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La vía penal en los daños por amianto y el mito del eterno retorno

Fuentes: Rebelión

La fecha real de una información no puede ser el único ni el principal factor determinante de su vigencia actual cuando subsiste en sus mismos o parecidos términos, la misma situación, el mismo problema, que en su día dieron origen a ella.

La correosa resistencia con la que jueces y empresarios han constituido y siguen constituyendo un sólido valladar, en la vía penal, por los daños originados por el amianto, frente a los agravios sufridos por los trabajadores a causa del siniestro mineral, propiciando la entrada en escena de la guadaña de la prescripción, ha llegado a alcanzar límites aparentemente tan inverosímiles, que vienen a justificar nuestra alusión simbólica al mito del eterno retorno, ya que en lo substancial la situación sigue siendo la misma, desde tiempos harto pretéritos.

De ello mostramos seguidamente un elocuente ejemplo.

Las Asociaciones «BAN ASBESTOS FRANCE» y «HENRI PEZERAT«, en su día emitieron el siguiente comunicado:

«La sala segunda de lo penal del Tribunal Supremo anula el sobreseimiento en el proceso AMISOL

¿Después de 20 años de espera, podrán las victimas ver el inicio de este proceso penal?

Clermont-Ferrand, 7 junio 2016

 Para que nadie lo olvide, debemos recordarles cuáles fueron los hitos para llegar hasta aquí.

El  18  de  julio  de  1996,  ocho  víctimas  de  AMISOL  presentan  una  denuncia  ante  el  decano  de  los jueces de instrucción de Clermont-Ferrand.

¿Quiénes son? Ex trabajadores y sus familias, diezmadas por el asbesto,  que  trabajaban  con  las  manos  y  el  rostro  descubiertos,  en  beneficio  Chopin;  pero  también  una profesora,  Anne-Marie  Goudard,  de  52  años,  que  ha  pasado  su  niñez  cerca  de  la  planta  AMISOL  y  se encuentra afectada por un mesotelioma.

En  1998,  cuando  el  juez  de  instrucción,  Michel  Royer,  comienza  las  primeras  audiencias, Anne-Marie ya había fallecido, no sin haber dejado su testimonio y transmitido a sus familiares el deseo de ir hasta el final de  este  proceso. 

Los abogados de la «Comisión Asbesto Prevenir y Reparar» (CAPER), Jean-Paul Teissonnière y Sylvie Topaloff, expresaron entonces sus esperanzas de ver la instrucción «llegar  lejos y de prisa, de forma coherente y determinada».

El 09 de abril de 1999, Claude Chopin, último director general de la fábrica, es  acusado:  «los cargos de envenenamiento, a través de hechos,  resultando  en  la  muerte, homicidio y lesiones involuntarias, abstención delictiva».

El CAPER de Auvernia sigue entonces su lucha, para obtener la apertura del juicio.

¡Desgraciadamente, este no es el juicio que se abre en 2006!

Diez años después de la presentación de las denuncias, el juez de instrucción se desprende de ellas, a favor del departamento de salud pública de París.

Otros jueces son nombrados. Pero luego la  instrucción  se  estanca,  con  una  confusión  mantenida,  entre las responsabilidades de los industriales, tales como Chopin,  y  las  del  estado. 

Hasta el punto de que, en  2012, Chopin solicita un sobreseimiento a la sala de instrucciones del Tribunal de Apelación de París, por “falta de cargos”.

El 08 de febrero de 2013,  esta sala de instrucciones falló un sobreseimiento con una frase terrible: «la  memoria  de  los  hechos  se  borra». 

No,  la  violencia  de  los  hechos  que  generó  tanto  sufrimiento,  no  se puede borrar.

El 24 de junio de 2014, el Tribunal de casación anuló este fallo de la sala de instrucciones y remitió la causa y las partes, ante otra sala de instrucciones, «constituida de manera diferente”.

De nuevo, la sala de instrucciones falló un sobreseimiento, el 05 de febrero de 2015, teniendo por fundamento que no existirían “suficientes cargos contra Claude Chopin, de haber cometido lesiones y un homicidio involuntario”.

Por  la  sentencia  entregada  el  07  de  junio  de  2016,  la  Sala  segunda  de  lo  Penal  del  Tribunal Supremo anuló la sentencia anterior y remitió la causa y las partes ante la sala de instrucciones del Tribunal de  Apelaciones  de  Versalles. 

