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Entrevista político-filosófica y biográfica a Antoni Barbará Molina

«Esta» Europa y su perversa construcción, la U.E., no se pueden soportan ni un minuto más»

Fuentes: El VIejo Topo

Leo en una pequeña nota que corre por la red: «Militante social, activista político y trabajador por la salud. Todo junto y a la recíproca. Luchador desde el PSUC en la clandestinidad, desde el PCC de la transición y en EUiA desde su fundación. Fundador y ex-presidente del Casal de Cuba de Badalona, ex-regidor en […]

Leo en una pequeña nota que corre por la red: «Militante social, activista político y trabajador por la salud. Todo junto y a la recíproca. Luchador desde el PSUC en la clandestinidad, desde el PCC de la transición y en EUiA desde su fundación. Fundador y ex-presidente del Casal de Cuba de Badalona, ex-regidor en el Ayuntamiento de Badalona, médico y secretario de «Dempeus per la Salut Pública», responsable de Europa en EUiA, es actualmente Presidente de la Fundació l’Alternativa. Fundador y miembro del Comité Ejecutivo del Partido de la Izquierda Europea (PIE) y coordinador de su programa electoral, Toni Barbará Molina es un «joven veterano» en las luchas y espacios confluyentes por la emancipación de clase, la equidad, la dignidad, el internacionalismo y la solidaridad.» Respiro hondo, se me llena el rostro el cerebro de admiración y empiezo a preguntar. ¿Nos explicas tus primeros años? Donde naciste, a qué se dedicaban tus padres, dónde estudiaste.

Solté mi primer berrido, me cuentan, en la casa de mis padres y abuelos en pleno barrio de Ribera de Barcelona. A escasos metros de la basílica de Sta. María del Mar (la catedral «del Mar», y de los pobres) y justo encima del «Fossar de les Moreres» donde dice la leyenda de las esencias catalanistas «no se entierra ningún traidor»… Este dato puramente biológico es un buen ariete cuando discuto con nacionalistas intolerantes, prepotentes y sobrevenidos. Mi abuelo era un ferroviario maño de la FAI, la abuela una mujer con moño y dignidad que nos crió a todos, mi padre un camarero nacido en Gràcia, mi madre natural de Mora y siempre ayudando en el bar. Dos hermanas menores. Padre murió con 46 años de un cruel cáncer de pulmón, metido siempre en su trabajo con tanto humo de bar. Sobrevivir fue más que complicado y tuve que ejercer de precoz «cabeza de familia» con apenas 21 años…y con una «mili» en Ceuta sobreañadida y con tarjeta de penalización incluida. En esa etapa determinante estaba estudiando medicina a base de trabajar en el bar familiar, en una tienda de legumbres cocidas, o de profesor, dependiente de grandes almacenes, precario en correos,…o lo que pudiera ayudar… Un día, superado el ecuador de la carrera algunos compañeros de facultad, futuros colegas, se decidieron a invitarme a integrarme en su «mundo». Agradecí el gesto pero para entonces ya había decidido quién y cual era mi «clase» y por donde andaría mi vida.

No sabía lo de tu abuelo. El mío era un trabajador barcelonés del textil, también maño, oscense más concretamente, y en su caso de la de la CNT. Nos explicas lo de la mili «sobreañadida» en Ceuta. ¿Con tarjeta de penalización incluida? ¿Por qué?

Lo del servicio militar suena a «batallita» pero en mi caso se dio en circunstancias realmente duras.

Habiendo recibido las pertinentes negativas a prórroga de incorporación (y por supuesto la ya ni solicitada a «milicias»), por «mala conducta académica/léase pertenencia al SDEUB», coincidió mi incorporación a filas (un 24 de septiembre 1968) con la inmediata muerte de mi padre (seis días después, el 30). Mi padre había soportado hasta ahí una larga agonía. Fue llegar como recluta al CIR en San Fernando y regresar en un «permiso especial» de cuatro días para enterrarlo… y otra vez de vuelta a aquel embrutecimiento degradante, sumido en una auténtica depresión reactiva y con mis neuronas y sentimientos en ebullición. Los 18 meses siguientes fueron de difícil supervivencia pero finalmente permitieron que pudiera estudiar con una intensidad que nunca tuve ni tendré, y acabar la carrera de una tacada, consciente que a mi regreso la familia esperaba, necesitaba, alguna ayuda en forma de sueldo inmediato.  

