Los numerosos actos que el pasado año celebraron el 50 aniversario de la muerte del dictador (que no de su régimen) dejaron casi desapercibidos los Encuentros sobre el Teatro Independiente y su legado durante el franquismo que el Ministerio de Cultura organizó en Madrid a lo largo de noviembre con la asistencia de antiguos miembros, dramaturgos e investigadores que destacaron su relevancia en la lucha cultural y política que erosionó el sistema dictatorial.
Así, cinco décadas después, se recordó la labor de estos grupos de jóvenes activistas antifranquistas organizados en cooperativas con igualdad de sueldo, que empleaban el teatro como arma de lucha. Su intencionalidad política fluía a través del repertorio de obras críticas (obligados a esquivar la censura previa de textos y la posterior de los montajes escenográficos), surgidas de la creación colectiva donde la imaginación suplía la falta de medios materiales. Buscaban nuevos públicos fuera del circuito de salas comerciales, en locales de barrios y pueblos donde podían representar un par de días sus obras experimentales, siendo a menudo prohibidos, multados e incluso encarcelados como en La torna de Els Joglars (1977) sobre las últimas ejecuciones a garrote vil.

Herederos de La Barraca de García Lorca y las Misiones Pedagógicas de la II República, eliminadas por los militares sublevados, su raíz cercana fueron los grupos de Teatro Universitario (TEU) y las agrupaciones locales “de cámara y ensayo” que desde la década de los 50 funcionaron como único estrado permitido para divulgar ideas discordantes con el nacional-catolicismo dominante, dando a conocer autores internacionales como Brecht, Becket, Ionesco y Chejov; junto con los de la “generación realista” española (Sastre, Buero Vallejo, Olmo y el vanguardista Arrabal, quien tuvo que exilarse). En los 60 surgieron al margen de la universidad los primeros grupos teatrales independientes y estables: tras fundarse Los Goliardos en 1964, son 13 grupos en 1967, llegando al centenar hacia 1970, en su mayoría radicados en Catalunya, Madrid, Asturias y Alicante, compartiendo posiciones protestatarias y estructura colectivista y asamblearia, derrochando esfuerzo y entusiasmo en sus giras en furgonetas por el todo el país para difundir su crítica socio-política, proponer otros valores morales e ir consolidando una alternativa al teatro convencional y conformista. Al mismo tiempo que ejercían como escuela de aprendizaje para actores y técnicos. Pero las exigentes condiciones de la vida y trabajo comunal en estos grupos, con interminables jornadas en desplazamiento constante y escasa remuneración (nunca segura), ocasionaron la alta movilidad de sus miembros, obligados económicamente a actuar en teatro comercial y en cine; en el caso de Los Goliardos, en total fueron más de 500 sus miembros.
De repente, en el verano de 1970 el grupo “Tábano”, junto con la banda “Las madres del cordero” representan en el madrileño Teatro de la Comedia su burlesca creación musical colectiva Castañuela 70 obteniendo un clamoroso éxito de público y prensa; pero su parodia crítica del régimen desencadenó agresiones fascistas y la prohibición del espectáculo, que tuvo que salir de gira por centros de la emigración europea. En Barcelona se abre el Teatro Capsa y en Madrid el Pequeño Teatro para acoger montajes de grupos independientes. Uno de ellos, el “Teatro Lebrijano”, con su Oratorio, metáfora trágica sobre las víctimas de la Guerra Civil, en 1971 triunfó en Francia y Madrid, siendo aquí su director multado y la obra prohibida. El nivel técnico y la expresividad formal de la puesta en escena de los grupos de Teatro Independiente ya superaba los de las compañías comerciales, pero al traspasar el límite de lo permitido en 1972 se sucedieron las prohibiciones de montajes de Tábano, T. U. de Murcia, T. E. I., Corral de Comedias y Esperpento. También se cerró La Cuadra de Sevilla y en 1973 se anuló una Semana de Teatro, organizada por los Colegios Mayores de la Universidad de Madrid.
El amplio circuito de pueblos donde podían representar posibilitó la existencia de más grupos teatrales independientes, que a la muerte de Franco se acercaban a los dos centenares, con la apertura en 1976 del Teatre Lliure en Barcelona para ofrecer un repertorio en catalán. El movimiento vecinal creó asociaciones culturales y ateneos que posibilitaron un teatro de barrio, apoyado por los ayuntamientos democráticos nacidos en 1979. Este cambio político repercutió en la estructura de tales grupos, a los que se exigió convertirse en empresas para poder acceder a las subvenciones y actuar en unas salas sujetas a las directrices de los poderes públicos.
Respecto a la situación actual, son muchas las salas de teatro alternativas y los grupos-empresas herederos de los grupos independientes, con problemas para mantener repartos estables y la creación colectiva, cuando se trata de una profesión desestructurada, donde el 80% de sus miembros no ingresa ni 12.000 € al año, y son solicitados para las series de las plataformas audiovisuales.
De las intervenciones en estos Encuentros realizados en noviembre pasado se desprende que “el Teatro Independiente participó eficazmente en la lucha antifranquista, cambió la forma de estar sobre el escenario y es la base del teatro actual”, que ha perdido aquella valerosa y generosa labor de motor para el cambio social. Para complementar los debates, el CDAEM montó la más amplia exposición de fotografías hecha sobre los grupos de teatro independiente en su “década de oro”: los Setenta. Así, en el Teatro de la Abadía de Madrid se ofrecen imágenes de 32 grupos procedentes de 10 de las actuales autonomías, mediante 53 de sus montajes, entre los cuales algunos tan emblemáticos como Quejío, Oratorio, La Boda de los pequeños burgueses, El Fernando, El Retablillo de Don Cristóbal, Cruel Ubris y Después de Prometeo. El autor de este artículo, como reportero gráfico, colaboraba con estos grupos fotografiándoles en los ensayos, elaborando un estilo personal basado en primerísimos planos deformados con gran angular y mucho contraste.
Demetrio E. Brisset es catedrático jubilado de Antropología de la Universidad de Málaga.

La exposición está abierta hasta el 7 de febrero 2026. Martes-Domingo entre 17’30 y 19 h. (entrada libre), en La Abadía, c/Fernández de los Ríos 42, Madrid.




Fuente: https://vientosur.info/el-teatro-independiente-y-su-legado-durante-el-franquismo/


