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¿El sacrificio del Estuario del Guadalquivir a la minería? Ya ha comenzado

Fuentes: EL Salto

Las mineras pretenden extender la frontera de la minería y sus ríos sacrificados hacia el este, hasta el Guadalquivir.

La Mina de Cobre las Cruces fue condenada por contaminar aguas subterráneas, con las que se regaban productos agrícolas y de las que bebía gente, con arsénico. Tras esta condena firme, en 2008, esta mina comenzó a verter, tras un proceso de depuración insuficiente, aguas con metales pesados al Estuario del Guadalquivir.

Los metales y metaloides, como zinc, cromo, níquel, plomo, cadmio y arsénico, vertidos al Guadalquivir son potencialmente muy tóxicos, y tienden a bioacumularse en la flora y la fauna, incluyendo al ser humano. De hecho, estos contaminantes metálicos se relacionan con enfermedades muy graves como diferentes tipos de cáncer y enfermedades degenerativas como párkinson, alzhéimer y demencia. Además, la bioacumulación de metales también se relaciona con el espectro autista y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

Gran parte de los metales vertidos por la Mina de Cobre las Cruces al Guadalquivir se han ido acumulando en los sedimentos del fondo del río. Desde los sedimentos, los metales han pasado a bioacumularse en la red trófica estuarina. Por ejemplo, los análisis de las empresas contratadas por la mina para el seguimiento del vertido han detectado concentraciones elevadas de metales, especialmente plomo, en albures o lisas, unos peces abundantes en el Guadalquivir. Las concentraciones de plomo eran tan elevadas que superaban, frecuentemente, lo permitido para ingesta de pescado en la Unión Europea. Y los albures se han pescado y consumido tradicionalmente, y se siguen consumiendo, en muchos pueblos ribereños del Guadalquivir.

Los datos de altas concentraciones de metales en peces han ido siendo enviados, regularmente, por la mina a la Junta de Andalucía. Sin embargo, la administración pública andaluza los metía en un cajón. Esto sucedió hasta que varios investigadores sacamos esta información a la opinión pública en forma de informe científico.

Entonces, la llamada ahora, Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias, puso en marcha un subprograma especial de seguimiento de metales en los productos pesqueros del Guadalquivir en la línea de lo que hizo tras la rotura de la balsa de la Mina de Aznalcóllar en 1998, el mayor desastre ecológico de Andalucía. Además, esta Consejería envió una carta al Ayuntamiento de Coria del Río, pueblo conocido por la pesca de albures, requiriendo al ayuntamiento que controlara que no se vendieran estos peces en su localidad; la pesca de los albures no está regulada en el Guadalquivir.

Así comienza el sacrificio de un río a la minería. Una actividad, en este caso la pesca, es desplazada del río por su uso por parte de la minería, que lo utiliza como una tubería de desechos a cielo abierto. En las provincias de Huelva y Sevilla, hay multitud de cauces fluviales sacrificados a la minería, entre los que destacan los ríos Odiel y Tinto. Estos cauces se contaminaron, gravemente, tras el inicio de la minería industrial en el siglo XIX. Recordemos que el territorio ocupado por las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz se conoce como “el Triángulo del Cáncer” por la alta incidencia de estas enfermedades en la zona.

Ahora llega otra fiebre minera a la Faja Pirítica Ibérica. Las mineras pretenden extender la frontera de la minería y sus ríos sacrificados hacia el este, hasta el Guadalquivir. Los albures contaminados de los que hemos hablado se han dado solo con el vertido de la Mina de Cobre Las Cruces, pero ya hay dos nuevos vertidos anunciados, uno más de Cobre las Cruces y otro de la reapertura de la Mina de Aznalcóllar.

Si estos vertidos se llevarán a cabo multiplicarían la contaminación actual en el Guadalquivir hasta por diez o, incluso, más. ¿Cuánto tardaría en sacrificarse la pesca de galeras, gambas, langostinos, acedías… en la desembocadura del Guadalquivir? ¿Cuántos cuerpos de quienes comiesen habitualmente esos productos pesqueros se sacrificarían?

Jesús M. Castillo es catedrático de Ecología en la Universidad de Sevilla.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opinion/sacrificio-del-estuario-del-guadalquivir-mineria-ha-comenzado