 

Eres médico pero un trabajador por la salud, como tú mismo te defines, muy, pero que muy politizado. ¿Por qué estudiaste Medicina? ¿Aspirabas a ser nuestro Norman Bethune?

En aquellos años, promoción del 63, algun@s, poc@s, tuvimos la fortuna de poder acceder a la Universidad desde un origen obrero. Era cosa de determinación, vocación y sobre todo de una familia espléndida que, aun no pudiendo, renunciaba a ingresar un salario. En el meollo de la decisión siempre estuvo el cómo ayudar a las personas, a «mis» gentes, a luchar contra el dolor, el sufrimiento, las enfermedades, o sea, las injusticias … y en eso estoy. Con bata o sin ella, pero siempre como ciudadano, como luchador, como compañero de l@s míos.

Más tarde me especialicé en medicina interna, pero prefiero definirme como médico de enferm@s más que de enfermedades. Médico de personas, pero también de tanta patología social como padecemos, comprometido con y por la salud pública y, por tanto, por la POLÍTICA como gran alternativa de tratamiento colectivo. La gran rueda dentada del engranaje, la causa de las causas. Los grandes determinantes de la salud siempre son sociales.

Ruboriza cualquier comparación con el citado Dr. Norman Bethune (un silenciado y enorme profesional médico pero aún mejor revolucionario), que por supuesto fue siempre pionero en las luchas justas y que estuvo con la legitimidad republicana contra la sublevación fascista e «incivil» española.

 

A Joan Benach, Carles Muntaner y Eduard Rodríguez Farré, médicos comprometidos como tú, también les he oído y leído muchas veces lo de «los determinantes sociales de la salud». ¿Nos lo explicas un poco? ¿Por qué los grandes determinantes de nuestras salud son sociales?

Lo que determina el estado de salud de una sociedad son las condiciones sociales. No se puede pretender vivir «saludable» sin trabajo o con uno indigno o precario, sin techo, sin educación, sin una alimentación correcta, sin un entorno ambiental y urbanista correctos, sin pensiones suficientes, sin derechos, sin esperanza, sin dignidad,… Las atenciones sanitarias, la que denominamos «sanidad» son solo una parte del sistema de salud pública. Proteger, cuidar, curar, medicar son acciones importantes en la salud pero los determinantes tienen causa social, y las causas de esas causas son políticas. Es algo tan cierto y documentado que hoy nadie sensato puede negar (salvo excepciones sonadas de personajes como Boi Ruiz o la Sra. Mato al servicio impúdico del austericidio más brutal)

 

Tu hija pequeña, que creo que ya no es tan pequeña y que es una comprometida trabajadora social en atención primaria, se llama Amanda. ¿Por qué Amanda?

Con Montse, mi amada compañera de toda la vida y de todas las luchas y con/sabores hemos disfrutado de tres hijos. Un cultivo humano apasionante y más gratificante. Dos varones de una pasta solidaria excepcional, Mingo y Toni, y como señalas la «peque», Amanda. Tal como intuyes un amor tangible y un recuerdo vivo de aquella Amanda colectiva del Víctor Jara que nos asesinaron,… con la sonrisa amplia, la lluvia en el pelo, las manos limpias, porque algunas veces los sueños se cumplen. Hoy esta persona es un orgullo de luchadora en su tarea como trabajadora social. Y no sigo, glup, en este terreno por íntimo y entrañable.

 

Me pongo un poco «menos subjetivo». ¿Cuándo empezaste a militar en el PSUC? ¿Por qué?

Al llegar a la Facultad de Medicina, descubrí otro mundo. En mi etapa adolescente, la familia había sido una escuela de valores y principios pero sin una marcada formación socio-política, metidos en la dura supervivencia de gentes trabajadoras, con apenas estudios y con mucha represión calada en cuerpo y alma.

A señalar apenas algunas estancias en el Sur de Francia, en un pueblito del Alto Pirineo, en casa de mi tía paterna, en un hogar de exiliados políticos, donde con mucho cariño, además de aprender francés, y sin pretensión de adoctrinamiento pero con toda la honestidad de quien había tomado partido (partido hasta mancharse) descubrí unos textos sorprendentes y definitivamente impactantes. Eran autores que no figuraban en mi escuela, eran autores extraños, eran Malraux, Prèvert, Hemingway, eran narradores de la verdad ocultada de mi origen.

