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Geopolítica del cambio climático

Fuentes: Rebelión

Desde hace unas décadas desde los ejes del poder y sus medios fijaron que el cambio climático era la máxima preocupación humana, una condición existencial que significaba compromisos para la reducción de los gases de efecto invernadero y la preponderancia de las organizaciones internacionales para alcanzar acuerdos que evitasen tragedias.

Desde la investidura de Donald Trump en su segundo periodo presidencial, además de los conflictos en diferentes partes del mundo, una consecuencia ha sido la salida del tema climático de los medios corporativos mundiales.

El negacionismo de Trump del cambio climático implica que el país con mayores emisiones de gases de efecto invernadero no participa de las negociaciones que podrían poner atajo a las consecuencias dramáticas del uso indiscriminado de combustibles fósiles.

“Todo lo sólido se disuelve en el aire” la frase de Marx en el Manifiesto Comunista sobre el capitalismo, se convierte en un concepto de absoluta vigencia cuando el régimen de Trump apoya a los líderes de ultraderecha en el mundo, creando sociedades donde los valores democráticos son subvertidos por los preceptos de la acumulación de capital, elitismo y violencia de clase. Además de socavar la política interna de EE. UU. con la búsqueda de la toma del poder total.

En el ámbito geopolítico, destruye el frágil derecho internacional y las organizaciones que intentaron un orden posterior a la Segunda Guerra Mundial (IIGM), instaurando las directas relaciones de fuerza entre los Estados, la retaliación como eje de la política y la violencia como prima ratio.

Ya que los Estados Unidos no respetarán los acuerdos en materia climática, se sabe que Groenlandia y el Ártico estarán disponibles para la explotación de sus recursos naturales con el progresivo derretimiento de los hielos más antiguos y gruesos, se estima que antes de 2040 el Ártico no presentaría hielo en la época estival.

Un reciente informe de la Naciones Unidas (ONU) establece que comienza “una era de bancarrota hídrica mundial”, con un impacto en acuíferos, glaciares, humedales y otras reservas naturales de agua no recuperables. La necesidad de agua potable es patente aumentando la importancia de las reservas de Groenlandia con sus glaciares que lo ubican en el segundo lugar del mundo.

La inevitabilidad de los efectos en el clima a falta de acuerdos propone una carrera de las grandes potencias por dominar el Polo Norte como una fuente prístina de recursos naturales. La realidad de las relaciones entre países se ve condicionada por la geopolítica del cambio climático.

Países como China y Rusia han estado desarrollando una serie de rutas marítimas a través del Ártico en miras del derretimiento de los hielos estivales, acortando drásticamente las distancias para la logística del comercio internacional, haciendo sus economías aún más competitivas.

Rusia tiene la flota Ártica más importante del mundo incluyendo ocho rompehielos nucleares. Los EE. UU. anunciaron la formación de una flota propia de barcos para el Polo Norte comprando a Finlandia (uno de los principales fabricantes mundiales) cuatro y empezando la fabricación en el país norteamericano de otros siete.

Los países que están ubicados en el círculo Ártico tienen una ventaja para su explotación destacándose Rusia, EE. UU. (Alaska), Canadá, Noruega, Dinamarca (Groenlandia) y Finlandia.

Mientras, EE. UU. explicita su interés por la posesión de Groenlandia poniendo a Europa en un dilema insalvable de no renunciar a su soberanía. Trump ha manifestado en diversas oportunidades su deseo de que Canadá se convierta en un estado más de la Unión. Al observar el mapa del círculo Ártico se puede aventurar que las próximas anexiones que buscará Trump son Islandia (rutas marítimas) y la isla Svalbard perteneciente a Noruega.

Ni Noruega ni Islandia son parte de la Unión Europea, pero sí de la OTAN. Dinamarca (Groenlandia) es parte de la OTAN y de la UE, la prevalencia de los EE. UU. en la organización militar europea hace que tomar los territorios codiciados por Trump sea factible por la presión que puede ejercer la principal nación en esa institución.

Por ahora Rusia y China no han dicho nada taxativo respecto a la obtención de Groenlandia por Trump, aumentando la especulación sobre una división mundial del poder en tres Estados.

Si los EE. UU. se retiran de la OTAN ésta se acaba, si Europa accede a perder Groenlandia, la Unión Europea comienza un camino de absoluto vasallaje, irrelevancia y posible disolución.

La estrategia de Trump para la explotación ártica queda limitada por los próximos tres años que le quedan en la presidencia, más aún cuando están los comicios de medio término donde se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. De perder la mayoría parlamentaria, Trump podría ver radicalmente reducido su poder político.

Sin embargo, la presión que ejerce Trump hacia la política interna tendrá un salto cualitativo mayor si pierde, intentando asumir cuotas mayores de poder pasando por sobre el legislativo. El propio presidente de EE. UU. anunció en el Foro de Davos que: «Normalmente dicen que soy un dictador terrible. Yo soy un dictador. Pero a veces se necesita un dictador. […]. Todo se basa en el sentido común. No es conservador ni liberal ni nada por el estilo. Es, digamos, un 95 % de sentido común». En una entrevista anterior indicó que la única limitante a su poder es su propia moralidad.

El único presidente de los EE. UU. que gobernó más de dos períodos fue Franklin Delano Roosevelt, que lo hizo por tres y un cuarto donde fue sorprendido por la muerte. Lo extenso del Gobierno de Roosevelt fue gracias a sus grandes condiciones de liderazgo en momentos cruciales cuando se desarrollaba la IIGM.

Trump siendo quien decide el cuándo, el cómo y el porqué de las guerras, puede crear su propia crisis bélica que suspenda las garantías democráticas otorgándole el tiempo necesario para redondear su estrategia geopolítica de cambio climático.

Por otra parte, Trump señaló que la ubicación de Groenlandia es vital para la construcción del complejo defensivo denominado “Cúpula Dorada” para la interceptación de misiles balísticos.

Al respecto cabe recordar que la crisis de los misiles de Cuba en los años 60 tuvo su génesis en la intención de EE. UU. de poner armas nucleares en Turquía. La respuesta soviética fue la instalación de sus propias armas estratégicas en el país caribeño. En el primer decenio de los años 2000 EE. UU. comenzó a instalar misiles interceptores en países de Europa del este. Esto fue percibido por Rusia como una ruptura de las paridades estratégicas. Su defensa fue el desarrollar armas hipersónicas que hicieron impotentes las defensas antiaéreas.

Por ahora, la construcción de la Cúpula Dorada de Trump es vista por Rusia como un regreso al equilibrio estratégico en momentos que el país eslavo se ve envuelto en el conflicto ucraniano, pero el desarrollo imprevisible de los acontecimientos hace difícil un entendimiento de larga data entre las potencias.

La geopolítica del cambio climático se sigue desarrollando, es factible que los EE. UU. de Trump ponga próximamente sus ojos en la Antártida, continente protegido por tratados internacionales que a estas alturas son solo papel mojado.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.