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Malcolm X y Bob Marley, voces cimarronas

Frantz Fanon en canto y alma

Fuentes: Rebelión

La conexión de los que vienen de allá abajo Debió existir una conexión entre Trench Town, barriada de Kingston y Harlem de Nueva York. Los aborígenes de los barrios tienen el tumbao que les marca el origen y la leyenda; es un halo de nobleza proletaria que no se pierde nunca y se lleva a […]


La conexión de los que vienen de allá abajo

Debió existir una conexión entre Trench Town, barriada de Kingston y Harlem de Nueva York. Los aborígenes de los barrios tienen el tumbao que les marca el origen y la leyenda; es un halo de nobleza proletaria que no se pierde nunca y se lleva a cualquier lado como pregón identitario. Son ‘los de atrás’ que van con René Pérez (Calle 13) o con otro griot, son los de Villa Fiorito o del 23 de Enero, de Las Favelas o Las Comunas, de Barrio Caliente o La Perla. Argentina o Venezuela, Colombia o Brasil. Ecuador o Puerto Rico, la historia amanece y anochece en una de esas calles; en tiempos que no se soportan profecías, alguien hace trova de un problema social o de los asuntos del corazón. O también otro alguien, consumido por el fuego de su propia impaciencia, da el discurso que mueve las cabezas en señal de afirmación como nunca antes los habían hecho. Esa primera vez revienta una historia que se creía imperturbable. De ahí vienen ellos, los barriobajeros, a explicar teorías políticas que sorprenden porque tienen una fuerza de ley de la gravedad. Dos nombres parientes en voz e intención cultural (la estética incorpora a ello sustancia política): Malcolm X y Robert Nesta Marley.

El desquite de los condenados de la Tierra

El barrio ancestral que arrastraban con ellos no los abandonó nunca. Bob Marley con sus canciones y Malcolm X con sus discursos (oralidad equivalente a rhythm and poetry) crearon imágenes con el documento más importante para africanos y afrodescendientes: Los condenados de la Tierra, de Frantz Fanon, con prólogo y todo. Jean Paul Sartre lo explica en el prólogo, pero suena a premonición: » Si descubre las tácticas del colonialismo, el juego complejo de las relaciones que unen y oponen a los colonos y los «de la metrópoli» lo hace para sus hermanos; su finalidad es enseñarles a derrotarnos« [1] . Su actividad fue para contribuir a la derrota del neocolonialismo en sus diferentes expresiones y con los disfraces publicitarios que tengan. Los barrios de África, Asia y América Latina están en las canciones de Marley y en los discursos de Malcolm X. Las canciones del primero se escuchan en cualquier barriada donde la opresión social y política ya es insoportable y la efigie del segundo se pinta en los densos barrios del islam politizado.

Son canciones y oralidad (nkame [2] ) de redención. Bob Marley en Redemption songs propone: «Emancipate yourselves from mental slavery. /Non but ourselves can free our minds…» [3] La redención viene por el primer salto espiritual: desconectarse históricamente del colono (y de la colonialidad de la estética). Malcolm Little se volvió Malcolm X, para quitarle validez de memoria cotidiana al dueño de ese apellido. Esos tiempos radicales no fueron moda o transitorio ejercicio esencial de la raíz, más bien era bajar el pensamiento de Frantz Fanon allá abajo, donde la miseria está de cuerpo entero y las calles duras no sacrifican la perspectiva cimarrona. Así lo explica J. P. Sartre: » No toma en cuenta la memoria humana, los recuerdos imborrables; y, sobre todo, hay algo que quizá no ha sabido jamás: no nos convertimos en lo que somos sino mediante la negación íntima y radical de lo que han hecho de nosotros». Aquí viene el coro chigualero: Emancipate yourselves… Sin dudas.

