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Su proyecto, "Música y Palabra", se desarrolla desde hace dos años en Las Palmas de Gran Canaria

Malena Cantero, el empeño por la poesía

Fuentes: Rebelión

«Mi hija, Betsabé, ahora, lee por las noches» «Mi hija, Betsabé, ahora, lee por las noches». Podrían hacerse resúmenes que ocuparan más líneas en cualquier texto, pero ninguno podría ser mejor. Esa fue la frase de Chari, una de las medres de los niños y niñas que estudian en el colegio Juan Negrín, de Las […]

«Mi hija, Betsabé, ahora, lee por las noches»

«Mi hija, Betsabé, ahora, lee por las noches». Podrían hacerse resúmenes que ocuparan más líneas en cualquier texto, pero ninguno podría ser mejor.

Esa fue la frase de Chari, una de las medres de los niños y niñas que estudian en el colegio Juan Negrín, de Las Palmas de Gran Canaria, el centro al que Malena Cantero acude, desde hace dos años, a poner en práctica una experiencia que ella misma denominó: «Música y palabra».

Por sus manos pasan cada semana 65 escolares de niveles comprendidos entre cuarto, quinto y sexto grado de primaria, cuyas edades oscilan entre los nueve y los doce años.

«Hay que decir -señala Malena- que los más pequeños son los más disciplinados, pero también que todos se muestran muy interesados y hasta me dan alguna sorpresa, como cuando se aprendieron los versos que Agustín Millares me escribió al hacernos novios».

Al fondo, alguien grita: «Busco el mar, región pintada…. planeta acabado de surgir…»

«¿Ves?, todavía se acuerdan (risas).

Ese día, el designado para hacer este reportaje, el colegio es un hervidero de muchachos, muchachas, padres, madres y profesores. Todos comparten, entre juegos, charlas y algarabías, el gimnasio del centro, donde iba a tener lugar la exhibición de los esforzados declamadores del Juan Negrín.

Un poco antes del acto, Malena prepara, en una de las clases de cuarto, y con la ayuda de Pepa, la profesora del grupo, a los estudiantes que van a intervenir en el recital de poesía. La inquietud bulle por entre las mesas y a todos sus pupitres parecen quedarles pequeños. No paran quietos, levantan la mano a cada pregunta y se muestran muy dispuestos a hablar.

Isabel, una de las niñas del aula, coincide con su compañero Dani en que lo que más les ha gustado del curso es… «el cuento de Juanillo el Bobo». Dani explica que la historia de ese cuento es la de tres hermanos pobres que deciden emigrar y le dicen al menor de ellos: » (…) echa la puerta para acá». Entonces, Juanillo la cargó al hombro hasta que sus hermanos mayores se dieron cuenta de los que había hecho y le pidieron que la dejara en el suelo.

Malena, que nos aclara cosas entre niño y niña que habla, comenta que la experiencia que ella lleva a cabo en el colegio no sólo tiene que ver con la poesía, sino que es algo mucho más integral. «Intentamos -afirma- que los alumnos y alumnas entren en contacto con los distintos géneros literarios y también con otro tipo de lenguajes como el audiovisual. Por eso hemos trabajado con los cuentos, con la música y hasta con el cine mudo. De hecho, este año hemos visto La Quimera de Oro, El Chico y Luces de Bohemia, como una forma de iniciarlos en el discurso cinematográfico. Si todo va bien, el que viene veremos Tiempos Modernos, una joya que no es sólo para niños. Muchos adultos, si no la han visto, deberían hacerlo»

Cuando escucha el relato de Malena, Raquel alza el brazo, quiere añadir algo,… «es que de las películas sin sonido me gustan mucho la música y el movimiento de las caras; sobre todo los gestos de la risa».

Débora se le une, «a mí la que más, más me gustó fue la de El Chico, que es la historia de un niño pobre, que se queda en la calle….porque eso no debería pasar».

Para Pepa , la profesora encargada de la clase » la idea esta, que surgió a partir de una charla que vino a impartir Malena, ha sido un impulso enorme para que los niños y niñas se animen con la lectura y saquen sus propias enseñanzas de las historias que ella les hace conocer».

A escena

En fila de a uno. Así se colocan antes de bajar al gimnasio.

Es la hora de actuar y se palpan los nervios; las familias serán su público y eso es mucha responsabilidad.

Suena la Canción de Solberg. Los aprendices de poetas empiezan a desfilar por la Historia, de la Edad Media al Romanticismo, de San Juan de la Cruz a Espronceda. Después del canario, Nicolás Estévanez y al cubano, José Martí:

Cultivo una rosa blanca,

en junio como en enero,…

«Hay que impostar la voz, recuerden». Malena da las últimas instrucciones a sus alumnos y alumnas.

Cuando todo está listo, se escuchan de nuevo los acordes de Mozart. Algunos de los padres y madres, que miran expectantes, recitan al tiempo que lo hacen sus hijos.

Paqui Suárez es la directora del Juan Negrín y aprovecha el intermedio para apuntar que «lo que se ve ahora es el resultado de mucho tiempo de trabajo; la labor de Malena ha cambiado, sin duda, el ritmo del centro».

Muy cerca, Malena sonríe y resalta que «al final de mi vida pensé en que quería ser útil y ayudar a serenar la vida violenta de esta época, los errores de esta sociedad tan competitiva. Ojalá el año próximo, me aprueben el proyecto de teatro que tengo pensado para los chicos. No espero mucho, pero sería muy bueno que las instituciones prestaran su apoyo a la difusión de la cultura desde edades tempranas. Así todo es mucho más fácil».

«Rápido, rápido, cada uno a su lugar…»

Paula, Cristina y Giovanni se alistan para dar la réplica a sus compañeros y compañeras. Giovanni es el que sale por último:

«Vientos del pueblo me llevan,

Vientos del pueblo me arrastran,

Me esparcen el corazón

Y me avientan la garganta

Miguel Hernández -termina diciendo-«