En medicina, como en otras facultades en aquella época, era imposible no topar con compañeros de todo y que no estuvieran en la militancia política, o en todas. Sin duda, la más influyente pero además la más atrayente y exitosa era la adscripción a la lucha clandestina antifranquista, y eso se concretaba en «EL Partido«, en singular. Era el PSUC nuestro de cada día y de cada lucha. Fue la conexión con el inmediato Sindicato SDEUB, la manera natural y coherente de integrarme en el compromiso por la causa de tantos trabajadores/as que no pudieron llegar hasta aquellas aulas. Y ya siempre y hasta aquí, «organizado», organizando, y disfrutando de mieles y hieles inherentes a esta militancia política del ir a contracorriente.

 

¿ Estuviste en la capuchinada, cuando el movimiento universitario antifranquista barcelonés intentó construir el SDEUB? ¿Conociste a Paco Fernández Buey?

La mañana del encierro sorpresa en Caputxins yo llegaba tarde al Clínic procedente del Born, de trastear fruta y verdura, así que ya me enrolé en el soporte logístico exterior. Pude aportar poca política pero si un montón de bocadillos desde la tapia del Liceo francés. Todo el mundo, en nuestro mundo conocía y disfrutaba de Paco Fernández Buey. La personas excepcionales como él son, además, fácilmente abordables y de trato generoso y elemental. Producto de nuestras militancias orgánicas confluimos de forma irregular durante tantos años… y siempre fue para aprender.

En los años setenta residías en Badalona si no ando errado. Te copio: «El día del asesinato nos llegó la noticia como una ráfaga. Desde la proximidad de Badalona y de los compañeros militantes del sindicato ese crimen marcó nuestras biografías.» Te referías al asesinato de Manuel Fernández Márquez. ¿Por qué ese crimen marcó tanto vuestras biografías?

Estamos en el 73, y en esa etapa del tardofranquismo que algunos pretenden dibujar amablemente como la de un senil cascarrabias, algo dictador él, pero ya ablandado en un tránsito civilizatorio y con progresiva laxitud de manga. Falso. Nuestra percepción era que definitivamente teníamos que acompañar el final biológico del tirano con el fin cronológico del horror franquista y la continuidad fascista. Las luchas se recrudecían en todos los frentes, y por supuesto en el movimiento obrero.

También la represión se ensañaba con la insurgente revuelta ciudadana y democrática. Los «grises» y la sempiterna brigada político-social se empleaban con saña, pues habían de reprimir peligrosas consignas gritada en las calles y fábricas reclamando insolentes, ni más ni menos, que «Democracia SÍ, dictadura NO! «(sic). En esa tensión contenida llega la noticia, de boca oreja, del asesinato de un trabajador de Comisiones en las vías del tren de la vecina térmica de St. Adrià. Confieso con orgullo que esa rabia y ese dolor por Manuel fueron lágrimas saladas para la determinación de un cambio del que, esta vez sí, éramos nosotros mismos los protagonistas, que se daba en nuestra misma casa, a tocar, a luchar… a ganar.

 

Un año después fue asesinado Salvador Puig Antich. ¿Hicimos todo lo que podíamos haber hecho?

Así fue. Los medios de comunicación, de un implacable servilismo al poder brutal del «régimen», jugaron su rol de desinformación, ocultación, negación y mentira en ese nuevo crimen. Apenas nos enterábamos algunos pocos con opciones a prensa o radio extranjeras, o quienes militábamos en partidos de la izquierda antifranquista, o algunos sectores progresistas de la iglesia o la cultura…

Seguro que no se hizo todo lo que debíamos hacer, apenas lo que podíamos, y seguro también que muchos ni tan siquiera supieron ni supimos que era lo que tocaba hacer, y hacerlo. La protesta sucedía siempre como reacción posterior al asesinato y al crimen. Rebeldes e insomnes con el nudo en el estómago de nuestra impotencia y nuestra ineficiente insuficiencia para evitar esa brutalidad.

Poco tiempo después, un año y medio después, los últimos fusilamientos del franquismo. Te hago la misma pregunta: ¿hicimos todo lo que hubiéramos podido?

