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Otro indicio del cambio climático

La lenta agonía de los glaciares pirenaicos

Fuentes: Revista Ecologista

Los glaciares pirenaicos son los más meridionales de Europa. Estudios llevados a cabo durante la última década en el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE), perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), demuestran su irremediable reducción a un ritmo alarmante. Si la tendencia no se revierte, su desaparición está asegurada antes de mitad del siglo.

Los glaciares del sur de Europa son indicadores muy sensibles del cambio climático y hace décadas que experimentan una pérdida continua de su masa. En la Península Ibérica solo están presentes en los Pirineos y su estudio puede aportar datos sobre cómo reaccionarán otros glaciares en el futuro. En 1850 su extensión era de unas 2.000 hectáreas (ha); a comienzos de la década de los 80 se habían reducido a unas 800 ha y en 2016 se estima que apenas superaban las 240 ha 1 .

Por otro lado, de los 52 glaciares pirenaicos existente en 1850 se ha pasado en la actualidad a 19, siete de los cuales tienen menos de cinco ha, distribuidos en nueve macizos ( Figura 1 ). Pero la reducción de los glaciares no solo se cuantifica en relación con su área, sino, sobre todo, en relación con su masa, ya que la mayoría de ellos están ahora recluidos en los circos donde se originan y han perdido movilidad y volumen, pero sin reducir tanto su área de extensión.  

Desde principios del siglo XX, la temperatura en los Pirineos ha subido aproximadamente 1,5 ºC, un aumento que duplica al del planeta en su conjunto (alrededor de 0,7 ºC). Este aumento de la temperatura se debe en su mayor parte al calentamiento global antropogénico.  

El glaciar de Monte Perdido tiene un kilómetro de largo y avanza como máximo unos tres centímetros al día. Entre 2011 y 2017, acumuló una pérdida de 6,5 metros de espesor, lo que supone un promedio de un m anual. Teniendo en cuenta que, según las mediciones más recientes, su espesor total oscila entre los 20-25 m y los 40-45 m, se puede prever su desaparición dentro de 20 o 30 años. Lo que quedaría a partir de entonces serían neveros aislados, ya sin el movimiento que caracteriza a los glaciares activos y que ha conformado a lo largo de millones de años la característica forma en U de los valles de alta montaña. También aparecerán pequeños lagos de montaña en sus zonas bajas.  

Los glaciares están compuestos por dos zonas, la de acumulación y la de fusión. El hielo de la zona de acumulación va descendiendo a las zonas más bajas por gravedad. La subida de temperaturas registrada a causa del cambio climático hace que la zona de acumulación sea cada vez menor, especialmente en glaciares pequeños como los de los Pirineos. Sin embargo, esta debe tener una extensión suficiente que garantice la formación de hielo a partir de la nieve caída. 

A mitad del siglo pasado, la zona alta del glaciar era casi plana, pero ahora ha aumentado su inclinación. Cuando la pendiente del glaciar supera los 25º se reduce considerablemente la acumulación de hielo entrándose en un proceso de retroalimentación de las pérdidas.  

Los estudios del IPE  

Para sacar conclusiones sobre cómo afecta el calentamiento global a los glaciares es preciso entender el funcionamiento de estos. El Instituto Pirenaico de Ecología (IPE), con sedes en Jaca (Huesca) y Zaragoza, lleva investigando la evolución de los glaciares pirenaicos desde 2011. Además de la toma de muestras y otros estudios de campo, realiza mediciones de su espesor con técnicas avanzadas de laser escáner una o dos veces al año. Esta investigación se complementa con otras en glaciares en Colombia y Perú, pues la reducción de los glaciares afecta a todo el planeta.