere Eliot Weinberger- […]

Las cataratas que enlazan los lagos del Este de África y van reuniendo sus aguas en el curso de lo que habrá de ser el Nilo -Nilo Victoria, Nilo Alberto, Montaña, Blanco, Azul- empujaban miles de cadáveres de tutsis hacia el Norte en los días de las matanzas de Ruanda, como si -sugiere Eliot Weinberger- quisieran devolver a casa «a los hijos de Cam». La imagen, fundiendo los tiempos míticos del río y del retorno, cierra un implacable ensayo que partía de la maldición bíblica de Noé a la estirpe de su hijo. Ese lugar maldito lo ocuparon, entre otros, los cananeos, los eslavos (de ahí la palabra esclavo) o, hacia el año 1000 por obra de los mercaderes árabes, tribus de negros africanos; pero lo más notable, aparte de la variedad de saberes convocados por Weinberger, es la fluida circulación que muestra entre lugares comunes, ideología y ciencia, verdad y relato. Todo se mueve, espejea, cambia de posición, vale para afirmar esto y lo contrario: los sabios han hablado desde su cátedra imponiendo no su conocimiento, sino su autoridad. Así, el obispo irlandés que, en 1650, demostró que el paraíso y la tierra habían sido sin duda creados la noche del sábado 23 de octubre del año 4004 a. C., o la línea que lleva de la introducción del sánscrito en Alemania por los hermanos Schlegel (que lo aprendieron en París de un prisionero de guerra inglés) a la exaltación aria del nazismo.

 

No es solo el asombroso acarreo de ignorancias temporalmente impuestas como saber lo que impresiona en la escritura de Weinberger. Es la misma escritura. Sus tres libros traducidos al castellano (con el acierto y la precisión de Aurelio Major), Las cataratas, Rastros kármicos y Algo elemental, traen una miscelánea de tiempos, culturas y disciplinas que reivindican con contundencia lo que se viene llamando multiculturalismo y no es sino amplitud de conocimientos e intereses, universalidad. Aunque lo hindú o lo azteca pesen mucho, como también ciertas líneas de lo moderno, el núcleo principal es quizá lo chino: el abigarramiento de una lógica diferente, el fragmentarismo de las historias ejemplares de su tradición, su síntesis entre lo fantástico, lo ético y lo reflexivo, la suspensión en que queda el sentido. Weinberger -más allá de Borges y de Pound, que están en su raíz- asume con ligereza singular estas materias, extrema su construcción fragmentaria y halla en su tejer y destejer, en su orden nunca lineal, en su inteligencia y radicalidad poéticas, la fórmula de un nuevo tipo de ensayo, el nudo de su propuesta. Si la lectura resulta absorbente como pocas, es por su rica y jugosa concreción, pero también por el modo en que se pregunta si cabe impugnar, dentro de su propia lógica, el discurso establecido, y cómo, al entender que desde dentro no, propone su contradiscurso.

Y es que el razonamiento que se cimenta en la lógica expositiva y argumentativa dada, acaba generando una instancia de autoridad que -aun sin querer- remite a un poder exterior al texto. Un contradiscurso trataría de eludir esta obediencia. Pienso al usar ese término de nuevo en Friedrich Schlegel -origen de genealogías tan diversas-, cuando hablaba del funcionamiento de la ironía, alma para él de la modernidad: «una conversación en que cada respuesta suscita una nueva pregunta, y continúa desplazándose con vivacidad en la corriente alterna del discurso y el contra-discurso, o más bien del pensamiento y el contra-pensamiento».

La descripción no me devuelve a Weinberger, sino a otra escritura -en principio muy alejada de la suya-, la de Rosalind Krauss en su reflexión estética, su corriente alterna de pensamiento y contrapensamiento. El punto de partida es siempre polémico, se apoya en la síntesis y la discusión de las posiciones contrarias; su deseo de teoría funciona como nivel de exigencia en que el texto se mide, aunque cada vez crezca a partir del análisis particular de las obras o los documentos. Pero lo decisivo es cómo Krauss busca desarrollos múltiples, incluso en libros unitarios como El inconsciente óptico. Así, para rastrear un espacio alternativo, oscuro negativo del arte moderno consagrado, y en el que se habría ido generando una energía asociada a lo informe, a lo abierto, a lo realmente crítico, se dispone un juego móvil de voces: el diálogo entre fragmentos editados en distinta tipografía, la ironía y la descripción, los saltos inesperados y de cualidad poética, los personajes que cobran autonomía, las irrupciones autobiográficas que esbozan la ruptura personal con los «maestros», abren la puerta de otra historia del arte y la modernidad. Por ahí desfilan Duchamp, Picasso, Ernst, Bataille, Greenberg, Pollock, a un lado y otro del conflicto; y la muerte temprana de Eva Hesse, la artista germano-americana, es la forma en que, al final, la interrupción y el futuro coinciden, lo cerrado y lo porvenir. O el modo en que un texto de La originalidad de la Vanguardia y otros mitos modernos desmonta la lectura de las retículas de Sol LeWitt como cima de la racionalidad, tejiendo su análisis con fragmentos del Molloy de Beckett: aquellos en que el narrador idea un sofisticado sistema para ir chupando las piedras que guarda en los bolsillos, con un orden estricto que impida repetirlas antes de tiempo, fórmula hiper-racional del vacío y la angustia de vivir, seco «cortocircuito de las líneas de necesidad».

Lecturas.

– Eliot Weinberger, Las cataratas. Traducción de Aurelio Major. Barcelona, Duomo, 2012.

-, Rastros kármicos. Traducción de Aurelio Major. Barcelona, Emecé, 2002.

-, Algo elemental. Traducción de Aurelio Major. Vilaür, Girona, Atalanta, 2010.

– Friedrich Schlegel, Fragmentos (seguido de Sobre la incomprensiblidad). Traducción de Pere Pajerols. Barcelona, Marbot, 2009.

– Rosalind Krauss, El inconsciente óptico. Traducción de J.Miguel Esteban Cloquell. Madrid, Tecnos, 1997.

-, La originalidad de la Vanguardia y otros mitos modernos. Traducción de Adolfo Gómez Cedillo. Madrid, Alianza, 1996.

(Este texto ha sido publicado en «La sombra del ciprés», suplemento del diario El Norte de Castilla)