La respuesta es otra vez la anterior: No. Con nuestro «no sé, no puedo» y ellos con su aparato de terror y sus verdugos, la firma disgráfica y letal del «viejecito parkinsoniano» del Pardo, siguió implacable y sanguinaria, ejecutando luchadores por causas justas y emancipadoras. Los coletazos del monstruo, se sabe, son mortíferos y aquí se cumplió la previsión. De todas formas, para esas fechas la luz de la esperanza y el olor de la revuelta democrática y del revolcón popular era ya un clamor, ni silencioso ni siquiera silenciable. Ni el mismísimo manto de la Virgen del Pilar, traído a mortaja de asesino, iba a detener la historia.

 

Muerte de Franco; gobierno del carnicero de Málaga; el ex del Movimiento, Suárez, la (cada vez menos) Inmaculada transición. ¿Qué opinión te merece este proceso político? ¿Fue tan modélica nuestra transición? ¿Jugamos bien nuestras cartas de rebeldía y lucha?

Se ha escrito tanto, y en ocasiones tan bien (otras menos) sobre toda esta etapa, trascendental por determinante, que me invade un saludable pudor a la hora de redactar aquí unas opiniones personales que tienen un valor más testimonial que documental. Así que desde una modestia imprescindible me limitaré a trasladar alguna reflexión, adobada con el paso clarificador del tiempo. Ya sé que es más fácil sentenciar para el forense que para el clínico, que lo importante es acertar a tiempo, en el momento, que muchos horrores hubieran podido evitarse de no haber cometido en su día los errores que los generaron, pero esa es precisamente la grandeza de los movimientos y las luchas que en la historia han sido, o no. Errar y aprender.

Hoy sabemos que la dicha transición tuvo más de «transacción» que otra cosa. Que cantan su modelo aquellos que más y mejor se sirvieron de ella para prolongar, remodelar, proyectar su modelo de acumulación y de poder oligárquico. Pero a ese coro de alabanzas no han faltado otras voces objetivamente menos agraciadas con el invento. Ecos forjados en todo ese magma adocenado y falaz que ha sido la versión pseudo-cultural al servicio de la burguesía, de la aristocracia, los grandes capitalistas y en definitiva de los ganadores de la guerra y la transición.

Una injusta amnesia/ amnistía exculpadora por y para los criminales, un olvido pactado y autoimpuesto para las víctimas, un sentimiento de ocasión cedida… sin apenas batalla ni memoria. Un ambiguo «nunca hubiéramos sabido el coste de una ruptura por la base y de un ajuste radical de la situación histórica«, explicado y envuelto como de una falsa sabiduría común y de unos políticos que acataron y sobrevivieron. Posiblemente con nuestra aquiescencia por activa, por pasiva, o inclusive por disciplina partidaria vestida de centralismo democrático. Seguro que pudo ser peor, seguro que también pudo ser mejor, pero es irrefutable que nunca sabremos si hubiéramos podido o no revertir la historia y apoderarnos de las riendas de un futuro que nació lisiado.

 

En 1979, el PSUC ganaba las elecciones municipales en Badalona, una ciudad trabajadora pegada a Barcelona, y por mayoría. ¿Qué recuerdas de aquella victoria?

Apenas podíamos creérnoslo. La noche anterior estuvimos agotando los últimos carteles de nuestros depósitos partidarios con los últimos botes de cola y una tira trasversal en blanco que decía «mañana TU decides«. Las manos del camarada Luis Romero en el cartel gris y rojo del fondo ilustraban aquel «Mis manos: mi capital» premonitorio y sugerente. Tan eficaz resultó que el PSUC ganamos y en mi ciudad, Badalona, fuimos la lista más votada.

Hacía apenas unos meses éramos «ilegales» y por supuesto subversivos… y ahora íbamos a ser «gobierno del pueblo». No me recreo en cifras, para ceñirme a la historia. Se construyó, construimos, un Gobierno municipal de «progreso», con nuestra aportación mayoritaria (12) incluida la alcaldía (Marius Díaz), y donde entraron socialistas del PSC-PSOE de la época como segunda fuerza (10), tres concejales de una inexperta opción nacionalista, CDC, y donde quedaron tan solo excluidos los dos concejales de UCD, percibidos como «continuistas y derechizantes». ¡Tiempos aquellos!

