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En la muerte del profesor, luchador y filósofo Pere de la Fuente

Fuentes: Rebelión

¡Arden las pérdidas! ¡Son tantas y tan imposibles de aceptar! Hoy la tierra nos es más leve a todos nosotros, ha escrito Joaquín Miras. En la mañana del jueves 20 de diciembre, coincidía con el amigo, compañero y camarada Pere de la Fuente en un acto de homenaje a nuestro común maestro Francisco Fernández Buey. […]

¡Arden las pérdidas! ¡Son tantas y tan imposibles de aceptar! Hoy la tierra nos es más leve a todos nosotros, ha escrito Joaquín Miras.

En la mañana del jueves 20 de diciembre, coincidía con el amigo, compañero y camarada Pere de la Fuente en un acto de homenaje a nuestro común maestro Francisco Fernández Buey. ¡Pere siempre estaba donde había que estar! Tenía esas manías; marca de la casa. Pocas horas después, en la noche del jueves, este admirado profesor y agitador cultural incansable fallecía en su domicilio barcelonés. Un infarto segó su vida. Estaba junto a su compañera María Antonia Espasa.

Pere y yo nos conocimos hace unos 33 años. Él era ya entonces un profesor y compañero reconocido, curtido en mil y una batallas sindicales, políticas y filosóficas. Un referente para todos nosotros, alguien en quien mirarnos para aprender, tomar notas y seguir a su lado, pensando, siempre insistió en ello, con nuestra propia cabeza.

Fue también una de las primeras personas que me habló de revoluciones copernicanas, de lógicas multivaloradas, de la historia del movimiento obrero catalán, de grandes autores de la filosofía analítica (Quine especialmente) y, desde luego, del marxismo sin ismos de Manuel Sacristán y de su discípulo Francisco Fernández Buey. Fue de Pere de quien aprendí un aforismo (paradójico) de Sacristán -¡le encantaban las paradojas!- que nunca he olvidado, que siempre tuvimos en cuenta: lo malo de la ciencia actual es que es demasiado buena, una reflexión central que estuvo muy presente en sus aproximaciones a la temática de la tecnociencia contemporánea.

Pere, como muchos de sus amigos, Paco Fernández Buey, Teresa Rodríguez, Manel Pau, Joaquín Miras, Joan Tafalla, Miguel Candel, también Sacristán, tuvo un papel destacadísimo en la constitución de las CC.OO de la enseñanza No fue fácil, hubo que combatir. Sectores en absoluto marginales de la dirección del sindicato, algunas poderosas instancias del PSUC, no abonaban ese sendero. Olía en exceso a posición obrera y los profesores eran «profesionales». Fue una de sus batallas, una de esas batallas que parecían perdidas pero que era necesario acometer. Y con éxito en esta ocasión.

Pere nunca fue un catedrático de filosofía ni un profesional de la enseñanza. La modestia es la principal virtud del intelectual, del amante del saber, del filósofo verdadero, y Pere fue todo eso y mil cosas más: un intelectual comprometido, un filósofo de una pieza, alguien que tenía interés por todo lo que merece interés, por lo humano y por lo que está más allá de lo humano. Él era, lo fue siempre, un enseñante socrático no elitista que aprendía con y de los demás.

Su amor por la lengua y la cultura catalanas, una cultura que jamás entendió de forma provinciana y cerrada, fue también una de sus pasiones, una de sus militancias. Nos contagió a los demás. También nos enseñó en esto.

Coincidimos años más tarde en Santa Coloma de Gramenet. El papel de Pere en la formación del Grup de Filosofia del Casal del Mestre fue básico, esencial. De hecho, ahora que Pere casi no nos oye y podemos decir la verdad, él era el Grup de Filosofía. Los demás estábamos para acompañarle un poco, para llenar espacios. La labor de divulgación ciudadana de la filosofía que el Grup emprendió merece un lugar destacado en cualquiera historia justa y razonable de la cultura popular rigurosa. Sin él, poco, muy poco de lo mucho que se llegó a hacer se hubiera podido realizar. Gracias a él y al Casal del Mestre de Santa Coloma de Gramenet editamos una antología de Sacristán prologada por Miguel Candel, tradujimos textos sobre la revolución científica y publicamos textos breves sobre el aborto, el racismo y la eutanasia, y mil cosas más. Por no abrumar, me dejo mil cosas en el tintero, como, por ejemplo, los cines fórums de filosofía que organizó.

Pere tenía además sus toque geniales. Una vez tuvo el acierto de preguntar a los alumnos del IES Terra Roja, su instituto colomense, sobre el nombre que les gustaría dar a una revista de filosofía de estudiantes que pensábamos editar. Cogió al vuelo el guiño de un estudiante: «Jo què sé!». JQS fue, desde entonces, el magnífico nombre de una revista que dirigió durante más de una década. Con pasión razonada, como también a él le gustaba apuntar.

