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La insurgencia de las palabras: El debate controvertido sobre Cuba en Francia

Fuentes: Rebelión

La realidad cubana suele omitirse, distorsionarse y mal interpretarse en Francia. Ha sido así durante décadas, y por ahora sería muy difícil predecir un cambio en el patrón de comportamiento de los grandes medios franceses sobre Cuba, pues lamentablemente pareciera que no lo admite la presente coyuntura internacional e incluso la situación política general en […]

La realidad cubana suele omitirse, distorsionarse y mal interpretarse en Francia. Ha sido así durante décadas, y por ahora sería muy difícil predecir un cambio en el patrón de comportamiento de los grandes medios franceses sobre Cuba, pues lamentablemente pareciera que no lo admite la presente coyuntura internacional e incluso la situación política general en el viejo continente. Las explicaciones pudieran encontrarse simplemente porque la isla es discriminada y desconocida, casi siempre por razones políticas e incomprensibles motivaciones de índole ideológicas.

Dado ese contexto complejo, en esta nota sólo me voy a referir a un caso concreto que estoy seguro no es el peor de los ejemplos de la distorsión mediática, pero es el que se me antoja ilustrar como un acto de insurgencia de las palabras. En días recientes bajo la firma de la destacada investigadora francesa Janette Habel, leí un artículo publicado en el prestigioso mensuario Le Monde Diplomatique, correspondiente a octubre de 2010, con el sorprendente título «¿Cambio de rumbo en Cuba?» en el que se enfocan criterios que sobrepasan o excluyen el contenido real de las actuales medidas y transformaciones en la Isla para actualizar el sistema económico y social cubano.

Desde mi punto de vista, resulta desacertado e incluso constituye un acto de ignorancia interpretar y repetir, como un estribillo, que en Cuba se producirán despidos masivos de miles de trabajadores de sus puestos de trabajo, sin atender en lo más mínimo que, en más de una ocasión, el gobierno cubano y sus organizaciones políticas y sindicales han reiterado que el sistema social socialista – sus leyes- no se propone dejar desamparado a los trabajadores que resulten disponibles tras los cambios y ajustes que se operan en la economía cubana con vistas al perfeccionamiento de la gestión económica y sus resultados productivos.

En el mencionado artículo sobresale un acercamiento intransigente a este proceso en los marcos del socialismo en Cuba, y su autora no ha hecho más que ofrecer una visión superficial de la evolución socioeconómica cubana, la cual se niega que transcurra en condiciones de debate popular y con la participación activa de los ciudadanos cubanos y sus organizaciones de masas.

Tengo la percepción de que se puede escribir desde la academia en Francia -y en cualquier otro país- sin subestimar los procesos y sus instituciones, sin la construcción de escenarios, más que hipotéticos, falsos sobre las supuestas tendencias políticas de una sociedad o las correlaciones de fuerzas al interior de un gobierno o sus organizaciones políticas. Normalmente, para el análisis objetivo de procesos o fenómenos nuevos se requiere tiempo, así como el estudio de muchas fuentes que no se reflejan en este artículo escrito a todas luces al vuelo, lo que arroja como principal resultado la sumatoria de imaginaciones y la ficción de la articulista sobre el presente y el futuro de Cuba.

Es bien conocido que existen en muchas partes del mundo prestigiosos intelectuales y periodistas que realizan un trabajo politológico sistemático sobre la Isla sin hacer concesiones a la dignidad académica y al rigor intelectual. En contraste, la lectura del artículo «¿Cambio de rumbo en Cuba?» en Le Monde Diplomatique, evidencia que la autora no utilizó -tal vez con toda intención- las mejores fuentes, luego se identifican nombres de cubanos desafectos, frustrados o en contraposición al proceso cubano, quienes no aciertan del todo con el paisaje real de lo que acontece en Cuba.

