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El gran Norte contaminado por siglos por los desechos nucleares

Fuentes: Le Monde

Traducidopara Rebelión por Carmen García Flores


Debilitado por el calentamiento, la pesca industrial y el turismo polar, codiciado por los filones de petróleo, de gas y de minerales que contiene su subsuelo, desgarrado por las nuevas rutas marítimas, que va a abrir la fuente de los hielos, El Gran Norte, este territorio precioso y vulnerable, lleva también los estigmas de múltiples poluciones. La contaminación radioactiva es una de las más preocupantes. Esto es lo que muestra el inventario -el primero en este género- llevado a cabo por la asociación de la protección del medio ambiente Robin de los Bosques.

En el año 2009 la ONG francesa había catalogado ya 2750 lugares contaminados por los productos químicos. Esta vez se ha limitado solamente a los atentados contra el medio ambiente, a veces más difusos, pero también más duraderos. Dos años de trabajo han sido necesarios para recoger, junto con científicos, asociaciones medioambientales y servicios gubernamentales, datos no exhaustivos, sobre todo cuando dependían del dominio militar. El inventario deberá estar terminado en el primer semestre de 2013, pero la muy prestigiosa revista Contrôle de la Autoridad de seguridad nuclear (ASN), ya ha añadido en su número de noviembre los primeros elementos.

«Hemos querido tener una visión circumpolar de todos los lugares contaminados, explica Jacky Bonnemains, presidente de Robin de los Bosques. El océano Ártico es un gigantesco vivero de peces para las poblaciones indígenas que se nutren de ellos y cuya salud es la primera que está amenazada, pero también para el planeta, el cual se sirve de las aguas subárticas, entre un 20% o un 30% para sus recursos alimenticios marinos «. Este no es el único peligro. El deshielo del banco de hielo polar y del permafrost ,   continúa diciendo , van a » remover sustancias radioactivas » que se mantenían antes presas por los hielos, y se corre el riesgo de que se diseminen por el ecosistema.

Herencia de la guerra fría

La ONG ha identificado, en el mismo círculo polar ártico -o en algunos casos un poco más al sur, donde las corrientes atmosféricas y marinas empujan los sedimentos hacia el norte-, unos noventa emplazamientos marcados por la radioactividad emitida por las actividades industriales y militares. Rusia concentra más de la mitad (50), especialmente en la península de Kola y el archipiélago de Nueva Zembla. Los otros se reparten entre Noruega (25, de los cuales 19 están sobre el archipiélago de Svalbard), Alaska (8), Canadá (3), Suecia (3) y Groenlandia (2). Finlandia no cuenta con ninguno y en Islandia no se ha hecho el estudio.

«La contaminación radioactiva del Ártico no viene solamente, como se piensa a veces, de países lejanos, por ejemplo de las fábricas de tratamientos de combustibles nucleares en La Haya,(Mancha) o de Sellafield (Gran Bretaña) cuyos restos transportados por las corrientes pueden concentrarse en ciertas zonas, comenta Miriam Potter, encargada de la misión en el seno de la asociación . La polución surge, en gran medida, de las activadas realizadas en la zona».

Muy a menudo se trata de una herencia de la guerra fría. En el archipiélago de Nueva Zembla, los soviéticos llevaron a cabo, entre 1955 y 1990, 138 ensayos nucleares aéreos, terrestres y submarinos, destacando la explosión , el 30 de octubre de 1961, de la «Bomba del Zar», la bomba más potente de hidrógeno de la historia (50 megatones). Utilizando el océano en la época como exutorio, barrenaron a lo largo de la misma península, en 1982, el submarino nuclear K-27, que aún permanece a 33 metros de fondo, en el mar de Kara. En los mares de Barents y de Kara se han sumergido, enumera Miriam Potter, «cinco reactores de submarinos y de rompehielos, una veintena de barcos, algunos de los cuales contenían materiales radioactivos, centenas de objetos contaminados y 17000 contenedores de residuos nucleares » . Se añade a esto otro submarino, el K-159, que se hundió en esa zona en 2003.