Motivo: el sobreseimiento no está justificado, en relación con los cargos que condujeron  a la acusación  de  Claude  Chopin,  que  «en  su  calidad  de  jefe  de  establecimiento  y de empleador, incluso por un período de tiempo limitado, debe asegurarse personalmente de que la regulación sobre la  salud  y la  seguridad  de  los  trabajadores  sea  constantemente  respetada  y  también  le correspondía el cargo de poner en práctica las medidas de protección».

A pesar de los 20 años de procedimiento, para las víctimas, así como para  aquellos  que comparten sus luchas y en particular las asociaciones Ban Asbestos Francia y Henri Pézerat, la esperanza permanece, de, finalmente, ver a Claude Chopin convocado para  responder de sus actos ante un juez penal, en el  Tribunal correccional. 

En estos tiempos de voluntad «simplificadora» del código del trabajo, en la cual se funda el proyecto de ley «El Khomri», este fallo suena como  un  recordatorio  necesario  para  el  derecho fundamental  de  los  trabajadores  a  ser  protegidos  por  la  ley,  y  no  solamente  por  «acuerdos»  negociados  al «menor postor».

Al respecto, resulta igualmente proverbial el ejemplo de lo acontecido en la localidad italiana de Casale Monferrato. Véase:

Ángelo Ferracuti, Viaje a Casale Monferrato, la ciudad del amianto. Rebelión, 07/12/2020,  https://rebelion.org/wp-content/uploads/2020/12/Viaje-a-Casale-Monferrato.pdf

Véase también:

Francesca Viola Borgogno, Isabella Giulia Franzoi, Chiara Paola Barbasio, Fanny Guglielmucci, Antonella Granieri. Massive Trauma in A Community Exposed to Asbestos: Thinking and Dissociation among the Inhabitants of Casale Monferrato. British Journal of Psychotherapy 31, 4 (2015) 419–432. Abstract: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/bjp.12170 Texto completo: https://sci-hub.st/10.1111/bjp.12170

Y véase también: https://www.elperiodico.com/es/internacional/20111217/un-exproductor-de-amianto-ofrece-50-millones-de-indemnizaciones-por-las-victimas-1275728

El veredicto, en la práctica exculpatorio, de inmediato determinó esta réplica:

Expresamos nuestra más fuerte indignación y desacuerdo por el vergonzoso e injusto veredicto del Tribunal de Casación emitido el 19 de noviembre de 2014.

Schmidheiny, el director ejecutivo y copropietario de Eternit Italia, había sido condenado a 18 años de prisión por desastre intencional permanente.

En el Tribunal de Casación el multimillonario suizo no fue absuelto, era el delito el que entraba en el plazo de prescripción: de hecho, tanto el Fiscal General, como incluso su abogado, lo calificaron de culpable. 

Es una monstruosidad y un atropello aplicar el estatuto de prescripción a un crimen que ya ha causado 3.000 muertos, sigue matando y seguirá matando, y que solo en Casale asesina a una persona a la semana: hoy, mientras escribimos estas palabras, el desastre de Schmidheiny ha mató a otra víctima.

Este veredicto viola los principios fundamentales de las Convenciones Internacionales de Derechos Humanos: las garantías legales de los imputados no deben en modo alguno anular los derechos de las miles de víctimas del crimen.

El veredicto dice que la responsabilidad personal por delitos corporativos puede ser anulada por tecnicismos legales arbitrarios.

Nuestra lucha continúa: seguiremos todas las vías legales y la movilización social en todo el mundo, incluido cualquier caso contra Eternit, como el caso contra Schmidheiny por asesinato, que pronto se conocerá en Turín.

La coordinación internacional, convocada en Casale el 21 de noviembre de 2014, expresa su solidaridad con las víctimas, sus familiares en todo el mundo y en Casale.

Este veredicto vergonzoso no nos detendrá. 

La coordinación internacional de las víctimas del amianto y familiares y representantes de los sindicatos italianos (CGIL, CISL y Uil) y representantes de sindicatos de varios otros países y continentes, juristas y expertos:

Afeva (Italia)

Andeva (Francia)

Abrea (Brasil)

Abeva (Bélgica)

Fedavica (España)

Asarea (Argentina)

VAO (Suiza)

Asbestos Victims’ Support Group Forum UK (Gran Bretaña)

a-Ban Japan (Japón)

Ban Asbestos Asia

El mito del eterno retorno, inspirado en el devenir de las sucesivas estaciones -siempre las mismas y en el mismo orden de surgimiento-, a lo largo de los sucesivos años, en monótona repetición, conduce al concepto erróneo del tiempo circular, en el que los mismos eventos vendrían a repetirse indefinidamente, y negándose, por consiguiente, la realidad del devenir histórico.