Libros, aun con la tinta fresca y algunos con los intereses de parte asomando tras la solapa, explican aquella pequeña gran (r)evolución. Unos años de auténtica pasión por lo público, lo democrático, lo colectivo, la cosa-Res-Pública. Decenas de escuelas y miles de pupitres escolares, emergentes ambulatorios médicos a golpe de urgencia para solventar tantas urgencias, las primeras plazas y zonas verdes, las ilusionantes y combativas Asociaciones de Vecinos, los albores para la recuperación de la playa, las fiestas populares, la libertad, las calles con sus nombres de antaño recuperados y otras re-nominadas con nuestros poetas, nuestros mártires, nuestra historia… Una explosión de vida, un tiempo digno de vivirse.

Llegaste a ser concejal…

Sí, sí. Recuerdo con especial cariño mi responsabilidad de concejal de Ecología y Medio Ambiente, que era una cosa muy importante que los comunistas íbamos a pilotar y poner en solfa. Mi lectura precipitada del manual básico del adelantado profesor Ramón Margalef, la puesta en marcha de la campaña reivindicativa «Badalona, platja lliure» para recuperar aguas y arenas limpias y merecedoras de tal nombre, la larga batalla con los jerarcas de las fábricas químicas a pie de costa que usaban el mar, sin contemplaciones ni sanciones, como vertedero «natural» de sus venenosos detritus industriales, la fumatas ácidas de la Cros, las inspecciones y denuncias, la declaración de «Badalona, zona de atmósfera contaminada» como base auto-diagnóstica para un tratamiento paliativo y a ser posible corrector posterior… Toni, eres Concejal de ¿»Eco-qué»? me preguntaban amigos y conocidos… O sea, luchando contra la contaminación y las mierdas ambientales les respondía en una escatológica síntesis de intenciones…

Luego las cosas cambiaron .

Sí, luego las cosas se tornaron más complejas y los amos de siempre recompusieron su lógica de acumulación y poder… «normalizaron» la situación, la(s) izquierda(s) nos fuimos peleando con toda la pasión y vehemencia generosa y suicida de que somos capaces (demostrada y reiteradamente).

Y en esa defección estamos inmersos. Hoy en Badalona el Partido de gobierno, mayoritario y con la alcaldía en sus manos y sus doctrinas, es el Partido Popular, con el xenófobo populista García Albiol removiendo sentimientos de prebenda, agravio, rencores y miserias… y con preocupante impudicia, con mediocridad como ostentación, con sus bajos instintos, con desigualdades crecientes, metiendo miedo, generando resignación, argumentando la autoinculpación de los de abajo que quiere conducir a los pueblos a la servidumbre y la docilidad fascistizante… Las patologías sociales de que hablaba al principio y que DEBEMOS combatir con nuestras mejores armas: lucha, empoderamiento, equidad, justicia, derechos, solidaridad, dignidad.

Seguimos, por que como dice y repite mi amigo cubano: Lo bueno que tiene la cosa, es lo mala que está la cosa

Poco después, el V Congreso, la división del PSUC. ¿Qué pasó? ¿Fue inevitable?

Este es un capítulo que no debo teorizar desde mi escasa experiencia personal en los hechos. Por aquel entonces yo era un joven (sí, sí, ¡joven!) multiocupado en mil batallas entre las cuales la supervivencia familiar. La militancia política era algo normal/natural y no participé activamente en los debates, luego enfrentamientos intestinos, entre «euros y afganos». Era algo doloroso literalmente. No llegaba a entender el meollo del conflicto. Cuando se produce la ruptura, en mi ciudad la mayoría cae del lado del eurocomunismo y desde el grupo municipal se me exige tomar partido para expulsar a los concejales pro-soviéticos Juan Gómez y Miguel Guerrero. No «pude» hacerlo, así que dimití de mi cargo y entregué el carnet militante. Poco después, el propio Juan Gómez Alba, «Sarria», aquel camarada extraordinario, inmenso, luchador y líder de CC.OO., junto con otros como Manuel Sousa o Ramón Cespedosa, o Antonio Bayona, a quienes mis neuronas y hormonas identificaban como inequívocamente comunistas vinieron a enrolarme en aquel PSUC 6ª Asamblea que luego devino el PCC de la época.

Años más tarde se formó, formamos EUiA. ¿Sigues siendo militante de la organización?

