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La guerra infinita de Fidel

Fuentes: Rebelión

El gobierno cubano demostró, por la forma de reaccionar a las provocaciones del encargado de negocios de los Estados Unidos en la Isla, que hizo una lectura detenida de la nueva doctrina norteamericana de seguridad, de su aplicación en el caso de Irak y que reaccionó directamente en función de esas condiciones al sancionar de […]

El gobierno cubano demostró, por la forma de reaccionar a las provocaciones del encargado de negocios de los Estados Unidos en la Isla, que hizo una lectura detenida de la nueva doctrina norteamericana de seguridad, de su aplicación en el caso de Irak y que reaccionó directamente en función de esas condiciones al sancionar de forma tan rápida y severa a los disidentes internos. Al actuar de esa manera, Fidel Castro está enviando de vuelta un mensaje a Washington: si quisieran actuar contra Cuba como lo hicieron contra Irak y amenazan hacerlo contra Siria, no encontrarán dentro del país algo similar al papel desempeñado por los kurdos o por la Alianza del Norte en la invasión de Afganistán y que tendrán que enfrentar algo mucho más parecido a lo de Vietnam que de los países del Medio Oriente. Menos desplantes -como los de Saddam- y más acción, sería la respuesta cubana a las nuevas condiciones internacionales después de la guerra de Irak.

Hace pocos años atrás, el gobierno cubano también reaccionó de manera rápida y violenta a la tentativa de una avioneta de aterrizar en Cuba y lanzar panfletos con tesis opositoras. Antes ya había igualmente enviado el mensaje de que los que quisieran intentar desestabilizar el gobierno cubano no se quedarían en las cárceles como referencia para la campaña internacional contra Cuba, ni podrían nutrir la ilusión de que el régimen pudiese caer – al estilo de aquellos de Europa Oriental- y esos personajes pudiesen salir de la prisión para protagonizar la política posrevolucionaria.

Desde que se configuró la crisis de la URSS y que Cuba se dio cuenta que no iba a poder contar con la protección soviética, frente a la mayor potencia bélica de la historia de la humanidad situada a 90 millas de sus costas, asumió la actitud que da continuidad ahora, en el caso del proceso de militares acusados de complacencia con el narcotráfico, que llevó a la ejecución, entre otros de Arnaldo Ochoa. La postura de Saramago da la impresión que fuese algo nuevo en el comportamiento del gobierno cubano. Se puede perfectamente discutir y condenar, pero no considerar que sea un elemento nuevo, que justifique un cambio de actitud en relación a Cuba, porque en ese aspecto el gobierno cubano siempre fue coherente con su actitud.

Fidel asume la contrapartida cubana de la guerra infinita. Saben que está en los guiones del gobierno norteamericano, que son, junto a los vietnamitas, los únicos que consiguieron imponer derrotas a los Estados Unidos y que siguen siendo una espina en la garganta de Washington. Al final, ya pasaron 10 presidentes en los Estados Unidos, así como tantos anuncios del fin del régimen cubano, que ellos saben que falta alguien en el eje del mal de Bush y por eso se previenen de la forma que les parece mejor.

Rio de Janeiro, 15/04/2003
* Emir Sader es director de América Libre