Barrio y barro la misma semántica bluesera

El sermo vulgaris de estos arrabales planetarios ha sido parla bonita, sabrosa y sagrada, debió haber una semántica anterior, en la cual ‘barrio’ y ‘barro’ fueron la misma cosa. De ese barro salieron los profetas del barrio. Aunque Bob Marley y Malcolm X, canto y nkame, estuvieron unos pasos más allá de la prédica que muestra el camino solo como compromiso profético, ellos iniciaron el recorrido ejemplar. Malcolm X sobre todo. Ambos tienen como raíz misionera la influencia de Marcus Garvey. Malcolm X por su padre y Bob Marley por la nación rastafari. El utópico Back to Africa de Garvey, ellos lo volvieron acto solidario con las luchas de liberación nacional africanas. Mientras que a Malcolm X lo reconocieron como omowale [4] en una universidad nigeriana, durante el primer recorrido por varios países africanos y entrevistas con líderes anticolonialistas como Kwame N’Krumah, de Ghana. Bob Marley costeó el concierto en Harare, por la proclamación de la independencia de Zimbabue (antigua Rodesia). Eso se concluye rápido, Malcolm X parecía el mayor diplomático de Afroamérica, los estadistas del ojo del huracán le dieron la bienvenida mandando señales inequívocas a quiénes quisieran interpretarla. A él lo recibieron Abdel Gamal Nasser de Egipto, Ahmed Ben Bella de Argelia, altas autoridades de Tanzania (aún se llamaba Tanganica), Nigeria, Guinea, Senegal y de otros países. El 17 de julio de 1 964 fue recibido en la segunda reunión de la Organización de Unidad Africana, así se le daba reconocimiento a su Organización de la Unidad Afroamericana.

¡Cimarrones del mundo, únanse!

En la kasbah (o el barrio de las revoluciones) el amanecer siempre es la mejor de las tentaciones y el colonizador se descubre incómodo en esas calles que ya tienen escrituras en las paredes o dibujos de íconos que muertos continúan el proceso inmortalización. En Harlem era el racismo de una nación contra otra y en Trench Town era el colonialismo británico que no terminaba de irse, sin importar la proclama de independencia. Bob Marley recordaba a los maroons (cimarrones) y Malcolm X se llamó a sí mismo cimarrón, bueno él lo definió como «el negro del campo», aquel que está con un pie en la manigua y otro en la rebelión. Cada uno con su carga religiosa veían en la cotidianidad combativa africana de esos años sesenta y setenta (Malcolm X fue asesinado en febrero de 1 965) la próxima derrota de Babilonia o del colonialismo. Mientras Marley se acercaba por el lado del movimiento Rastafari al contradictorio monarca Haile Selassie; a Jomo Kenyatta (Burning Spear) y Patricio Lumumba. Igual hacía Malcolm X con los dos últimos desde una lectura revolucionaria del Islam. Ambas personalidades, en la narrativa de trova y labia políticas, proclamaban el acercamiento a la diáspora africana. Parafraseando al Manifiesto: ¡cimarrones del mundo únanse!

Malcolm X y Bob Marley son héroes de cualquier vecindario, de las ciudades de acá o de las de allá; del llamado Tercer Mundo o del primero. Ya no quedan mundos en sentido ordinal, las ciudades europeas y estadounidenses se llenan de colores transeúntes, cantos insospechados para los ciudadanos de esos países y aromas tenaces para el olfato y débiles para el estómago, además de idiomas que el uso comunal les crea el rabioso desamparo de la xenofobia. ¿Es el fin de las soberbias imperiales? Malcolm X y Bob Marley son nuestros próceres más imperfectos y jamás dejarán de serlo, porque son material del mismo barro de la juventud acimarronada de las competencias deportivas, buscando «su Madre de Dios» en pistas de atletismo y canchas de fútbol de aquí y de allá. ¿Nombres? A revisar las revistas ilustradas de deportes. Entiéndase bien, es la colorida lucha de clases que calma sus impaciencias metiendo goles o desafiando al viento, a la altura o a la contumacia muscular. O el arte de cantar y encantar, para derrotar a los opresores.