Efectivamente, me incorporé ya a la primera promoción de aquel encuentro que se proponía, por enésima ocasión, lo que ahora llamamos «confluencia» (de la que aquí reivindico el substantivo) y que desde siempre conocemos como unidad de las izquierdas. La historia es larga y por supuesto con claro-oscuros y empiezan a circular versiones para distintos gustos. Sin duda, con la dosis necesaria de crítica/autocrítica hemos vivido de las mejores intenciones, de errores/aciertos, de horrores/exaltaciones, en general de menos relevancia de la que seguramente merecimos, y desde luego de todas las batallas y fricciones que demuestren la pasión y vehemencia que ponemos l@s comunistas en nuestras cosas, incluidas las venidas ocasionales de redenciones mesiánicas de corta volada. Con esta opinión, y a pesar de ella, sigo militando en la organización, que al decir de Willy Wilder «nadie es perfecto», y en eso estamos ahora mismo, en un debate substancial sobre el tema nacional y las europeas. Tiempos difíciles para un irredento y confeso federalista como yo, que además he venido participando muy activamente en el Partido de la Izquierda Europea y su proyecto. Tomando partido y habiendo tenido el honor de intentar debatir (al menos), hasta perder con gran dignidad y gratificación, unas elecciones primarias en mi organización versus la línea oficialista de la coordinación (capitán-) general.

 

¿Qué piensas de la actual Europa? Conoces mejor que nadie las actuales instituciones.

Esta pregunta podría provocar una definitiva salida de margen, Salvador. Hemos escrito y debatido mucho al respecto. En forma telegráfica diría que «esta» Europa y su perversa construcción (la U.E.), no se pueden soportan ni un minuto más. Que están en el núcleo mismo de todas la políticas neoliberales, antidemocráticas, austericidas, inhumanas e insolidarias que nos afligen. No se trata ya de reformar nada, se trata de darle la vuelta a la tortilla, porque hay (aunque las escondan) otras posibilidades. La de la Europa de los pueblos y los derechos, la de l@s trabajador@s, la solidaridad, la paz, el medio ambiente, la dignidad… la Europa partisana, la del 14 de abril en España o del 25 en Portugal… Se trata de construirla, sí o sí, como única alternativa a la barbarie que nos anunciaba Rosa Luxemburgo.

 

Insisto un poco en este nudo: ¿hay que salir o hay que permanecer, cambiando reglas, finalidades? e instituciones?

Estoy convencido que hay que salir de las «políticas del euro». No debiéramos confundir el instrumento, el tótem identificable, tangible y detestable, con la substancia política que lo controla y manipula. Podrían persistir formas ultra-capitalistas como las presentes aun usando otra divisa. Y aunque es cierto que la salida supondría algunas ventajas al poder implementar medidas de política monetaria, sobretodo en el empobrecido Sur de Europa, también es cierto que las dificultades inmediatas serían graves y una vez más a soportar por las clases trabajadoras y subalternas. Salir de las políticas-euro representa otra Banca Europea, pública y democrática, otra estructura, otra economía, otros Tratados (hay que revertirlos todos),otros valores, otras prioridades, otros principios … y otros finales.

 

Voy finalizando. ¿Qué es Dempeus?

Dempeus per la Salud Pública es un movimiento que emergió hace más de cuatro años, sin paternidades ni padrinazgos, por una serie de personas constituidas en «ciudadanía empoderada», dando soporte a tres ejes básicos: sistema público -«PÚBLICO» (no mixto)- y nacional de salud, participación social como titulares del sistema, apoyo a las personas y colectivos más vulnerables y peor atendidas, cuidadas y curadas. Empezamos denunciando Co/RE/pagos, sistemas parasitarios, híbridos y tramposos, listas de des/espera, privatizaciones, corrupciones… No podíamos ni imaginar la tarea que se nos venía encima… Ahí seguimos, con Ángels Martínez Castells presidiendo nuestra lucha, saludable y «dempeus- en pie».

 

¿Quieres añadir algo más?

Seguramente lo prudente hubiera sido algo menos. Pero finalmente el «culpable» de esta fechoría biográfica es el equipo editor con Salvador a la cabeza. A tod@s vosotr@s, mi sincero agradecimiento. Y, siempre recordando la receta prescriptora: LUCHAR ES SALUD.SALUD ES LUCHAR. ¡SALUD y República!