En nuestro caso concreto, son tantas las humillaciones y desaires sufridos por los trabajadores del amianto, a manos de sus jueces y de sus patronos, con ocasión de sus demandas acudiendo a la vía penal, que toda una serie de expresiones más o menos vulgares, a modo de improperios, vienen a acudir a nuestra mente, en cabalgata de términos casi equivalentes: «irse de rositas», ninguneo, cachondeo, choteo, parloteo, mamoneo, politiqueo, mangoneo, cacareo, chuleo, fanfarroneo, guarreo, racaneo, saqueo, toreo, zancadilleo, etc.

Cuando, forzados por la inoperancia de sus desvelos reivindicativos, los trabajadores del amianto se han visto constreñidos a tener que renunciar a un resarcimiento punitivo -que es lo que verdaderamente les pediría el cuerpo-, para venir a conformarse con un mero resarcimiento económico a través de acuerdos extra-judiciales sin señalamiento de culpables, lo que se ha venido a contemplar por doquier, ha sido un mismo mecanismo financiero cuya finalidad no es otra que, tras el pronunciamiento condenatorio de la justicia, terminar por zafarse de su real efectividad.

Para ello,  lo realizado por las empresas del amianto, siempre ha venido a consistir en los mismo: el fraccionamiento del patrimonio empresarial entre varias compañías subsidiarias, acumulando en una única de ellas la responsabilidad legal frente a las reclamaciones, para proceder ulteriormente a un vaciado patrimonial de la misma, declarándola en bancarrota, para no tener que pagarle nada a nadie.

Es lo que se ha podido ver reiteradamente, en los casos de las firmas John Manville, Federal Mogul, Turner & Newall, James Hardie, Uralita/COEMAC, etc.

Es esa situación la que inspira el título de mi texto:

Desvalidos y desvalijados – Las víctimas dobles del amianto. Rebelión, 03/07/2015, http://www.rebelion.org/docs/200669.pdf

Con esta última cita nuestra, viene a confirmarse también lo que ya veníamos diciendo antes: que mientras que la situación y el problema subsistan invariables, la mera focalización de nuestra atención en la pretérita fecha de esa fuente informativa, no justifica ningún desdén hacia la misma, como obsoleta, porque su perenne vigencia viene determinada, por la propia subsistencia de la misma situación, no resuelta.

Como ejemplo paradigmático de todo ello, cabe atender a las respuestas dadas por el Dr. Tarrés, a propósito de las víctimas del amianto, generadas en Sardañola (España), dadas en una entrevista:

«José Tarrés: «Lo más importante que nos queda por ver en relación con el amianto es que se haga justicia»

El doctor repasa el pasado, presente y futuro de las enfermedades provocadas de Uralita

Desde su centro de operaciones, un modesto despacho situado en el Centro de Atención Primaria «Fontetes» de Cerdanyola, el doctor José Tarrés atiende el Laboratorio de Periodismo y Comunicación para la Ciudadanía Plural para hablar largo y tendido sobre el amianto, un material que ha marcado su vida.

Antonio Ortí y Alex Lavado. – 07/26/2017

Por cosas de la vida, el doctor José Tarrés, después de terminar la carrera con 22 años recién cumplidos y ser el número 1 de su promoción (cum laude, es decir, «con alabanza»), llegó con el título de médico aún calentito bajo el brazo en Cerdanyola del Vallès, para atender un anuncio de trabajo del consistorio en el que se buscaba un médico de urgencias.

Y allí sigue todavía varias décadas después, siendo ya «emérito», como se denominaba en la antigua Roma a los soldados que habían cumplido su tiempo de servicio y gozaban de una merecida recompensa por sus méritos.

La «recompensa», en este caso, es honorífica y consiste en ser reconocido como una persona íntegra por los miles de enfermos que ha causado el amianto durante todos estos años.

Sin embargo, Tarrés no buscó al amianto, sino al contrario: el amianto lo encontró a él.

En aquella época, explica Tarrés, además de ser médico de cabecera en el ambulatorio de Cerdanyola, hizo la residencia de neumología en el hospital Sant Pau de Barcelona.

Y, por supuesto, le sorprendió la prevalencia de algunas enfermedades que parecían pasar por alto otros facultativos, como los de la Uralita o los que pasaban consulta en Cerdanyola.