Pere fue también imprescindible en todas las tareas de recuperación, edición y divulgación de la obra de Sacristán. Con él hicimos un libro que, si se me permite una pequeña inmodestia, no fue un mal libro: Acerca de Manuel Sacristán . Recogía diez entrevistas al autor de Introducción a la lógica y al análisis formal , un libro que Pere conocía al dedillo, y unas veinte entrevistas acerca de la obra y la vida de alguien que él sintió muy, muy cerca. El blog que Pere organizó y abonó con mimo sobre la obra de Sacristán es excelente. Una aportación decisiva.

Este gran profesor de filosofía fue, además, una persona generosa, generosísima -su apoyo para la realización de los documentales «Integral Sacristán» de Xavier Juncosa fue enorme- y muy humana. Recuerdo emocionado su interés siempre presente por mis padres, por mi hijo o por mi compañera.

Pere, un imprescindible de los que hablaba Brecht, no dejó de militar nunca, nunca dejó de aportar su enorme grano de arena a la lucha de siempre. Era un clásico en esto. No se perdía ni una manifestación. Hasta el final de sus días. Militaba en serio -su opción era altamente significativa- en la agrupación de Esquerra Unida i Alternativa de Santa Coloma de Gramenet, la ciudad obrera en la que trabajó durante varias décadas, al lado de activistas admirables como Àngel Pla, Montse, Epi o Paco Téllez, este último uno de sus héroes.

Cuando preparamos el Acerca de Manuel Sacristán hablamos sobre qué poema podía abrir el volumen. Pere no tuvo ninguna duda. Me dijo, casi gritó en esta ocasión, «¡1936!» Tenía razón: con el poema cernudiano abrimos aquel libro que tanto amábamos y que tanto hicimos nuestro. Los últimos versos del poema están también pensados para él. Están en la mente y en el alma de todas y todos

 

Que aquella causa aparezca perdida,

nada importa;

Que tantos otros, pretendiendo fe en ella

sólo atendieran a ellos mismos,

importa menos.

Lo que importa y nos basta es la fe de uno.

 

Por eso otra vez hoy la causa te aparece

como en aquellos días:

noble y tan digna de luchar por ella.

Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido

a través de los años, la derrota,

cuando todo parece traicionarla.

Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

 

Gracias, compañero, gracias

por el ejemplo. Gracias por que me dices

que el hombre es noble.

Nada importa que tan pocos lo sean:

Uno, uno tan sólo basta

como testigo irrefutable

de toda la nobleza humana.

 

Pere nunca estuvo sólo, en minoría de uno. Siempre fue, siempre será, un ejemplo para todos, un testigo irrefutable de toda la nobleza humana. ¡Hasta siempre, querido compañero! T’estimem tant!

 

PS: Joaquín Miras, un amigo de mil luchas y cien encuentros, ha escrito tras el fallecimiento de Pere: «Queridos amigos: es una pérdida, una gran pérdida; era uno de nosotros, uno de los nuestros, de una bondad y una honestidad insobornables […] Yo lo conocí cuando fundamos las CCOO de ensenyament, contra la dirección del partido, que impulsaba los sindicatos autónomos de profesionales. Era uno de los 18 iniciales «de institutos» en Catalunya. Y luego, en la vida regular, cotidiana, de la aventura de la fundación de las «CCOO de ensenyament», uno de los 9 ó 10 que sostuvimos los palos del sombrajo en «institutos»; después ya llegaron los buenos resultados electorales para las listas únicas provinciales de delegados sindicales, mayoritariamente votadas por el rojerío de institutos que dio la victoria en Barcelona y Cataluña a CCOO ensenyament, y nos sustituyeron los profesionales del sindicalismo: otra gente. Era, fue, la voz que llamó por teléfono una tarde de miércoles, pasadas las seis, al despacho de CCOO ensenyament en la Unión de Barcelona, en la calle Padilla, para avisar a quien estuviera de guardia -yo era el que cogí el teléfono, allí estaba Nuria, y abajo en reunión de los miércoles de la ejecutiva de la Unión, estaba Carola Ribaudi- de que en el Congreso la guardia civil acababa de secuestrar a los congresistas, y a Suárez, y a Carrillo, y que había disparos. Pere era un «sacristanista» -como casi todos en el núcleo-. Era un hombre culto, y aún más, era un hombre sabio. Porque no se puede ser bueno siendo necio. Un abrazo a todos, un abrazo a Salvador. Hoy la tierra nos es más leve a todos nosotros».

 

El velatorio será este próximo sábado, a partir de las dos de la tarde, en la Sala 9 del tanatorio de Sant Gervasi (Barcelona), calle Carles Riba nº 10. La ceremonia de despedida a este gran filósofo y luchador será el domingo 23 de diciembre, a les 11:45, en el mismo tanatorio.

 

 

Salvador López Arnal es amigo y compañero de Pere de la Fuente, y ambos han sido miembros del Grup de Filosofia de Santa Coloma de Gramenet.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.