El emplazamiento de Andreeva Bay, en el norte de la península de Kola, representa, para Robin de los Bosques una pesadilla. La Unión Soviética tenía instaladas allí, en los años sesenta, tres piscinas de refrigeración de combustibles usados, provenientes de submarinos y de rompehielos nucleares. Se produjeron escapes en dos de ellos, provocando una gran contaminación. Desde entonces, depósitos de secado de 22000 ensamblajes de combustibles han sido instalados en unas condiciones muy precarias.

Caída de satélite , Aterrizaje forzoso de bombardero

Los americanos no han estado quietos. En los años sesenta construyeron dos pequeños reactores nucleares, de 20 y 10 megavatios, para alimentar eléctricamente las bases militares, en Fort Greely, en Alaska, y en Camp Century, en el noroeste de Groenlandia. El primero, víctima de numerosos accidentes, contaminó las corrientes de agua, y las poblaciones locales padecen hoy en día leucemias, a pesar de que la administración de los Estados Unidos lo niegue. La explosión del segundo habría dejado en el hielo «al menos 200 toneladas de desechos líquidos». Los Estados Unidos también han hecho pruebas de comportamiento de radioelementos en Point Hope, en el noroeste de Alaska.

Esto no es todo. De 1930 a 1962, Canadá hizo explotar, alrededor del gran lago de Ours, minas de radio y después de uranio, parte de este destinado al proyecto Manhattan que dotaba a los Estados Unidos de armamento atómico. Más de 900000 toneladas de desechos minerales de uranio se han dejado en el lugar, de los cuales 740000 están sumergidos en el lago.

Además, los accidentes. La caída en 1978, del satélite espía soviético Cosmos-954 y de su reactor nuclear, en el norte de Canadá, donde más de 120000 km cuadrados fueron contaminados por el uranio enriquecido y por otros productos de fisión. O el aterrizaje forzoso, en 1968, de un bombardero americano B-52 que transportaba cabezas nucleares, cerca de Thulé (Groenlandia), donde podría quedar «al menos un kilo de plutonio en un radio de 17 km » .

Operaciones de descontaminación

Pero el Ártico no paga solo la factura del pasado. Las actividades mineras actuales, al igual que las perforaciones petrolíferas y de gas -de las cuales hay más de 4000 en Alaska, más allá del círculo polar- generan desechos por «radioactividad natural reforzada » .

Las operaciones de descontaminación han sido ciertamente controladas, especialmente por iniciativa del G8 y de países europeos. Pero las zonas afectadas son inmensas, la polución diseminada y los créditos insuficientes. «Los gobiernos deben hacer prueba de transparencia sobre los productos radioactivos que han depositado o dispersado. Es necesario organizar un seguimiento radiológico de los sedimentos, de los peces y de las poblaciones«, defiende Jacky Bonnemains. A la espera de que el frágil Ártico se beneficie algún día de un estatuto protector comparable al de la Antártida.

Pierre le Hir


Algunas especies inhabituales de pájaros en el Ártico.

Además de la reducción de la superficie glacial, el cambio climático conduce a colonias de pájaros, que habitualmente se encuentran más al sur, a asentar su domicilio en el Gran Norte.

Según ha constatado un equipo de científicos rusos que acaba de explorar durante tres meses las islas del archipiélago Francisco José en el Ártico. «Sobre una veintena de especies de pájaros que hemos clasificado, cuatro son inhabituales en el archipiélago «,  ha indicado la investigadora rusa Maria Gavrilo, y ha citado el ejemplo de las gaviotas de cola bifurcada y patos marinos buceadores.

Los científicos también han informado en su expedición sobre especies raras de mosquitos, una de las cuales «puede ser desconocida «.

El grupo, asombrado por la magnitud de la «reducción anormal y rápida de la superficie glacial marítima en el Ártico» ha confeccionado nuevos mapas del archipiélago. Rusia ha hecho del

Ártico, rico en hidrocarburos aún no explotados, una prioridad estratégica.

Fuente: http://www.lemonde.fr/planete/article/2012/11/22/le-grand-nord-souille-pour-des-siecles-par-des-dechets-nucleaires_1794588_3244.html

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