Por eso prefiero resaltar las ideas de Aurelio Alonso, académico cubano de pensamiento profundo, expresadas en la Cátedra de los libertadores, el 4 de agosto del 2010, de la Casa Nacional del Bicentenario, que no subestima las potencialidades de los cubanos para enfrentar la etapa presente de transformaciones. Esboza Alonso: «En la actualidad, hay más economistas que nunca, más sociólogos que nunca, más ideas que nunca, más criterios que nunca y un nivel de propuestas, una panoplia de propuestas y de razonamientos sobre las deficiencias, las medidas y las prospecciones de la economía cubana más diverso y valioso que lo que ha habido en toda la historia. Es decir, hay un capital intelectual que es una esperanza muy fuerte para las transformaciones que se necesita abordar (….)».

En esa fuerza intelectual que cuenta Cuba, la autora podía haber cobrado confianza y la posibilidad de encontrar testimonios de intelectuales o estudiosos más dignos de créditos. En el articulo la investigadora menciona al reconocido periodista y escritor Leonardo Padura, pero elijo para destacar ahora sus criterios desde otro ángulo y en un sentido positivo, cuando nos advierte en su articulo «Utopías perdidas, Utopías soñadas», publicado por la agencia de prensa IPS, que «Cuba no solo es una realidad compleja, altamente politizada, sino también singular y, a pesar de ello, muchas veces vista desde posiciones simplistas de condena o alabanza, con pocos de los matices que le dan su densidad verdadera y que nadie entiende mejor que los que allá vivimos». Todos los que escriben sobre Cuba en Europa debieran tener estas palabras de Padura como una alerta, como una proposición razonable.

Sin embargo, reconozco que, en algunos momentos del texto, Habel nos ofrece valoraciones balanceadas, pero las mismas se extravían en la inicial finalidad destructiva de la imagen de Cuba, que toma auge en cada párrafo para coronar ese objetivo sacrosanto de un ensayo encerrado en la pretendida agonía del «modelo económico y social cubano». Todo eso transcurre con la complicidad de la falta de rigor en las citas que se emiten -sobre supuestas publicaciones y autores- que contradicen a todas luces su publicitado nivel académico y científico.

En fin, durante el viaje por este articulo nos tropezamos con una función maquiavélica que se caracteriza por la mezcla de frases efectistas cargadas de mentiras, verdades completas y a medias que, sobre la base de una supuesta lógica del discurso, siempre desemboca en la desorientación del lector sobre la realidad y la verdadera naturaleza de los problemas y cambios en Cuba. Las perspectivas y el esfuerzo intelectual de la autora se concentran más en la ruptura que en la continuidad del proceso, porque ese ha sido siempre el objetivo consumado de su obra.

La estructuración del texto es una invitación a la duda, a la decepción y la desesperanza sobre el proceso revolucionario cubano. Más que hacer reflexionar, la ensayista conduce al lector por un túnel sombrío donde lo espera la derrota inevitable de la Revolución cubana, obligándolo a enfrentarse a la difícil tarea de transcribir una disertación enrevesada que, proveniente de una incontestable cubanóloga -aseguran los medios franceses- se presenta como une especie de verdad revelada sobre los cotidianos acontecimientos en la Isla.

En la promoción de una lógica reflexiva en la que no hay otra alternativa posible que la inexorable disolución de una experiencia sancionada por la variable de la geopolítica global, se encuentra finalmente la razón de la publicación de este articulo. Pero este hilo discursivo no es extraño en Habel, porque ese escenario ha sido parte del contenido de sus tesis centrales en su faena politológica sobre temas cubanos, por tanto inevitablemente sus teorías se entroncan con el subyacente fatalismo de su pensamiento político concerniente el carácter poco viable del ideal socialista en un pequeño país. Allí está la génesis del desaliento inducido en sus desacertadas profecías, que sabemos se han convertido siempre en fallidos juegos de probabilidades sobre Cuba.

Presiento que con la lectura de Janette Habel escucho el mismo ruido de los círculos oscuros en el estridente concierto de los grandes medios europeos. Sí, de aquellos que apuestan al apocalipsis de la Revolución cubana. Albergo todavía la esperanza que un día toda la información de la gran prensa no se resuma en Francia al estilo miamense de uno o varios Nuevo Herald de Paris.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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