La canción de los Mau Mau de barrio adentro

La opresión «se funda en el espíritu de inferioridad que se cultiva minuciosamente en los oprimidos« [5] y así fue en la Roma imperial y en el colonialismo español, la una negociaba el predominio de sus dioses y el otro quemaba marimbas en el siglo XVIII, en Colombia y Ecuador; en las Américas se explotaba la fuerza del intelecto (o el intelecto de la fuerza) y legalizaba la clasificación biológica. J. P. Sartre en el famoso prologo escribe una frase de indefinida vigencia: «Y el colonizado se cura de la neurosis colonial expulsando al colono con las armas» [6] . Los Mau Mau [7] de barrio adentro se la tienen prometida al matón que les complica la vida y el día menos pensado llega, ocurre en las pocas cuadras de territorio barrial y ocurre en las naciones; pero antes se crea la narración emancipadora de las víctimas y mientras más rápido mejor. El opresor es un extraño para la masa oprimida y eso que es él quien elige los cantos glorificadores, obliga a escucharlos, insiste en repetirlos y promueve los coros espectaculares. «El colono saca su verdad, es decir, sus bienes, del sistema colonial», escribió Frantz Fanon [8] . Y es cuando se necesita una palabra, una trova y una aptitud (o una fe). Alguien, en alguna esquina, de tarde en tarde, o todas las tardes, canta contra los bienes inmorales del colonialista: «get up, stand up: stand up for your rights» [9] . Cantado en un ritmo inventado en las calles de Trench Town, con las líricas de otras músicas que se cantaba en el diario vivir de la africanidad de Kingston: ska y mento. Y la gente común y barrial no va a buscar etimologías en Grecia o Roma antiguas, se presume de un antiimperialismo instintivo o mejor se inventa una semántica brava y festiva a la vez, Malcolm X y Bob Marley se dotaron de identidad política y cultural con África, con la gente de la calle de allá o los pata-al-suelo de acá, el proletariado o el lumpen proletariado (sintonía marxista).

Estos líderes no nacen

Ambos nacieron de la matriz ideológica de Marcus Garvey, aquello marcaría para siempre su travesía. ¿Qué destino hubiera orientado el Tablero de Ifá sobre sus personalidades? Para otear el porvenir de biografías parecidas, las caracolas podrían ser inútiles. «El ser social… bla, bla, bla». Malcolm X nació en mayo 19 de 1928 y fue asesinado el 21 de febrero de 1965; Bob Marley nació el 6 de febrero de 1945 y sucumbió a un cáncer el 11 de mayo de 1981. «Se considera la personificación de la sabiduría, la fuerza y la energía de la transformación sin fin» [10] , se escribe en la franja del Dragón, según el horóscopo chino, Malcolm X estaba avecindado en ese renglón. Bob Marley estaba en la del Mono y así se describe a los originarios de ese meridiano: «Intentan superarse constantemente y tienen la secreta ambición de convertirse en héroes» [11] .

Malcolm X avanzó hacia una prédica religiosa más predispuesta a admitir la fraternidad de otras opiniones religiosas o políticas, vestía de saco y corbata por quebrantar el costumbrismo fashion de la burguesía blanca y rompió más de 400 años de silencios y medias palabras. Se volvió la voz descolonizadora de los arrabales mundiales o en palabras de F. Fanon: «La descolonización realmente es creación de hombres nuevos» [12] . Bob Marley aquel del rastafarismo político-religioso, su imagen inequívoca con las dreadlocks [13] y su expresión musical el reggae que «no es música de adoración, sino de invocación, de llamado al África», dicho por Aston «Family Man» Barret, y citado por María del Socorro Herrera B.

Notas:


[1] Los condenados de la Tierra , Frantz Fanon, Kolectivo Editorial «Último Recurso», Rosario, Santa Fe, Argentina, pág. 7, prefacio de Jean Paul Sartre.

[2] Bantuismo equivalente a ‘parla sagrada’.

[3] «Emancípate de tu esclavitud mental/ Nadie excepto nosotros podemos liberar nuestra mente…». (Traducción del autor de estas líneas).   

[4] Algo así como el hijo ha retornado, en yoruba.

[5] Los Rastafaris de Jamaica: movimiento social de resistencia, pág. 109, María del Socorro Herrera B., texto publicado en América Negra, Nº 9: 1 995,

[6] ÓP. Cit., pág. 16.

[7] Movimiento de liberación de Kenia, en los años ’50 del siglo pasado.

[8] Los condenados de la Tierra, Frantz Fanon, pág. 26

[9] Levántate, ponte de pie: ponte de pie, por tus derechos, canción de Bob Marley. La traducción es del autor.

[10] Feng Shui, Chris Evans, 2 005.

[11] Óp. Cit.

[12] Óp. Cit., pág. 26.

[13] «La palabra dread, que ahora posee varios significados, tiene su origen en el desafío rastafari a la autoridad colonial jamaicana». Tomado de No woman No cry. Mi vida junto a Bob Marley, de Rita Marley, Ediciones B, S. A., 2005.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.