Pero no sólo ellos hacían la vista gorda en pleno franquismo, sino también los políticos que vinieron después.

De otro modo no se entiende que hasta el año 2002 no se prohibiera el amianto, a pesar que desde 1976, dos décadas antes, se conocieran sus devastadores efectos sobre la salud.

«Aquí la puñeta más grande y el freno mayor que tenía cuando empecé era el alcalde de Cerdanyola y los políticos municipales, que me llamaron la atención muchas veces, por considerar que estaba creando alarmismo social.

Seguía habiendo un franquismo sociológico y los grandes poderes económicos dominaban la política «, apunta Tarrés.  

«Cállate ya y olvídate del tema, que esto no da para tanto como dices», rememora que le decían estas mismas personas, sin tener ni idea de que el amianto, según datos del propio Tarrés, acabará matando a 76.000 personas en el estado español.

«También la empresa Uralita me enviaba a delegados de Madrid, que me decían: ¿qué pretendes hacer tú con todo esto?», sigue, recordando a la entrevista.

«Y los jueces lo mismo, ignoraban el tema completamente», añade.

En 1973 Uralita era tan poderosa en Cerdanyola que los enfermos por amianto eran vistos como una amenaza para el sostenimiento familiar: «Hay que pensar que en aquella época la Uralita daba de comer a la mayoría de la población emigrada.

Así que cuando alguien enfermaba y decía que era por culpa de la empresa, los propios vecinos y familiares le decían: no muerdas la mano que te da de comer», rememora.

Algo parecido ocurría con los sindicatos: «Como en aquella época era CCOO quien movía el tema, se nos decía: «¡Esto son manejos comunistas!», recalca Tarrés.

Sobre las responsabilidades de la empresa, Tarrés considera que: «Naturalmente que habría que pedir responsabilidades a la empresa y al gobierno.

A la empresa, porque lo sabía, y al gobierno, porque las leyes lo permitían», responde al ser preguntado al respecto.

Sin embargo, el pastel se destapó, gracias a unos médicos muy rigurosos, que eran el Dr. César Picado y el Dr. Roberto Rodríguez Roisin.

Ellos fueron los que pusieron sobre la mesa, que un 25% de los trabajadores de la fábrica sufría alguna enfermedad relacionada con la inhalación de fibras de amianto.

«Ellos, los doctores Picado y Roisin, no vinieron nunca a Cerdanyola, sino que fueron los enfermos los que fueron al Clínico para que les hicieran la revisión.

De pronto, de no haber ningún enfermo por amianto, se pasó a existir 277.

Estos doctores fueron amigos míos, porque cuando yo estaba en el Clínico, de alumno, las guardias las supervisaba el doctor César Picado.

Pero el estudio que realizaron no tuvo nada que ver con la amistad», matiza este facultativo, que cuando puede se escapa a Mallorca.

En cuanto al futuro previsible de la enfermedad, el doctor José Tarrés calcula que hasta el año 2040 seguirán diagnosticándose nuevos casos relacionados con el amianto, a pesar de haber sido prohibido en 2002, registrándose el pico más alto en el año 2020, debido al gran periodo de latencia de las patologías relacionadas con el asbesto.

«La sensación que me queda es muy triste: una pérdida de confianza en la humanidad y la impresión de que el hombre es un lobo para el hombre.

Sabiendo todo lo que se sabe ahora sobre el amianto, es un crimen ver que la situación se está reproduciendo en la actualidad en el Tercer Mundo: en Brasil, en la India, en China…

Yo mismo, en estos cuarenta y pico años que llevo dedicado al amianto, me he encontrado con situaciones en que se han visto involucrados clientes, conocidos y dos o tres amigos personales, que ya no viven», se lamenta el doctor Tarrés en la entrevista.

«¿Qué creo que nos falta por ver todavía en relación con el amianto?» -repite la pregunta el doctor Tarrés-.

«Muchísimo», responde.

«El primero, justicia y reconocimiento para los afectados.

Y también una campaña mundial para solicitar amianto cero, ya que se sabe perfectamente que es un material cancerígeno.

Sin ser imprescindible y pudiéndose sustituir por otros materiales, es un crimen que hoy en día se siga utilizando», se despide este médico que sigue viviendo en Cerdanyola, y cuya trayectoria ha sido alabada dentro y fuera de su profesión.

Francisco Báez Baquet  ([email protected])

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