“Iros todos a la mierda, de uno en uno o en mogollón. Todos a la puta mierda, valientemente y con decisión. Iros todos a la mierda, estamos hartos de corrupción. Todos a la puta mierda, estamos hartos, ¡me cago en dios!”, es la letra de una canción del grupo punk vasco La Polla Records, constituido en 1979, que forma parte del disco El último (el) de la polla publicado en 2003.
El tema aparece citado en el ensayo Punk español. Gritando por la democracia en un estado posdictatorial, del escritor, cineasta y crítico cultural, David Vila Diéguez; editado en junio por Desacorde, el libro de 318 páginas aborda la importancia política del punk y su relación con otros movimientos sociales y culturales -también surgidos en los años 70 del siglo pasado- en el contexto de la Transición española.

El texto recuerda la represión policial que tuvo lugar el 12 de mayo de 1986, durante un concierto de La Polla Records celebrado en la Casa de Campo; el evento fue organizado por el Ayuntamiento de Madrid, gobernado por el PSOE; el periódico El País llevó los hechos a la portada, con un texto que recogía la versión municipal: culpaba a la banda punk de los “incidentes”, que habrían sucedido porque el grupo “no intentó aplacar los ánimos de sus seguidores”; el diario ABC también participó en el señalamiento.
¿En qué consiste el Punk? David Vila Diéguez apunta que, en términos generales, un rasgo de la música punk es la simplicidad; puede hallarse un ejemplo en el fanzine Sideburns, que resume en tres acordes los elementos necesarios para convertirse en guitarrista; por tanto, ni siquiera resulta imprescindible el talento; esta idea implica una ruptura de las barreras de clase, ya que formar una banda y hacer música estará, también, al alcance de la clase obrera.
Vila Diéguez es profesor de Estudios Hispánicos en la Universidad del Estado de California, Bahía de Monterrey; es autor, entre otros artículos, de La Movida Madrileña frente a la Cultura Punk Española y El canallita machirulo: una aproximación a las masculinidades del rock español; el autor de Punk español presentó el libro el 13 de diciembre en las XXVI Jornadas Libertarias de CGT-València; las jornadas concluyeron con las actuaciones de los grupos punk grupo C.O.R. y 8 Meses y Dos Días.
“En los primeros años de la democracia, el punk no fue sólo un movimiento contracultural sino también una actitud general de oposición al modo en que se gestionaba la Transición”, subraya en la sede de CGT-València.
Muestra del rechazo al orden vigente fue el punk en Euskal Herria y la pluralidad de canciones que generó; como No quiero cambiar, del grupo de Santurce (Vizcaya) Eskorbuto o A la mierda, de Piperrak; pero esta negación del statu quo era compatible con las propuestas afirmativas, como es el caso de los gaztetxes (centros sociales okupados).
No sólo las bandas punk citadas -La Polla Records y Eskorbuto- sino otras como Último Resorte y Subterranean Kids, las dos de Barcelona; Escombro, de Portugalete (Vizcaya); Negativo y Zarama (basura en euskera), también del País Vasco; Odio, de Rentería; M.C.D. (Me Cago en Dios), formada en Bilbao; o la vitoriana Cicatriz (en sus orígenes Cicatriz en la Matriz) se distinguieron por su radicalidad, la oposición al establishment y un eco casi nulo en los grandes medios de comunicación; son factores que los diferencian de la movida madrileña y ejemplos como Alaska y los Pegamoides.
En el apartado sobre el discurso rupturista del punk -en el estado español-, el docente y escritor señala la influencia de Kortatu; fundado en 1984 en el municipio de Irún (Guipúzcoa) e inserto en el llamado rock radical vasco, el grupo -en el que participaban los hermanos Muguruza- lanzó al año siguiente su primer disco, Kortatu; el álbum incluía el tema Sarri, Sarri, sobre dos miembros de ETA fugados de la prisión donostiarra de Martutene; y otras canciones -acerca del contexto internacional- como Nicaragua Sandinista.
Otro discurso relevante es el del grupo de hardcore punk de Barcelona, L’Odi Social, fundado en 1981; su primer álbum vio la luz cinco años después, con el título de Que pagui Pujol!; el planteamiento disruptivo puede observarse ya en la portada: tres jóvenes que saltan las compuertas del metro para entrar gratis; a esta idea de desobediencia civil se agrega la primera canción del disco: Busca, busca; el tema concluye con una parodia de las aspiraciones que el Sistema ofrece a los jóvenes: “Mandándote a buscar un curro. Mandándote a trabajar. Encontrarás una novia. Y pronto te casarás”.
David Vila Diéguez aborda también en la negación que el punk hace del capitalismo y el neoliberalismo; esta oposición se concretó en acciones, por ejemplo la okupación de un antiguo centro médico -el 7 de diciembre de 1984- en Barcelona, para transformarlo en un espacio cultural con salas de ensayo.
En la okupación tomaron parte jóvenes de grupos punks, anarquistas y activistas; la acción no estuvo exenta de criminalización mediática; “Nacen en Barcelona los ‘ocupa-pisos’”, tituló El Periódico de Catalunya; la policía desalojó el edificio pocas horas después de la okupación.
Frente a la propuesta del capitalismo neoliberal -mano de obra asalariada, rigidez de los horarios, matrimonio y familia- el punk planteaba la filosofía Hazlo Tú Mismo (HTM); se trata de un estilo de vida que caracterizó, en 2008, la Federación Anarko Punk (FAP) en un libro titulado HTM. Recupera tu vida.
El libro incluía instrucciones para hacerlo todo sin depender de nadie, a partir de la paciencia individual y la fuerza de voluntad; en resumen, el objetivo del HTM es independizarse del consumismo “salvaje” y “destructor”.
David Vila Diéguez subraya que el compromiso individual del Punk se extendía a las reivindicaciones colectivas; así sucedió, por ejemplo, en el Festival Anti-OTAN celebrado el 22 de octubre de 1983, en el municipio de Tudela (Navarra); el acto contó con la participación de La Polla Records, Eskorbuto, RIP y Barricada; o el Koncierto Anti-Mili de 1988 en Madrid, en el que actuaron los grupos Radical H.C., 37 Hostias, Tarzán y Hormigón.
“Hoy en día existen nuevos movimientos punk como el Queercore, el Riot Grrrl o el Afropunk, y otros nuevos movimientos culturales underground siguen surgiendo y mezclándose con los antiguos. Estos movimientos buscan combatir la homofobia, el sexismo y el racismo dentro de un activismo político general de cultura punk”, concluye el autor.
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